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El guerrero sayajin
Fandom: Gohan en high school dxd
Creado: 25/6/2026
Etiquetas
CrossoverAcciónAventuraFantasíaRecortes de VidaUA (Universo Alternativo)Dolor/ConsueloEstudio de PersonajeDivergenciaRomanceArreglo
El Despertar de un Nuevo Horizonte: Un Sayayin en la Academia Kuoh
El sol apenas comenzaba a asomarse por las colinas de la Montaña Paoz, bañando la pequeña cabaña de la familia Son con una luz dorada y pacífica. Sin embargo, dentro de la casa, la paz era algo relativo. El sonido de platos chocando y el ritmo frenético de los cubiertos contra la porcelana anunciaban que el desayuno estaba en pleno apogeo.
Goku y su hijo, Gohan, devoraban montañas de arroz, pescado y verduras con una velocidad sobrehumana, típica de su herencia sayayin. Milk, con un delantal puesto y un cucharón en la mano, los observaba con una mezcla de orgullo y resignación.
—¡Gohan, no hables con la boca llena! —regañó Milk, aunque su tono era más suave de lo habitual—. Y tú, Goku, dale un buen ejemplo a tu hijo.
Goku tragó un trozo gigante de carne de un solo golpe y sonrió rascándose la nuca.
—Lo siento, Milk, es que la comida está deliciosa. Entrenar tan temprano me abre mucho el apetito.
Milk suspiró y dejó el cucharón sobre la mesa, adquiriendo una expresión seria que detuvo incluso el hambre de Gohan. El pequeño de doce años, con su cabello negro alborotado y sus ojos bondadosos, miró a su madre con curiosidad.
—Gohan, he tomado una decisión muy importante para tu futuro —comenzó Milk—. Una vieja amiga mía, que tiene conexiones en el extranjero, me ha hablado de una institución de gran prestigio. Se llama la Academia Kuoh. He decidido inscribirte allí.
Gohan casi se atraganta con un poco de sopa. Abrió los ojos de par en par, procesando la información.
—¿Una academia? Pero mamá, ¡está muy lejos de aquí! Además, el señor Piccolo y mi papá dicen que debo estar listo por si sucede algo malo.
Goku asintió, apoyando a su hijo mientras se limpiaba la boca con la manga.
—Es cierto, Milk. Gohan tiene un potencial increíble. Si deja de entrenar ahora, podría oxidarse. Además, el mundo está en una calma extraña, pero nunca se sabe cuándo aparecerá alguien como Freezer de nuevo.
Milk golpeó la mesa con fuerza, haciendo que los platos saltaran.
—¡Nada de "peros"! —exclamó con fuego en los ojos—. Gohan es un niño brillante, no puede pasar toda su vida peleando y viviendo en las montañas como un salvaje. Necesita socializar con personas de su edad, tener una educación formal y, quién sabe, ¡convertirse en un gran científico o doctor!
Gohan bajó la mirada, sintiendo el peso de las expectativas de su madre. Él no odiaba estudiar, de hecho, le gustaba aprender cosas nuevas, pero la idea de estar lejos de su hogar y de sus entrenamientos le inquietaba.
—Mamá... —susurró Gohan—, me gustaría complacerte, pero no quiero dejar de entrenar con mi papá. Siento que mi fuerza todavía es inestable. A veces, cuando me transformo en Supersayayin, me cuesta controlar esa rabia...
Goku miró a su hijo con comprensión. Sabía que Gohan aún no dominaba esa fase dorada; su poder fluctuaba demasiado según sus emociones.
—Milk —dijo Goku con un tono más serio—, hagamos un trato. Gohan irá a esa escuela, pero solo si le permites volver a casa los fines de semana o después de clases para entrenar conmigo. Yo mismo me encargaré de que no descuide sus estudios.
Milk cruzó los brazos, meditando la propuesta. Miró el rostro suplicante de Gohan y el semblante determinado de Goku.
—Está bien —cedió finalmente—. Pero con una condición estricta: Gohan, debes ser discreto. No quiero que uses tu fuerza frente a los demás. No vueles donde la gente pueda verte, no rompas paredes y, por el amor de Dios, ¡no te transformes en ese guerrero de cabello rubio en el salón de clases!
Gohan sonrió con alivio y asintió con entusiasmo.
—¡Lo prometo, mamá! Seré el estudiante más normal del mundo.
—Más te vale —añadió Goku con una risita—. Porque si Milk se entera de que causaste problemas, ¡su furia será peor que la de cualquier enemigo que hayamos enfrentado!
Al día siguiente, Gohan se encontraba frente al espejo, ajustándose el uniforme de la Academia Kuoh. La chaqueta negra y los pantalones de vestir le resultaban extraños comparados con su dogi de combate o sus ropas de montaña. Con un suspiro, salió de la casa.
—¡Adiós, mamá! ¡Adiós, papá! —gritó mientras se elevaba ligeramente en el aire.
—¡Recuerda lo que dijimos! —le gritó Goku desde abajo—. ¡Mantén tu Ki bajo para que nadie te note!
Gohan voló con precaución, manteniéndose por encima de las nubes para evitar ser detectado por radares o ojos curiosos. A medida que se acercaba a la ciudad de Kuoh, descendió en un callejón solitario y caminó el resto del trayecto.
Al cruzar las puertas de la academia, Gohan no pudo evitar sentirse abrumado. El lugar era inmenso y estaba lleno de adolescentes que reían y charlaban. Lo que no esperaba era la reacción de las estudiantes.
—¡Mira eso! ¿Quién es ese niño tan lindo? —susurró una chica de segundo año.
—Tiene un rostro muy tierno, pero fíjate en su postura... parece muy atlético —comentó otra, sonrojándose.
Gohan caminaba con la cabeza gacha, sintiéndose extremadamente tímido. "Cielos, mamá no me advirtió que habría tanta gente mirándome", pensó para sí mismo. Sin embargo, algo más llamó su atención. Sus sentidos aguzados detectaron varias presencias extrañas.
"¿Qué es esto?", se preguntó Gohan, deteniéndose un momento. "Siento varios Ki... son oscuros, pero no parecen malvados. Es una energía densa, como la de los demonios de los que hablaba el Maestro Roshi, pero más refinada".
Decidió ignorarlo por el momento y se dirigió a la oficina del director. Debido a sus impresionantes resultados en el examen de ingreso, Gohan había sido ubicado en clases avanzadas. A pesar de tener doce años, compartiría aula con estudiantes de quince y dieciséis años.
Cuando entró al salón asignado, el profesor lo presentó.
—Clase, presten atención. Hoy tenemos a un nuevo estudiante que se une a nosotros. A pesar de su edad, ha demostrado una inteligencia excepcional. Por favor, dale la bienvenida a Son Gohan.
Gohan hizo una reverencia educada.
—Es un placer conocerlos. Espero que podamos llevarnos bien.
El profesor le indicó que se sentara en un pupitre vacío al fondo, justo al lado de una chica de cabello plateado y una expresión amable, y cerca de un chico de cabello castaño que parecía estar en shock.
Eran Asia Argento e Issei Hyoudou.
En el momento en que Gohan se sentó, Issei sintió un escalofrío recorrer su espalda. Ddraig, el dragón dentro de su Sacred Gear, rugió en su mente.
—¡Issei, ten cuidado con ese chico! —advirtió la voz profunda del Dragón Galés.
—¿Qué pasa, Ddraig? Solo es un niño —respondió Issei mentalmente, aunque sudaba frío.
—¡No es un niño normal! —rugió Ddraig—. Su energía... es como si un vaso de agua intentara contener todo el Océano Atlántico. Si ese chico liberara su poder, esta ciudad desaparecería en un parpadeo. Nunca he sentido nada igual, ni siquiera en los líderes de las facciones.
Asia, que poseía una sensibilidad especial para las energías puras, miraba a Gohan con los ojos muy abiertos.
—Es una energía muy cálida... —susurró ella—, pero es tan vasta que asusta.
Gohan les dedicó una pequeña sonrisa, tratando de ser amable, pero notó que ambos estaban tensos. "Ellos también son diferentes", pensó Gohan. "Ese chico tiene algo dentro de él... una presencia poderosa".
Mientras tanto, en el edificio del antiguo consejo estudiantil, Rias Gremory observaba la escena desde la ventana de su club. Sus ojos carmesí estaban fijos en el pequeño niño que ahora parecía estar quedándose dormido sobre su escritorio tras la primera hora de clases.
—Akeno, ¿lo sientes? —preguntó Rias sin apartar la mirada.
La hermosa chica de cabello negro y cinta amarilla asintió, perdiendo su habitual sonrisa pícara.
—Es perturbador, Presidenta. Su presencia es tan masiva que incluso intentando ocultarla, se filtra como una tormenta inminente. ¿Quién es él?
Kiba Yuuto, el caballero del clan, se acercó a ellas, con la mano en la empuñadura de su espada invisible.
—He sentido guerreros poderosos, pero este niño... emite una presión física. Issei y Asia están muy nerviosos.
Rias se apartó de la ventana y caminó hacia su escritorio, sentándose con elegancia mientras abría un viejo libro de registros y leyendas que su hermano, Sirzechs Lucifer, le había entregado hacía tiempo.
—Hay una leyenda —dijo Rias en voz baja— que circula entre las altas esferas del Inframundo. Habla de una raza de guerreros casi extinta, conocidos como los Sayayines. Se dice que eran mercenarios espaciales con un poder destructivo sin igual.
—¿Sayayines? —preguntó Kiba—. Pensé que eran solo un mito para asustar a los demonios jóvenes.
—Mi hermano me contó que hace años, un solo hombre de esa raza se enfrentó al emperador del universo, Freezer, y lo derrotó —continuó Rias—. Ese hombre se llamaba Son Goku. Y este niño... se llama Son Gohan.
Akeno soltó un pequeño grito de sorpresa.
—¿Sugieres que es el hijo de ese guerrero legendario? Pero se supone que los Sayayines fueron erradicados.
—Sirzechs mencionó que algunos sobrevivieron en la Tierra —dijo Rias, con un brillo de ambición y curiosidad en sus ojos—. Necesito confirmar esto. Si este niño es lo que creo que es, su poder podría cambiar el equilibrio de todas las facciones.
Sin perder tiempo, Rias utilizó un círculo de transporte para viajar al Inframundo. Sabía que su hermano, el actual Maou, tendría las respuestas definitivas.
Al llegar al castillo de Lucifer, Sirzechs la recibió con una sonrisa calmada, aunque sus ojos denotaban que ya sabía por qué estaba allí.
—Rias, sospecho que has conocido al nuevo estudiante —dijo Sirzechs, sirviéndose una taza de té.
—Hermano, no bromees con esto —respondió Rias con urgencia—. Ese niño, Gohan... ¿es realmente un Sayayin?
Sirzechs suspiró y asintió.
—Así es. Es el hijo de Son Goku, el hombre que superó los límites de los mortales. Conozco a Goku personalmente; hemos tenido encuentros diplomáticos discretos para asegurar que la Tierra permanezca a salvo de amenazas externas. Los Sayayines de la Tierra no son como los de las historias; son protectores.
Rias sintió que sus piernas flaqueaban y se sentó en un sofá cercano.
—Su poder... es incomprensible.
—Gohan es un híbrido —explicó Sirzechs—. Y según los informes de mis observadores, los híbridos tienen un potencial incluso mayor que los de sangre pura. Sin embargo, Gohan es un niño pacífico. A diferencia de su padre, él no busca la pelea, aunque si se ve obligado, su fuerza puede ser aterradora.
Rias guardó silencio por un momento, procesando la magnitud de la situación. Un guerrero así, viviendo en su territorio, asistiendo a su escuela.
—Quiero que se una a mi clan —declaró Rias finalmente, con una determinación renovada.
Sirzechs soltó una carcajada suave pero cargada de advertencia.
—Ten cuidado, hermana. Gohan no es una pieza de ajedrez que puedas manipular fácilmente. Su lealtad es hacia su familia y sus amigos. Además, si intentas forzarlo, podrías despertar algo que no podrás controlar. Recuerda que su poder se alimenta de sus emociones.
—No quiero manipularlo —corrigió Rias, aunque su mente de estratega ya estaba trabajando—. Quiero protegerlo y que él nos proteja. Es tan adorable y a la vez tan imponente... Sería el caballero o la torre más poderosa que el mundo haya visto jamás.
—Haz lo que desees, pero trátalo con respeto —concluyó Sirzechs—. No es solo un niño, es el heredero de la estirpe más poderosa del universo.
De vuelta en el mundo humano, las clases habían terminado. Gohan, sintiéndose un poco más relajado, salió al patio de la escuela. Buscó un lugar tranquilo para descansar antes de emprender el vuelo de regreso a casa para su entrenamiento con Goku.
Encontró un gran árbol de cerezo en una zona apartada del campus y se tumbó bajo su sombra, cerrando los ojos. El viento soplaba suavemente, y por un momento, se olvidó de las miradas y de las extrañas energías que había sentido.
Rias, quien acababa de regresar del Inframundo, se asomó de nuevo a la ventana de su club. Vio al joven Gohan durmiendo plácidamente. Se veía tan inocente, tan ajeno a las guerras celestiales y a las intrigas de los demonios.
—Es increíble —murmuró Rias para sí misma—. Ahí está, el ser más poderoso de esta ciudad, durmiendo como si nada en el mundo pudiera dañarlo.
—¿Qué planea hacer, Presidenta? —preguntó Kiba, apareciendo detrás de ella.
—Por ahora, observar —dijo Rias con una sonrisa—. Issei y Asia ya han establecido un contacto inicial. Mañana, seré yo quien se presente. Quiero conocer al niño que lleva la sangre de los guerreros legendarios.
Gohan, en sus sueños, se veía a sí mismo rodeado de un aura dorada, luchando contra una sombra que no lograba identificar. Sus puños chocaban contra el aire y su respiración se aceleraba. De repente, una chispa de electricidad azul recorrió su cuerpo dormido, haciendo que la hierba a su alrededor se doblara por la presión.
Se despertó de golpe, jadeando.
—Vaya... otra vez ese sueño —susurró Gohan, limpiándose el sudor de la frente—. Tengo que controlar mejor mi energía, o mamá se dará cuenta de que estoy bajo mucho estrés.
Miró hacia el edificio de la academia y, por un breve segundo, sus ojos se encontraron con los de Rias Gremory a la distancia. Gohan no sabía quién era ella, pero sintió una conexión extraña, una señal de que su vida en Kuoh no sería tan ordinaria como Milk esperaba.
—Bueno —dijo Gohan, poniéndose de pie y estirándose—, es hora de ir a entrenar con papá. ¡Tengo mucho que contarle sobre mi primer día!
Con un movimiento rápido, Gohan desapareció en un estallido de velocidad, dejando tras de sí solo unas pocas hojas de cerezo flotando en el aire. Rias se quedó atónita; ni siquiera sus ojos de demonio habían podido seguir el movimiento del chico.
La llegada del híbrido había cambiado las reglas del juego en Kuoh, y el destino de los demonios, ángeles y caídos estaba a punto de entrelazarse con el camino de un joven guerrero que solo quería ser un buen estudiante.
Goku y su hijo, Gohan, devoraban montañas de arroz, pescado y verduras con una velocidad sobrehumana, típica de su herencia sayayin. Milk, con un delantal puesto y un cucharón en la mano, los observaba con una mezcla de orgullo y resignación.
—¡Gohan, no hables con la boca llena! —regañó Milk, aunque su tono era más suave de lo habitual—. Y tú, Goku, dale un buen ejemplo a tu hijo.
Goku tragó un trozo gigante de carne de un solo golpe y sonrió rascándose la nuca.
—Lo siento, Milk, es que la comida está deliciosa. Entrenar tan temprano me abre mucho el apetito.
Milk suspiró y dejó el cucharón sobre la mesa, adquiriendo una expresión seria que detuvo incluso el hambre de Gohan. El pequeño de doce años, con su cabello negro alborotado y sus ojos bondadosos, miró a su madre con curiosidad.
—Gohan, he tomado una decisión muy importante para tu futuro —comenzó Milk—. Una vieja amiga mía, que tiene conexiones en el extranjero, me ha hablado de una institución de gran prestigio. Se llama la Academia Kuoh. He decidido inscribirte allí.
Gohan casi se atraganta con un poco de sopa. Abrió los ojos de par en par, procesando la información.
—¿Una academia? Pero mamá, ¡está muy lejos de aquí! Además, el señor Piccolo y mi papá dicen que debo estar listo por si sucede algo malo.
Goku asintió, apoyando a su hijo mientras se limpiaba la boca con la manga.
—Es cierto, Milk. Gohan tiene un potencial increíble. Si deja de entrenar ahora, podría oxidarse. Además, el mundo está en una calma extraña, pero nunca se sabe cuándo aparecerá alguien como Freezer de nuevo.
Milk golpeó la mesa con fuerza, haciendo que los platos saltaran.
—¡Nada de "peros"! —exclamó con fuego en los ojos—. Gohan es un niño brillante, no puede pasar toda su vida peleando y viviendo en las montañas como un salvaje. Necesita socializar con personas de su edad, tener una educación formal y, quién sabe, ¡convertirse en un gran científico o doctor!
Gohan bajó la mirada, sintiendo el peso de las expectativas de su madre. Él no odiaba estudiar, de hecho, le gustaba aprender cosas nuevas, pero la idea de estar lejos de su hogar y de sus entrenamientos le inquietaba.
—Mamá... —susurró Gohan—, me gustaría complacerte, pero no quiero dejar de entrenar con mi papá. Siento que mi fuerza todavía es inestable. A veces, cuando me transformo en Supersayayin, me cuesta controlar esa rabia...
Goku miró a su hijo con comprensión. Sabía que Gohan aún no dominaba esa fase dorada; su poder fluctuaba demasiado según sus emociones.
—Milk —dijo Goku con un tono más serio—, hagamos un trato. Gohan irá a esa escuela, pero solo si le permites volver a casa los fines de semana o después de clases para entrenar conmigo. Yo mismo me encargaré de que no descuide sus estudios.
Milk cruzó los brazos, meditando la propuesta. Miró el rostro suplicante de Gohan y el semblante determinado de Goku.
—Está bien —cedió finalmente—. Pero con una condición estricta: Gohan, debes ser discreto. No quiero que uses tu fuerza frente a los demás. No vueles donde la gente pueda verte, no rompas paredes y, por el amor de Dios, ¡no te transformes en ese guerrero de cabello rubio en el salón de clases!
Gohan sonrió con alivio y asintió con entusiasmo.
—¡Lo prometo, mamá! Seré el estudiante más normal del mundo.
—Más te vale —añadió Goku con una risita—. Porque si Milk se entera de que causaste problemas, ¡su furia será peor que la de cualquier enemigo que hayamos enfrentado!
Al día siguiente, Gohan se encontraba frente al espejo, ajustándose el uniforme de la Academia Kuoh. La chaqueta negra y los pantalones de vestir le resultaban extraños comparados con su dogi de combate o sus ropas de montaña. Con un suspiro, salió de la casa.
—¡Adiós, mamá! ¡Adiós, papá! —gritó mientras se elevaba ligeramente en el aire.
—¡Recuerda lo que dijimos! —le gritó Goku desde abajo—. ¡Mantén tu Ki bajo para que nadie te note!
Gohan voló con precaución, manteniéndose por encima de las nubes para evitar ser detectado por radares o ojos curiosos. A medida que se acercaba a la ciudad de Kuoh, descendió en un callejón solitario y caminó el resto del trayecto.
Al cruzar las puertas de la academia, Gohan no pudo evitar sentirse abrumado. El lugar era inmenso y estaba lleno de adolescentes que reían y charlaban. Lo que no esperaba era la reacción de las estudiantes.
—¡Mira eso! ¿Quién es ese niño tan lindo? —susurró una chica de segundo año.
—Tiene un rostro muy tierno, pero fíjate en su postura... parece muy atlético —comentó otra, sonrojándose.
Gohan caminaba con la cabeza gacha, sintiéndose extremadamente tímido. "Cielos, mamá no me advirtió que habría tanta gente mirándome", pensó para sí mismo. Sin embargo, algo más llamó su atención. Sus sentidos aguzados detectaron varias presencias extrañas.
"¿Qué es esto?", se preguntó Gohan, deteniéndose un momento. "Siento varios Ki... son oscuros, pero no parecen malvados. Es una energía densa, como la de los demonios de los que hablaba el Maestro Roshi, pero más refinada".
Decidió ignorarlo por el momento y se dirigió a la oficina del director. Debido a sus impresionantes resultados en el examen de ingreso, Gohan había sido ubicado en clases avanzadas. A pesar de tener doce años, compartiría aula con estudiantes de quince y dieciséis años.
Cuando entró al salón asignado, el profesor lo presentó.
—Clase, presten atención. Hoy tenemos a un nuevo estudiante que se une a nosotros. A pesar de su edad, ha demostrado una inteligencia excepcional. Por favor, dale la bienvenida a Son Gohan.
Gohan hizo una reverencia educada.
—Es un placer conocerlos. Espero que podamos llevarnos bien.
El profesor le indicó que se sentara en un pupitre vacío al fondo, justo al lado de una chica de cabello plateado y una expresión amable, y cerca de un chico de cabello castaño que parecía estar en shock.
Eran Asia Argento e Issei Hyoudou.
En el momento en que Gohan se sentó, Issei sintió un escalofrío recorrer su espalda. Ddraig, el dragón dentro de su Sacred Gear, rugió en su mente.
—¡Issei, ten cuidado con ese chico! —advirtió la voz profunda del Dragón Galés.
—¿Qué pasa, Ddraig? Solo es un niño —respondió Issei mentalmente, aunque sudaba frío.
—¡No es un niño normal! —rugió Ddraig—. Su energía... es como si un vaso de agua intentara contener todo el Océano Atlántico. Si ese chico liberara su poder, esta ciudad desaparecería en un parpadeo. Nunca he sentido nada igual, ni siquiera en los líderes de las facciones.
Asia, que poseía una sensibilidad especial para las energías puras, miraba a Gohan con los ojos muy abiertos.
—Es una energía muy cálida... —susurró ella—, pero es tan vasta que asusta.
Gohan les dedicó una pequeña sonrisa, tratando de ser amable, pero notó que ambos estaban tensos. "Ellos también son diferentes", pensó Gohan. "Ese chico tiene algo dentro de él... una presencia poderosa".
Mientras tanto, en el edificio del antiguo consejo estudiantil, Rias Gremory observaba la escena desde la ventana de su club. Sus ojos carmesí estaban fijos en el pequeño niño que ahora parecía estar quedándose dormido sobre su escritorio tras la primera hora de clases.
—Akeno, ¿lo sientes? —preguntó Rias sin apartar la mirada.
La hermosa chica de cabello negro y cinta amarilla asintió, perdiendo su habitual sonrisa pícara.
—Es perturbador, Presidenta. Su presencia es tan masiva que incluso intentando ocultarla, se filtra como una tormenta inminente. ¿Quién es él?
Kiba Yuuto, el caballero del clan, se acercó a ellas, con la mano en la empuñadura de su espada invisible.
—He sentido guerreros poderosos, pero este niño... emite una presión física. Issei y Asia están muy nerviosos.
Rias se apartó de la ventana y caminó hacia su escritorio, sentándose con elegancia mientras abría un viejo libro de registros y leyendas que su hermano, Sirzechs Lucifer, le había entregado hacía tiempo.
—Hay una leyenda —dijo Rias en voz baja— que circula entre las altas esferas del Inframundo. Habla de una raza de guerreros casi extinta, conocidos como los Sayayines. Se dice que eran mercenarios espaciales con un poder destructivo sin igual.
—¿Sayayines? —preguntó Kiba—. Pensé que eran solo un mito para asustar a los demonios jóvenes.
—Mi hermano me contó que hace años, un solo hombre de esa raza se enfrentó al emperador del universo, Freezer, y lo derrotó —continuó Rias—. Ese hombre se llamaba Son Goku. Y este niño... se llama Son Gohan.
Akeno soltó un pequeño grito de sorpresa.
—¿Sugieres que es el hijo de ese guerrero legendario? Pero se supone que los Sayayines fueron erradicados.
—Sirzechs mencionó que algunos sobrevivieron en la Tierra —dijo Rias, con un brillo de ambición y curiosidad en sus ojos—. Necesito confirmar esto. Si este niño es lo que creo que es, su poder podría cambiar el equilibrio de todas las facciones.
Sin perder tiempo, Rias utilizó un círculo de transporte para viajar al Inframundo. Sabía que su hermano, el actual Maou, tendría las respuestas definitivas.
Al llegar al castillo de Lucifer, Sirzechs la recibió con una sonrisa calmada, aunque sus ojos denotaban que ya sabía por qué estaba allí.
—Rias, sospecho que has conocido al nuevo estudiante —dijo Sirzechs, sirviéndose una taza de té.
—Hermano, no bromees con esto —respondió Rias con urgencia—. Ese niño, Gohan... ¿es realmente un Sayayin?
Sirzechs suspiró y asintió.
—Así es. Es el hijo de Son Goku, el hombre que superó los límites de los mortales. Conozco a Goku personalmente; hemos tenido encuentros diplomáticos discretos para asegurar que la Tierra permanezca a salvo de amenazas externas. Los Sayayines de la Tierra no son como los de las historias; son protectores.
Rias sintió que sus piernas flaqueaban y se sentó en un sofá cercano.
—Su poder... es incomprensible.
—Gohan es un híbrido —explicó Sirzechs—. Y según los informes de mis observadores, los híbridos tienen un potencial incluso mayor que los de sangre pura. Sin embargo, Gohan es un niño pacífico. A diferencia de su padre, él no busca la pelea, aunque si se ve obligado, su fuerza puede ser aterradora.
Rias guardó silencio por un momento, procesando la magnitud de la situación. Un guerrero así, viviendo en su territorio, asistiendo a su escuela.
—Quiero que se una a mi clan —declaró Rias finalmente, con una determinación renovada.
Sirzechs soltó una carcajada suave pero cargada de advertencia.
—Ten cuidado, hermana. Gohan no es una pieza de ajedrez que puedas manipular fácilmente. Su lealtad es hacia su familia y sus amigos. Además, si intentas forzarlo, podrías despertar algo que no podrás controlar. Recuerda que su poder se alimenta de sus emociones.
—No quiero manipularlo —corrigió Rias, aunque su mente de estratega ya estaba trabajando—. Quiero protegerlo y que él nos proteja. Es tan adorable y a la vez tan imponente... Sería el caballero o la torre más poderosa que el mundo haya visto jamás.
—Haz lo que desees, pero trátalo con respeto —concluyó Sirzechs—. No es solo un niño, es el heredero de la estirpe más poderosa del universo.
De vuelta en el mundo humano, las clases habían terminado. Gohan, sintiéndose un poco más relajado, salió al patio de la escuela. Buscó un lugar tranquilo para descansar antes de emprender el vuelo de regreso a casa para su entrenamiento con Goku.
Encontró un gran árbol de cerezo en una zona apartada del campus y se tumbó bajo su sombra, cerrando los ojos. El viento soplaba suavemente, y por un momento, se olvidó de las miradas y de las extrañas energías que había sentido.
Rias, quien acababa de regresar del Inframundo, se asomó de nuevo a la ventana de su club. Vio al joven Gohan durmiendo plácidamente. Se veía tan inocente, tan ajeno a las guerras celestiales y a las intrigas de los demonios.
—Es increíble —murmuró Rias para sí misma—. Ahí está, el ser más poderoso de esta ciudad, durmiendo como si nada en el mundo pudiera dañarlo.
—¿Qué planea hacer, Presidenta? —preguntó Kiba, apareciendo detrás de ella.
—Por ahora, observar —dijo Rias con una sonrisa—. Issei y Asia ya han establecido un contacto inicial. Mañana, seré yo quien se presente. Quiero conocer al niño que lleva la sangre de los guerreros legendarios.
Gohan, en sus sueños, se veía a sí mismo rodeado de un aura dorada, luchando contra una sombra que no lograba identificar. Sus puños chocaban contra el aire y su respiración se aceleraba. De repente, una chispa de electricidad azul recorrió su cuerpo dormido, haciendo que la hierba a su alrededor se doblara por la presión.
Se despertó de golpe, jadeando.
—Vaya... otra vez ese sueño —susurró Gohan, limpiándose el sudor de la frente—. Tengo que controlar mejor mi energía, o mamá se dará cuenta de que estoy bajo mucho estrés.
Miró hacia el edificio de la academia y, por un breve segundo, sus ojos se encontraron con los de Rias Gremory a la distancia. Gohan no sabía quién era ella, pero sintió una conexión extraña, una señal de que su vida en Kuoh no sería tan ordinaria como Milk esperaba.
—Bueno —dijo Gohan, poniéndose de pie y estirándose—, es hora de ir a entrenar con papá. ¡Tengo mucho que contarle sobre mi primer día!
Con un movimiento rápido, Gohan desapareció en un estallido de velocidad, dejando tras de sí solo unas pocas hojas de cerezo flotando en el aire. Rias se quedó atónita; ni siquiera sus ojos de demonio habían podido seguir el movimiento del chico.
La llegada del híbrido había cambiado las reglas del juego en Kuoh, y el destino de los demonios, ángeles y caídos estaba a punto de entrelazarse con el camino de un joven guerrero que solo quería ser un buen estudiante.
