Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Uniforme

Fandom: Kimetsu no Yaiba

Creado: 30/6/2026

Etiquetas

RomanceFluffHumorAmbientación CanonDivergenciaEstudio de PersonajeRecortes de Vida
Índice

El Silencio Roto por una Mariposa

La atmósfera en la Finca de la Mariposa era inusualmente tensa esa mañana. Shinobu Kocho, conocida por su calma imperturbable y su sonrisa perpetua, estaba al borde de un ataque de nervios. Frente a ella, sobre la mesa de madera, yacían los restos de su uniforme habitual: la tela estaba desgarrada de forma irreparable, cortesía de las garras de un demonio particularmente persistente en su última misión.

—Ese maldito... —susurró para sí misma, apretando los puños.

El problema no era solo el daño físico. El verdadero inconveniente residía en que el cuerpo de cazadores tardaría al menos una semana en confeccionarle un reemplazo a medida. En tiempos normales, eso significaría un merecido descanso, pero los informes de las últimas noches indicaban un aumento alarmante en la actividad demoníaca. No podía permitirse el lujo de quedarse sentada mientras sus subordinados arriesgaban la vida.

Shinobu revolvió su armario con creciente desesperación. Probó con sus uniformes antiguos, aquellos que usaba a los catorce años, pero fue en vano. Su cuerpo había madurado; sus hombros eran más anchos, su busto más pronunciado y sus caderas ya no encajaban en las costuras rígidas de su adolescencia. Justo cuando estaba a punto de rendirse y pedirle un uniforme prestado a Aoi, sus dedos rozaron una tela oculta al fondo del cajón.

Al sacarlo, sus ojos se abrieron con horror. Era el diseño que aquel "pervertido con gafas", el sastre oficial, le había enviado meses atrás como una "propuesta de mejora". Era una variante casi idéntica al uniforme de Mitsuri Kanroji: la chaqueta estaba abierta en el centro, dejando al descubierto una generosa parte del pecho, y en este caso particular, el diseño incluía un corte adicional que mostraba parte de su abdomen tonificado y su cintura.

—Ni en un millón de años —murmuró Shinobu, sintiendo una vena latir en su sien.

Sin embargo, un cuervo de la zona entró volando por la ventana, graznando con urgencia.

—¡Caw! ¡Misión en el bosque del norte! ¡Caw! ¡Pilar del Insecto y Pilar del Agua! ¡Partida inmediata! ¡Caw!

Shinobu cerró los ojos y suspiró profundamente. El deber llamaba. Con movimientos mecánicos y una expresión de pura resignación, comenzó a vestirse. Se puso el haori de alas de mariposa, esperando que la tela blanca y turquesa cubriera lo suficiente de aquel desastre de diseño.

***

Giyu Tomioka esperaba en la puerta de la sede, como siempre, sumido en su propio mundo de silencio. Su expresión era una máscara de piedra, sus ojos azul lapislázuli fijos en el horizonte. Vestía su haori dividido, el recuerdo de Sabito y su hermana siempre presente en cada fibra de la tela. Para él, esta era una misión más, un trámite de justicia que debía cumplir.

Escuchó unos pasos ligeros acercándose. No necesitaba girarse para saber quién era; el suave tintineo de los adornos y el aroma a glicinas delataban a Shinobu Kocho.

—Llegas tarde, Shinobu —dijo Giyu, sin mover un solo músculo de su rostro.

—Ara, ara, Tomioka-san. Siempre tan puntual y tan aburrido —respondió ella con su voz melodiosa, aunque Giyu notó un ligero matiz de irritación que no solía estar allí—. He tenido un pequeño contratiempo con mi vestuario.

Giyu finalmente giró la cabeza para mirarla, y por primera vez en mucho tiempo, su compostura flaqueó.

Sus ojos recorrieron la figura de la joven. El haori de Shinobu estaba abierto, y debido al movimiento del viento, la abertura del uniforme era más que evidente. La piel pálida de su abdomen y el inicio de su pecho contrastaban violentamente con la tela oscura del uniforme. Giyu sintió un extraño calor subir por su cuello, algo que no había experimentado en años.

—¿Qué... qué llevas puesto? —preguntó Giyu, su voz rompiéndose apenas un milímetro.

Shinobu, notando la reacción, forzó una sonrisa aún más amplia, aunque sus ojos centelleaban con una mezcla de vergüenza y picardía. Si ella iba a estar incómoda, se aseguraría de que él lo estuviera el doble.

—¿Te gusta, Tomioka-san? —preguntó ella, dando un paso hacia él y dejando que el viento agitara su haori deliberadamente—. Mi uniforme habitual sufrió un accidente y este era el único reemplazo. ¿O es que el gran Pilar del Agua no puede concentrarse con un poco de piel a la vista?

Giyu desvió la mirada rápidamente, fijándola en un árbol lejano.

—Es inadecuado —sentenció él, aunque su corazón latía con una fuerza inusual contra sus costillas.

—Qué cruel eres —se burló ella, comenzando a caminar hacia el bosque—. Y yo que pensaba que quizás me dirías algo amable por una vez. Vamos, tenemos demonios que cazar.

Durante el trayecto, el silencio habitual entre ambos se sintió diferente. No era el silencio cómodo de dos guerreros que se respetan, ni el silencio tenso de una discusión. Era algo cargado, eléctrico. Giyu intentaba por todos los medios mantener sus ojos al frente, pero su visión periférica lo traicionaba constantemente. Cada vez que Shinobu saltaba sobre una raíz o se agachaba para examinar una huella, el corte del uniforme revelaba la gracia de sus músculos y la delicadeza de su piel.

Shinobu, por su parte, disfrutaba del efecto que causaba. Era raro ver a Tomioka tan visiblemente perturbado, incluso si solo se manifestaba en la rigidez excesiva de sus hombros.

—Sabes, Tomioka-san —dijo ella, rompiendo el silencio mientras caminaban por un sendero sombreado—, mucha gente dice que por eso nadie te quiere. Eres tan estricto y serio que ni siquiera puedes apreciar un cambio de imagen en una compañera.

Giyu se detuvo en seco. Shinobu se detuvo unos pasos más adelante y se giró, colocando sus manos en sus caderas, lo que acentuó aún más la forma de su cuerpo bajo el uniforme revelador.

—No es que no lo aprecie —dijo Giyu en voz baja, casi inaudible.

—¿Perdón? No te he oído —dijo ella, acercándose con una sonrisa burlona—. ¿Has dicho algo, Tomioka-san? ¿O es que el gato te ha comido la lengua?

Giyu la miró directamente a los ojos. Sus iris azul lapislázuli, que a menudo parecían vacíos, ahora ardían con una intensidad que hizo que la sonrisa de Shinobu vacilara por un instante.

—He dicho que no es que no lo aprecie —repitió él, dando un paso hacia ella.

Shinobu parpadeó, sorprendida por la falta de su habitual evasiva.

—Vaya, ¿entonces admites que me veo bien? —lo pinchó ella, recuperando su máscara de confianza—. ¿Admites que el estoico Pilar del Agua ha estado mirándome todo el camino porque no puede evitar sentirse atraído?

Ella esperaba una negación, un silencio prolongado o quizás que él simplemente se diera la vuelta y siguiera caminando. Estaba preparada para reírse de su incomodidad, para lanzar otro comentario mordaz sobre su falta de amigos. Pero Giyu Tomioka ya había tenido suficiente de juegos ese día.

—Sí —dijo él con una firmeza que la dejó muda.

—¿Eh?

—Es verdad —continuó Giyu, acortando la distancia entre ambos hasta que estuvieron a escasos centímetros—. Te he estado mirando. Y sí, es difícil concentrarse cuando te ves así.

Shinobu sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Su máscara de alegría se resquebrajó, dejando ver a la mujer real, vulnerable y genuinamente sorprendida debajo. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso que rivalizaba con las flores más brillantes del bosque.

—T-Tomioka-san... —tartamudeó, intentando retroceder, pero su espalda chocó contra el tronco de un cerezo.

Giyu no se detuvo. Colocó una mano en el tronco, justo al lado de la cabeza de Shinobu, atrapándola. Su expresión seguía siendo severa, pero había una suavidad nueva en su mirada, una chispa de humanidad que rara vez compartía con nadie.

—Dijiste que nadie me quiere por ser así —susurró él, inclinándose hacia ella—. Pero no me importa lo que piensen los demás. Solo me importa lo que pienses tú.

Shinobu abrió la boca para soltar una de sus réplicas ingeniosas, para llamarlo tonto o decirle que estaba delirando, pero las palabras se atascaron en su garganta. El aroma a bosque y lluvia que desprendía Giyu la envolvió. Por un momento, el odio hacia los demonios, la carga de ser un Pilar y el dolor de su pasado desaparecieron. Solo existían ellos dos en aquel rincón olvidado del mundo.

—Eres un idiota —logró decir ella, aunque su voz no tenía fuerza.

—Tal vez —respondió Giyu.

Sin previo aviso, Giyu acortó la distancia final. Fue un beso breve, apenas un roce de labios, pero cargado de una sinceridad que ninguna palabra podría haber expresado. Fue un contacto suave, casi exploratorio, que dejó a Shinobu completamente paralizada.

Cuando él se retiró, sus ojos buscaron los de ella. Shinobu estaba en shock, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada. Su mano subió instintivamente a sus labios, tocando el lugar donde él la había besado.

Giyu dio un paso atrás, recuperando su postura habitual, aunque un ligero rubor también adornaba sus pómulos.

—Debemos seguir —dijo él, volviendo a su tono monocorde como si nada hubiera pasado—. El demonio no esperará.

Él comenzó a caminar de nuevo, dejando a Shinobu apoyada contra el árbol. Ella lo observó alejarse, viendo cómo su haori mitad y mitad ondeaba con el viento. Por primera vez en años, la máscara de la "Pilar del Insecto" no volvió a colocarse en su lugar de inmediato. En su lugar, una sonrisa pequeña y genuina, una que no tenía nada que ver con la ironía o el sarcasmo, curvó sus labios.

Se ajustó el uniforme, aquel diseño que tanto había odiado hace apenas una hora. Miró la abertura que dejaba ver su abdomen y luego miró la espalda de Giyu.

—Bueno —susurró para sí misma, sintiendo un calor agradable en el pecho—, tal vez no sea necesario quemar este uniforme después de todo. Solo por esta semana.

Corrió para alcanzarlo, recuperando su paso ligero.

—¡Espera, Tomioka-san! —gritó ella, volviendo a su tono juguetón—. ¡Eso ha sido un ataque sorpresa! ¡Es contra las reglas de los cazadores! ¡Exijo una compensación!

Giyu no se detuvo, pero Shinobu pudo jurar que vio las comisuras de sus labios elevarse apenas un milímetro.

—No hay compensación para la verdad, Shinobu —respondió él.

Y así, bajo la luz filtrada de los árboles, los dos Pilares continuaron su camino. El bosque seguía siendo peligroso y el futuro incierto, pero en ese momento, el silencio se sentía un poco menos pesado y el mundo, a pesar de todo, un poco más brillante.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic