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Somos mejores amigos...verdad?

Fandom: Fairy Tail

Creado: 30/6/2026

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RomanceFluffHumorFantasíaAmbientación CanonRecortes de VidaAventura
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Más que amigos, el fuego y las llaves

La mañana en Magnolia solía ser sinónimo de vitalidad, pero para Lucy Heartfilia, el sol brillaba hoy con una intensidad sospechosa. Al cruzar las puertas dobles de Fairy Tail, el habitual estruendo de jarras chocando y mesas volando fue reemplazado por un silencio sepulcral que se rompió en mil pedazos apenas puso un pie en el salón principal.

Decenas de ojos se clavaron en ella. No eran las miradas de bienvenida de siempre; eran ojos cargados de una picardía insoportable, acompañados de sonrisas de lado y codazos cómplices entre los miembros del gremio.

Confundida, Lucy ajustó la correa de su cinturón, donde sus llaves celestiales tintinearon suavemente contra su falda plisada. Caminó hacia la barra, tratando de ignorar el murmullo creciente que la seguía como una sombra.

—Buenos días, Mira-san —saludó Lucy, apoyando los codos en la madera pulida—. ¿Pasa algo? Todo el mundo me mira como si me hubiera crecido una segunda cabeza.

Mirajane Strauss, con su eterna sonrisa angelical y esa chispa de casamentera en los ojos, se acercó limpiando una copa.

—¡Oh, Lucy! ¡Muchas felicidades! —exclamó la albina, juntando las manos—. Me alegra tanto que por fin hayan dado el paso. De verdad, hacen una pareja preciosa.

Lucy parpadeó, completamente perdida. Sus dos coletas altas se sacudieron mientras ladeaba la cabeza.

—¿Paso? ¿Pareja? ¿De qué estás hablando, Mira? —preguntó, sintiendo un nudo de ansiedad en el estómago.

—¡Aye, sir! ¡Atrapados in fraganti!

Un borrón azul voló sobre la cabeza de Lucy. Happy aterrizó en la barra con una sonrisa burlona que le llegaba de oreja a oreja. Entre sus pequeñas garras sostenía una fotografía mágica de alta calidad.

—Mira esto, Lucy —dijo el gato con tono cantarín—. Una imagen vale más que mil palabras. O que mil "solo somos amigos".

Lucy tomó la foto. Sus ojos se abrieron tanto que casi se salen de sus órbitas. En la imagen, se veía a Natsu y a ella durmiendo en el suelo de una cueva, probablemente durante la última noche de su misión en las montañas del norte. Pero no era solo dormir. Natsu estaba completamente ovillado a su alrededor, con la cabeza apoyada en el regazo de ella y un brazo rodeando su cintura con una posesividad inconsciente. Ella, por su parte, tenía una mano enredada en el cabello rosado del Dragon Slayer y una expresión de absoluta paz. Estaban tan cerca que apenas cabía un suspiro entre ellos.

El rostro de Lucy pasó de un blanco pálido a un rojo escarlata que habría avergonzado al cabello de Erza.

—¡E-esto no es lo que parece! —gritó Lucy, golpeando la mesa, mientras el gremio entero estallaba en risas y vítores.

—¡Vamos, Lu! —exclamó Cana desde una mesa cercana, levantando su barril de cerveza—. ¡Esa postura no es de "mejores amigos"! A menos que tus amigos suelan usar tus piernas de almohada y tú los acaricies mientras duermen.

—¡Fue por el frío! —chilló Lucy, desesperada—. ¡Estábamos en una montaña nevada! ¡Natsu es como una estufa humana, solo lo usé para no morir de hipotermia! ¡Somos mejores amigos, eso es todo!

—Eso dicen todos al principio —se burló Macao, guiñándole un ojo a Wakaba.

—Los mejores amigos están destinados a ser novios, es una regla no escrita del gremio —añadió Laki con una sonrisa maliciosa.

