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a chaotic primeval loud situation

Fandom: sonic the hedgehog,loud house, primeval

Creado: 26/6/2026

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Anomalías y Púas de Plata

La luz era cegadora, un blanco eléctrico que vibraba con la intensidad de mil relámpagos. Lincoln sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo y que su cuerpo se estiraba como una liga antes de ser lanzado a través de un vacío infinito. Lo último que recordaba era el caos: Shadow el Erizo luchando contra una horda de clones oscuros, el destello de las Chaos Emeralds y aquel extraño mobiano lobo rojo que había logrado poner en jaque a Infinite. El mundo se había roto en mil pedazos de cristal y él había caído por una de las grietas.

Cuando sus ojos finalmente se abrieron, lo primero que sintió fue el olor a pino y tierra húmeda. Lincoln Loud, el jackalope de pelaje blanco y astas afiladas, se incorporó con un gruñido, sacudiendo la suciedad de su pecho. Sus guantes estaban manchados y sus largas orejas captaron el sonido del viento entre los árboles.

—¿Shadow? ¿Ronnie Anne? —llamó, pero solo obtuvo el eco de su propia voz como respuesta.

Lincoln se miró las manos. Seguía siendo él mismo, un joven de dieciocho años con la agilidad de un conejo y la fuerza de un guerrero. Midió su entorno; algo se sentía diferente. El aire no vibraba con la energía de Mobius, sino con algo más... primitivo. De repente, un grito agudo desgarró el silencio del bosque.

Sin pensarlo, Lincoln activó sus reflejos. Sus piernas, cargadas con una velocidad capaz de alcanzar el Mach 4, lo impulsaron como un proyectil blanco entre los arbustos. Al llegar a un claro, vio la escena: una mujer overlander, una humana de cabello revuelto, corría desesperada. Detrás de ella, una bestia que Lincoln jamás había visto en los archivos de Eggman o de la Resistencia se abría paso derribando troncos. Era un depredador masivo, de mandíbulas prominentes y ojos sedientos de sangre: un Gorgonopsido.

—¡Eh, tú, cara de lagarto! —gritó Lincoln mientras saltaba.

En el aire, se encogió sobre sí mismo, girando a una velocidad vertiginosa. El *Homing Attack* impactó de lleno en el costado de la criatura, desplazándola varios metros. Lincoln aterrizó con elegancia frente a la mujer, que lo miraba con los ojos desorbitados, incapaz de articular palabra.

—Tranquila, yo me encargo —dijo Lincoln con una seriedad que recordaba a Shadow, aunque manteniendo ese brillo heroico en sus ojos.

La bestia rugió, recuperando el equilibrio. Lincoln no esperó. Estiró su brazo derecho con una elasticidad asombrosa, proyectando su puño hacia atrás para ganar impulso antes de lanzarlo como un mazo de metal. El golpe conectó directamente en el hocico del monstruo, desorientándolo por completo. Aprovechando el momento, Lincoln cargó a la mujer al estilo nupcial.

—Sujétate fuerte.

En un estallido de velocidad sónica, Lincoln salió del bosque. Los árboles se convirtieron en borrones verdes hasta que las luces de una ciudad pequeña aparecieron en el horizonte. Se detuvo en seco en medio de una plaza concurrida, dejando a la mujer en el suelo. El silencio que siguió fue sepulcral. Decenas de humanos se detuvieron, mirando al ser de un metro de altura, con orejas de conejo, astas de ciervo y ropa de estilo mobiano.

—Oh, mierda... —susurró la mujer, temblando—. Eres real. El Jackalope es real.

Lincoln frunció el ceño, confundido por las miradas de asombro. En su mundo, los mobians y los humanos coexistían, pero aquí lo miraban como si fuera una deidad o un alienígena. Sus ojos se desviaron hacia un quiosco de periódicos cercano. El titular mostraba una fecha que lo dejó helado.

—Esto no puede ser... —murmuró.

Sintiendo la presión de la multitud y el sonido de las sirenas acercándose, Lincoln decidió que era hora de desaparecer. Se agachó, acumulando energía en sus piernas, y salió disparado en un rastro de luz blanca. En el lugar donde había estado parado, una pequeña púa de su pelaje, imbuida con un brillo oscuro residual de la energía de Dark Gaia, cayó lentamente al suelo. La mujer la recogió con dedos temblorosos, viendo cómo la energía oscura danzaba en la punta de la púa.

Mientras corría de regreso al bosque, Lincoln divisó algo extraño en el aire: una fractura brillante, como cristal roto flotando en el espacio. Sin dudarlo, saltó a través de ella. El cambio de temperatura fue instantáneo. Salió al mismo bosque, pero el sol brillaba en lo alto y el aire se sentía más pesado. Al llegar al pueblo nuevamente, vio un calendario en una tienda. Habían pasado ocho años.

***

En otro lugar del Bosque de Dean, la atmósfera era de escepticismo y tensión. Nick Cutter observaba las fotografías que Connor Temple había extendido sobre la mesa improvisada.

—No es solo el depredador, Nick —insistió Connor, señalando una imagen borrosa—. El guardia de seguridad, Dave Greene, jura que vio a esto pelear contra la criatura.

Cutter tomó la foto. En ella se veía una silueta blanca, pequeña pero imponente, con los brazos estirados de forma imposible, golpeando al Gorgonopsido.

—¿Un jackalope? —preguntó Stephen Hart, cruzándose de brazos—. Connor, esto no es una convención de criptozoología.

—¡El guardia dice que usó un "ataque giratorio"! —exclamó Connor—. Y miren esto.

Cutter se dirigió hacia una cerca de metal que estaba completamente aplastada, no por el peso de un animal grande, sino por lo que parecía ser un impacto concentrado a gran velocidad. Al tocar el metal frío, Cutter sintió una punzada de dolor en el pecho.

—Helen... —susurró para sí mismo, preguntándose si su esposa desaparecida tendría algo que ver con estas anomalías y los extraños seres que salían de ellas.

Mientras tanto, en la casa de la familia Trent, Abby Maitland intentaba procesar lo que veía. Ben, el niño que la había llamado, no solo tenía a un pequeño lagarto volador llamado Rex. En el patio trasero, posada sobre la rama de un viejo roble, se encontraba una figura que desafiaba toda lógica biológica.

Era una joven de aspecto lupino, pero con alas membranosas integradas en sus antebrazos, cubiertas de plumas afiladas que brillaban con un tono azabache. Sus ojos eran perspicaces, salvajes pero inteligentes.

—¿Es un sueño? —preguntó Abby, retrocediendo un paso.

—No es un sueño, pelirroja —respondió la criatura, saltando del árbol con una agilidad felina. Su voz era firme, con un deje de rudeza—. Me llamo Ronnie Anne. Y más vale que guardes a ese pequeñajo, porque el dueño de esos rugidos que escuchamos antes no viene a jugar.

—Ella me salvó, Abby —dijo Ben, abrazando a Rex—. El monstruo casi me atrapa en el jardín, pero Ronnie voló y lo golpeó con sus plumas. ¡Explotaron!

Ronnie Anne se cruzó de brazos, mirando hacia el bosque con preocupación.

—Escucha, Abby, ¿verdad? Hay algo mal en este lugar. El aire apesta a energía Chaos distorsionada. Mi novio... Lincoln... él desapareció en un destello igual al que me trajo aquí. Si ese portal sigue abierto, tenemos problemas más grandes que un lagarto con alas.

La noche cayó rápidamente sobre el Bosque de Dean. La tensión se palpaba en el aire cuando el equipo de Cutter, junto a Claudia Brown, se adentró en la espesura. Abby y Ronnie Anne se movían por las sombras. Ronnie, gracias a su visión nocturna de nahual, detectaba movimientos que los humanos ignoraban.

—¡Ahí! —gritó Ronnie, señalando una fractura de luz entre dos árboles.

Abby se acercó, fascinada. A través de la anomalía, podía ver un paisaje prehistórico, un desierto abrasador donde criaturas similares a Rex surcaban los cielos. Estaba a punto de tocarla cuando un rugido ensordecedor la hizo retroceder.

Un Scutosaurus, una mole de carne y hueso, emergió de la penumbra para beber agua de un charco cercano. El equipo de Cutter llegó en ese momento, quedando paralizado ante la magnitud del animal.

—Increíble... —murmuró Cutter, acercándose con cautela.

—¡Hey, cuidado, genio! —advirtió Ronnie Anne, descendiendo del cielo y aterrizando entre Cutter y el Scutosaurus—. No es el único que cruzó.

Connor intentó tomar una foto con su celular, pero Claudia se lo arrebató de inmediato.

—Nada de fotos hasta que sepamos qué demonios son ustedes —sentenció Claudia, mirando a Ronnie Anne con una mezcla de miedo y autoridad.

—Soy una nahual, no un experimento —gruñó Ronnie, sus plumas erizándose—. Y si quieren respuestas, saquen a estos civiles de aquí. Siento algo acercándose... algo grande.

De repente, un grito lejano proveniente de la casa de los Trent rompió la formación del grupo.

—¡Ben! —gritó Abby.

Ronnie Anne no esperó órdenes. Extendió sus alas y se impulsó hacia el cielo, rompiendo la barrera del sonido con un estallido sónico que dejó a los hombres tambaleándose.

En la habitación de Ben, el horror se había materializado. El Gorgonopsido había rastreado el olor de Rex y ahora intentaba entrar por la ventana, destrozando el marco con sus garras. Ben, aterrorizado, se escondió bajo la cama mientras arrojaba juguetes desesperadamente.

—¡Vete! ¡Déjanos en paz! —chillaba el niño.

La bestia metió la cabeza, sus fauces goteando saliva, cuando un proyectil oscuro impactó en su cuello. Ronnie Anne entró por la ventana como un torbellino, golpeando al monstruo con sus alas. Cada pluma que se desprendía generaba una pequeña explosión de energía turquesa al contacto con la piel del depredador.

—¡Escóndete, Ben! —ordenó la nahual, pateando el hocico de la bestia—. ¡Ven por mí, saco de pulgas!

Ronnie saltó hacia el jardín, atrayendo la atención del Gorgonopsido. La persecución se trasladó de nuevo al bosque, donde el equipo de Cutter observaba con asombro cómo la chica alada maniobraba entre los árboles a Mach 3, esquivando las dentelladas del monstruo.

Sin embargo, el Gorgonopsido era persistente. En un movimiento rápido, logró atrapar una de las alas de Ronnie con sus garras, derribándola. Ella rodó por el suelo, gruñendo de dolor mientras la bestia se cernía sobre ella.

—¡Ronnie! —gritó una voz que ella conocía mejor que nadie.

Desde la copa de los árboles, una figura masiva descendió como un meteorito. No era Lincoln, sino alguien mucho más grande. Un rinoceronte mobiano de piel grisácea y armadura natural impactó contra el suelo con tal fuerza que provocó un sismo de 7.5 grados en la escala de Richter.

—¡Nadie toca a la novia de mi mejor amigo! —rugió Clyde el Rhino, levantando sus enormes puños.

Tras él, una figura femenina de pelaje blanco y ojos encendidos en furia saltó con una agilidad asombrosa. Era Lynn Jr., en su forma permanente de *were-rabbit*.

—¡Es hora del segundo tiempo, idiota! —exclamó Lynn, estirando sus brazos para sujetar los árboles cercanos y usarlos como una honda humana.

Lynn se lanzó contra el Gorgonopsido, conectando una patada que levantó a la bestia del suelo. Clyde aprovechó el momento para embestir. A pesar de su baja maniobrabilidad, su velocidad de 0.12 mach combinada con sus cien toneladas de fuerza bruta fue suficiente para lanzar al depredador a través de varios troncos gruesos.

Cutter, Connor y Stephen se quedaron sin habla. Tres seres de leyenda, tres "monstruos" que actuaban con una coordinación militar y un heroísmo innegable, acababan de salvarles la vida.

—¿Estás bien, Ronnie? —preguntó Clyde, ofreciéndole una mano masiva a la nahual.

—He tenido días mejores, Clyde —respondió ella, sacudiendo el polvo de sus alas—. ¿Dónde está Lincoln?

—Aquí —dijo una voz tranquila pero autoritaria.

Lincoln apareció caminando desde las sombras. El sol se estaba poniendo, y por un momento, su cuerpo brilló con una luz púrpura. Sus músculos se tensaron, sus garras crecieron y su tamaño aumentó ligeramente. La forma de *were-rabbit* luchaba por salir, pero Lincoln la mantenía bajo control, usando solo la fuerza necesaria.

—Llegan tarde —dijo Lincoln, mirando a sus amigos y luego a Cutter—. Supongo que ustedes son los que saben cómo cerrar esos agujeros en el cielo.

Cutter dio un paso adelante, tratando de procesar que el conejo blanco de las leyendas estaba frente a él, hablando con la seriedad de un veterano de guerra.

—Soy el profesor Nick Cutter. Y sí, estamos intentando entender las anomalías. Pero ustedes... ustedes no deberían existir.

Lincoln soltó una pequeña risa amarga, mirando hacia la anomalía que aún brillaba a lo lejos.

—En mi mundo, profesor, las cosas que "no deberían existir" son las que suelen salvar el día. Tenemos un problema común. Esas grietas traen cosas de mi hogar y de su pasado. Si no trabajamos juntos, este mundo va a terminar siendo un parque de juegos para Dark Gaia o algo peor.

Claudia Brown se acercó, recuperando la compostura y hablando por su radio.

—Señor, no va a creer esto. No tenemos uno, tenemos cuatro... seres. Y sugiero que les demos una identificación antes de que decidan que no nos necesitan.

Lincoln miró a Ronnie Anne, quien le devolvió una sonrisa de suficiencia, y luego a Clyde y Lynn, que ya estaban listos para la próxima pelea.

—El equipo Loud está reunido —dijo Lincoln, ajustándose los guantes—. Profesor, guíenos al portal. Tenemos una anomalía que cerrar y un mundo que proteger.

El Bosque de Dean nunca volvería a ser el mismo. Mientras el equipo se movía hacia el corazón de la perturbación, Lincoln sintió la púa de energía oscura que había dejado atrás vibrar en algún lugar de la ciudad. El pasado, el presente y el futuro se habían entrelazado, y el Jackalope de Mobius estaba listo para correr contra el tiempo una vez más.
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