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Feliz Navidad Natsu

Fandom: Fairy Tail

Creado: 1/7/2026

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RomanceRecortes de VidaFluffFantasíaAmbientación CanonHistoria Doméstica
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Bajo el Hechizo del Muérdago y las Llamas

La nieve caía con una parsimonia casi mágica sobre Magnolia, cubriendo los tejados de la ciudad con un manto blanco y reluciente que reflejaba la luz de las farolas. Sin embargo, dentro del gremio de Fairy Tail, el frío era un concepto inexistente. El calor de las chimeneas, sumado al estruendo de las risas, el chocar de las jarras de madera y las peleas ocasionales que terminaban en abrazos ebrios, creaba una atmósfera que solo podía describirse como el hogar.

Era Navidad, la época favorita de muchos, y el gremio no había escatimado en gastos. Guirnaldas verdes y doradas colgaban de las vigas del techo, enormes pinos decorados con esferas mágicas que cambiaban de color iluminaban las esquinas, y el olor a pavo asado y canela impregnaba cada rincón del salón principal.

En medio de todo aquel caos festivo, Natsu Dragneel se encontraba inusualmente quieto. Sentado en una de las mesas laterales, el Dragon Slayer de fuego apenas había tocado su plato de carne, algo que en cualquier otro día habría sido motivo de preocupación nacional para sus compañeros. Sus ojos negros, normalmente encendidos con la chispa del desafío o la travesura, estaban fijos en un solo punto al otro lado de la sala.

Lisanna Strauss estaba allí, riendo junto a su hermana mayor, Mirajane. Llevaba un atuendo navideño que parecía haber sido diseñado solo para ella: una falda roja de algodón que contrastaba con su piel clara, botas blancas con bordes de peluche y un top corto a juego que dejaba al descubierto su abdomen, resaltando su figura de una manera que Natsu encontraba difícil de ignorar. Pero lo que más llamaba su atención era el pequeño gorro navideño que coronaba su cabello blanco corto, del cual colgaba una pequeña rama de muérdago.

— Oye, Natsu, ¿estás bien? —preguntó Happy, volando a su lado con un trozo de pescado entre las patas—. Tienes la cara más roja que la bufanda de Igneel. ¿Es por el fuego de la chimenea o por Lisanna?

— ¡Cállate, gato! —gruñó Natsu, aunque sin su agresividad habitual. Se ajustó la bufanda de escamas, sintiendo que de repente el aire en el gremio estaba demasiado viciado—. Solo... solo estaba pensando.

— Eso es nuevo —se burló Happy, soltando una risita antes de alejarse hacia la mesa de Charle.

Natsu suspiró. No sabía qué le pasaba. Había crecido con Lisanna, habían criado a Happy juntos, habían compartido sueños de infancia. Pero desde que ella regresó de Edolas, algo había cambiado en su pecho. Cada vez que la veía, sentía un calor que no provenía de su magia, sino de algo mucho más profundo y difícil de controlar.

De repente, la música ruidosa y acelerada que Happy y Lily habían estado intentando bailar cambió. Los tambores se calmaron, las flautas bajaron su tono y un violín comenzó a entonar una melodía lenta, dulce y envolvente. Era el momento del "Baile de Parejas", una tradición que Mirajane siempre insistía en incluir para "fomentar el amor en el gremio".

Natsu observó la escena con una mezcla de diversión y desconcierto. Juvia, con una determinación que rozaba lo terrorífico, estaba arrastrando a un Gray semidesnudo hacia la pista de baile.

— ¡Ríndete, Gray-sama! ¡Es el destino de invierno de Juvia! —exclamaba la maga de agua.

— ¡Suéltame, Juvia! ¡Hace frío y ni siquiera sé bailar esto! —protestaba el mago de hielo, aunque no ponía una resistencia real.

Cerca de ellos, Levy intentaba guiar a Gajeel. El Dragon Slayer de hierro mantenía los brazos rígidos y una expresión de puro fastidio, pero sus mejillas delataban su rastro de vergüenza mientras intentaba no pisar los pies de la pequeña maga. Por otro lado, Elfman y Evergreen protagonizaban su habitual drama: ambos querían tomar la mano del otro, pero sus orgullos chocaban en un baile de dedos que se rozaban para luego apartarse bruscamente.

Incluso Laxus, el imponente nieto del maestro, había sido convencido (o chantajeado, Natsu no estaba seguro) por Mirajane para dar unas vueltas en la pista. Y Lucy, que parecía estar disfrutando de la fiesta, era guiada por un Loki que no perdía oportunidad para lanzarle cumplidos galantes.

Era Fairy Tail en su máxima expresión. Un caos de sentimientos, magia y familia.

— ¿Te vas a quedar ahí sentado toda la noche, Natsu?

La voz era suave, como una brisa de primavera en medio del invierno. Natsu levantó la vista y sintió que el corazón le daba un vuelco. Lisanna estaba frente a él, con una mano extendida y esa sonrisa amable que siempre parecía disipar cualquier duda en su mente.

— Lisanna... —balbuceó él, rascándose la nuca—. Yo... ya sabes que no soy bueno para estas cosas de moverse lento. Prefiero dar golpes.

— Oh, vamos —dijo ella, soltando una risita encantadora—. No es tan difícil. Solo tienes que seguir el ritmo. Además, me debes este baile desde que éramos niños, ¿no crees?

Natsu no pudo negarse. La mirada azul de Lisanna tenía un poder sobre él que ni el Rey Espíritu Celestial podría igualar. Tomó su mano —la cual se sentía pequeña y cálida en la suya— y dejó que ella lo guiara hacia el centro de la pista de baile.

Al principio, Natsu se movía con la gracia de un tronco recién cortado. Sus sandalias chirriaban contra el suelo de madera y sus hombros estaban tan tensos que parecían de piedra. Pero Lisanna no se desesperó. Colocó sus manos sobre los hombros de él y se acercó lo suficiente para que Natsu pudiera oler el suave aroma a vainilla de su cabello.

— Relájate, Natsu —susurró ella, apoyando ligeramente la cabeza en su pecho—. Escucha la música.

Natsu cerró los ojos por un segundo y exhaló. El calor de su cuerpo comenzó a estabilizarse. Sus manos, que antes no sabían dónde colocarse, encontraron su lugar en la cintura de Lisanna de manera natural. Empezaron a moverse de un lado a otro, un vaivén lento que poco a poco los fue alejando del ruido de los demás.

En ese momento, ocurrió algo extraño. Era como si la magia del gremio, o quizás la magia de la Navidad, hubiera decidido otorgarles un espacio privado. Los gritos de Cana pidiendo más barriles de sake se desvanecieron, el sonido de las peleas de Gray y Gajeel se volvió un eco lejano. Solo quedaban ellos dos, el roce de sus ropas y el sonido de sus respiraciones acompasadas.

Natsu bajó la mirada y se encontró con los ojos de Lisanna. Ella lo miraba con una intensidad que lo dejó sin aliento. Ya no era la niña que jugaba a las casitas en el bosque; era una mujer hermosa, valiente y leal que había cruzado dimensiones para volver a su lado.

— Te ves... realmente bien hoy, Lis —dijo Natsu, su voz más ronca de lo habitual—. Ese gorro te queda gracioso.

Lisanna sonrió, y una pequeña chispa de picardía brilló en su mirada.

— ¿Solo gracioso? Sabes lo que significa lo que hay en mi gorro, ¿verdad?

Natsu miró hacia arriba, enfocando la pequeña rama de muérdago que colgaba sobre ellos. Sus instintos de Dragon Slayer, normalmente afinados para el combate, ahora le gritaban que estaba ante el desafío más importante de su vida. El calor en su rostro se intensificó, pero esta vez no intentó ocultarlo.

— He oído historias —admitió él, acortando la distancia entre sus rostros—. Dicen que si dos personas están bajo eso, algo tiene que pasar.

— Solo si ambos quieren —respondió ella en un susurro, poniéndose de puntillas.

El mundo exterior desapareció por completo. No había gremio, no había misiones, no había dragones ni magos oscuros. Solo estaban Natsu y Lisanna bajo la luz tenue de las velas mágicas.

Natsu se inclinó lentamente. Era torpe, sus movimientos carecían de la elegancia de un caballero de cuentos de hadas, pero estaban cargados de una sinceridad aplastante. Cuando sus labios finalmente se encontraron con los de Lisanna, sintió una explosión de sensaciones que superaba cualquier técnica de fuego que hubiera dominado jamás.

Fue un beso dulce, un poco titubeante al inicio, pero que rápidamente se volvió firme y lleno de sentimiento. Era la culminación de años de amistad, de una pérdida dolorosa y de un reencuentro milagroso. En ese beso, Natsu le entregó su calor, y Lisanna le entregó su paz.

Se separaron apenas unos centímetros, manteniendo sus frentes unidas. Ambos estaban respirando con dificultad, con las mejillas encendidas y sonrisas bobas en los rostros.

— Eso... —empezó Natsu, intentando recuperar su compostura de tipo duro—. Eso no estuvo mal.

Lisanna soltó una carcajada cristalina que llenó el espacio que los rodeaba.

— ¡Eres un tonto, Natsu! Pero eres mi tonto.

De repente, el hechizo de silencio se rompió.

— ¡SÍIIII! ¡LO HIZO! —gritó Happy, que había estado observando desde una viga con una cámara mágica en las patas.

— ¡Eso es un hombre, Natsu! —rugió Elfman desde el otro lado de la pista, secándose una lágrima de orgullo mientras Evergreen le daba un codazo para que guardara silencio.

— ¡Vaya, parece que el fuego finalmente encendió la mecha! —se burló Gray, que ahora estaba extrañamente abrazado a Juvia, quien parecía estar a punto de desmayarse de la felicidad ajena.

Natsu se puso rojo como un tomate y estuvo a punto de soltar un rugido de fuego para dispersar a la multitud, pero sintió la mano de Lisanna apretando la suya. La miró y toda su irritación se esfumó. Ella se reía, feliz, sin importarle las burlas de sus amigos.

— Déjalos, Natsu —dijo ella, volviendo a rodear su cuello con los brazos—. Es Navidad.

Natsu sonrió, mostrando sus colmillos afilados en una expresión de pura alegría. La rodeó por la cintura y la levantó un poco del suelo, dándole una vuelta rápida antes de volver a la danza lenta.

— Tienes razón.

Se acercó a su oído, ignorando los vítores y el caos que volvía a reinar en el gremio de Fairy Tail.

— Feliz Navidad, Lisanna —susurró con ternura.

— Feliz Navidad, Natsu —respondió ella, sabiendo que, sin importar cuántos inviernos pasaran, siempre tendría ese fuego para mantenerla caliente.

La fiesta continuó hasta altas horas de la madrugada. Hubo más peleas, más brindis y más canciones desafinadas, pero para dos magos en particular, esa noche marcaría el inicio de una historia que ni el tiempo ni la distancia podrían volver a romper. Porque en Fairy Tail, la magia más poderosa no era la que salía de las manos, sino la que nacía en el corazón durante una noche de nieve y muérdago.
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