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Joonham

Fandom: Kpop

Creado: 29/6/2026

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𝓓𝓮𝓮𝓹 𝓝𝓲𝓰𝓱𝓽 𝓒𝓻𝓪𝓿𝓲𝓷𝓰

La habitación de Johnny era un caos de mantas, almohadas y restos de comida a domicilio. El aire estaba cargado con ese aroma masculino y familiar que solo siete chicos conviviendo bajo el mismo techo podían generar. Era una de esas raras noches de descanso en medio de la promoción de *Bloody Moon Rise*, y los miembros de S—SIDE habían decidido apiñarse en el suelo sobre un par de colchones inflables y alfombras para una improvisada pijamada.

Daehyun y Tevin ya roncaban suavemente en una esquina, mientras que Sunwoo, el maknae, tenía la cabeza apoyada en el regazo de Jungmo, ambos profundamente dormidos frente al televisor que emitía una luz azulada y muda. Johnny, el dueño del cuarto, se había quedado frito a los pies de su propia cama.

Sin embargo, en el colchón más apartado, la temperatura era distinta.

Joon, el líder de 1.90m, estaba recostado contra la pared, observando a Baham con una intensidad que nada tenía que ver con el cansancio. Baham, el visual del grupo, se veía etéreo bajo la tenue luz de las lámparas de noche. Sus ojos se encontraron y, sin decir una palabra, la tensión que llevaban arrastrando durante todo el día de ensayos estalló en un silencio compartido. Eran novios en secreto, un secreto que quemaba más que cualquier foco sobre el escenario.

— No puedo más —susurró Joon, su voz ronca de Busan vibrando en el pecho de Baham.

— Shh, vas a despertarlos —respondió Baham, aunque sus dedos ya estaban enredados en la nuca de Joon, tirando de él hacia abajo.

— Me importa una mierda —gruñó el líder, atrapando los labios de Baham en un beso hambriento, cargado de lengua y una urgencia desesperada.

El beso fue húmedo, profundo, una lucha de dominancia que Baham aceptó con un gemido ahogado contra la boca de su mayor. Joon era enorme, su cuerpo cubría casi por completo la figura elegante de Baham, quien se arqueó cuando sintió la mano de Joon deslizarse por debajo de su sudadera de *oversize*.

— Vamos al baño —jadeó Baham, separándose apenas unos milímetros, con los labios hinchados y rojos—. Aquí no, Joonho... es demasiado arriesgado.

Joon sonrió con suficiencia, esa sonrisa de líder que sabía exactamente cómo conseguir lo que quería. Se levantaron con una agilidad felina, esquivando las extremidades de sus compañeros dormidos, y se encerraron en el baño privado de la habitación de Johnny. En cuanto la cerradura hizo *click*, Joon acorraló a Baham contra la puerta fría.

— Eres tan malditamente hermoso, ZhanWei —dijo Joon, usando su nombre real, mientras sus manos bajaban a los muslos del menor, apretándolos con fuerza—. Me pones tan duro que duele.

— Entonces haz algo al respecto, líder —provocó Baham, rodeando la cintura de Joon con sus piernas largas, dejando que su entrepierna rozara el bulto evidente en los pantalones del mayor.

Joon no se hizo de rogar. Devoró el cuello de Baham, dejando marcas que el maquillaje de la YG tendría que cubrir al día siguiente. Sus manos bajaron los pantalones de ambos con torpeza y prisa. La diferencia de altura solo hacía que la posición fuera más erótica; Baham colgaba de él, entregado.

— Te voy a follar tan fuerte que vas a olvidar que estamos en la habitación de al lado de los chicos —susurró Joon al oído de Baham, antes de lamerle el lóbulo y morderlo.

— Hazlo... por favor, Joon, ahora —suplicó Baham, su respiración era un desastre de jadeos calientes.

Joon se preparó rápido, usando la saliva y la urgencia como único lubricante, sus dedos estirando a Baham con una eficiencia ruda que hizo que el menor echara la cabeza hacia atrás, golpeando suavemente la madera de la puerta. Cuando Joon se posicionó y empujó de una sola vez, Baham soltó un grito que fue silenciado de inmediato por la mano de Joon sobre su boca.

— Cállate, precioso... no queremos que Johnny entre a ver por qué su visual favorito está gritando mi nombre —se burló Joon, comenzando a moverse con embestidas largas y profundas que hacían que los pies de Baham temblaran en el aire.

— Ah... ¡Joon! —Baham gemía contra la palma de su mano, sus ojos en blanco mientras sentía cada centímetro del líder invadiéndolo—. Más... más rápido...

Joon obedeció, perdiendo el control. Sus 1.90m de puro músculo se movían con una cadencia violenta, chocando contra el cuerpo de Baham con un sonido húmedo y rítmico que llenaba el pequeño baño. El sudor empezó a perlar sus frentes, mezclándose mientras se besaban de nuevo, un intercambio de saliva y deseo puro.

— Eres mío —gruñó Joon, su voz rompiéndose—. Todo tú... eres mi maldito vicio.

— Soy tuyo... solo tuyo —respondió Baham entre espasmos, sintiendo cómo el placer se acumulaba en la base de su columna, una presión insoportable que pedía liberación.

Joon cambió el ángulo, levantando una de las piernas de Baham sobre su hombro para entrar aún más profundo, golpeando ese punto exacto que hacía que Baham se retorciera y sollozara de placer. El líder estaba cerca, sus propios gemidos eran ahora bajos y guturales, una señal de que el final estaba cerca.

— Me voy a correr... ZhanWei... mírame —ordenó Joon.

Baham abrió los ojos, empañados por las lágrimas y la lujuria, viendo la expresión de absoluta adoración y posesión en el rostro de su novio. Con un último empujón devastador, Joon se corrió dentro de él, llenándolo de calor, mientras Baham se liberaba sobre sus propios abdómenes, manchando la piel de ambos.

Se quedaron así por unos minutos, jadeando, con el corazón latiendo al unísono. Joon apoyó su frente contra la de Baham, limpiando con su pulgar una lágrima perdida en la mejilla del menor.

— Te amo —susurró Joon, con una ternura que solo le mostraba a él detrás de las puertas cerradas.

— Y yo a ti —respondió Baham, recuperando el aliento, con una sonrisa cansada pero radiante—. Pero ahora tenemos que limpiar este desastre antes de que alguien se despierte para ir a tomar agua.

Salieron del baño veinte minutos después, con la ropa arreglada y el cabello revuelto, deslizándose de nuevo en el colchón como si nada hubiera pasado. En la oscuridad, Joon buscó la mano de Baham y la apretó con fuerza, un recordatorio silencioso de que, a pesar de la fama, los tours y el concepto oscuro de su música, ellos eran el refugio del otro.

— Mañana tenemos ensayo a las seis —murmuró Baham, cerrando los ojos.

— Valdrá la pena el sueño —respondió Joon, dándole un último beso en la sien antes de dejarse caer en el descanso, con el aroma de Baham todavía impregnado en su piel.
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