—¡Lucy, deja de ocultar tus sentimientos! —gritó Jet desde el fondo—. ¡Se nota a kilómetros!

La presión era demasiada. Lucy sentía que el aire se volvía pesado y que sus explicaciones caían en oídos sordos. Ver a Natsu como algo más siempre había sido un pensamiento que ella encerraba bajo siete llaves en lo más profundo de su corazón, pero verlo expuesto así, frente a todos, la hacía sentir vulnerable y, extrañamente, molesta.

—¡Ya basta! —exclamó, dándose la vuelta—. ¡Son todos unos idiotas! ¡Natsu es Natsu! ¡Él entra en mi casa sin permiso, me roba la comida, me hace cosquillas hasta que no puedo respirar y es un imprudente! ¡No hay nada romántico en él!

Sin esperar respuesta, Lucy salió a zancadas del gremio, ignorando las risas que resonaban tras ella. Necesitaba aire. Necesitaba caminar y convencerse a sí misma de que lo que sentía cuando Natsu la abrazaba era simple compañerismo.

Caminaba por el sendero que bordeaba el río cuando, casi como si el destino quisiera burlarse de ella, una silueta familiar apareció al final del camino. El chaleco negro abierto, los pantalones blancos y esa bufanda de escamas inconfundible.

Natsu caminaba con las manos detrás de la cabeza, silbando una melodía despreocupada. Al verla, su rostro se iluminó con esa sonrisa de colmillos afilados que siempre lograba desarmarla.

—¡Hey, Lucy! —gritó él, trotando para alcanzarla—. Te estaba buscando. Happy me robó el pescado y desapareció hacia el gremio. ¿Vienes de allá?

Lucy se detuvo en seco, cruzándose de brazos. Sus ojos marrones chispeaban de indignación.

—Natsu, tenemos un problema serio —dijo ella, tratando de mantener la compostura.

Natsu ladeó la cabeza, confundido. Se acercó a ella, invadiendo su espacio personal como solía hacer, obligándola a retroceder medio paso.

—¿Un problema? ¿Es un monstruo? ¿Es Gray? Si es ese exhibicionista, le patearé el trasero ahora mismo.

—No es Gray, ¡es la gente del gremio! —Lucy soltó un suspiro frustrado—. Alguien, y estoy segura de que fue ese gato travieso, tomó una foto de nosotros durmiendo en la última misión. ¡Están todos locos! Dicen que somos pareja, que oculto mis sentimientos, que "los mejores amigos están destinados a ser novios"... ¡Es ridículo! ¿Verdad, Natsu?

Natsu se quedó en silencio. No fue la reacción que Lucy esperaba. Ella esperaba que él soltara una carcajada, que dijera algo como "¡Qué asco!" o que simplemente se encogiera de hombros y sugiriera ir a comer. Pero Natsu se quedó allí, mirándola fijamente con sus ojos negros, inusualmente serios.

—¿Por qué es ridículo? —preguntó él finalmente. Su voz era baja, carente de su habitual tono juguetón.

Lucy se quedó muda. El viento sopló suavemente, agitando sus coletas y el cabello rosado de él.

—Porque... porque somos mejores amigos —balbuceó ella, perdiendo la seguridad—. Tú siempre estás molestándome, te metes en mi cama sin avisar, arruinas mis cosas... Somos compañeros de equipo.

—Yo no entro a las casas de los demás, Lucy —dijo Natsu, dando un paso hacia adelante. Su bufanda rozó el brazo de ella—. Solo entro a la tuya. No duermo con los demás para darles calor. Solo contigo.

Lucy sintió que el corazón le daba un vuelco. El calor que emanaba del cuerpo de Natsu siempre había sido reconfortante, pero en ese momento, se sentía abrasador.

—Natsu... —susurró ella, con la voz temblorosa.

—Me gusta estar contigo —continuó él, ignorando las etiquetas que ella intentaba imponer—. Me gusta tu olor, me gusta cómo escribes tus historias aunque te pongas roja cuando lo menciono, y me gusta protegerte. Si el gremio dice que somos algo más... tal vez no estén tan equivocados.

—Pero... ¿qué pasará con nuestra amistad? —preguntó Lucy, con los ojos empañados—. Si esto no funciona, yo no quiero perderte.

Natsu extendió una mano y rodeó suavemente la nuca de Lucy, justo por encima de donde terminaba su bufanda. Sus dedos eran cálidos y ásperos, llenos de las cicatrices de mil batallas, pero su toque fue increíblemente tierno.

—No vas a perderme. Nunca. Pero estoy harto de que me llames solo "amigo" cuando siento que quiero quemar el mundo entero cada vez que alguien te hace llorar.

Lucy levantó la mirada, encontrándose con una determinación feroz en los ojos de Natsu. Ya no había rastro del niño imprudente que comía fuego; frente a ella estaba el hombre que la había rescatado de su propio pasado, el que le había dado un hogar.

—Basta de fingir, Lucy —dijo Natsu, reduciendo la distancia entre sus rostros—. Yo ya tomé mi decisión. Ahora te toca a ti.

Lucy no necesitó pensar más. La seguridad que él le transmitía era la respuesta a todas las dudas que el gremio había sembrado esa mañana. Se puso de puntillas, cerró los ojos y acortó los últimos milímetros.

El beso fue como una explosión de magia. Sabía a fuego, a aventura y a una lealtad que trascendía el tiempo. Natsu la rodeó con sus brazos musculosos, levantándola ligeramente del suelo, mientras ella se aferraba a su chaleco negro, dejando atrás el miedo y las etiquetas. En ese beso, la "mejor amiga" se desvaneció para dar paso a algo mucho más profundo y real.

Se separaron lentamente, jadeando un poco, con las frentes unidas. Natsu sonreía de esa forma que solo le dedicaba a ella.

—Entonces... ¿ya no somos solo mejores amigos? —preguntó él con un tono travieso.

Lucy soltó una risita, limpiándose una lágrima de felicidad.

—Supongo que no, idiota.

—¡LO SABÍA! ¡SE LOS DIJE! ¡PÁGUENME MIS JOYAS!

El grito rompió la atmósfera mágica como un martillazo. Ambos se giraron bruscamente para ver una hilera de cabezas asomadas detrás de unos arbustos cercanos. Cana sostenía una bolsa de monedas, Gray se tapaba la cara con vergüenza, Erza tenía un pañuelo en los ojos mientras sollozaba de alegría y Happy volaba en círculos gritando su característico "¡Se guuuuustan!".

Resultaba que medio gremio los había seguido desde la salida de la ciudad.

—¡Malditos! —gritó Natsu, con el rostro encendido de rabia, pero sin soltar la mano de Lucy—. ¡Los voy a cocinar a todos!

—¡Corre, Natsu! —gritó Lucy, aunque no podía dejar de reír.

Natsu la miró por un segundo, su expresión suavizándose al verla tan feliz. Apretó su mano con fuerza.

—¿Sabes qué? Que miren lo que quieran.

Sin previo aviso, Natsu volvió a besarla, esta vez con más intensidad, ignorando los silbidos y los gritos de sus compañeros que arruinaban el momento romántico con su caos habitual.

Lucy cerró los ojos, disfrutando del calor de Natsu. Sabía que a partir de mañana, las burlas en el gremio serían diez veces peores. Sabía que Mirajane probablemente ya estaba planeando la boda y que Happy no la dejaría en paz con la dichosa foto. Pero mientras sintiera la mano de Natsu entrelazada con la suya, todo lo demás parecía más fácil.

Después de todo, así era Fairy Tail: ruidoso, entrometido y caótico. Pero ahora, entre las llamas y las estrellas, ella finalmente había encontrado su lugar exacto, justo al lado del Dragon Slayer que siempre había sido mucho más que un amigo.
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