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Besos amargos

Fandom: Wattpad

Creado: 27/6/2026

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Entre Huesos y Tatuajes

El sol de la tarde se filtraba por las altas ventanas de la biblioteca de la universidad, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire. Jenni Ackerman suspiró, ajustándose las gafas de montura fina que solo usaba para estudiar. Su cabello rubio y rizado caía en cascada sobre sus hombros, contrastando con el impecable flequillo planchado que enmarcaba su rostro de porcelana. Llevaba una falda de tablas color beige y una blusa ajustada que, a pesar de su corta estatura de metro cincuenta, la hacía lucir imponente y decidida.

—No puedo creer que el decano me haya hecho esto —susurró Jenni, golpeando rítmicamente su bolígrafo contra el pesado libro de anatomía humana.

Sasha, su mejor amiga desde el jardín de infancia, levantó la vista de su propia libreta. El cabello plateado de Sasha brillaba bajo las luces fluorescentes y el pequeño diamante de su piercing en la lengua centelleó cuando habló.

—Míralo por el lado positivo, Jen. Si logras que ese cavernícola apruebe el examen extraordinario, tendrás la recomendación académica más pesada de toda la facultad. Tus vacaciones en la playa están aseguradas y tu currículum será intocable.

—¿A costa de mi salud mental? —Jenni arqueó una ceja—. Luke es... es un desastre. No le importa nada más que encestar balones y romper corazones. Es la antítesis de todo lo que respeto.

—Y es un bombón —añadió Sasha con una sonrisa traviesa—. Aunque Jonathan no se ponga muy feliz con la idea.

Hablando del rey de Roma, Jonathan apareció por el pasillo de la biblioteca. Con su 1.88 de estatura, su cabello rojizo despeinado y esa sonrisa de "chico bueno" que había cautivado a Jenni hacía un año, se acercó a la mesa y le dio un tierno beso en la frente.

—Hola, preciosa. ¿Lista para ir a ver el entrenamiento? —preguntó Jonathan, dejando su mochila de deporte en el suelo.

—Hoy no puedo, Jon —respondió Jenni con un deje de frustración—. Tengo que empezar las tutorías con... ya sabes quién.

Jonathan frunció el ceño, su expresión ensombreciéndose ligeramente. Como capitán del equipo de básquet, conocía bien a Luke. Eran compañeros de equipo, pero sus personalidades chocaban como dos trenes de carga.

—Ten cuidado con él, Jenni. Luke no sabe lo que es el respeto, y menos cuando se trata de seguir reglas. Si se pasa de la raya, dímelo. No me importa que sea el mejor alero de la liga, nadie molesta a mi novia.

Jenni le dedicó una sonrisa reconfortante y le apretó la mano.

—Sé cuidarme sola, Jon. Tengo carácter fuerte, ¿recuerdas? Además, solo son clases de anatomía. ¿Qué tan difícil puede ser enseñarle dónde está el fémur?

Justo en ese momento, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe, rompiendo el sagrado silencio del lugar. Luke entró con esa arrogancia que parecía emanar de sus poros. Medía 1.90, su piel era pálida y sus brazos estaban cubiertos de tatuajes que se perdían bajo las mangas de su sudadera negra sin mangas. El cabello castaño y ondulado caía sobre sus ojos de manera descuidada, y el olor a tabaco y perfume caro lo precedía.

Se detuvo frente a la mesa, ignorando por completo la mirada gélida de Jonathan y la curiosidad de Sasha. Se sacó un cigarrillo apagado de la oreja y lo hizo girar entre sus dedos largos.

—¿Ackerman? —preguntó Luke con una voz ronca que hizo que Jenni se tensara—. Me dijeron que eres la cerebrito que va a salvarme el pellejo.

Jenni se puso de pie, teniendo que inclinar la cabeza hacia atrás de forma exagerada para poder mirarlo a los ojos debido a la diferencia de cuarenta centímetros de estatura.

—Para ti soy la "señorita Ackerman". Y llega tarde, Luke. El tiempo es lo único que no puedo recuperar, así que siéntate y saca tu libro.

Luke soltó una risa seca, mostrando una hilera de dientes perfectos y una sonrisa que, a pesar de su frialdad, era peligrosamente atractiva.

—Vaya, la muñequita tiene garras —dijo Luke, sentándose con las piernas abiertas, ocupando más espacio del necesario—. Esto va a ser más divertido de lo que pensaba.

Jonathan dio un paso adelante, pero Jenni le puso una mano en el pecho.

—Vete a entrenar, Jon. Yo me encargo de esto.

Con un último vistazo de advertencia hacia Luke, Jonathan se retiró, seguido por una Sasha que no paraba de alternar miradas entre el "bad boy" y su amiga.

Cuando se quedaron solos en la mesa, el ambiente cambió. Jenni abrió el atlas de anatomía en la sección del sistema muscular.

—Bien, Luke. Vamos a empezar por lo básico. Si no apruebas este examen, quedas fuera del equipo por el resto de la temporada. Y si tú quedas fuera, yo pierdo mis créditos extra. Así que vamos a cooperar.

Luke se recostó en la silla, observando a Jenni con una intensidad que la hizo sentir incómoda. Sus ojos recorrieron su rostro, deteniéndose en sus labios y luego en el ajuste de su blusa.

—¿Sabes? —comenzó Luke, ignorando el libro—. Nunca pensé que la chica más inteligente de la universidad fuera tan... pequeña. Eres como un llavero, Ackerman.

—Y tú eres como un edificio vacío, Luke —respondió ella sin pestañear—. Mucha fachada, pero nada adentro. Ahora, mírame.

Jenni señaló un diagrama del torso humano.

—Para entender el movimiento en el básquet, necesitas entender cómo funcionan los músculos. Este es el pectoral mayor. ¿Sabes dónde se ubica en tu propio cuerpo o necesitas que te haga un mapa?

Luke se inclinó hacia adelante, reduciendo la distancia entre ellos. Jenni pudo oler el rastro de humo en su ropa y algo más, algo metálico proveniente de sus piercings.

—Sé perfectamente dónde está cada parte de mi cuerpo, preciosa —murmuró él con un tono coqueto que hizo que Jenni apretara los dientes—. Pero si quieres tocar para comprobarlo, no me voy a quejar.

Jenni cerró el libro de golpe, provocando un estruendo que hizo que el bibliotecario les lanzara una mirada de reproche.

—Escúchame bien, idiota —siseó Jenni, acercándose a su rostro, sin dejarse intimidar por su tamaño—. No soy una de las porristas que se derriten porque sabes botar una pelota. Soy la persona que decide si pasas el verano estudiando o en la playa. Así que guarda tus comentarios de "bad boy" de cuarta y empieza a leer la página cuarenta y dos.

Luke parpadeó, sorprendido. No estaba acostumbrado a que nadie, y mucho menos una chica que apenas le llegaba al pecho, le hablara de esa manera. Una chispa de interés genuino brilló en sus ojos oscuros.

—Está bien, está bien —dijo él, levantando las manos en señal de rendición, aunque la sonrisa no abandonó su rostro—. Página cuarenta y dos. Sistema óseo.

Pasaron la siguiente hora en un silencio tenso, interrumpido solo por las explicaciones técnicas de Jenni y los comentarios sarcásticos de Luke. Jenni se dio cuenta de que, a pesar de su actitud despreocupada, Luke no era tonto; simplemente no le importaba. Tenía una memoria visual impresionante, algo que ella decidió explotar.

—Si relacionas los huesos con las lesiones comunes en tu deporte, lo recordarás mejor —explicó ella, señalando la articulación de la rodilla—. El ligamento cruzado anterior es el que más debería preocuparte.

—Ya me lo rompí hace dos años —dijo Luke de repente, su voz perdiendo parte de su tono burlón—. Por eso tengo esta cicatriz.

Se subió un poco la pernera del pantalón, revelando una marca irregular que subía por su rodilla pálida. Jenni, por instinto médico y curiosidad académica, se inclinó para observar.

—Fue una mala caída —continuó Luke, observando cómo Jenni analizaba la cicatriz con ojos profesionales—. Los médicos dijeron que no volvería a jugar igual.

—Se equivocaron —dijo Jenni, levantando la vista. Sus ojos se encontraron a muy poca distancia—. Te he visto jugar. Eres rápido. Pero si no entiendes cómo cuidar tu anatomía, la próxima vez no habrá regreso.

Por un momento, el "bad boy" desapareció. Luke vio en Jenni no a una tutora molesta, sino a alguien que realmente veía más allá de su reputación. Y Jenni vio en Luke a un chico que escondía sus miedos detrás de una nube de humo y tatuajes.

—¿Por qué eres tan intensa con esto, Ackerman? —preguntó Luke en voz baja—. Es solo una nota.

—Para ti es una nota. Para mí es mi futuro. Quiero ser cirujana, Luke. Y para ser la mejor, tengo que ser perfecta en todo lo que hago. Incluyendo enseñarle a un caso perdido como tú.

Luke soltó una carcajada, esta vez más natural.

—Un caso perdido, ¿eh? Me gusta ese título.

—No te acostumbres —dijo ella, empezando a recoger sus cosas—. La clase ha terminado por hoy. Mañana a la misma hora en la cafetería. Y ni se te ocurra llegar tarde o fumar cerca de mí.

Jenni se colgó el bolso al hombro y comenzó a caminar hacia la salida. Su paso era firme y decidido, sus tacones resonando contra el suelo de madera.

—¡Oye, Ackerman! —gritó Luke desde la mesa.

Ella se detuvo y lo miró por encima del hombro.

—¿Qué quieres?

Luke le guiñó un ojo, recuperando su fachada de chico frío.

—Lindas piernas. La anatomía te sienta bien.

Jenni sintió un calor repentino subir por sus mejillas, una mezcla de rabia y algo que se negó a identificar. Le dedicó un gesto poco educado con el dedo corazón y salió de la biblioteca sin mirar atrás.

Afuera, el aire fresco de la tarde la ayudó a despejarse. Jonathan la esperaba junto a su coche, apoyado contra la puerta con una expresión de impaciencia.

—¿Cómo te fue con ese imbécil? —preguntó Jonathan, rodeándola con un brazo en cuanto llegó a su lado.

—Es un idiota arrogante —respondió Jenni, aunque por alguna razón, la imagen de la cicatriz de Luke y su mirada vulnerable por un segundo no se le iba de la cabeza—. Pero va a aprender. No voy a dejar que arruine mis vacaciones.

—Eso espero —dijo Jonathan, besando su sien—. Vámonos a cenar. Necesitas distraerte de tanto músculo y hueso.

Mientras el coche de Jonathan se alejaba, Luke salió de la biblioteca. Se encendió un cigarrillo, observando el rastro de humo perderse en el cielo naranja. Sacó su teléfono y envió un mensaje rápido al grupo del equipo: *"No cuenten conmigo para la fiesta de hoy. Tengo que estudiar"*.

Guardó el teléfono y sonrió para sí mismo. Jenni Ackerman era pequeña, sí, pero tenía el fuego suficiente para quemar todo su mundo de indiferencia. Y por primera vez en mucho tiempo, Luke tenía ganas de jugar un partido donde las reglas no las ponía él.

—Anatomía humana... —susurró, recordando la intensidad de los ojos de Jenni tras sus gafas—. Esto va a ser muy interesante.

El camino hacia el examen final apenas comenzaba, y entre lecciones de fémures y pectorales, ambos estaban a punto de descubrir que la anatomía más difícil de comprender no era la de los libros, sino la que latía con fuerza cada vez que sus mundos chocaban. Jenni creía tener todo bajo control, pero Luke era una variable que ninguna ecuación de estudio podía predecir. Y en el juego del "enemies to lovers", la primera lección siempre era la más peligrosa: nunca subestimes al enemigo, especialmente cuando tiene una sonrisa que te hace olvidar por qué lo odias.
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