Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Legend

Fandom: Wnba

Creado: 30/6/2026

Etiquetas

RomanceRecortes de VidaFluffHistoria DomésticaEstudio de PersonajeRealismo
Índice

Píxeles y Canastas

El resplandor de las tres pantallas iluminaba el rostro de Wilson con un tono azulado, casi fantasmal. En sus auriculares se mezclaba el sonido rítmico de los clics de su ratón con el estallido de efectos de sonido de Minecraft. En la esquina superior de la pantalla principal, el contador de espectadores en vivo marcaba sesenta mil personas. Para el mundo del internet, ella era "Mistik", la prodigio inglesa de diecinueve años que ocupaba el puesto número once en el ranking mundial de PVP. Para la mujer que acababa de entrar en el apartamento de Indianápolis dejando las llaves sobre la mesa, ella era simplemente Wilson.

Caitlin Clark soltó un suspiro largo, estirando sus músculos después de un entrenamiento de cuatro horas que la había dejado exhausta. Se quitó la sudadera de las Indiana Fever y caminó hacia la "cueva" de Wilson, como solía llamar al estudio. Se apoyó en el marco de la puerta, observando cómo los dedos de su novia volaban sobre el teclado con una precisión que rivalizaba con su propio tiro de tres puntos.

— No puede ser, ¡estás a un golpe! —exclamó Wilson, con su acento británico marcándose más debido a la adrenalina—. ¡Ven aquí, pequeño cobarde!

Caitlin sonrió. Era fascinante ver la intensidad de Wilson. La gente solía pensar que sus mundos eran opuestos: uno físico, de sudor y estadios llenos; el otro digital, de códigos y comunidades virtuales. Pero Caitlin veía el paralelismo. La misma disciplina, la misma obsesión por la perfección, el mismo odio visceral a la derrota.

Wilson terminó el combate con un movimiento rápido de cámara y una serie de clics frenéticos. El chat explotó en una cascada de emojis y mensajes que pasaban demasiado rápido para ser leídos.

— Bueno, chicos, eso es todo por hoy —dijo Wilson al micrófono, suavizando su tono—. El ranking se mantiene. Mañana intentaremos entrar al top 10. Gracias por los bits, gracias por el apoyo. Buenas noches, o buenas tardes, donde sea que estén.

Tras apagar la cámara y el micrófono, Wilson se hundió en su silla ergonómica y dejó escapar el aire que parecía haber estado reteniendo. Se giró y vio a Caitlin.

— ¿Cuánto tiempo llevas ahí, estrella? —preguntó Wilson con una sonrisa traviesa.

— Lo suficiente para ver que ese chico del escudo no tenía ninguna oportunidad contra ti —respondió Caitlin, acercándose para darle un beso rápido en la frente—. ¿Cómo estuvo el stream?

— Agotador —admitió Wilson, quitándose los cascos y dejando que su cabello rubio cayera libremente—. El chat estaba especialmente intenso hoy. Alguien filtró un rumor de que me habían visto en un partido de las Fever la semana pasada.

Caitlin se sentó en el borde del escritorio, rodeada de cables y luces LED.

— Tarde o temprano se van a enterar, Mistik. No puedes esconderte en la zona VIP para siempre. Además, llevabas una gorra que te tapaba media cara. Parecías un agente de la CIA.

— Es por tu bien, Clark —bromeó Wilson, levantándose para rodear la cintura de Caitlin con sus brazos—. Si tus fans se enteran de que sales con una nerd que se pelea con adolescentes por bloques de diamante, tu reputación de "asesina con cara de niña" se irá por el desagüe.

— Mi reputación está intacta —Caitlin se rió y la atrajo hacia sí—. Además, me gusta que tengamos esto. Solo para nosotras. Sin cámaras de ESPN, sin analistas diciendo qué hice mal en el cuarto periodo. Solo tú, yo y tus mundos de píxeles.

Caitlin era la cara de la WNBA, una figura que cargaba con el peso de una liga entera sobre sus hombros. A sus veinticinco años, cada movimiento suyo era analizado por millones. Wilson, por otro lado, vivía en el anonimato que proporcionaba un avatar. Nadie fuera de su círculo íntimo conocía su nombre real. Eran dos tipos de fama muy distintos, pero igualmente asfixiantes.

— ¿Tienes hambre? —preguntó Caitlin, rompiendo el silencio—. He pedido comida tailandesa de camino a casa. Debería llegar en diez minutos.

— Eres un ángel. Moriría por un Pad Thai —Wilson se apoyó en el hombro de su novia—. ¿Cómo fue el entrenamiento? Te veo un poco tensa.

— El entrenador está presionando con las transiciones defensivas. Y mi hombro me está dando problemas otra vez —Caitlin suspiró, cerrando los ojos por un momento—. A veces desearía que mi trabajo fuera como el tuyo. Si me canso, simplemente apago el servidor.

Wilson se separó un poco para mirarla a los ojos, con una expresión seria pero dulce.

— No digas tonterías. Tú naciste para estar en esa cancha. Yo te he visto jugar, Cait. Tienes un fuego que no se apaga con un interruptor. Además, no durarías ni dos minutos en un servidor de PVP extremo. Te frustrarías y lanzarías el ratón contra la pared.

— ¡Eso no es cierto! —protestó Caitlin, aunque sabía que Wilson tenía razón—. Soy muy paciente.

— La última vez que jugamos Mario Kart, tiraste el mando al sofá porque te lancé un caparazón azul —recordó Wilson, alzando una ceja.

— ¡Eso fue juego sucio y lo sabes! —Caitlin soltó una carcajada y la empujó levemente—. Anda, vamos al salón. La comida no tardará.

Mientras esperaban, se sentaron en el sofá. Caitlin estiró sus largas piernas sobre la mesa de centro, mientras Wilson se acurrucaba a su lado. Era en estos momentos donde la brecha entre sus mundos desaparecía por completo. No había balones de baloncesto ni teclados mecánicos.

— Mañana tengo un torneo importante —comentó Wilson, mirando el techo—. Si gano, subiré al puesto 8. Es la primera vez que una mujer estaría tan alto en esta categoría.

Caitlin tomó su mano y entrelazó sus dedos.

— Vas a ganar. He visto cómo practicas. Eres la persona más competitiva que conozco, y eso incluye a mis compañeras de equipo.

— A veces me da miedo —confesó Wilson en voz baja—. El mundo del stream es volátil. Un día eres la reina y al siguiente nadie se acuerda de ti. Tú tienes un contrato, una liga, una estructura. Yo solo tengo mi conexión a internet y mi habilidad con los dedos.

— Tienes mucho más que eso —dijo Caitlin, girándose para mirarla de frente—. Tienes una comunidad que te adora y me tienes a mí. Si el internet explota mañana, seguiremos aquí. Yo te enseñaré a tirar triples y tú me enseñarás a... no sé, a no morir de hambre en Minecraft.

— Es un trato justo —Wilson sonrió, sintiéndose más tranquila—. Aunque tus triples son más impresionantes que mi capacidad para construir casas de madera.

— No te subestimes, Mistik. Eres una atleta a tu manera. Solo que tus músculos son más pequeños y están en tus manos.

El timbre de la puerta anunció la llegada de la cena. Caitlin se levantó con un quejido, sintiendo el cansancio en sus rodillas, pero con una sonrisa en el rostro. Wilson la observó caminar hacia la puerta, admirando la fuerza y la gracia que emanaba incluso en sus momentos de descanso.

Minutos después, ambas estaban sentadas en el suelo del salón, comiendo directamente de los recipientes de cartón. La televisión estaba encendida con el volumen bajo, pasando repeticiones de jugadas de la jornada anterior.

— Mira eso —dijo Wilson, señalando la pantalla donde Caitlin aparecía encestando un tiro imposible desde casi la mitad de la cancha—. Ese tiro fue ridículo. ¿Cómo sabías que iba a entrar?

— No lo sabía —admitió Caitlin con la boca medio llena de fideos—. Solo sentí el ritmo. Es como cuando tú haces esos combos rápidos. No piensas en qué tecla presionar, simplemente sucede. Tus manos saben lo que hacen antes que tu cerebro.

— El flujo —asintió Wilson—. Los psicólogos lo llaman el estado de flujo. Es cuando el resto del mundo desaparece.

— Exacto. Para mí el mundo desaparece cuando el balón sale de mis manos. Para ti, cuando entras en el servidor.

Wilson dejó sus palillos a un lado y miró a Caitlin con intensidad.

— A veces me pregunto qué dirían tus fans si supieran que la gran Caitlin Clark pasa sus noches analizando estrategias de Minecraft conmigo.

— Dirían que tengo un gusto excelente —respondió Caitlin sin dudarlo—. Y que tengo mucha suerte de tener a la mejor jugadora de Inglaterra en mi equipo personal.

— Eres una cursi, Clark —Wilson se sonrojó, algo que solo Caitlin lograba conseguir.

— Soy una ganadora, Watson. Y sé reconocer un premio cuando lo tengo delante.

La noche avanzó entre risas y planes para el futuro. Hablaron de la posibilidad de que Wilson viajara con el equipo en la próxima gira, manteniéndose en las sombras, disfrutando de la compañía mutua en hoteles de lujo mientras una jugaba bajo los focos y la otra retransmitía para miles de personas desde una habitación cerrada.

— ¿Crees que algún día podamos salir a cenar sin que tengas que usar esa peluca barata que compraste? —preguntó Caitlin, medio en broma.

— No era una peluca barata, era "atrezo de incógnito" —corrigió Wilson—. Pero sí, tal vez algún día. Cuando me retire del top 10 y sea una leyenda olvidada de los videojuegos.

— Nunca serás olvidada —Caitlin se acercó y la abrazó por la espalda—. Eres Mistik. Y para mí, eres lo mejor que me ha pasado fuera de una cancha de baloncesto.

Wilson se relajó contra el pecho de Caitlin, escuchando los latidos constantes y fuertes de su corazón. En ese pequeño apartamento, los dos mundos —el de la élite deportiva y el de la gloria digital— se fusionaban en algo mucho más simple y real.

— Mañana, antes de que te vayas al entrenamiento... —susurró Wilson—. ¿Me ayudarías a probar una nueva configuración de sensibilidad en el ratón?

Caitlin soltó una carcajada y le dio un beso en la mejilla.

— Solo si prometes no burlarte de mí cuando no sepa cómo abrir el inventario.

— Trato hecho, estrella. Trato hecho.

Fuera, las luces de Indianápolis brillaban, ajenas a la pequeña revolución que ocurría en aquel salón. Dos estrellas de mundos distintos, compartiendo un mismo universo, preparándose cada una para su propia batalla al día siguiente. Una con un balón naranja, la otra con una espada de diamantes, pero ambas unidas por la misma pasión de ser las mejores en lo que hacían.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic