Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Her and I

Fandom: House of the Dragon

Creado: 1/7/2026

Etiquetas

RomanceUA (Universo Alternativo)DramaAngustiaDolor/ConsueloFantasíaOmegaversoArregloDivergenciaRecontar
Índice

El Vuelo de la Libélula hacia el Sol de Poniente

El aire de Desembarco del Rey siempre le había parecido pesado, cargado de un aroma a incienso, aceite de armas y las conspiraciones silenciosas de su abuelo, Otto Hightower. Helaena Targaryen, con sus ojos color lila y esa mirada que parecía ver hilos invisibles en el aire, se sentía asfixiada. El anuncio de su compromiso con Aegon había sido la gota que colmó el vaso de su paciencia. No odiaba a su hermano —nadie podía odiar realmente a alguien tan patético—, pero no quería ser su incubadora, ni quería que él fuera su carcelero.

Aprovechando que la Reina Alicent había partido hacia Antigua para visitar a su familia, Helaena se presentó ante el Trono de Hierro. Su padre, Viserys, se veía cansado, pero sus ojos se iluminaron al ver a su hija menor.

—Padre —dijo Helaena, jugando con un hilo de seda entre sus dedos—, los hilos se enredan aquí. Necesito el aire de sal de mi hermana. Permíteme visitarla en Rocadragón antes de que las campanas de boda sellen mi destino.

Viserys, siempre anhelando una familia unida que solo existía en sus sueños, no dudó.

—Me alegra que busques a Rhaenyra, mi dulce niña. Ve. Quédate allí diez meses si es necesario. Que la sangre del dragón se reconozca antes de que asumas tus deberes.

Helaena no esperó a que su abuelo se enterara. Empacó lo esencial y montó a Dreamfyre. Mientras sobrevolaba la Bahía del Aguasnegras, sintió que el peso del mundo se quedaba atrás.

Rocadragón no era el lugar lúgubre que su madre describía en sus sermones. Al aterrizar, Helaena fue recibida no por guardias austeros, sino por una explosión de vida y color. Rhaenyra, la Heredera, la Alfa cuyo aroma a sándalo y fuego llenaba los pasillos, la esperaba en el patio. A su lado estaban Lady Laena Velaryon, riendo con Mysaria; la enigmática Alys Strong, que parecía leer las sombras; y para sorpresa de Helaena, Daemon Targaryen junto a su esposa, Rhea Royce, compartiendo una copa de vino en una tregua armada que solo la hospitalidad de Rhaenyra podía lograr.

—Bienvenida a casa, hermanita —dijo Rhaenyra, extendiendo sus brazos. Sus ojos violetas brillaban con una intensidad que hizo que el omega interior de Helaena diera un vuelco.

Los meses siguientes fueron un torbellino de excesos que habrían hecho palidecer a Alicent. Rhaenyra no era la pecadora que la Fortaleza Roja pintaba; era una fuerza de la naturaleza. Las fiestas duraban hasta el amanecer, con música que vibraba en las piedras de la fortaleza y vino que fluía como sangre de dragón. Rhaenyra alternaba sus días entre el rigor del Trono de Rocadragón y la lujuria de los salones de baile.

Helaena, por primera vez, no fue "la rara". Fue la protegida.

—¿Te gusta aquí, Helaena? —preguntó Rhaenyra una noche, mientras observaban el mar desde el balcón. La Alfa se posicionó detrás de ella, su calor irradiando a través de las finas sedas de Helaena.

—Aquí los hilos son de oro, Rhaenyra —susurró Helaena, girándose para mirarla—. En Desembarco eran de hierro.

—Nadie te obligará a ser lo que no quieres ser —prometió la Alfa, acunando el rostro de su hermana.

El deseo, contenido por años de etiqueta y miedo, estalló. No fue solo un refugio; fue una unión de almas y castas. Helaena encontró en Rhaenyra la fuerza que le faltaba, y Rhaenyra encontró en Helaena una pureza que la corte le había arrebatado.

Seis meses después, la realidad golpeó la puerta de piedra. Helaena estaba encinta. Rhaenyra, con la audacia que la caracterizaba, envió una misiva al Rey informando que se habían unido en matrimonio bajo los ritos valyrios y que un heredero venía en camino.

La respuesta de Viserys fue un golpe seco: "Ocultadlo. El compromiso con Aegon debe cumplirse para evitar la guerra civil. Helaena debe volver y presentar al niño como de su esposo".

El regreso fue amargo. Helaena se casó con Aegon en una ceremonia gris, sintiendo el aroma rancio de su hermano donde antes estaba el fuego de Rhaenyra. Cuando nació el pequeño Aelor, de cabellos de plata y ojos violetas profundos, Helaena supo que era el hijo de su Alfa. Pero el destino era cruel. Aelor, débil de pulmones, murió a los dos meses.

—Es el castigo de los dioses —susurraba Alicent en el funeral, sin saber que lloraba por el nieto que no era de su hijo.

Helaena se sumió en un silencio absoluto durante años, moviéndose como un fantasma por la Fortaleza Roja, esperando que el hilo final se cortara.

Ese momento llegó con las campanas que anunciaban la muerte de Viserys.

La coronación de Aegon fue una farsa que duró poco. Rhaenyra descendió sobre Desembarco del Rey no con guerra, sino con la autoridad de quien reclama lo que es suyo por derecho divino y por testamento. El apoyo a Aegon se desmoronó; los señores de Poniente no querían a un rey borracho cuando la Alfa legítima reclamaba el trono.

Rhaenyra entró en el Gran Salón, su armadura negra brillando bajo la luz del sol. No miró a su abuelo, ni a su madre. Miró directamente a Helaena, que estaba de pie junto al trono.

—Se acabó el tiempo de las sombras —declaró Rhaenyra, su voz resonando con el mando de una Reina.

En menos de una luna, el matrimonio de Aegon y Helaena fue anulado por el Septón Supremo bajo presión de los dragones. Aegon, extrañamente aliviado de no tener que fingir ser rey o esposo, fue enviado a una de las propiedades de los Targaryen en el mar.

La boda de Rhaenyra y Helaena fue la más espléndida que los Siete Reinos hubieran visto jamás. Ya no era un secreto susurrado en Rocadragón; era la ley del reino.

—Me prometiste que los hilos serían de oro —dijo Helaena en su noche de bodas oficial, ahora como Reina Consorte.

—Y lo serán, mi dulce Helaena —respondió Rhaenyra, besando sus manos—. Construiremos un mundo donde nuestros hijos no tengan que esconderse.

Y así fue. Helaena, la que una vez fue llamada "la rara", se convirtió en la madre de una nueva dinastía. Tuvo seis hijos más con Rhaenyra, cada uno de ellos fuerte y bendecido con la esencia de ambas. La Reina Alfa gobernaba con mano firme, mientras que su Consorte Omega veía el futuro en las llamas y en los sueños, asegurándose de que los hilos de su familia nunca más volvieran a enredarse en la oscuridad.

—¿Ves eso, Rhaenyra? —preguntó Helaena años después, señalando a sus hijos que corrían por el foso de los dragones.

—¿Qué cosa, mi amor? —preguntó la Reina, abrazándola por la cintura.

—El futuro. Es brillante. Ya no hay más nudos.

Rhaenyra sonrió y besó la sien de su esposa. El dragón tenía dos cabezas, y por fin, ambas miraban hacia la misma dirección.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic