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Me Gustas Tú

Fandom: Fairy Tail

Creado: 1/7/2026

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RomanceDramaDolor/ConsueloFluffFantasíaAmbientación CanonCelosRecortes de Vida
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Llamas de Nostalgia y Hielo Derretido

El sol de Magnolia comenzaba a descender, tiñendo el cielo con matices púrpuras y anaranjados que se reflejaban en los canales de la ciudad. Dentro del gremio de Fairy Tail, el bullicio era el de siempre: jarras de cerveza chocando, sillas volando por los aires y la risa estrepitosa de Cana mientras le ganaba a alguien en un juego de cartas. Sin embargo, para Lisanna Strauss, el ruido era solo un zumbido de fondo.

Sentada en una de las mesas cercanas a la barra, la joven de cabello corto y blanco observaba el lugar con una mezcla de gratitud y melancolía. Edolas había sido una burbuja, un refugio que al mismo tiempo se sentía como una prisión de recuerdos prestados. Habían pasado dos años. Dos años en los que su familia en la Tierra la lloró, dos años en los que ella fingió ser alguien que no era para no romper el corazón de unas versiones alternativas de sus hermanos.

Y ahora que estaba de vuelta, se sentía como una pieza de un rompecabezas que ya había sido completado sin ella.

Sus ojos azules se posaron inevitablemente en el tablón de anuncios. O mejor dicho, en el espacio vacío frente a él. Natsu no estaba. Mirajane, desde la barra, notó la mirada perdida de su hermana menor y le dedicó una sonrisa dulce, aunque cargada de una sutil preocupación.

Lisanna suspiró. Todo había cambiado. Natsu, aquel niño revoltoso que le prometió casarse con ella mientras cuidaban un huevo gigante en su cabaña secreta, ahora era un hombre. Un hombre musculoso, con cicatrices de batallas que ella no presenció y una fuerza que rivalizaba con los dioses. Pero no era solo su físico lo que había cambiado; era su entorno.

Lucy Heartfilia. Ese nombre resonaba en cada rincón del gremio.

Desde que Lisanna regresó, no había podido evitar notar la conexión entre el Dragon Slayer de fuego y la maga de espíritus celestiales. Misiones juntos, bromas privadas, esa forma en la que Natsu irrumpía en la casa de Lucy sin permiso... Todo parecía indicar que el lugar que Lisanna alguna vez ocupó en el corazón de Natsu ahora le pertenecía a la rubia.

—"Ella es su nueva mejor amiga", se decía Lisanna a sí misma, sintiendo una punzada de envidia que intentaba reprimir con su bondad natural. —"O quizás algo más".

De repente, el estruendo de las puertas principales al abrirse de par en par sacudió el gremio. El silencio cayó por un segundo antes de que el caos se reanudara con más fuerza.

—¡Ya estamos de vuelta! —gritó una voz familiar y estridente.

Natsu Dragneel entró con su característico chaleco negro abierto y su bufanda de escamas bien sujeta al cuello. A su lado, Lucy Heartfilia sacudía su ropa llena de polvo, quejándose de alguna torpeza del pelirrosa, mientras Happy volaba sobre ellos con un pescado en la boca.

Lisanna sintió que el corazón le daba un vuelco. Pero hubo algo extraño en la escena. Lucy no parecía molesta de verdad; tenía una sonrisa juguetona, casi pícara, bailando en sus labios. Happy, por su parte, soltaba pequeñas risitas contenidas, mirando a Natsu con una expresión de complicidad absoluta.

Natsu, el valiente e imprudente Natsu, caminaba con la cabeza baja, intentando ocultar un sonrojo que le subía por el cuello hasta las puntas de sus orejas. Sus ojos negros buscaban algo, o a alguien, entre la multitud.

Cuando sus miradas se cruzaron, Natsu se detuvo en seco. Lucy le dio un empujoncito amistoso en el hombro y le susurró algo que hizo que el Dragon Slayer se pusiera aún más rojo.

—¡Ve, Natsu! —exclamó Happy, aterrizando sobre la cabeza de Lucy—. ¡No seas una gallina!

Natsu gruñó algo ininteligible y caminó a zancadas hacia la mesa de Lisanna. La joven se levantó, nerviosa, alisando su vestido.

—Lisanna... —dijo él, rascándose la nuca, evitando el contacto visual directo—. ¿Tienes un momento? ¿Podemos hablar? A solas.

Lisanna parpadeó, sorprendida. Miró a Lucy, esperando encontrar algún signo de celos o incomodidad, pero la maga estelar simplemente le guiñó un ojo con una calidez que la dejó desconcertada.

—Claro, Natsu —respondió ella con voz suave.

Caminaron en silencio fuera del gremio, alejándose del ruido de las peleas de Gray y Elfman. El destino era claro para ambos, un lugar que el tiempo no había logrado borrar de sus mapas mentales: el viejo río, cerca de la cabaña donde una vez jugaron a ser una familia.

El sonido del agua fluyendo era lo único que llenaba el aire. Natsu se detuvo bajo la sombra de un árbol frondoso. El viento agitaba su cabello rosa y el patrón de escamas de su bufanda parecía brillar bajo la luz del atardecer.

—Lisanna —comenzó él, rompiendo el silencio. Su voz no tenía la energía habitual; era profunda, seria—. Estuve pensando mucho durante la última misión.

Lisanna entrelazó sus dedos, sintiendo que el frío de la incertidumbre la invadía.

—¿Sobre qué, Natsu?

El Dragon Slayer se giró hacia ella. Sus ojos negros, usualmente llenos de fuego y determinación, ahora mostraban una vulnerabilidad que rara vez compartía con el mundo.

—Sobre cuando te fuiste —dijo él, y Lisanna notó cómo sus puños se cerraban ligeramente—. Cuando todos pensamos que habías muerto. Mi mundo... se vino abajo, Lis. Fue como si el fuego se apagara. Intenté seguir adelante, pelear, hacerme más fuerte, pero siempre había un vacío.

Lisanna sintió que las lágrimas comenzaban a agolparse en sus ojos.

—Natsu, yo...

—Déjame terminar, porque si me detengo, se me va a olvidar cómo hablar —la interrumpió él con una sonrisa nerviosa—. Cuando volviste de Edolas, no sabía qué hacer. Estaba feliz, tan feliz que quería gritar, pero también tenía miedo. Miedo de que ya no fuéramos los mismos. Te veía en el gremio y quería acercarme, pero pensaba que quizás tú ya no sentías lo mismo por este idiota que solo sabe romper cosas.

—¡Eso no es cierto! —exclamó ella, dando un paso adelante—. Nunca dejé de pensar en ti, ni un solo día en Edolas.

Natsu dio un paso hacia ella, acortando la distancia. El calor que emanaba de su cuerpo era reconfortante, casi embriagador.

—Me gustas, Lisanna —soltó él finalmente.

Las palabras flotaron en el aire, simples y poderosas. Lisanna se quedó sin aliento.

—Me gustas mucho. No como una amiga, no como alguien del gremio. Me gustas tú. Desde que éramos niños, y ahora que has vuelto, me he dado cuenta de que eres mi motivo para seguir adelante.

Las lágrimas que Lisanna había estado reteniendo finalmente rodaron por sus mejillas. Todo el sobrepensar, todas las noches en vela preguntándose si Lucy era quien ocupaba su lugar, todo el dolor de sentirse una extraña en su propia casa... todo se disolvió en ese instante.

—Pero... —logró decir ella entre sollozos de alivio—. Yo pensaba... Natsu, ¿qué hay de Lucy? Ustedes siempre están juntos, ella es tan increíble y...

Natsu soltó una carcajada corta, rascándose la nariz.

—¡Lucy es genial! Es mi mejor amiga, mi compañera de equipo, y me ayuda a no morir de hambre cuando no tengo dinero —explicó él con total honestidad—. Pero no me gusta Lucy de esa manera. Me gustas tú. Ella lo sabe, de hecho... fue ella la que me obligó a decírtelo hoy.

Lisanna dejó escapar una risa ahogada, limpiándose los ojos con el dorso de la mano.

—¿Ella te obligó?

—Sí —Natsu hizo una mueca, recordando el flashback de apenas unas horas atrás—. Estábamos terminando la misión del monstruo del pantano. Yo estaba distraído, pensando en ti, y Happy empezó a burlarse. Lucy me dio un golpe en la cabeza y me dijo: "Natsu, deja de ser un cobarde. Lisanna te mira de la misma forma en que tú la miras a ella. Si no le dices lo que sientes hoy mismo, le pediré a Virgo que te entierre en el mundo de los espíritus".

Lisanna rió de verdad esta vez. Podía imaginar perfectamente la escena. La complicidad de Lucy no era una amenaza, era un regalo. La maga estelar no estaba intentando quitarle nada; estaba ayudando a que su amigo encontrara su felicidad.

—Así que... —continuó Natsu, volviendo a ponerse serio y dando el último paso que los separaba—. ¿Qué dices? ¿Todavía quieres ser la esposa de este Dragon Slayer?

Lisanna no respondió con palabras. No podía. El nudo de felicidad en su garganta era demasiado grande. En lugar de eso, se impulsó hacia adelante, rodeando el cuello de Natsu con sus brazos y atrapando sus labios en un beso que llevaba años esperando ser entregado.

Fue un beso lleno de nostalgia por la infancia perdida, de pasión por el presente recuperado y de una promesa silenciosa sobre el futuro. Natsu, aunque sorprendido al principio, rodeó la cintura de Lisanna con sus brazos fuertes, pegándola a su pecho. El calor de su magia de fuego parecía envolverlos a ambos en un capullo protector.

Era mágico. Era como un cuento de hadas que, después de muchos capítulos de tragedia y separación, finalmente llegaba a su momento de luz.

—¡Se están gustaaaaaaando! —gritó una voz chillona desde lo alto de un árbol cercano.

El beso se rompió abruptamente. Natsu y Lisanna miraron hacia arriba para ver a Happy volando en círculos, con una expresión de triunfo absoluto.

—¡Happy! —rugió Natsu, aunque no parecía realmente enojado, mientras su cara volvía a tornarse de un rojo brillante.

—¡Ay! ¡Natsu, no me quemes! —gritó el gato azul, esquivando una pequeña llamarada juguetona.

Desde detrás de unos arbustos, Lucy Heartfilia salió suspirando, sacudiéndose las hojas del cabello y tratando de atrapar a Happy por la cola.

—¡Happy, te dije que guardaras silencio y nos fuéramos! —le regañó la rubia, aunque no pudo evitar sonreír al ver a la pareja—. Lo siento, chicos. Intenté detenerlo, pero ya saben cómo es.

Lisanna, aún apoyada contra el pecho de Natsu, miró a Lucy. No había rastro de la duda que la había atormentado semanas atrás.

—Gracias, Lucy —dijo Lisanna con sinceridad, con los ojos brillando de felicidad.

Lucy asintió con un gesto cariñoso.

—Te lo dije, Natsu. No era tan difícil —se burló la maga estelar, antes de darse la vuelta—. Vamos, Happy. Dejémoslos solos antes de que Natsu intente explicar algo y lo arruine todo con sus palabras de dragón.

—¡Oye! —protestó Natsu, pero luego miró a Lisanna y su expresión se suavizó al instante.

Se quedaron solos de nuevo, mientras el sol se ocultaba por completo y las primeras estrellas comenzaban a titilar sobre Magnolia. Natsu tomó la mano de Lisanna, entrelazando sus dedos con firmeza, como si temiera que ella pudiera desvanecerse de nuevo.

—¿Sabes? —susurró Natsu, acercando su frente a la de ella—. Realmente me alegra que hayas vuelto a casa.

Lisanna cerró los ojos, disfrutando del aroma a fuego y aventura que siempre desprendía Natsu.

—Yo también, Natsu. Yo también.

En ese rincón junto al río, el tiempo pareció detenerse una vez más, pero esta vez no era una burbuja de soledad como en Edolas. Era el inicio de algo nuevo, una llama que, a diferencia de las que Natsu lanzaba en batalla, nunca se apagaría. Fairy Tail era su hogar, sus hermanos eran su fuerza, pero Natsu... Natsu era el corazón al que siempre perteneció.
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