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Mi Chico Serio

Fandom: My Hero Academia

Creado: 26/6/2026

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Entre el Hielo y el Té: La Elegancia de lo Sencillo

La habitación de Mina Ashido siempre olía a una mezcla empalagosa de perfume de fresa y laca para el cabello. Era un caos vibrante de colores neón, pósteres de bandas de moda y cojines esparcidos por el suelo. Aquella noche, las chicas de la Clase 1-A estaban reunidas en lo que se suponía sería una sesión de estudio relajada, pero que rápidamente se había transformado en un debate sobre las complejidades del romance adolescente.

—Es que, de verdad, Momo-momo, sigo sin entenderlo del todo —comentó Mina, recostada boca abajo sobre su cama, agitando los pies en el aire—. Todoroki es, sin duda, el chico más guapo de la clase. Esos ojos, esa mandíbula... ¡uf! Pero es tan... tan...

—¿Inexpresivo? —sugirió Ochaco Uraraka, quien abrazaba un cojín con fuerza—. No me malinterpreten, es muy amable, pero no tiene esa ternura nerviosa de Deku. Ya saben, esa forma en la que se sonroja por todo. ¡Es tan lindo!

Kyoka Jiro, sentada con las piernas cruzadas y jugando con sus conectores, asintió con una mueca de duda.

—A eso me refiero. Kaminari puede ser un idiota la mayor parte del tiempo, pero al menos te hace reír hasta que te duele el estómago. Con Todoroki, siento que si cuento un chiste, él se quedaría analizando la estructura gramatical de la broma en lugar de reírse. Es demasiado serio.

—¡Exacto! —exclamó Mina, señalando a Jiro—. Y no tiene esa energía desbordante de masculinidad que tiene Kirishima. Shoto es como una estatua de mármol en un museo. Hermosa, sí, pero fría.

Momo Yaoyorozu, que hasta ese momento se había mantenido en silencio sorbiendo con elegancia una taza de té que ella misma había creado, dejó escapar una pequeña risa melodiosa. Sus ojos oscuros brillaron con una mezcla de diversión y una sabiduría que sus amigas aún no alcanzaban a comprender.

—¿De qué te ríes, Momo? —preguntó Toru Hagakure, cuya presencia solo se notaba por el pijama que flotaba sobre un puf—. ¡Cuéntanos el secreto! ¿Cómo es salir con el "Príncipe de Hielo"?

Momo dejó la taza sobre la mesa y negó suavemente con la cabeza.

—Es solo que... —hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Ustedes ven la superficie y esperan que encaje en los moldes que conocen. Pero Shoto no necesita ser ruidoso para ser notado, ni nervioso para ser dulce.

—¡Oh, vamos! —insistió Mina—. ¡Danos algo de material! ¿Alguna vez ha hecho algo que te haga derretir?

Momo recordó la forma en que Shoto la miraba cuando creía que ella no se daba cuenta, o cómo siempre caminaba del lado de la calle para protegerla.

—Mañana saldremos juntos —dijo Momo con una sonrisa enigmática—. Tal vez después de eso entiendan que lo que ustedes llaman "serio", yo lo llamo "caballerosidad".

***

El sábado por la mañana amaneció con un sol suave que bañaba los terrenos de la Academia U.A. Momo se encontraba frente a las puertas de la residencia, ajustándose el cinturón de su vestido de lino azul marino. No era una cita ostentosa, pero se había esmerado en su apariencia.

Puntual, como siempre, Shoto Todoroki apareció doblando la esquina. Vestía una camisa blanca impecable de cuello mao y unos pantalones oscuros. Su cabello, perfectamente dividido entre el blanco y el rojo, se mecía ligeramente con la brisa. Al verla, sus pasos no se aceleraron de forma torpe, pero hubo un cambio casi imperceptible en su mirada; sus ojos, el gris y el turquesa, se suavizaron.

—Hola, Yaoyorozu —dijo él al llegar a su lado. Su voz era profunda y tranquila, como el murmullo de un río—. Te ves muy bien hoy.

Momo sintió un ligero calor en sus mejillas. No era un cumplido exagerado, pero viniendo de él, sabía que era una verdad absoluta.

—Gracias, Shoto. Tú también te ves muy apuesto. ¿Estás listo para nuestro plan?

—Sí —asintió él, ofreciéndole su brazo con una naturalidad que habría dejado a Mina sin aliento—. El jardín botánico abre en media hora. He consultado el horario del tren para que no tengamos que esperar bajo el sol.

Mientras caminaban hacia la estación, Momo observó los pequeños detalles que sus amigas pasaban por alto. Shoto no hablaba por hablar; no llenaba los silencios con anécdotas vacías. Sin embargo, estaba atento a cada uno de sus movimientos. Cuando llegaron al andén y la multitud empezó a apretar, él se colocó estratégicamente detrás de ella, creando un espacio seguro con su propio cuerpo, sin llegar a ser invasivo.

—¿Te molesta el ruido? —le preguntó él al oído, debido al estruendo del tren llegando.

—No, estoy bien —respondió ella, girándose para verlo.

Él simplemente asintió y, de forma casi instintiva, su mano derecha —la del lado del hielo— rozó la de ella. Estaba fresca, un contraste delicioso con el calor del mediodía. Sus dedos se entrelazaron de manera firme y segura. No hubo titubeos, no hubo dudas.

Al llegar al jardín botánico, el ambiente cambió. El aroma a flores frescas y tierra mojada los envolvió. Caminaron por los senderos de piedra, rodeados de orquídeas exóticas y helechos prehistóricos.

—Mira eso —dijo Shoto, deteniéndose frente a una sección de camelias rojas—. Me recuerdan a las que mi madre solía tener en un jarrón. Ella decía que representaban la nobleza y la paciencia.

Momo lo miró de reojo. Shoto rara vez hablaba de su pasado de forma tan espontánea.

—Son hermosas —coincidió ella—. Y tienen mucho sentido. Requieren cuidado y un ambiente sereno para florecer de verdad.

—Como tú —soltó él, sin apartar la vista de las flores.

Momo se detuvo en seco, sorprendida por la franqueza del comentario. Shoto se giró hacia ella, con su expresión habitual de calma, pero había una chispa de honestidad pura en sus ojos.

—A veces me preocupa no ser lo suficientemente... entretenido —continuó él, bajando un poco la mirada—. Escucho a Kaminari y a Ashido reírse todo el tiempo. Sé que soy alguien serio. Me pregunto si desearías que fuera más como ellos.

Momo dio un paso hacia él, acortando la distancia. Extendió su mano y acarició suavemente la mejilla izquierda de Shoto, justo sobre la cicatriz que contaba una historia de dolor que él ya no permitía que lo definiera.

—Shoto, escucha —dijo ella con voz suave pero firme—. Mina y los demás buscan fuegos artificiales. Buscan algo que brille rápido y haga mucho ruido. Pero yo... yo prefiero la luz de una vela constante.

Él cerró los ojos por un momento, disfrutando del contacto.

—No necesito que seas "divertido" de esa manera —continuó Momo—. Me gusta que seas un caballero. Me gusta que seas directo. Me gusta que, cuando dices algo, sé que lo sientes de verdad. No cambies tu seriedad por nada, porque es lo que te hace ser tú. Eres mi chico serio, y no te querría de otra forma.

Shoto esbozó una sonrisa. No fue una carcajada, ni una mueca exagerada. Fue un leve levantamiento de las comisuras de sus labios, un gesto privado que solo ella podía apreciar plenamente.

—Entiendo —dijo él—. Gracias, Momo.

Siguieron caminando hasta llegar a un pequeño estanque lleno de carpas koi. El calor empezaba a apretar, y Momo se abanicó ligeramente con la mano. Sin decir una palabra, Shoto se colocó a su izquierda. En cuestión de segundos, Momo sintió una brisa gélida y reconfortante emanando de él. Shoto estaba usando su Don de manera tan sutil que apenas era visible, regulando la temperatura a su alrededor para que ella estuviera cómoda.

—¿Mejor? —preguntó él.

—Mucho mejor —suspiró ella, agradecida—. Eres muy atento, ¿lo sabías?

—Solo intento ser útil —respondió él con sencillez.

Después del jardín, Shoto la llevó a una pequeña casa de té tradicional que él mismo había investigado. No era el lugar de moda donde iban todos los estudiantes de la U.A., sino un sitio tranquilo, con tatamis y vistas a un jardín zen.

—He pedido el té de jazmín que mencionaste la semana pasada —dijo él mientras se sentaban—. El dueño dice que es de la mejor cosecha.

Momo se sintió conmovida. Ella solo lo había mencionado de pasada durante una sesión de estudio en la biblioteca, un comentario al aire sobre lo mucho que extrañaba ese aroma. Él lo había recordado. Él la escuchaba, incluso cuando ella pensaba que no lo hacía.

Mientras el té humeaba entre ellos, compartieron anécdotas sobre sus entrenamientos, hablaron sobre sus metas como héroes y sobre los libros que estaban leyendo. No hubo bromas pesadas, ni juegos mentales. Fue una conversación adulta, llena de respeto y admiración mutua.

Al final de la tarde, mientras el cielo se teñía de tonos violáceos y anaranjados, regresaron a la academia. Al llegar a la puerta de los dormitorios, se detuvieron bajo la luz de una farola.

—He pasado un día maravilloso, Shoto —dijo Momo, dándole un suave apretón en la mano.

—Yo también —respondió él. Se inclinó un poco, rompiendo esa barrera de espacio personal que siempre mantenía con los demás—. Momo, ¿puedo...?

Ella no esperó a que terminara la pregunta. Se puso de puntillas y depositó un beso tierno en su mejilla, cerca de su oreja. Pudo sentir cómo la temperatura de Shoto subía ligeramente por los nervios, un detalle que la hizo sonreír internamente.

—Hasta mañana, mi caballero —susurró ella.

Shoto se quedó allí un momento, procesando el gesto, con una mano tocándose el lugar donde ella lo había besado.

—Hasta mañana —logró decir, con un brillo de felicidad genuina en su rostro.

Cuando Momo entró en la sala común, las chicas ya estaban allí, amontonadas en el sofá como si estuvieran esperando el estreno de una película.

—¡Ya llegó! —gritó Mina, saltando del sofá—. ¡Rápido, Yaomomo! ¡Cuéntanos todo! ¿Fue aburrido? ¿Se quedó dormido mirando una pared?

Momo caminó hacia las escaleras, pero antes de subir, se detuvo y miró a sus amigas con una expresión de absoluta paz.

—Fue perfecto —dijo simplemente.

—¿Perfecto? —preguntó Uraraka, parpadeando—. ¿Pero qué hicieron? ¿Hubo algo emocionante?

—No hubo nada "emocionante" en el sentido que ustedes buscan —explicó Momo, subiendo el primer escalón—. No hubo chistes, ni demostraciones exageradas de fuerza, ni dramas innecesarios. Shoto no es un espectáculo de variedades, chicas.

—¿Entonces? —insistió Jiro.

Momo se giró una última vez, con una sonrisa triunfal.

—Shoto es un caballero. Me escuchó, me cuidó y estuvo presente en cada segundo. No necesita ser tierno como Deku, ni ruidoso como Kirishima, ni divertido como Kaminari. Él tiene algo que es mucho más raro de encontrar.

—¿El qué? —preguntaron todas a coro.

—Sinceridad —respondió Momo—. Él es serio porque se toma en serio lo que siente por mí. Y créanme, no hay nada más romántico que eso.

Momo subió a su habitación, dejando a sus amigas en un silencio reflexivo. En su mente, todavía podía sentir el frescor de la mano de Shoto y el aroma del té de jazmín. Sus amigas podían quedarse con sus chicos ruidosos; ella prefería mil veces a su chico serio, aquel que no necesitaba palabras para decirle que ella era su mundo entero.
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