Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Encuentros Nocturnos

Fandom: Jujutsu Kaisen

Creado: 29/6/2026

Etiquetas

RomanceRecortes de VidaHistoria DomésticaAmbientación CanonHumorMisterioFluff
Índice

Entre Sombras y Celuloide

El aire en los pasillos de la Academia de Hechicería de Tokio se sentía más pesado de lo habitual, y no era precisamente por la presencia de alguna maldición de grado especial. Era la curiosidad, un veneno que se propagaba más rápido que cualquier técnica ritual. El rumor había comenzado como un susurro en los comedores y se había transformado en una teoría conspirativa de pleno derecho en los dormitorios de primer y segundo año.

—Les digo que hay algo raro —susurró Nobara Kugisaki, ajustándose el cinturón de su uniforme mientras se agachaba detrás de una columna de piedra—. Satoru-sensei ha estado desapareciendo todas las noches a las once en punto. Y Shoko-san... bueno, ella siempre parece cansada, pero últimamente tiene esa mirada de "tengo un secreto".

—Quizás solo están planeando el próximo entrenamiento —sugirió Itadori, rascándose la nuca con escepticismo—. Ya saben cómo es Gojo-sensei con las sorpresas.

—¡No seas ingenuo, Yuji! —siseó Nobara, dándole un golpe suave en el brazo—. El entrenamiento no requiere que te escabullas por el ala oeste con una manta y una bolsa de snacks. Fushiguro, tú eres el más observador, ¿qué piensas?

Megumi Fushiguro suspiró, deseando estar en cualquier otro lugar, preferiblemente durmiendo. Pero la intensidad de Nobara era difícil de ignorar.

—No me importa lo que hagan los adultos en su tiempo libre —respondió con su tono monótono habitual—. Pero es cierto que el rastro de energía maldita de Gojo-sensei se vuelve... inusualmente estático en la oficina de Shoko-san o en las salas comunes privadas a estas horas.

—¡Lo ven! —exclamó Nobara en un susurro triunfal—. Hoy vamos a descubrir la verdad. Si es un romance secreto, quiero fotos. Si es un plan para derrocar a los altos mandos, quiero estar involucrada. Y si es algo... "sucio", bueno, nos iremos discretamente y fingiremos que nunca pasó.

El grupo de "investigadores", que ahora incluía a un Panda muy interesado y a una Maki Zen'in que afirmaba estar allí solo para asegurarse de que no se metieran en problemas, avanzó sigilosamente por el pasillo oscuro. La luz de la luna se filtraba por los ventanales, proyectando sombras alargadas sobre la madera pulida.

Al llegar a la puerta de la sala de descanso privada, un lugar que normalmente solo usaban los profesores de alto rango, se detuvieron. Un murmullo bajo llegaba desde el interior. Era una voz masculina, profunda y rítmica, seguida por el sonido de algo que crujía.

—Es el momento —susurró Nobara, haciendo una señal con la mano.

Contaron hasta tres. Nobara abrió la puerta de golpe, esperando encontrar una escena comprometedora, un altar prohibido o, al menos, a Gojo sin su venda y en una situación comprometedora.

Lo que encontraron fue mucho más mundano.

Satoru Gojo estaba desparramado en el sofá de cuero, con sus largas piernas de 190 centímetros extendidas sobre la mesa ratona. Llevaba su habitual abrigo negro, pero su venda estaba ligeramente ladeada, dejando ver uno de sus ojos azul cielo que brillaba con la luz de la pantalla. A su lado, Shoko Ieiri estaba envuelta en una bata de laboratorio blanca sobre su jersey azul, con una bolsa de palomitas en el regazo y una lata de café frío en la mano. Sus ojos castaños, marcados por las ojeras de siempre, se dirigieron lentamente hacia la puerta.

En la pantalla del televisor, un hombre de hombros anchos y voz rasposa hablaba sobre ofertas que no se podían rechazar.

—¿Le puse demasiada sal? —preguntó Shoko con voz monótona, mirando a los estudiantes como si fueran una alucinación producto del cansancio.

—¡Chicos! —Satoru se incorporó, mostrando una sonrisa radiante y juguetona—. Justo a tiempo para la mejor parte. Don Corleone está a punto de dar una lección de etiqueta. ¿Quieren unirse? Hay espacio para todos, aunque Panda tendrá que sentarse en el suelo.

Nobara se quedó con la boca abierta, señalando la pantalla.

—¿Están... viendo "El Padrino"? —preguntó, con la decepción goteando de cada sílaba.

—Es un clásico, Nobara-kun —dijo Gojo, estirándose como un gato—. Shoko nunca la había visto completa sin quedarse dormida en los primeros diez minutos, así que decidimos hacer un maratón de clásicos para que se relaje. Ser un médico de hechicería es agotador, ¿sabes?

Shoko soltó un bostezo largo y se acomodó el cabello castaño tras la oreja.

—Son mis "encuentros nocturnos" de relajación —explicó ella con indiferencia—. Satoru hace los comentarios innecesarios y yo trato de ignorarlo mientras disfruto de la cinematografía. Es terapéutico.

Maki rodó los ojos y se dio la vuelta.

—Se los dije. Son solo dos adultos aburridos perdiendo el tiempo. Vámonos antes de que Gojo intente explicarnos la estructura narrativa de la película.

—¡Pero yo pensé que...! —Nobara intentó protestar, pero Itadori ya la estaba empujando hacia el pasillo.

—Vamos, Kugisaki. Déjalos en su noche de cine. Al menos no es nada raro.

El grupo se retiró, sus pasos alejándose por el corredor hasta que el silencio volvió a reinar en la academia. Satoru y Shoko permanecieron inmóviles, escuchando atentamente. Satoru ladeó la cabeza, usando sus Seis Ojos para percibir cómo las firmas de energía de sus alumnos se alejaban hacia los dormitorios de segundo año.

Cuando el último rastro de presencia desapareció, Satoru soltó un suspiro y usó el control remoto para apagar el televisor. La habitación quedó sumergida en una penumbra plateada, solo interrumpida por el brillo de la luna.

—¿Se han ido? —preguntó Shoko, su voz perdiendo ese tono de indiferencia profesional y volviéndose algo más suave, más íntima.

—Completamente —respondió Satoru. Se quitó la venda de los ojos por completo, dejando que su cabello blanco cayera sobre su frente. Sus ojos azules buscaron los de ella en la oscuridad—. Son tan predecibles. Un poco de teatro y se creen cualquier cosa.

Shoko dejó la bolsa de palomitas a un lado y se giró hacia él, apoyando un codo en el respaldo del sofá. El lunar bajo su ojo derecho parecía resaltar más en la penumbra.

—Fue idea tuya poner la película —dijo ella con una pequeña sonrisa—. Yo habría preferido simplemente cerrar la puerta con llave.

—Y levantar sospechas reales —replicó Satoru, acercándose a ella—. Si les das una explicación aburrida, dejan de buscar. Es la técnica de ocultamiento más básica, Shoko.

Él extendió una mano y acarició la mejilla de la mujer, recorriendo con el pulgar la línea de su mandíbula. El aire juguetón de Gojo se había evaporado, reemplazado por una intensidad que solo ella conocía.

—Entonces... —Shoko se inclinó hacia él, reduciendo la distancia—. ¿Dónde nos quedamos antes de que los investigadores privados nos interrumpieran?

Satoru no respondió con palabras. Se inclinó hacia adelante, atrapando sus labios en un beso profundo y hambriento. Shoko respondió de inmediato, pasando sus manos por el cuello del abrigo negro de él, enredando sus dedos en el cabello blanco y sedoso.

Se cubrieron con la manta grande que Satoru había traído, creando un pequeño refugio del mundo exterior. Bajo el tejido, el encuentro dejó de ser una fachada. Las caricias se volvieron más audaces, bajando por la espalda de Shoko, mientras ella soltaba un pequeño suspiro contra sus labios.

—A veces odio tener que esconderme —susurró Satoru entre besos, su voz vibrando contra la piel del cuello de Shoko—. Podría simplemente declarar que eres mía y ver quién se atreve a decir algo.

Shoko soltó una risita baja, una que rara vez escuchaba alguien que no fuera él.

—Eres el hechicero más fuerte, Satoru, pero no puedes pelear contra los chismes de una academia llena de adolescentes —dijo ella, separándose apenas unos milímetros para mirarlo a los ojos—. Además, hay algo... emocionante en esto, ¿no crees?

Satoru sonrió, esa sonrisa de lado que siempre indicaba que estaba tramando algo o que estaba completamente satisfecho.

—Tienes razón. El peligro de ser descubiertos le da cierto sabor. Aunque, después de esta noche, dudo que vuelvan a espiarnos por un buen tiempo.

—No hables tanto —lo interrumpió Shoko, tirando de él por el cuello de la camisa—. Tenemos pocas horas antes de que salga el sol y tenga que volver a la morgue.

Satoru rió suavemente antes de volver a besarla, esta vez con más urgencia. En la quietud de la sala, lejos de las miradas curiosas de sus alumnos y de las responsabilidades que conllevaba ser los pilares del mundo de la hechicería, los dos adultos se permitieron descender a su propio mundo privado.

El rumor en la Academia de Hechicería de Tokio moriría al día siguiente. Nobara contaría cómo Gojo y Shoko eran simplemente dos cinéfilos aburridos. Los demás asentirían, aliviados de que la normalidad reinara entre sus mentores.

Nadie sabría que, mientras la película de Coppola se reproducía en silencio absoluto en una pantalla negra, Satoru Gojo y Shoko Ieiri compartían mucho más que una simple amistad de años. En la oscuridad, entre besos robados y susurros cómplices, su amorío secreto seguía siendo el misterio mejor guardado de la institución, una verdad oculta a plena vista tras la cortina de la cotidianidad.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic