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Un nuevo mundo
Fandom: Nauro, Alya , Quintillizas
Creado: 2/7/2026
Etiquetas
AcciónCrossoverUA (Universo Alternativo)Dolor/ConsueloAventuraFantasíaViolencia GráficaRecortes de VidaHumorFluffCelosPelícula de AmigosIsekai / Fantasía PortalRomanceHistoria DomésticaExperimentación Humana
Un Nuevo Estilo para una Nueva Era
—¡Por última vez, Naruto, no puedes salir a la calle con ese mono naranja fluorescente! —gritó Kenji, el joven científico, mientras revolvía frenéticamente un armario—. Estamos en el siglo veintiuno, no en una convención de trabajadores de construcción o en un mito viviente.
Naruto Uzumaki, el otrora héroe de la Gran Guerra Shinobi, estaba sentado en el borde de la cama, observando con curiosidad un pequeño aparato cuadrado que emitía luz, lo que Kenji llamaba "smartphone".
—Pero es cómodo, Dattebayo... —Naruto se detuvo en seco, mordiéndose la lengua—. Quiero decir... es cómodo, Kenji. ¿De verdad mi ropa es tan extraña?
—Es un insulto a la vista —respondió Kenji, lanzándole una camisa negra de seda y unos pantalones ajustados de color gris oscuro—. Y recuerda lo que acordamos: nada de "Dattebayo", nada de hablar de aldeas, ninjas o técnicas raras. Si alguien pregunta, eres un estudiante de intercambio de una zona rural muy, muy lejana.
—Entendido, entendido. —Naruto se puso de pie y comenzó a cambiarse con una rapidez que Kenji apenas pudo seguir con la vista—. Solo tengo que ser un chico normal. Memoria, estudio, y nada de saltar por los techos.
Kenji se quedó boquiabierto cuando Naruto terminó de abotonarse la camisa. El corte de la ropa resaltaba su físico atlético, sus hombros anchos y esa mandíbula marcada que las marcas de sus mejillas solo hacían ver más exótica y atractiva.
—Vaya... —susurró Kenji—. Si no abres la boca para decir alguna tontería sobre ser Hokage, podrías pasar por un modelo.
—¡Oye! —Naruto se miró en el espejo, acomodándose el cabello rubio, que ahora lucía un poco más desenfadado—. No está mal. Me siento un poco apretado, pero supongo que esto es lo que llaman "estilo".
Al día siguiente, la Academia Privada Itan estaba en pleno bullicio. Naruto caminaba junto a Kenji, tratando de procesar la cantidad de tecnología y personas que lo rodeaban. Su instinto le decía que vigilara los puntos ciegos, pero se obligó a relajar los hombros.
—Recuerda, Naruto —susurró Kenji antes de separarse—, hoy te presentan al grupo de tutoría. No metas la pata.
Naruto asintió y entró al salón asignado. Al abrir la puerta, cinco pares de ojos idénticos, pero con expresiones muy diferentes, se clavaron en él. Eran las quintillizas Nakano.
—¿Eh? ¿Quién es el rubio? —preguntó Nino, cruzándose de brazos y examinándolo de arriba abajo con una mirada crítica que pronto se transformó en un leve sonrojo—. No me digas que es otro tutor.
—Buenos días —dijo Naruto con una sonrisa radiante, la clase de sonrisa que solía iluminar toda Konoha—. Soy Naruto Uzumaki. Me mudo a esta zona y estaré asistiendo a clases con ustedes desde hoy. Espero que nos llevemos bien.
—Es... es muy guapo —susurró Ichika, bajando un poco su revista y guiñándole un ojo a Naruto—. Mucho gusto, Naruto-kun. Yo soy la hermana mayor, Ichika.
—¡Yo soy Yotsuba! —La chica de la cinta verde saltó de su asiento y se plantó frente a él—. ¡Pareces alguien con mucha energía! ¿Te gusta el deporte?
—¡Me encanta! —respondió Naruto, olvidando por un segundo su papel—. Correr, entrenar... bueno, ya sabes, lo normal para mantenerse en forma.
Miku, escondida tras sus auriculares, lo miró con curiosidad, mientras Itsuki, que estaba terminando un panecillo, lo observaba con sospecha.
—Uzumaki-san —dijo Itsuki, limpiándose la comisura de los labios—, espero que te tomes los estudios en serio. Este no es un lugar para venir a modelar.
—¡Claro que sí! —Naruto se sentó en un pupitre vacío y sacó un cuaderno—. Tengo una memoria excelente para las cosas importantes.
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y entró una chica de cabello plateado y una presencia elegante que parecía congelar el aire. Era Alisa Mikhailovna Kujou, conocida por todos como Alya.
—Llegas tarde, nuevo estudiante —dijo Alya en japonés, aunque luego murmuró para sí misma en ruso—: *I pochemu on vyglyadit tak privlekatel'no? Eto razdrazhayet.* (¿Y por qué se ve tan atractivo? Es irritante).
Naruto, cuyos sentidos estaban agudizados al máximo por años de entrenamiento, captó el sonido perfectamente. No entendía el idioma, pero su instinto le dijo que ella hablaba de él.
—¿Dijiste algo? —preguntó Naruto con una chispa de diversión en los ojos.
Alya se tensó, sus mejillas se tiñeron de un rosa imperceptible.
—Nada que te interese. Siéntate y abre el libro en la página cuarenta y dos.
Durante la clase, Naruto demostró que no mentía. Gracias a su capacidad de observación como shinobi, "copiar" los movimientos de la mano del profesor y memorizar los kanjis complejos le resultaba extrañamente sencillo. Era como leer los movimientos de un enemigo, pero con tiza y pizarra.
—¿Cómo es que terminaste tan rápido? —preguntó Miku, acercándose tímidamente a su pupitre durante el descanso—. Ese problema de historia era muy difícil.
—Bueno —Naruto rascó su nuca—, solo visualicé los eventos como si estuvieran ocurriendo frente a mí. Una vez que ves la estrategia y los movimientos de las tropas... quiero decir, los movimientos de las personas, es fácil de recordar.
—Pareces un experto en táctica —comentó Alya, que pasaba por ahí—. Aunque dudo que alguien con ese cabello tan desordenado pueda ser un genio. *No on deystvitel'no krasivyy, kogda sosredotochen* (Pero realmente es guapo cuando se concentra).
Naruto volvió a sonreír, esta vez de forma más pícara.
—Sabes, Alya, tienes un idioma muy musical. Algún día tendrás que enseñarme qué significan esas palabras.
Alya casi deja caer sus libros.
—¡No he dicho nada importante! —exclamó ella, dándose la vuelta rápidamente para ocultar su rostro—. ¡Sigue con tus tareas!
Al llegar la tarde, Naruto regresó al apartamento de Kenji. Tenía una montaña de deberes, algo que en su época habría evadido con mil excusas. Pero ahora, tenía un plan.
—Bien, no hay nadie cerca —susurró Naruto, asegurándose de que las cortinas estuvieran cerradas.
Juntó sus dedos en una posición que Kenji le había prohibido terminantemente.
—¡Jutsu Multiclones de Sombras! —exclamó en voz baja.
*¡Puff!*
Cinco copias exactas de Naruto aparecieron en la pequeña sala, todos vistiendo la ropa moderna y sexy que Kenji le había comprado.
—Muy bien, chicos —dijo el Naruto original—. Tú te encargas de las matemáticas, tú de la historia, tú de la literatura y ustedes dos... bueno, traten de entender cómo funciona este "Internet" sin romper la computadora de Kenji.
—¡Entendido! —dijeron los clones al unísono.
—¡Silencio! —siseó Naruto—. Recuerden que aquí somos "estudiantes normales". Nada de gritos ninja.
Uno de los clones, que estaba ojeando un libro de física, levantó la mano.
—Oye, jefe, ¿has visto lo que dicen los libros de historia sobre "el período antiguo"? Dicen que no hay pruebas de que los humanos pudieran manipular la energía vital.
Naruto se acercó y miró las páginas. Sintió una punzada de nostalgia y extrañeza.
—Es verdad... —murmuró Naruto—. Para ellos somos mitos. Cuentos de hadas.
—Pero nosotros estamos aquí —dijo otro clon, ajustándose las gafas que había encontrado por ahí para verse más intelectual—. Y si vamos a vivir en esta época, más vale que seamos los mejores estudiantes. No queremos que esas chicas Nakano o la chica rusa piensen que somos tontos.
—Especialmente la chica rusa —añadió Naruto con una sonrisa—. Tiene un carácter fuerte... me recuerda un poco a Sakura-chan, pero con un aire diferente.
De repente, el timbre de la puerta sonó. Naruto entró en pánico.
—¡Disípense! ¡Rápido!
*¡Puff! ¡Puff! ¡Puff!*
El humo aún no se terminaba de disipar cuando Naruto abrió la puerta. Era Itsuki Nakano, sosteniendo una bolsa de papel.
