Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Ganarse a los cuñados

Fandom: Fairy Tail

Creado: 1/7/2026

Etiquetas

RomanceRecortes de VidaFluffHumorFantasíaAmbientación CanonAventura
Índice

Fuego, escamas y cuñados

Natsu Dragneel no solía conocer el significado de la palabra "miedo". Había devorado llamas de dioses, se había enfrentado al Rey Dragón Acnologia y había desafiado el destino mismo para salvar a sus amigos. Sin embargo, mientras permanecía de pie frente a la barra del gremio, sentía que sus rodillas temblaban más que cuando estaba a bordo de un barco en medio de una tormenta.

A su lado, Lisanna Strauss le dedicaba una sonrisa radiante, ajena —o quizás demasiado acostumbrada— a la tensión que flotaba en el aire. Ella sostenía su mano con dulzura, ajena al hecho de que Natsu sentía que estaba a punto de entrar en la fase final de un torneo a muerte.

—¡Mira, Elfman! —exclamó Lisanna con voz melodiosa—. ¡Natsu y yo finalmente lo decidimos! Vamos a estar juntos.

El silencio que siguió a sus palabras fue más pesado que la magia de Gildarts. Los miembros de Fairy Tail, que segundos antes estaban bebiendo y peleando, se congelaron en sus sitios. Cana dejó caer su barril de cerveza; Gray se olvidó de que se había quedado en ropa interior; y Lucy, desde una mesa cercana, ahogó un grito de alegría mezclado con una profunda preocupación por el bienestar físico de su mejor amigo.

Mirajane, que estaba limpiando un vaso con la elegancia de un ángel, se detuvo en seco. Sus ojos azules, usualmente llenos de bondad, se fijaron en Natsu. Por un segundo, el Dragon Slayer creyó ver una sombra demoníaca alzándose detrás de ella, aunque Mira seguía sonriendo.

—¿Oh? ¿Es así? —preguntó Mirajane. Su voz era dulce, demasiado dulce. Era el tipo de dulzura que precede a una explosión de energía oscura—. Qué noticia tan... interesante, Natsu-kun.

—¡UN HOMBRE! —El grito de Elfman hizo que las vigas del techo vibraran—. ¡UN HOMBRE DEBE PROTEGER A SU HERMANA, NO CORROMPERLA CON SUS LLAMAS ATOLONDRADAS!

Natsu tragó saliva, sintiendo el sudor frío correr por su nuca. Se ajustó la bufanda de escamas, buscando valor en el recuerdo de Igneel.

—¡Escucha, Elfman! —Natsu infló el pecho, tratando de recuperar su bravuconería habitual—. ¡Lisanna es importante para mí! ¡Más que la comida! ¡Incluso más que pelear con Gray! Bueno... casi. Pero lo digo en serio.

Lisanna rió, apoyando la cabeza en el hombro de Natsu.

—No seas tan duro, Elfman. Natsu es el hombre más valiente que conozco.

—Eso está por verse —sentenció Mirajane, dejando el vaso sobre la barra con un "clac" que sonó como un disparo—. Natsu-kun, ¿podemos hablar un momento? En privado.

Natsu sintió que su alma intentaba abandonar su cuerpo, pero antes de que pudiera responder, Elfman lo agarró por el chaleco negro y lo levantó del suelo como si fuera un muñeco de trapo.

—¡Primero pasará mi prueba! —rugió el gigante peliblanco—. ¡Si quieres ser parte de la familia Strauss, debes demostrar que eres un HOMBRE de verdad! ¡Acompáñame al patio trasero!

Lisanna soltó una pequeña risita y le dio un beso en la mejilla a Natsu antes de que Elfman se lo llevara a rastras.

—¡Buena suerte, Natsu! —le gritó ella, agitando la mano—. ¡Sé que lo harás genial!

Natsu solo pudo emitir un gemido ahogado mientras era arrastrado hacia su destino.

***

El patio trasero de Fairy Tail se había convertido en un campo de entrenamiento improvisado. Elfman estaba de pie, con los brazos cruzados y los músculos tensos, mientras Natsu intentaba recuperar el equilibrio tras el "viaje" forzado.

—Prueba número uno —anunció Elfman con solemnidad—. Un hombre debe ser capaz de soportar las cargas más pesadas por su familia. ¡Carga esas rocas!

Señaló una pila de piedras gigantescas que probablemente pesaban varias toneladas cada una. Natsu parpadeó, confundido.

—¿Eso es todo? —Natsu encendió sus puños en llamas—. ¡Puedo destruir eso de un golpe!

—¡NO! —Elfman lo detuvo con un grito—. ¡Un hombre no destruye el hogar, lo construye! ¡Debes moverlas de aquí hasta la colina de Magnolia y volver, diez veces, sin usar tu magia de fuego! Usar magia para el trabajo duro es de cobardes. ¡Hazlo con la fuerza de tus músculos masculinos!

Natsu gruñó, pero aceptó el desafío. No quería que Lisanna pensara que se rendía fácilmente. Durante las siguientes tres horas, el Dragon Slayer de fuego se convirtió en un cargador de mulas. Sudaba a mares, sus pantalones blancos estaban cubiertos de polvo y sus sandalias amenazaban con romperse. Cada vez que pasaba por delante de la puerta del gremio, veía a Elfman vigilando con una expresión severa.

—¡Más rápido! —gritaba Elfman—. ¡Mi hermana merece a alguien que no se canse al primer kilómetro!

—¡No me... estoy... cansando! —jadeó Natsu, con una roca del tamaño de un carruaje sobre su espalda—. ¡Estoy encendido!

Cuando finalmente terminó la décima vuelta, Natsu dejó caer la última piedra y se desplomó en el suelo, respirando con dificultad. Pero no hubo descanso. Una sombra se proyectó sobre él. No era Elfman.

Era Mirajane.

Ella sostenía una bandeja con un vaso de agua helada y una sonrisa que enviaba escalofríos por la columna vertebral de cualquiera que supiera de lo que era capaz la "Demonio".

—Buen trabajo con Elfman, Natsu-kun —dijo ella, ofreciéndole el agua—. Bebe. Necesitas estar hidratado para nuestra pequeña charla.

Natsu aceptó el vaso y bebió con avidez.

—Gracias, Mira. Sabía que tú entenderías que...

—Dime, Natsu —lo interrumpió ella, su tono bajando varios octavos mientras se sentaba a su lado en un banco de madera—, ¿qué intenciones tienes exactamente con mi pequeña y dulce Lisanna?

Natsu se atragantó con el agua.

—¿Intenciones? Pues... estar con ella. Salir de misión. Comer juntos. Lo que hacen las personas que se quieren, ¿no?

Mirajane inclinó la cabeza, su cabello blanco brillando bajo el sol de la tarde.

—Ya veo. Pero sabes que Lisanna ha sufrido mucho, ¿verdad? Estuvo lejos de nosotros, en Edolas, pensando que nunca volvería a ver su hogar. Ella es el tesoro de esta familia.

El aura de Mirajane comenzó a cambiar. El aire a su alrededor se volvió pesado, y Natsu pudo jurar que el cielo se oscureció por un instante.

—Si alguna vez la haces llorar —susurró Mira, manteniendo la sonrisa pero con unos ojos que prometían un destino peor que el Tártaros—, si alguna vez le rompes el corazón o dejas que algo malo le pase porque fuiste demasiado imprudente... bueno, supongo que sabes que puedo ser muy creativa con mis transformaciones de Satan Soul, ¿cierto?

Natsu sintió que sus colmillos castañeteaban. Se puso de pie de un salto, ignorando el cansancio de sus músculos.

—¡Jamás le haría daño! —exclamó Natsu con total sinceridad, sus ojos negros fijos en los de Mirajane—. ¡Lisanna es mi mejor amiga desde que éramos niños y ahora es... es mucho más! ¡Daría mi vida por ella, Mira! ¡Lo sabes!

Mirajane lo observó durante un largo silencio. La presión mágica desapareció tan rápido como había llegado. Volvió a ser la camarera amable de siempre.

—Lo sé, Natsu-kun. Solo quería escucharte decirlo con esa convicción.

—¡AÚN NO HEMOS TERMINADO! —Elfman regresó corriendo, ahora transformado parcialmente con su "Beast Arm"—. ¡PRUEBA NÚMERO DOS! ¡UN HOMBRE DEBE SER CAPAZ DE COCINAR PARA SU MUJER! ¡Natsu, vas a preparar un festín para Lisanna usando solo ingredientes que tú mismo caces en el bosque del este! ¡Y nada de quemar la comida con tus llamas de dragón! ¡Tiene que ser cocina delicada!

Natsu se llevó las manos a la cabeza.

—¿Cocinar? ¡Pero si yo solo sé asar carne en una fogata!

—¡ENTONCES APRENDE A SER UN HOMBRE! —rugió Elfman.

***

El resto del día fue una tortura sistemática. Natsu tuvo que cazar un jabalí gigante (sin incinerarlo), recolectar hierbas medicinales que Mirajane le pidió (y que resultaron estar custodiadas por un nido de Vulcanos) y, finalmente, tuvo que sentarse a escuchar un discurso de tres horas de Elfman sobre "El Código de Conducta de un Hombre Strauss".

Al caer la noche, Natsu entró al gremio arrastrando los pies. Su chaleco estaba roto, tenía rasguños por todas partes y olía a una extraña mezcla de especias de cocina y sudor.

Vio a Lisanna sentada en una de las mesas centrales, esperándolo con una expresión de preocupación que se transformó en alivio al verlo.

—¡Natsu! —Ella corrió hacia él y lo rodeó con sus brazos—. Te ves terrible. ¿Qué te hicieron mis hermanos?

Natsu se dejó abrazar, hundiendo su rostro en el aroma a lavanda del cabello de Lisanna. El cansancio parecía desvanecerse un poco.

—Tu hermano cree que no soy lo suficientemente "hombre" —gruñó Natsu, aunque sin verdadera malicia—. Y tu hermana... creo que planea mi funeral si llego a olvidarme de nuestro aniversario o algo así.

Lisanna se separó un poco y le acarició la mejilla con ternura.

—Lo siento mucho. Son muy protectores. Después de lo que pasó hace años, cuando todos pensaron que yo había muerto... ellos prometieron que nunca dejarían que nada malo me pasara.

Natsu suspiró, enderezando la espalda. Miró hacia la barra, donde Elfman y Mirajane lo observaban. Elfman asintió con la cabeza, un gesto de respeto mutuo entre guerreros, y Mirajane le guiñó un ojo antes de servir una jarra de cerveza.

—Entiendo por qué lo hacen —dijo Natsu en voz baja—. Yo haría lo mismo por Happy o por cualquiera del gremio. Pero contigo es diferente, Lisanna. No necesito que me pongan pruebas para saber que te quiero proteger.

Lisanna se sonrojó, sus ojos azules brillando con una emoción profunda.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo piensas hacerlo, Sr. Dragon Slayer?

Natsu sonrió, mostrando sus colmillos afilados en esa expresión traviesa que tanto la caracterizaba.

—Bueno, para empezar...

—¡NATSU! —El grito de Gray resonó desde el otro lado del gremio—. ¡Deja de parlotear y pelea conmigo! ¡He oído que te han dado una paliza unos simples recados!

Natsu sintió que la chispa de la batalla se encendía en sus venas.

—¡¿QUÉ DIJISTE, EXHIBICIONISTA?! —Natsu se soltó de Lisanna, con los puños envueltos en fuego—. ¡ESTOY ENCENDIDO!

Se lanzó sobre Gray, iniciando la clásica pelea multitudinaria de Fairy Tail que involucró mesas volando, hechizos de hielo y explosiones de fuego.

Lisanna se quedó allí, riendo suavemente mientras observaba el caos. Mirajane se acercó a ella, colocándole una mano en el hombro.

—Es un buen chico, ¿verdad? —preguntó Mira con voz suave.

—El mejor —respondió Lisanna sin apartar la vista de Natsu, quien en ese momento estaba usando a Gray como mazo para derribar a Gajeel—. Aunque sea un idiota imprudente a veces.

—Es un hombre —añadió Elfman, apareciendo detrás de ellas con una lágrima de orgullo masculino corriendo por su mejilla—. ¡Un hombre que acepta los retos de su familia es un hombre en el que se puede confiar!

En medio de la pelea, Natsu recibió un golpe que lo mandó a volar cerca de donde estaban los hermanos Strauss. Se detuvo en seco, se limpió un poco de sangre del labio y miró a Lisanna. Ella le lanzó un beso al aire.

Natsu sintió que su corazón latía con más fuerza que cualquier rugido de dragón. Sí, enfrentarse a los hermanos Strauss era más difícil que luchar contra Zeref. Sí, probablemente tendría que soportar las locuras de Elfman y las amenazas veladas de Mira por el resto de su vida.

Pero mientras Lisanna estuviera a su lado, sonriendo de esa manera, Natsu Dragneel estaba dispuesto a enfrentar cualquier reto. Porque al final del día, no importaba cuántas rocas tuviera que cargar o cuántos demonios tuviera que aplacar; él ya había ganado el tesoro más grande de Magnolia.

—¡Oye, Gray! —gritó Natsu, lanzándose de nuevo al combate con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Prepárate, porque hoy me siento más fuerte que nunca!

La risa de Lisanna se unió al estruendo del gremio, una melodía que prometía que, sin importar las aventuras o peligros que vinieran, el fuego y las escamas siempre encontrarían su hogar en el corazón de los Strauss.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic