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Mi Mejor Amigo

Fandom: Fairy Tail

Creado: 27/6/2026

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Más que el Calor de las Llamas

El sol de Magnolia comenzaba a ocultarse tras las colinas, tiñendo el cielo con matices púrpuras y anaranjados que recordaban, inevitablemente, al color del cabello de cierto Dragon Slayer. En el balcón de su apartamento, Lucy Heartfilia suspiró mientras observaba el horizonte. Llevaba puesto su atuendo de viaje: esa blusa sin mangas de escote pronunciado que dejaba al descubierto su vientre y su minifalda plisada, lista para una misión que, técnicamente, ya había terminado hacía un par de horas.

Sin embargo, algo no se sentía como siempre. A su lado, sentado sobre el barandal con una agilidad felina, Natsu Dragneel jugueteaba con los flecos de su bufanda de escamas. No estaba gritando por comida, no estaba peleando con Gray, ni siquiera estaba intentando molestar a Happy. Estaba extrañamente silencioso.

— Oye, Natsu —rompió ella el silencio, ajustándose una de sus coletas altas—. ¿Te encuentras bien? Has estado muy callado desde que volvimos del gremio.

Natsu giró la cabeza lentamente. Sus ojos negros, usualmente llenos de una chispa de travesura imprudente, parecían nublados por una confusión que no lograba articular. Sus colmillos asomaron apenas cuando apretó los labios.

— No es nada, Luce —respondió él, aunque su voz carecía de su habitual energía—. Es solo que... me siento raro. Como si tuviera un incendio en el pecho que no puedo apagar comiendo fuego.

Lucy sintió un vuelco en el corazón. Conocía esa sensación. La conocía demasiado bien. Cada vez que Natsu la rescataba de un enemigo, cada vez que él le sonreía con esa confianza ciega que solo él poseía, o simplemente cuando compartían un momento de calma como este, ella sentía ese mismo calor. Pero ella le había puesto un nombre hace mucho tiempo, un nombre que se negaba a pronunciar en voz alta por miedo a romper la frágil y perfecta dinámica que tenían. Eran mejores amigos. El "mejor dúo de Fairy Tail". Arruinar eso sería un desastre mayor que cualquiera de las destrucciones que Natsu causaba en sus misiones.

— Tal vez comiste algo que te sentó mal —dijo ella, forzando una sonrisa juguetona para ocultar su nerviosismo—. Ya sabes, siempre estás tragando cosas extrañas.

— No es eso —insistió Natsu, saltando del barandal para quedar frente a ella.

La diferencia de estatura no era mucha, pero la intensidad de su presencia siempre hacía que Lucy se sintiera pequeña, aunque no de una forma negativa. El chaleco negro de Natsu estaba abierto, dejando ver su pecho musculoso y esa piel bronceada que siempre irradiaba un calor natural. Lucy tragó saliva, consciente de lo cerca que estaba.

— Es cuando estoy contigo —continuó Natsu, rascándose la cicatriz de su cuello bajo la bufanda—. En la última misión, cuando ese tipo te empujó... sentí que mi sangre hervía más de lo normal. Y ahora, aquí parados... mi corazón hace mucho ruido. ¿A ti te pasa?

Lucy desvió la mirada, sintiendo que sus mejillas ardían. La seguridad en sí misma que solía mostrar, esa faceta presumida sobre su apariencia, se desmoronaba por completo ante la honestidad brutal de Natsu.

— Natsu, somos amigos —murmuró ella, apretando el cinturón donde colgaban sus llaves doradas—. Es normal que nos preocupemos el uno por el otro. Somos compañeros de equipo.

— No, es diferente —Natsu dio un paso más, invadiendo su espacio personal—. Con Gray es diferente. Con Erza es diferente. Contigo... —se detuvo, buscando las palabras en su mente sin filtros—. Contigo quiero estar todo el tiempo. Incluso cuando no hay misiones. Incluso cuando solo estamos sentados sin hacer nada.

Lucy sintió que el aire se volvía pesado. El aroma de Natsu —una mezcla de humo, ceniza y algo dulce que solo ella parecía notar— la envolvía. Era ahora o nunca. Podía seguir escondiéndose tras la etiqueta de "mejores amigos" o podía arriesgarse.

— A mí también me pasa —confesó ella en un susurro casi inaudible—. Pero me da miedo, Natsu.

— ¿Miedo? —Natsu ladeó la cabeza, genuinamente confundido—. ¿De qué? ¿De un monstruo? ¿De un gremio oscuro? ¡Yo los patearé a todos!

— No, tonto —Lucy soltó una pequeña risa nerviosa, las lágrimas amenazando con asomar—. Miedo de que, si cambiamos lo que tenemos, terminemos perdiéndolo todo. Me gusta ser tu compañera. No quiero que nada de eso se rompa.

Natsu se quedó callado por un momento. No era el mejor entendiendo las complejidades de las emociones humanas, pero entendía la lealtad. Entendía el vínculo que los unía. Se acercó y, con una delicadeza impropia de alguien tan destructivo, tomó una de las manos de Lucy entre las suyas. Sus palmas eran ásperas y cálidas.

— Nada se va a romper, Luce —dijo él con una seriedad que la dejó sin aliento—. Soy un Dragon Slayer. Si algo me importa, lo protejo con todo lo que tengo. Y tú... tú eres lo que más me importa.

Lucy levantó la vista, encontrándose con sus ojos negros. No había rastro de duda en ellos. Natsu no sabía de etiquetas sociales, ni de protocolos de noviazgo, ni de las complicaciones que ella tanto analizaba en su cabeza. Él solo sabía lo que sentía.

— ¿Incluso si eso significa que ya no seremos solo "amigos"? —preguntó ella, con la voz temblorosa.

— No sé cómo llaman los demás a esto —respondió Natsu, acortando la distancia hasta que sus frentes se rozaron—. Pero si significa que puedo estar así de cerca de ti siempre... entonces no me importa el nombre.

Sin esperar una respuesta más elaborada, Natsu hizo algo que Lucy no esperaba. En lugar de uno de sus habituales choques de cabezas o un abrazo brusco, rodeó su cintura con un brazo y la atrajo hacia él. Lucy soltó un pequeño jadeo cuando sintió el contacto de su piel contra la de él. El calor que emanaba de Natsu era reconfortante, como una hoguera en una noche de invierno.

— Natsu... —susurró ella, rodeando el cuello del mago con sus brazos, dejando que sus dedos se enredaran en el cabello rosa y alborotado.

— Solo quédate así un momento —pidió él, apoyando su rostro en el hombro de la rubia—. El ruido de mi corazón se calma cuando te tengo cerca.

Lucy cerró los ojos, disfrutando de la sensación. Durante años había imaginado este momento, pero siempre lo había descartado como una fantasía que podría arruinar su lugar en el gremio. Sin embargo, ahí estaban, en su balcón, desafiando la lógica que ella tanto intentaba imponer.

— Eres un idiota, ¿lo sabes? —dijo ella, aunque su tono era de puro cariño.

— Sí, pero soy tu idiota —respondió Natsu con esa sonrisa de lado que siempre la hacía claudicar.

Se separaron apenas unos centímetros, lo suficiente para mirarse a los ojos. El ambiente había cambiado; ya no era solo la camaradería de dos guerreros, era algo más profundo, algo eléctrico. Natsu, impulsado por un instinto que iba más allá del combate, se inclinó y presionó sus labios contra los de Lucy.

Fue un beso torpe, cargado de inexperiencia y calor, pero para Lucy fue más mágico que cualquier hechizo que hubiera visto jamás. Sabía a fuego y a aventura. Cuando se separaron, ambos estaban un poco agitados, con las mejillas encendidas.

— Eso fue... diferente —comentó Natsu, parpadeando rápido, como si acabara de despertar de un sueño.

— Sí, definitivamente diferente —coincidió Lucy, ocultando su rostro en el pecho de él para que no viera lo avergonzada que estaba—. Pero creo que me gusta.

Natsu soltó una carcajada vibrante, esa risa que siempre lograba iluminar el gremio entero, y la abrazó con fuerza, levantándola un poco del suelo.

— ¡Bien! ¡Entonces está decidido! —exclamó él, recuperando su energía habitual—. ¡Mañana iremos a una misión y les diremos a todos que ahora somos... bueno, lo que sea que seamos!

Lucy se rió, imaginando la reacción de todos. Mira probablemente se desmayaría de la emoción, Gray se burlaría de ellos y Happy no dejaría de decir "¡Se guuuuustan!".

— Tal vez deberíamos ir con calma, Natsu —sugirió ella, aunque sabía que pedirle calma a Natsu era como pedirle a un volcán que no hiciera erupción.

— ¡Nada de calma! ¡Estoy encendido! —gritó él, soltándola para empezar a caminar hacia la ventana del apartamento, como si fuera su propia casa—. ¡Tengo hambre! ¡Luce, hazme algo de comer para celebrar!

Lucy suspiró, observando cómo el Dragon Slayer entraba en su habitación sin ningún tipo de decoro. La etiqueta de "mejores amigos" se había transformado en algo nuevo, algo que no tenía un manual de instrucciones, pero mientras caminaba detrás de él, sintió que ya no tenía miedo.

Porque al final del día, no importaba cuántos monstruos enfrentaran o cuántos gremios oscuros intentaran destruirlos. Mientras estuvieran juntos, el fuego de Natsu siempre sería el hogar al que ella querría volver, y el corazón de Lucy sería el único lugar donde el indomable Dragon Slayer encontraría su paz.

— ¡Y no te comas lo que hay en la nevera, que es para mi cena! —gritó ella, entrando tras él con una sonrisa que no podía borrar de su rostro.

La noche cayó sobre Magnolia, y en aquel pequeño apartamento, el calor no provenía de la magia, sino de una promesa silenciosa que acababa de nacer entre llamas y estrellas.
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