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Fandom: Fairy Tail

Creado: 1/7/2026

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Ecos de un Invierno Olvidado

El gremio de Fairy Tail siempre era un caos de risas, jarras de cerveza chocando y alguna que otra pelea destructiva que terminaba con mesas volando por los aires. Para Lisanna Strauss, ese ruido era la melodía de su hogar, el sonido que había soñado con volver a escuchar durante los largos y solitarios años en Edolas. Sin embargo, ahora que estaba allí, sentada en un rincón de la barra mientras observaba el panorama, se sentía como una espectadora en una obra de teatro cuyo guion había sido reescrito en su ausencia.

Sus ojos azules se posaron inevitablemente en la mesa central. Allí, Natsu Dragneel reía a carcajadas mientras intentaba robarle un trozo de comida a Happy. Natsu había cambiado. Ya no era el niño de mejillas suaves que la ayudó a cuidar un huevo en la cabaña del bosque. Ahora era un hombre joven, de hombros anchos y músculos definidos bajo su chaleco negro. Su mandíbula era más marcada, sus colmillos parecían más afilados cuando sonreía, y esa cicatriz en su cuello le daba un aire de guerrero veterano que Lisanna aún estaba procesando.

Pero no era solo su físico lo que había evolucionado. Era su centro de gravedad.

—¿Otra vez mirando al mismo sitio, Lisanna? —La voz suave de Mirajane la sacó de sus pensamientos. Su hermana mayor estaba limpiando un vaso con una sonrisa que, aunque amable, cargaba una pizca de tristeza comprensiva.

Lisanna se sobresaltó ligeramente y forzó una sonrisa, jugando con un mechón de su corto cabello blanco.

—Solo pensaba en lo mucho que han crecido todos, Mira. Es... impresionante.

—Natsu ha crecido mucho, sí —asintió Mirajane, siguiendo la mirada de su hermana—. Pero algunas cosas no cambian. Sigue siendo igual de imprudente.

En ese momento, una joven de cabello rubio se sentó junto a Natsu, quejándose de que él y Happy habían entrado en su casa sin permiso esa mañana. Era Lucy Heartfilia. Lisanna observó cómo el rostro de Natsu se iluminaba de una manera diferente. No era solo la alegría de ver a un camarada; era una complicidad vibrante, un hilo invisible que los unía en cada gesto. Natsu se inclinó hacia ella, invadiendo su espacio personal con esa naturalidad que solo se tiene con alguien que es tu mundo entero.

—¡Vamos, Lucy! ¡No seas tan tacaña! —exclamó Natsu, mostrando su dentadura en una sonrisa radiante—. ¡Solo queríamos ver si tenías comida!

—¡Eso no te da derecho a usar mi ventana como puerta principal! —replicó Lucy, aunque no parecía realmente molesta. Había una calidez en sus ojos que Lisanna reconoció de inmediato. Era la mirada de alguien que se sentía segura, protegida y, sobre todo, querida.

Lisanna sintió un pequeño pinchazo en el pecho, un frío que nada tenía que ver con la magia de hielo de Gray. Se levantó de la barra con movimientos lentos, tratando de no llamar la atención.

—Creo que saldré a caminar un poco, Mira. Necesito aire fresco.

—Ten cuidado, pequeña —le dijo su hermana, observándola con preocupación mientras Lisanna cruzaba el umbral del gremio.

El aire de Magnolia era dulce y llevaba el aroma de las flores primaverales. Lisanna caminó sin un rumbo fijo, dejando que sus pies la guiaran por las calles adoquinadas. Sin darse cuenta, terminó cerca del parque, donde el río corría con tranquilidad. Se sentó en un banco de madera y suspiró.

Había intentado convencerse de que todo volvería a ser como antes. En Edolas, la idea de Natsu era su ancla, el recuerdo que la mantenía cuerda. Imaginaba que, al regresar, retomarían las cosas donde las dejaron. Pero el tiempo no se detiene para nadie, y la vida se abre paso a través de los vacíos. Lucy no era una usurpadora; era la persona que había estado allí cuando ella no pudo estarlo. Lucy era quien había compartido las lágrimas, las batallas y los momentos de silencio con el Dragon Slayer de fuego.

—¿Lisanna? —Una voz familiar y profunda rompió el silencio de la tarde.

Ella se tensó y giró la cabeza. Natsu estaba allí, de pie, con las manos en los bolsillos de sus pantalones blancos y su bufanda de escamas ondeando ligeramente con la brisa. Se veía tan real, tan sólido, que por un momento Lisanna olvidó cómo respirar.

—Hola, Natsu —respondió ella, suavizando su expresión—. ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías planeando tu próxima misión con Lucy.

Natsu se acercó y se sentó a su lado, dejando una distancia respetuosa que antes, cuando eran niños, nunca habría existido.

—Lucy quería ir de compras y, bueno... ya sabes cómo es eso. Prefiero enfrentarme a un gremio oscuro antes que cargar bolsas por tres horas —dijo él con una risita, rascándose la nuca—. Te vi salir del gremio un poco rara. ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

Lisanna sintió una punzada de ternura. A pesar de todo, Natsu seguía siendo el chico de corazón puro que se preocupaba por sus amigos por encima de todo.

—Estoy bien, de verdad. Solo estaba pensando en lo mucho que ha cambiado Magnolia. Y nosotros.

Natsu miró hacia el río, sus ojos negros reflejando el brillo del sol poniente.

—Sí, han pasado muchas cosas. Pero lo importante es que estás de vuelta. El gremio no estaba completo sin ti, Lisanna. Elfman y Mira estaban muy tristes.

—¿Y tú, Natsu? —preguntó ella, con la voz apenas por encima de un susurro—. ¿Tú estabas triste?

Natsu guardó silencio por un momento. Su expresión se volvió inusualmente seria.

—Claro que sí. Fue como si me arrancaran una parte de mí. Pasé mucho tiempo buscando ese lugar donde solíamos jugar, deseando que aparecieras por arte de magia.

Lisanna sintió que su corazón daba un vuelco. Por un segundo, la esperanza, esa criatura traicionera, asomó la cabeza. Pero Natsu continuó hablando, y sus palabras fueron como una caricia agridulce.

—Pero luego... la vida siguió. Conocí a gente nueva, pasamos por muchas peleas. Y entonces llegó Lucy. Ella me ayudó a mirar hacia adelante, ¿sabes? —Natsu sonrió, y esta vez era esa sonrisa especial, la que Lisanna había estado observando desde la distancia—. Ella me salvó de muchas formas. Sin ella, no creo que sería el Natsu que ves hoy.

Lisanna bajó la mirada hacia sus manos, que descansaban sobre su regazo. Lo entendía ahora. La conexión entre Natsu y Lucy no era algo que pudiera romperse o sustituirse. Era una forja de fuego y confianza que se había templado en el campo de batalla y en la vida cotidiana. Ella era el pasado, un hermoso recuerdo de una infancia compartida; Lucy era el presente y, muy probablemente, el futuro.

—Ella es genial, ¿verdad? —dijo Lisanna, forzando una sonrisa que esperaba que pareciera sincera.

—¡Es la mejor! —exclamó Natsu, volviendo a su entusiasmo habitual—. Aunque a veces tiene un carácter terrible y me patea fuera de su casa, no la cambiaría por nada.

Lisanna soltó una pequeña risa. El dolor seguía allí, pero empezaba a transformarse en algo más manejable. Una aceptación tranquila.

—Me alegra que la tengas, Natsu. De verdad. Te mereces a alguien que camine a tu lado.

Natsu la miró con curiosidad, ladeando la cabeza como un cachorro confundido.

—Pero tú también estás aquí ahora, Lisanna. Todos caminamos juntos. Somos Fairy Tail, ¿no?

—Tienes razón —asintió ella, poniéndose de pie y sacudiéndose el polvo del vestido—. Somos una familia.

—¡Exacto! —Natsu se levantó de un salto, rebosante de energía—. Oye, ¿por qué no volvemos? Creo que Erza iba a traer pastel de fresa y, si no llegamos pronto, no quedará ni el plato.

Lisanna lo observó caminar unos pasos por delante de ella. Sus movimientos eran seguros, llenos de esa fuerza que siempre la había admirado. Estaba tan cerca, y a la vez, en un plano emocional distinto.

—¡Natsu! —llamó ella.

Él se detuvo y se giró.

—¿Qué pasa?

—Gracias —dijo ella simplemente.

Natsu no pareció entender del todo por qué le daba las gracias, pero le dedicó un pulgar arriba y una sonrisa de oreja a oreja antes de seguir corriendo hacia el gremio.

Lisanna se quedó un momento más bajo la luz del atardecer. Se dio cuenta de que amar a alguien también significaba ser capaz de dejarlo ir, de apreciar su felicidad incluso si uno no era la causa principal de ella. Natsu siempre tendría un lugar especial en su corazón, un rincón reservado para el niño que le prometió matrimonio bajo un árbol de cerezo. Pero ese rincón pertenecía a los recuerdos.

Al entrar de nuevo en el gremio, el calor del lugar la envolvió. Vio a Lucy riendo mientras Natsu le contaba algo con gestos exagerados. Vio a Gray y Leon discutiendo en un rincón, y a Gajeel comiendo un tenedor mientras Levy le leía un libro.

—¿Estás mejor? —preguntó Mirajane cuando Lisanna se acercó a la barra.

—Sí, Mira. Mucho mejor —respondió Lisanna, y esta vez su sonrisa llegó hasta sus ojos—. Me he dado cuenta de que, aunque las cosas hayan cambiado, todavía tengo una familia increíble. Y hay mucho espacio para crear nuevos recuerdos.

Mirajane le acarició el cabello con ternura.

—Esa es mi hermana.

Lisanna tomó una bandeja y comenzó a ayudar a su hermana a servir las mesas. Al pasar junto a la mesa de Natsu y Lucy, se detuvo un segundo.

—¡Hola, Lucy! —dijo con voz alegre—. ¿Te importa si me siento con ustedes un rato más tarde? Me gustaría que me contaras más sobre sus viajes. En Edolas no había misiones tan locas como las que ustedes hacen.

Lucy se sorprendió gratamente, y su rostro se iluminó con una calidez genuina.

—¡Claro que sí, Lisanna! Me encantaría. Natsu siempre olvida los detalles más importantes, como la parte donde casi nos arrestan por su culpa.

—¡Oye! ¡Eso fue un malentendido! —protestó Natsu, provocando la risa de ambas mujeres.

Lisanna sintió que el peso en su pecho finalmente se disolvía. No era el final de su historia, solo el comienzo de un nuevo capítulo. Un capítulo donde ya no era la "prometida" de la infancia, sino una mujer fuerte que encontraba su propio camino en un mundo que seguía girando.

Mientras caminaba hacia la cocina, Lisanna miró una última vez por encima del hombro. Natsu y Lucy estaban inmersos en su propio mundo, pero ahora, ella ya no se sentía excluida. Se sentía en paz. El invierno de su ausencia había terminado, y aunque la primavera no traía lo que ella esperaba, traía algo igualmente valioso: la libertad de volver a empezar.

—Adiós, mi primer amor —susurró para sí misma, con una voz que el viento se llevó suavemente—. Hola, mi nueva vida.

El gremio rugió con una nueva carcajada colectiva cuando Natsu, en su entusiasmo, terminó incendiando accidentalmente el periódico de Reedus. Lisanna rió también, un sonido claro y puro que se mezcló con el caos de Fairy Tail. Estaba en casa. Y por primera vez en mucho tiempo, eso era suficiente.
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