
← Volver a la lista de fanfics
0 me gusta
Residuos de Locura
Fandom: Soul Eater
Creado: 29/6/2026
Etiquetas
RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloPsicológicoFantasíaAlmas GemelasAmbientación CanonEstudio de Personaje
Resonancia de un Alma en Calma
El piano en el interior de la mente de Soul ya no tocaba jazz. La melodía suave y sincopada que solía definir su espíritu había sido reemplazada por una nota discordante, un zumbido sordo que vibraba en la base de su cráneo.
Soul Eater Evans despertó con el sudor frío empapando su camiseta y el corazón martilleando contra sus costillas como un animal enjaulado. Sus ojos rojos, generalmente entrecerrados en una expresión de aburrimiento crónico, estaban abiertos de par en par, reflejando el pánico residual de la pesadilla. En la penumbra de su habitación, las sombras parecían alargarse, adoptando la forma de esa pequeña criatura roja que solía acecharlo en los rincones de su subconsciente.
Pensó que se había ido. Creyó que, tras la derrota de Asura, los residuos de la locura se habían disuelto en la nada. Pero el abismo no desaparece, solo se oculta.
En sus sueños, el escenario era siempre el mismo: el salón de la Shibusen, bañado en una luz carmesí. Él perdía el control. Sus manos se transformaban en cuchillas que no respondían a su voluntad. Y frente a él, Maka. Siempre Maka. Con sus ojos verdes llenos de una incomprensión dolorosa mientras la sangre manchaba su gabardina negra.
Soul se sentó en el borde de la cama, enterrando el rostro entre sus manos. Sus dedos temblaban.
—No es real —susurró, con la voz quebrada—. No es "cool" perder el control así.
Pero el miedo no entendía de estilos ni de apariencias.
Durante las siguientes dos semanas, Soul se convirtió en una sombra de sí mismo. Sus exageradas muecas de disgusto o sus sonrisas de dientes puntiagudos desaparecieron, reemplazadas por una máscara de apatía forzada que no lograba ocultar las profundas ojeras bajo sus ojos. En clase, no prestaba atención. En los entrenamientos, su sincronización de almas era un desastre, una estática chirriante que hacía que Maka tropezara.
Y lo peor era el distanciamiento. Cada vez que Maka intentaba tocarle el hombro para animarlo, o incluso cuando caminaban juntos hacia el apartamento, Soul se alejaba bruscamente, como si ella fuera fuego y él estuviera hecho de pólvora.
Maka Albarn, sin embargo, no era alguien que se quedara de brazos cruzados. Ella era el orden ante el caos, la determinación frente a la duda. Había observado a su compañero con una mezcla de preocupación y creciente frustración. Sabía leer su alma mejor que nadie; sentía la turbulencia, el miedo negro que goteaba en su longitud de onda.
Una tarde, después de que Soul intentara escabullirse a su habitación sin cenar, Maka decidió que ya era suficiente.
Él estaba a punto de cerrar la puerta cuando un pie enfundado en una bota negra con hebilla blanca bloqueó el paso. Soul levantó la vista, encontrándose con la mirada severa y decidida de Maka. Sus coletas parecían vibrar con su indignación.
—Soul, muévete —ordenó ella, entrando en la habitación sin esperar invitación.
—Maka, estoy cansado. No es un buen momento para tus sermones —dijo él, tratando de mantener su tono indiferente, aunque el leve temblor en sus manos delataba su ansiedad.
—Me importa un bledo si es "cool" o no —replicó Maka, cerrando la puerta tras de sí con un golpe seco—. Has estado actuando como un idiota. Me esquivas, no duermes y tu alma está gritando. ¡Literalmente gritando!
Soul retrocedió hasta que sus piernas chocaron con su escritorio. Intentó desviar la mirada, buscando cualquier distracción, pero Maka se plantó frente a él, acorralándolo contra el mueble. Era más baja que él, pero en ese momento, su presencia llenaba toda la habitación.
—Dímelo —exigió ella—. Ahora mismo.
—No es nada, Maka. Solo estrés por los exámenes de Stein...
—¡Mentira! —Maka golpeó el escritorio con la palma de la mano—. Sé que es la locura, Soul. Siento los residuos. Siento cómo te estás hundiendo tú solo porque crees que puedes manejarlo sin mí. ¿Acaso no somos un equipo? ¿Acaso no somos compañeros de alma?
Soul apretó los dientes, sus colmillos brillando bajo la luz tenue. La presión en su pecho se volvió insoportable. La imagen de Maka cayendo al suelo por su culpa volvió a cruzar su mente como un relámpago.
—¡Es por ti, maldita sea! —estalló Soul finalmente, su voz rompiéndose—. ¡No se ha ido, Maka! Sigue ahí, en los rincones. Sueño que pierdo el juicio, que la sangre negra me consume y que... que te mato.
Se dejó caer en su silla, ocultando el rostro. Sus hombros se sacudieron violentamente.
—Tengo miedo —confesó en un susurro apenas audible—. Tengo miedo de que un día me despierte y ya no sea yo. De que use este cuerpo para hacerte daño. Preferiría morir mil veces, preferiría que Stein me diseccionara vivo antes de ponerte un dedo encima de esa manera. Por eso me alejo. Porque no puedo arriesgarme a perderte por mi propia culpa.
El silencio que siguió fue pesado, cargado con la angustia que Soul había estado reprimiendo. Esperaba que Maka retrocediera, que sintiera el mismo miedo que él sentía hacia su propia oscuridad.
En cambio, sintió unas manos pequeñas y cálidas envolviendo las suyas.
Maka lo obligó a enderezarse, a mirarla directamente a los ojos. Sus ojos verdes no mostraban rastro de temor; eran estanques de calma y determinación absoluta.
—Mírame, Soul —dijo ella con una suavidad que lo desarmó—. Mírame bien.
Soul obedeció, con la respiración entrecortada.
—No eres un monstruo —continuó Maka—. Eres Soul Eater Evans. Eres el arma que me protege, el pianista que calma mi alma y el chico más testarudo que conozco. Si la locura intenta volver, tendrá que pasar sobre mí primero. ¿Crees que soy tan débil como para dejar que un poco de estática me arrebate a mi compañero?
—Maka, no entiendes lo fuerte que es...
—Entonces seremos más fuertes —lo interrumpió ella.
Maka se inclinó hacia adelante. Soul pensó por un segundo que recibiría el clásico "Maka-Chop" para sacarlo de su estupor, pero lo que sintió fue algo completamente distinto. Maka unió sus labios con los de él en un beso breve pero cargado de una intensidad que Soul nunca había experimentado.
Fue un beso que sabía a hogar, a seguridad, a una promesa inquebrantable. Era un ancla lanzada en medio de su tormenta personal.
Cuando ella se separó apenas unos centímetros, Soul estaba atónito. Sus ojos rojos estaban muy abiertos y sus mejillas mostraban un inusual tono rosado.
—Eso... —balbuceó él—, eso no ha sido muy propio de ti.
—Ha sido un calmante —dijo Maka con una sonrisa tierna, aunque sus propios ojos brillaban con una vulnerabilidad compartida—. Para que tus miedos se disipen. Para que entiendas que no estás solo en esto.
Sin darle tiempo a procesarlo, Maka lo rodeó con sus brazos en un abrazo total, hundiendo su rostro en el pecho de él. La gabardina de Maka se sentía fresca contra su piel, pero su calor corporal era lo único que Soul necesitaba para sentirse real de nuevo.
Soul sintió que la barrera que había construido alrededor de su corazón se desmoronaba. Las lágrimas, que había intentado reprimir con tanto esfuerzo, comenzaron a rodar por sus mejillas. Con manos temblorosas, la rodeó por la cintura, aferrándose a ella como si fuera el único tesoro preciado en un mundo que se caía a pedazos.
—No quiero perderte —sollozó él, enterrando el rostro en el hombro de Maka—. Nunca. Jamás.
—No lo harás —susurró Maka, acariciando el cabello blanco de Soul con una paciencia infinita—. Porque estamos conectados. En las buenas, en las malas y en las peores. Si tú caes, yo te sostengo. Si yo me pierdo, tú tocas el piano para traerme de vuelta. Somos un equipo, Soul. Y nos amamos demasiado como para dejar que algo tan feo como la locura gane.
Se quedaron así durante mucho tiempo, en el silencio de la habitación que ya no se sentía amenazante. La resonancia entre ambos comenzó a estabilizarse, las longitudes de onda entrelazándose en una armonía perfecta que expulsaba cualquier residuo de oscuridad.
Soul se dio cuenta de que el zumbido en su cabeza se había detenido. Por primera vez en semanas, el piano en su interior volvió a sonar. Era una melodía lenta, dulce, una balada que hablaba de devoción y de una fuerza que no dependía del poder físico, sino de la confianza ciega.
—Maka —dijo Soul después de un rato, con la voz ya firme pero cargada de afecto.
—¿Sí?
—Eso del beso... ha sido bastante "cool".
Maka soltó una pequeña risa y se separó lo suficiente para mirarlo, secándole las lágrimas con los pulgares.
—Eres un idiota, Soul. Pero eres mi idiota.
Soul sonrió, esta vez mostrando sus dientes puntiagudos con esa confianza que lo caracterizaba. La apatía se había ido. El miedo seguía siendo una posibilidad, pero ya no era una sentencia.
—¿Quieres ir a leer a la sala? —preguntó él, rascándose la nuca con cierta timidez—. No creo que pueda dormir todavía, pero... me gustaría estar cerca de ti.
Maka asintió, tomando su mano y entrelazando sus dedos con los de él.
—Me parece un plan perfecto.
Caminaron juntos por el pasillo, dos almas que habían enfrentado dioses y demonios, pero que habían encontrado su batalla más difícil en el silencio de sus propios miedos. Y mientras la luz de la luna entraba por la ventana del salón, Soul supo que, mientras Maka estuviera allí para sostener su mano, no habría locura en el mundo capaz de apagar su música.
Soul Eater Evans despertó con el sudor frío empapando su camiseta y el corazón martilleando contra sus costillas como un animal enjaulado. Sus ojos rojos, generalmente entrecerrados en una expresión de aburrimiento crónico, estaban abiertos de par en par, reflejando el pánico residual de la pesadilla. En la penumbra de su habitación, las sombras parecían alargarse, adoptando la forma de esa pequeña criatura roja que solía acecharlo en los rincones de su subconsciente.
Pensó que se había ido. Creyó que, tras la derrota de Asura, los residuos de la locura se habían disuelto en la nada. Pero el abismo no desaparece, solo se oculta.
En sus sueños, el escenario era siempre el mismo: el salón de la Shibusen, bañado en una luz carmesí. Él perdía el control. Sus manos se transformaban en cuchillas que no respondían a su voluntad. Y frente a él, Maka. Siempre Maka. Con sus ojos verdes llenos de una incomprensión dolorosa mientras la sangre manchaba su gabardina negra.
Soul se sentó en el borde de la cama, enterrando el rostro entre sus manos. Sus dedos temblaban.
—No es real —susurró, con la voz quebrada—. No es "cool" perder el control así.
Pero el miedo no entendía de estilos ni de apariencias.
Durante las siguientes dos semanas, Soul se convirtió en una sombra de sí mismo. Sus exageradas muecas de disgusto o sus sonrisas de dientes puntiagudos desaparecieron, reemplazadas por una máscara de apatía forzada que no lograba ocultar las profundas ojeras bajo sus ojos. En clase, no prestaba atención. En los entrenamientos, su sincronización de almas era un desastre, una estática chirriante que hacía que Maka tropezara.
Y lo peor era el distanciamiento. Cada vez que Maka intentaba tocarle el hombro para animarlo, o incluso cuando caminaban juntos hacia el apartamento, Soul se alejaba bruscamente, como si ella fuera fuego y él estuviera hecho de pólvora.
Maka Albarn, sin embargo, no era alguien que se quedara de brazos cruzados. Ella era el orden ante el caos, la determinación frente a la duda. Había observado a su compañero con una mezcla de preocupación y creciente frustración. Sabía leer su alma mejor que nadie; sentía la turbulencia, el miedo negro que goteaba en su longitud de onda.
Una tarde, después de que Soul intentara escabullirse a su habitación sin cenar, Maka decidió que ya era suficiente.
Él estaba a punto de cerrar la puerta cuando un pie enfundado en una bota negra con hebilla blanca bloqueó el paso. Soul levantó la vista, encontrándose con la mirada severa y decidida de Maka. Sus coletas parecían vibrar con su indignación.
—Soul, muévete —ordenó ella, entrando en la habitación sin esperar invitación.
—Maka, estoy cansado. No es un buen momento para tus sermones —dijo él, tratando de mantener su tono indiferente, aunque el leve temblor en sus manos delataba su ansiedad.
—Me importa un bledo si es "cool" o no —replicó Maka, cerrando la puerta tras de sí con un golpe seco—. Has estado actuando como un idiota. Me esquivas, no duermes y tu alma está gritando. ¡Literalmente gritando!
Soul retrocedió hasta que sus piernas chocaron con su escritorio. Intentó desviar la mirada, buscando cualquier distracción, pero Maka se plantó frente a él, acorralándolo contra el mueble. Era más baja que él, pero en ese momento, su presencia llenaba toda la habitación.
—Dímelo —exigió ella—. Ahora mismo.
—No es nada, Maka. Solo estrés por los exámenes de Stein...
—¡Mentira! —Maka golpeó el escritorio con la palma de la mano—. Sé que es la locura, Soul. Siento los residuos. Siento cómo te estás hundiendo tú solo porque crees que puedes manejarlo sin mí. ¿Acaso no somos un equipo? ¿Acaso no somos compañeros de alma?
Soul apretó los dientes, sus colmillos brillando bajo la luz tenue. La presión en su pecho se volvió insoportable. La imagen de Maka cayendo al suelo por su culpa volvió a cruzar su mente como un relámpago.
—¡Es por ti, maldita sea! —estalló Soul finalmente, su voz rompiéndose—. ¡No se ha ido, Maka! Sigue ahí, en los rincones. Sueño que pierdo el juicio, que la sangre negra me consume y que... que te mato.
Se dejó caer en su silla, ocultando el rostro. Sus hombros se sacudieron violentamente.
—Tengo miedo —confesó en un susurro apenas audible—. Tengo miedo de que un día me despierte y ya no sea yo. De que use este cuerpo para hacerte daño. Preferiría morir mil veces, preferiría que Stein me diseccionara vivo antes de ponerte un dedo encima de esa manera. Por eso me alejo. Porque no puedo arriesgarme a perderte por mi propia culpa.
El silencio que siguió fue pesado, cargado con la angustia que Soul había estado reprimiendo. Esperaba que Maka retrocediera, que sintiera el mismo miedo que él sentía hacia su propia oscuridad.
En cambio, sintió unas manos pequeñas y cálidas envolviendo las suyas.
Maka lo obligó a enderezarse, a mirarla directamente a los ojos. Sus ojos verdes no mostraban rastro de temor; eran estanques de calma y determinación absoluta.
—Mírame, Soul —dijo ella con una suavidad que lo desarmó—. Mírame bien.
Soul obedeció, con la respiración entrecortada.
—No eres un monstruo —continuó Maka—. Eres Soul Eater Evans. Eres el arma que me protege, el pianista que calma mi alma y el chico más testarudo que conozco. Si la locura intenta volver, tendrá que pasar sobre mí primero. ¿Crees que soy tan débil como para dejar que un poco de estática me arrebate a mi compañero?
—Maka, no entiendes lo fuerte que es...
—Entonces seremos más fuertes —lo interrumpió ella.
Maka se inclinó hacia adelante. Soul pensó por un segundo que recibiría el clásico "Maka-Chop" para sacarlo de su estupor, pero lo que sintió fue algo completamente distinto. Maka unió sus labios con los de él en un beso breve pero cargado de una intensidad que Soul nunca había experimentado.
Fue un beso que sabía a hogar, a seguridad, a una promesa inquebrantable. Era un ancla lanzada en medio de su tormenta personal.
Cuando ella se separó apenas unos centímetros, Soul estaba atónito. Sus ojos rojos estaban muy abiertos y sus mejillas mostraban un inusual tono rosado.
—Eso... —balbuceó él—, eso no ha sido muy propio de ti.
—Ha sido un calmante —dijo Maka con una sonrisa tierna, aunque sus propios ojos brillaban con una vulnerabilidad compartida—. Para que tus miedos se disipen. Para que entiendas que no estás solo en esto.
Sin darle tiempo a procesarlo, Maka lo rodeó con sus brazos en un abrazo total, hundiendo su rostro en el pecho de él. La gabardina de Maka se sentía fresca contra su piel, pero su calor corporal era lo único que Soul necesitaba para sentirse real de nuevo.
Soul sintió que la barrera que había construido alrededor de su corazón se desmoronaba. Las lágrimas, que había intentado reprimir con tanto esfuerzo, comenzaron a rodar por sus mejillas. Con manos temblorosas, la rodeó por la cintura, aferrándose a ella como si fuera el único tesoro preciado en un mundo que se caía a pedazos.
—No quiero perderte —sollozó él, enterrando el rostro en el hombro de Maka—. Nunca. Jamás.
—No lo harás —susurró Maka, acariciando el cabello blanco de Soul con una paciencia infinita—. Porque estamos conectados. En las buenas, en las malas y en las peores. Si tú caes, yo te sostengo. Si yo me pierdo, tú tocas el piano para traerme de vuelta. Somos un equipo, Soul. Y nos amamos demasiado como para dejar que algo tan feo como la locura gane.
Se quedaron así durante mucho tiempo, en el silencio de la habitación que ya no se sentía amenazante. La resonancia entre ambos comenzó a estabilizarse, las longitudes de onda entrelazándose en una armonía perfecta que expulsaba cualquier residuo de oscuridad.
Soul se dio cuenta de que el zumbido en su cabeza se había detenido. Por primera vez en semanas, el piano en su interior volvió a sonar. Era una melodía lenta, dulce, una balada que hablaba de devoción y de una fuerza que no dependía del poder físico, sino de la confianza ciega.
—Maka —dijo Soul después de un rato, con la voz ya firme pero cargada de afecto.
—¿Sí?
—Eso del beso... ha sido bastante "cool".
Maka soltó una pequeña risa y se separó lo suficiente para mirarlo, secándole las lágrimas con los pulgares.
—Eres un idiota, Soul. Pero eres mi idiota.
Soul sonrió, esta vez mostrando sus dientes puntiagudos con esa confianza que lo caracterizaba. La apatía se había ido. El miedo seguía siendo una posibilidad, pero ya no era una sentencia.
—¿Quieres ir a leer a la sala? —preguntó él, rascándose la nuca con cierta timidez—. No creo que pueda dormir todavía, pero... me gustaría estar cerca de ti.
Maka asintió, tomando su mano y entrelazando sus dedos con los de él.
—Me parece un plan perfecto.
Caminaron juntos por el pasillo, dos almas que habían enfrentado dioses y demonios, pero que habían encontrado su batalla más difícil en el silencio de sus propios miedos. Y mientras la luz de la luna entraba por la ventana del salón, Soul supo que, mientras Maka estuviera allí para sostener su mano, no habría locura en el mundo capaz de apagar su música.
