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Fandom: el fadom que sea de mi villano fbaorito y spiderman

Creado: 27/6/2026

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El Asombroso Vecino de un Villano Retirado

El cielo de los suburbios no era precisamente el lugar más emocionante para columpiarse. Peter Parker, con su traje rojo y azul reluciente bajo el sol de la tarde, lanzó una telaraña hacia la chimenea de una casa victoriana de color gris oscuro que destacaba entre las demás. A diferencia de las relucientes torres de Manhattan, aquí lo más alto que podía encontrar eran los depósitos de agua o los árboles centenarios.

—Vamos, Peter, solo un par de patrullas más y podrás ir a buscar esa pizza —se dijo a sí mismo, aterrizando con la agilidad de un gato sobre el tejado inclinado de la casa más extraña del vecindario.

De repente, su sentido arácnido vibró. No era una amenaza mortal, no era un planeador verde lanzando bombas de calabaza, pero era un cosquilleo persistente en la nuca que le indicaba que algo no encajaba. La chimenea de la casa gris comenzó a vibrar y, con un estruendo metálico, se transformó en un radar gigante.

—¿Pero qué...? —Peter se agachó, pegando sus manos enguantadas a las tejas.

En el jardín trasero, una escotilla se abrió en el suelo. Peter se asomó por el borde del tejado, ajustando los lentes de su máscara. Lo que vio lo dejó sin palabras. Decenas de pequeñas criaturas amarillas, con overoles de mezclilla y gafas protectoras, correteaban de un lado a otro cargando cajas de lo que parecían ser armas láser de alta tecnología.

—¡Bello! ¡Bello! —gritaba uno de ellos mientras tropezaba con un cable.

—¡Poopaye! —respondió otro, riendo de forma histérica mientras manipulaba una enorme llave inglesa.

Peter bajó de un salto, aterrizando silenciosamente detrás de un arbusto con forma de perro. Su mente trabajaba a mil por hora. ¿Eran alienígenas? ¿Experimentos de Oscorp que habían escapado?

—Muy bien, chicos, ¡atención! —Una voz profunda y con un acento europeo muy marcado resonó desde la entrada del laboratorio subterráneo.

Un hombre alto, de hombros anchos y piernas delgadas, vestido con una bufanda de rayas grises y negras, salió a la luz. Tenía una nariz prominente y una calva reluciente. Peter lo reconoció al instante por las noticias de hace unos años. Era Gru, el hombre que supuestamente se había robado la Luna (aunque luego la devolvió).

—Necesito que el Rayo Congelante esté listo para las cinco —ordenó Gru, cruzando los brazos—. Las niñas volverán de la escuela y no quiero que vean el prototipo del nuevo vehículo sobre la mesa del comedor. ¡Kevin! ¡Deja de comerse los tornillos!

Peter decidió que ya había visto suficiente. Si este tipo estaba planeando algo, el amigable vecino Spider-Man tenía que intervenir. Se impulsó con sus piernas y aterrizó con una voltereta perfecta justo en medio del jardín, frente a Gru y su ejército de criaturas amarillas.

—Sabe, señor, en Nueva York solemos pedir permisos de construcción para instalar radares gigantes en el techo —dijo Peter, con ese tono sarcástico que siempre desesperaba a sus enemigos.

Gru dio un salto hacia atrás, sorprendido, mientras los Minions soltaban un grito colectivo de "¡Oooooh!" al ver el traje brillante del héroe.

—¿Quién eres tú? ¿Un acróbata de circo que se perdió de camino a la carpa? —preguntó Gru, recuperando la compostura y sacando un arma plateada de su abrigo.

—Soy Spider-Man. Y tú eres Gru, ¿verdad? Tengo entendido que te jubilaste del negocio de los supervillanos, pero esto parece una convención de "Cómo conquistar el mundo 101" —respondió Peter, tensando sus músculos, listo para esquivar.

—¡Es Spider-Man! —gritó un Minion llamado Bob, señalando emocionado—. ¡Spida-man! ¡Spida-man!

—¡Silencio, Bob! —Gru gruñó, mirando al joven héroe con sospecha—. Escucha, chico mallas. No sé qué haces en mi jardín, pero estoy muy ocupado. No estoy robando nada hoy. Solo estoy... mejorando la seguridad del hogar.

—¿Con un rayo congelante? —Peter señaló el arma que Gru sostenía—. Eso parece un poco excesivo para evitar que te roben el correo.

—¡Es para las ardillas! Son muy agresivas en esta zona —exclamó Gru, aunque su mirada delataba que estaba impresionado por la agilidad del chico.

De repente, un estruendo mucho más fuerte que el anterior sacudió el suelo. Un vehículo blindado, con el logo de una "V" invertida, atravesó la cerca del jardín contiguo. De él bajaron varios hombres armados con tecnología que Peter reconoció de inmediato: tecnología robada de los laboratorios de Industrias Stark y Oscorp.

—¡Gru! —gritó el líder del grupo, un hombre con una armadura cibernética—. La Liga de Villanos no acepta renuncias. O nos entregas tus planos del cohete, o reduciremos esta casa a cenizas.

Gru suspiró, frotándose el puente de la nariz con frustración.

—¿Ves lo que pasa? —le dijo Gru a Peter—. Uno intenta ser un buen padre, llevar a las niñas a clases de ballet, y los antiguos colegas no dejan de molestar. ¡Minions! ¡A las armas!

Los Minions soltaron un grito de guerra ininteligible y sacaron lanzadores de jalea y pistolas de flatulencias. Peter, por su parte, se colocó en posición de combate al lado del exvillano.

—Parece que tenemos un enemigo común —dijo Peter, disparando una red para desarmar a dos de los intrusos—. Yo me encargo de los que tienen armas láser, tú ocúpate de los de la armadura pesada.

—No me digas qué hacer, bicho —respondió Gru con una sonrisa de lado—. Pero me gusta tu estilo. ¡Kevin, Stuart, fuego de cobertura!

La batalla en el jardín de Gru fue un caos absoluto. Peter se movía como un rayo de color rojo, saltando sobre las cabezas de los mercenarios, pegando sus pies a las paredes y lanzando telarañas que envolvían a los atacantes como capullos de seda. Su sentido arácnido era una ventaja injusta; esquivaba los disparos antes de que apretaran el gatillo.

—¡Cuidado a tu izquierda! —gritó Peter, lanzando una red que desvió un misil dirigido hacia Gru.

—¡Lo tenía controlado! —replicó Gru, disparando su rayo congelante y convirtiendo las piernas del líder de los mercenarios en un bloque de hielo sólido.

Los Minions, a pesar de su torpeza, eran sorprendentemente efectivos. Uno de ellos, subido a los hombros de otro, utilizaba un imán gigante para quitarle las armas a los enemigos, mientras Stuart corría en círculos gritando "¡Papoy!" y golpeando los tobillos de los invasores con una sartén.

—¡Esto es increíble! —exclamó Peter mientras colgaba boca abajo de un hilo de seda, pateando a dos mercenarios a la vez—. ¡Tus amigos amarillos son realmente útiles!

—Son mi familia —dijo Gru, con un tono de orgullo que no pudo ocultar—. Y son muy protectores.

En pocos minutos, los atacantes estaban derrotados. La mayoría estaban pegados a las paredes con telarañas o congelados en poses cómicas. El jardín era un desastre de jalea morada, redes y restos de tecnología.

Gru guardó su arma y suspiró, mirando la cerca destruida.

—Las niñas van a estar muy decepcionadas con el jardín —lamentó el calvo, limpiándose un poco de polvo de la bufanda.

Peter aterrizó suavemente a su lado y se quitó la máscara, revelando el rostro joven y algo sudado de Andrew Garfield. Sus ojos brillaban con una mezcla de adrenalina y curiosidad.

—Oye, lamento haber irrumpido así —dijo Peter, extendiendo una mano—. Pensé que eras... bueno, ya sabes, el tipo malo de nuevo.

Gru miró la mano del joven y, tras un momento de duda, la estrechó con fuerza.

—Lo fui. El mejor, de hecho. Pero ser padre es mucho más difícil que robar monumentos nacionales —Gru miró a los Minions, que ahora intentaban desenredarse de algunas telarañas de Peter—. Y tú... no eres como los héroes que solía enfrentar. Eres menos molesto. Un poco.

—Me lo dicen mucho —rio Peter—. Escucha, si esos tipos vuelven, o si necesitas ayuda con la tecnología de ese laboratorio que claramente tienes ahí abajo, vivo a unas cuantas manzanas de aquí. Me vendría bien un vecino que sepa de ingeniería.

Gru arqueó una ceja, intrigado por el conocimiento técnico del chico.

—¿Ingeniería, eh? Tal vez puedas ayudarme a arreglar el motor de mi nave. Hace un ruido extraño desde que Stuart intentó usarlo como licuadora para hacer batidos de banana.

—¡Banana! —gritaron varios Minions al unísono, rodeando a Peter y tirando de su traje con curiosidad.

—Sería un honor —respondió Peter, sonriendo—. Pero ahora, de verdad necesito esa pizza.

—¡Espera! —Gru lo detuvo antes de que se pusiera la máscara—. Si vas a quedarte por aquí, no menciones lo del rayo de jalea a las autoridades. Es... un experimento social.

Peter se puso la máscara y lanzó una telaraña hacia un árbol cercano.

—Tu secreto está a salvo conmigo, Gru. Pero enséñame a fabricar esa jalea algún día. ¡Nos vemos!

Con un movimiento fluido, Spider-Man se impulsó hacia el cielo, desapareciendo entre los tejados de los suburbios. Gru se quedó en el jardín, observando el rastro de seda que se balanceaba con el viento.

—Un chico extraño —murmuró Gru—. Pero con buen corazón.

—¡Spida-man! ¡Spida-man! —seguía cantando Bob, mientras intentaba lanzar un hilo de seda imaginario desde su pequeña mano amarilla.

Gru suspiró y comenzó a dar órdenes para limpiar el desastre, sabiendo que, por primera vez en mucho tiempo, tenía un aliado que no necesitaba un contrato de villano para ayudarlo. En ese vecindario tan normal, las cosas estaban a punto de volverse mucho más asombrosas.
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