—Uzumaki-san, te dejaste este cuaderno en el salón y... —Itsuki se detuvo, olfateando el aire—. ¿Por qué huele a quemado? ¿Y por qué hay tanto humo?
—¡Ah! ¡Eso! —Naruto empezó a abanicar el aire frenéticamente—. ¡Es que... estaba intentando cocinar! Sí, eso. Intenté hacer ramen instantáneo y algo salió mal. ¡Ya sabes cómo es la tecnología de hoy en día, muy complicada!
Itsuki lo miró con escepticismo, entrando al apartamento sin permiso.
—¿Ramen? Pero si ni siquiera tienes la estufa encendida. —Ella miró la mesa, que estaba llena de libros abiertos y notas escritas con cinco caligrafías ligeramente diferentes—. Vaya, te has tomado muy en serio los deberes. No pensé que fueras del tipo estudioso.
—Bueno, me gusta superarme a mí mismo —dijo Naruto, tratando de cubrir un libro sobre "Historia del Siglo XXI" con su brazo—. ¿Quieres sentarte?
—Solo vine a traerte esto —dijo Itsuki, aunque sus ojos se desviaron hacia la bolsa que traía—. Y... bueno, mi hermana Yotsuba dijo que probablemente no tendrías nada para cenar, así que compramos de más.
—¡Comida! —Los ojos de Naruto brillaron—. ¡Eres un ángel, Itsuki!
—¡No me digas cosas tan vergonzosas! —replicó ella con la cara roja—. Solo come y sigue estudiando. Mañana tenemos examen de nivelación y no quiero que el nuevo baje el promedio del grupo.
Naruto se rió, sintiendo que, a pesar de estar a miles de años de su hogar, algunas cosas, como la amabilidad escondida tras un regaño o el sabor de una buena comida compartida, no cambiaban con el tiempo.
—Prometo que no te decepcionaré —dijo Naruto con determinación—. Mañana verán de lo que es capaz un... quiero decir, de lo que soy capaz.
—Más te vale —respondió Itsuki, dándose la vuelta para salir, pero deteniéndose en el marco de la puerta—. Por cierto, esa camisa te queda muy bien. Te ves... diferente a los demás chicos de la academia.
Cuando la puerta se cerró, Naruto soltó un suspiro de alivio y se dejó caer en el sofá.
—Casi me atrapa —le dijo al aire—. Estar en el futuro es más difícil que pelear contra Madara. Pero... no está nada mal.
Se levantó, se miró de nuevo en el espejo y guiñó un ojo a su reflejo. El héroe de la guerra había quedado atrás; ahora, era el turno del estudiante más popular y misterioso de la Academia Itan.
Naruto Uzumaki, el otrora héroe de la Gran Guerra Shinobi, estaba sentado en el borde de la cama, observando con curiosidad un pequeño aparato cuadrado que emitía luz, lo que Kenji llamaba "smartphone".
—Pero es cómodo, Dattebayo... —Naruto se detuvo en seco, mordiéndose la lengua—. Quiero decir... es cómodo, Kenji. ¿De verdad mi ropa es tan extraña?
—Es un insulto a la vista —respondió Kenji, lanzándole una camisa negra de seda y unos pantalones ajustados de color gris oscuro—. Y recuerda lo que acordamos: nada de "Dattebayo", nada de hablar de aldeas, ninjas o técnicas raras. Si alguien pregunta, eres un estudiante de intercambio de una zona rural muy, muy lejana.
—Entendido, entendido. —Naruto se puso de pie y comenzó a cambiarse con una rapidez que Kenji apenas pudo seguir con la vista—. Solo tengo que ser un chico normal. Memoria, estudio, y nada de saltar por los techos.
Kenji se quedó boquiabierto cuando Naruto terminó de abotonarse la camisa. El corte de la ropa resaltaba su físico atlético, sus hombros anchos y esa mandíbula marcada que las marcas de sus mejillas solo hacían ver más exótica y atractiva.
—Vaya... —susurró Kenji—. Si no abres la boca para decir alguna tontería sobre ser Hokage, podrías pasar por un modelo.
—¡Oye! —Naruto se miró en el espejo, acomodándose el cabello rubio, que ahora lucía un poco más desenfadado—. No está mal. Me siento un poco apretado, pero supongo que esto es lo que llaman "estilo".
Al día siguiente, la Academia Privada Itan estaba en pleno bullicio. Naruto caminaba junto a Kenji, tratando de procesar la cantidad de tecnología y personas que lo rodeaban. Su instinto le decía que vigilara los puntos ciegos, pero se obligó a relajar los hombros.
—Recuerda, Naruto —susurró Kenji antes de separarse—, hoy te presentan al grupo de tutoría. No metas la pata.
Naruto asintió y entró al salón asignado. Al abrir la puerta, cinco pares de ojos idénticos, pero con expresiones muy diferentes, se clavaron en él. Eran las quintillizas Nakano.
—¿Eh? ¿Quién es el rubio? —preguntó Nino, cruzándose de brazos y examinándolo de arriba abajo con una mirada crítica que pronto se transformó en un leve sonrojo—. No me digas que es otro tutor.
—Buenos días —dijo Naruto con una sonrisa radiante, la clase de sonrisa que solía iluminar toda Konoha—. Soy Naruto Uzumaki. Me mudo a esta zona y estaré asistiendo a clases con ustedes desde hoy. Espero que nos llevemos bien.
—Es... es muy guapo —susurró Ichika, bajando un poco su revista y guiñándole un ojo a Naruto—. Mucho gusto, Naruto-kun. Yo soy la hermana mayor, Ichika.
—¡Yo soy Yotsuba! —La chica de la cinta verde saltó de su asiento y se plantó frente a él—. ¡Pareces alguien con mucha energía! ¿Te gusta el deporte?
—¡Me encanta! —respondió Naruto, olvidando por un segundo su papel—. Correr, entrenar... bueno, ya sabes, lo normal para mantenerse en forma.
Miku, escondida tras sus auriculares, lo miró con curiosidad, mientras Itsuki, que estaba terminando un panecillo, lo observaba con sospecha.
—Uzumaki-san —dijo Itsuki, limpiándose la comisura de los labios—, espero que te tomes los estudios en serio. Este no es un lugar para venir a modelar.
—¡Claro que sí! —Naruto se sentó en un pupitre vacío y sacó un cuaderno—. Tengo una memoria excelente para las cosas importantes.
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y entró una chica de cabello plateado y una presencia elegante que parecía congelar el aire. Era Alisa Mikhailovna Kujou, conocida por todos como Alya.
—Llegas tarde, nuevo estudiante —dijo Alya en japonés, aunque luego murmuró para sí misma en ruso—: *I pochemu on vyglyadit tak privlekatel'no? Eto razdrazhayet.* (¿Y por qué se ve tan atractivo? Es irritante).
Naruto, cuyos sentidos estaban agudizados al máximo por años de entrenamiento, captó el sonido perfectamente. No entendía el idioma, pero su instinto le dijo que ella hablaba de él.
—¿Dijiste algo? —preguntó Naruto con una chispa de diversión en los ojos.
Alya se tensó, sus mejillas se tiñeron de un rosa imperceptible.
—Nada que te interese. Siéntate y abre el libro en la página cuarenta y dos.
Durante la clase, Naruto demostró que no mentía. Gracias a su capacidad de observación como shinobi, "copiar" los movimientos de la mano del profesor y memorizar los kanjis complejos le resultaba extrañamente sencillo. Era como leer los movimientos de un enemigo, pero con tiza y pizarra.
—¿Cómo es que terminaste tan rápido? —preguntó Miku, acercándose tímidamente a su pupitre durante el descanso—. Ese problema de historia era muy difícil.
—Bueno —Naruto rascó su nuca—, solo visualicé los eventos como si estuvieran ocurriendo frente a mí. Una vez que ves la estrategia y los movimientos de las tropas... quiero decir, los movimientos de las personas, es fácil de recordar.
—Pareces un experto en táctica —comentó Alya, que pasaba por ahí—. Aunque dudo que alguien con ese cabello tan desordenado pueda ser un genio. *No on deystvitel'no krasivyy, kogda sosredotochen* (Pero realmente es guapo cuando se concentra).
Naruto volvió a sonreír, esta vez de forma más pícara.
—Sabes, Alya, tienes un idioma muy musical. Algún día tendrás que enseñarme qué significan esas palabras.
Alya casi deja caer sus libros.
—¡No he dicho nada importante! —exclamó ella, dándose la vuelta rápidamente para ocultar su rostro—. ¡Sigue con tus tareas!
Al llegar la tarde, Naruto regresó al apartamento de Kenji. Tenía una montaña de deberes, algo que en su época habría evadido con mil excusas. Pero ahora, tenía un plan.
—Bien, no hay nadie cerca —susurró Naruto, asegurándose de que las cortinas estuvieran cerradas.
Juntó sus dedos en una posición que Kenji le había prohibido terminantemente.
—¡Jutsu Multiclones de Sombras! —exclamó en voz baja.
*¡Puff!*
Cinco copias exactas de Naruto aparecieron en la pequeña sala, todos vistiendo la ropa moderna y sexy que Kenji le había comprado.
—Muy bien, chicos —dijo el Naruto original—. Tú te encargas de las matemáticas, tú de la historia, tú de la literatura y ustedes dos... bueno, traten de entender cómo funciona este "Internet" sin romper la computadora de Kenji.
—¡Entendido! —dijeron los clones al unísono.
—¡Silencio! —siseó Naruto—. Recuerden que aquí somos "estudiantes normales". Nada de gritos ninja.
Uno de los clones, que estaba ojeando un libro de física, levantó la mano.
—Oye, jefe, ¿has visto lo que dicen los libros de historia sobre "el período antiguo"? Dicen que no hay pruebas de que los humanos pudieran manipular la energía vital.
Naruto se acercó y miró las páginas. Sintió una punzada de nostalgia y extrañeza.
—Es verdad... —murmuró Naruto—. Para ellos somos mitos. Cuentos de hadas.
—Pero nosotros estamos aquí —dijo otro clon, ajustándose las gafas que había encontrado por ahí para verse más intelectual—. Y si vamos a vivir en esta época, más vale que seamos los mejores estudiantes. No queremos que esas chicas Nakano o la chica rusa piensen que somos tontos.
—Especialmente la chica rusa —añadió Naruto con una sonrisa—. Tiene un carácter fuerte... me recuerda un poco a Sakura-chan, pero con un aire diferente.
De repente, el timbre de la puerta sonó. Naruto entró en pánico.
—¡Disípense! ¡Rápido!
*¡Puff! ¡Puff! ¡Puff!*
El humo aún no se terminaba de disipar cuando Naruto abrió la puerta. Era Itsuki Nakano, sosteniendo una bolsa de papel.
—Uzumaki-san, te dejaste este cuaderno en el salón y... —Itsuki se detuvo, olfateando el aire—. ¿Por qué huele a quemado? ¿Y por qué hay tanto humo?
—¡Ah! ¡Eso! —Naruto empezó a abanicar el aire frenéticamente—. ¡Es que... estaba intentando cocinar! Sí, eso. Intenté hacer ramen instantáneo y algo salió mal. ¡Ya sabes cómo es la tecnología de hoy en día, muy complicada!
Itsuki lo miró con escepticismo, entrando al apartamento sin permiso.
—¿Ramen? Pero si ni siquiera tienes la estufa encendida. —Ella miró la mesa, que estaba llena de libros abiertos y notas escritas con cinco caligrafías ligeramente diferentes—. Vaya, te has tomado muy en serio los deberes. No pensé que fueras del tipo estudioso.
—Bueno, me gusta superarme a mí mismo —dijo Naruto, tratando de cubrir un libro sobre "Historia del Siglo XXI" con su brazo—. ¿Quieres sentarte?
—Solo vine a traerte esto —dijo Itsuki, aunque sus ojos se desviaron hacia la bolsa que traía—. Y... bueno, mi hermana Yotsuba dijo que probablemente no tendrías nada para cenar, así que compramos de más.
—¡Comida! —Los ojos de Naruto brillaron—. ¡Eres un ángel, Itsuki!
—¡No me digas cosas tan vergonzosas! —replicó ella con la cara roja—. Solo come y sigue estudiando. Mañana tenemos examen de nivelación y no quiero que el nuevo baje el promedio del grupo.
Naruto se rió, sintiendo que, a pesar de estar a miles de años de su hogar, algunas cosas, como la amabilidad escondida tras un regaño o el sabor de una buena comida compartida, no cambiaban con el tiempo.
—Prometo que no te decepcionaré —dijo Naruto con determinación—. Mañana verán de lo que es capaz un... quiero decir, de lo que soy capaz.
—Más te vale —respondió Itsuki, dándose la vuelta para salir, pero deteniéndose en el marco de la puerta—. Por cierto, esa camisa te queda muy bien. Te ves... diferente a los demás chicos de la academia.
Cuando la puerta se cerró, Naruto soltó un suspiro de alivio y se dejó caer en el sofá.
—Casi me atrapa —le dijo al aire—. Estar en el futuro es más difícil que pelear contra Madara. Pero... no está nada mal.
Se levantó, se miró de nuevo en el espejo y guiñó un ojo a su reflejo. El héroe de la guerra había quedado atrás; ahora, era el turno del estudiante más popular y misterioso de la Academia Itan.
