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Slime x Rp Samuraí
Fandom: Crossover: Tensei Shitara Slime Datta Ken / That Time I Got Reincarnated as a Slime x Power Rangers Samurai*
Creado: 4/7/2026
Etiquetas
CrossoverIsekai / Fantasía PortalAcciónFantasíaAventuraDramaDolor/ConsueloEstudio de PersonajeFluffArregloDivergenciaRomance
El Símbolo del Infinito y el Filo del Samurái
El aire en la Finca Shiba solía oler a incienso, madera vieja y el esfuerzo físico de un entrenamiento implacable. Sin embargo, esa tarde, el ambiente se fracturó. No hubo una explosión, sino un susurro en la realidad, un pliegue en el espacio que dejó tras de sí un rastro de partículas plateadas y una presión mágica que hizo que las alarmas de la brecha se volvieran locas.
Jayden Shiba, el decimoctavo líder del clan Shiba, fue el primero en llegar al patio central. Su mano derecha ya descansaba sobre la empuñadura de su Samuraizer, con los ojos escaneando cada rincón del dojo abierto. Esperaba ver a un Nighlok, una criatura deforme surgida del río Sanzu, pero lo que encontró fue algo que su lógica no lograba procesar.
En el centro del patio, sentada tranquilamente sobre la grava perfectamente rastrillada, había una joven. Tenía una melena larga de un color azul plateado que parecía brillar bajo el sol de la tarde y ojos dorados que destellaban con una inteligencia abrumadora. Vestía una túnica exótica, oscura y elegante, que no pertenecía a ninguna moda que Jayden conociera.
—Vaya —dijo la joven, ladeando la cabeza—. Sabía que el exceso de energía mágica en ese experimento de Veldora traería problemas, pero esto es llevar las vacaciones demasiado lejos.
Jayden no bajó la guardia. Dio un paso al frente, su postura era impecable, la de un guerrero que cargaba con el peso de generaciones.
—Identifícate —ordenó Jayden con voz firme pero contenida—. Estás en propiedad privada. ¿Cómo has atravesado las protecciones del clan?
La chica se levantó con una fluidez inhumana. No parecía asustada; de hecho, miraba a Jayden con una mezcla de curiosidad y diversión.
—¿Protecciones? Ah, ¿te refieres a esas barreras de energía espiritual basadas en caligrafía? —Rimuru Tempest sonrió de forma juguetona—. Eran bonitas, pero un poco rígidas. Simplemente les pedí permiso para pasar. O bueno, mi habilidad lo hizo por mí.
*«Informe: El individuo frente a ti posee una firma de energía similar a la voluntad humana, pero canalizada a través de un sistema de "Poder de Símbolo". Peligro: Mínimo. Interés: Alto»*, resonó la voz de Raphael en la mente de Rimuru.
—¿Pedir permiso? —Jayden frunció el ceño. Antes de que pudiera preguntar más, el Mentor Ji apareció desde el interior de la casa, sosteniendo su bastón con fuerza.
—¡Jayden, detente! —exclamó el Mentor, sus ojos fijos en Rimuru—. No es una Nighlok. No siento el olor a sal del Sanzu en ella... pero tampoco siento el latido de un corazón humano normal.
Rimuru soltó una risita suave y se llevó una mano al pecho.
—Tienes buen olfato, abuelo. Soy Rimuru Tempest. Y técnicamente, ahora mismo soy un slime, aunque prefiero esta forma. Es más cómoda para hablar.
—¿Un... slime? —repitió Jayden, desconcertado.
En ese preciso instante, el suelo tembló. Un desgarro rojizo se abrió en el aire a pocos metros de distancia. El aire se volvió pesado y el hedor a azufre y agua estancada inundó el patio. Tres Moogers, los soldados de a pie del ejército de Xandred, saltaron al mundo humano, blandiendo sus arcos y espadas.
Jayden no dudó.
—¡Samuraizer! ¡Símbolo de Fuego! —dibujó el kanji en el aire con una velocidad cegadora. La luz roja lo envolvió y, en un parpadeo, el Red Ranger estaba allí, con su armadura y su Spin Sword desenvainada.
Rimuru observó la transformación con los ojos muy abiertos.
—¡Ohhh! ¡Eso ha sido genial! ¿Es una transformación mágica por contrato? Raphael, ¿viste eso?
*«Confirmado. El sujeto utiliza energía ambiental para manifestar una armadura de combate física. Copia de tecnología no disponible sin acceso al código de origen»*.
—¡Atrás, Rimuru! —gritó Jayden, lanzándose contra los Moogers.
El Red Ranger se movió con una precisión letal. Bloqueó un tajo, giró y derribó a uno de los soldados con una patada lateral. Sin embargo, los Moogers no venían solos. Un Nighlok de piel escamosa y ojos saltones, apodado Skarf, emergió del portal.
—¡Vaya, vaya! —siseó el Nighlok—. El Maestro Xandred dijo que algo extraño había caído aquí. ¡Huele a energía pura! ¡Me la comeré!
Skarf ignoró a Jayden y lanzó sus extensiones en forma de látigo directamente hacia Rimuru.
—¡Cuidado! —Jayden intentó interceptarlo, pero estaba rodeado por los Moogers restantes.
Rimuru ni siquiera se movió de su sitio. Simplemente levantó una mano pequeña y delicada.
—*Barrera Antimagia* —susurró.
Un hexágono translúcido de color azulado apareció frente a ella. Los látigos del Nighlok golpearon la superficie y rebotaron como si hubieran chocado contra una montaña de diamante. El impacto generó una onda expansiva que apagó las antorchas del patio.
Jayden se quedó congelado por un segundo, viendo cómo la chica que parecía indefensa ni siquiera parpadeaba ante el ataque.
—¿Eso es todo? —preguntó Rimuru, con un tono decepcionado—. Mis amigos en casa golpean mucho más fuerte. Raphael, analiza la estructura molecular de este enemigo.
*«Análisis completo. Criatura compuesta de sedimentos espirituales negativos y agua del río Sanzu. Debilidad: Deshidratación y ataques de energía purificada»*.
—Entendido. Jayden, ¿verdad? —Rimuru lo miró por encima del hombro—. ¿Te importa si me encargo de este? Tengo curiosidad por ver cómo saben.
—¿Cómo... saben? —Jayden no tuvo tiempo de procesar la frase.
Rimuru extendió su mano y, en lugar de un arma, una masa de sustancia viscosa y azulada surgió de su palma, transformándose en una espada larga y negra como la noche. En un movimiento que Jayden apenas pudo seguir con la vista, Rimuru se desplazó. No corrió; simplemente apareció detrás del Nighlok.
—*Predador* —dijo ella en voz baja.
Una sombra oscura surgió de su espalda, tomando la forma de una enorme boca etérea que devoró el brazo derecho del Nighlok antes de que este pudiera reaccionar. La criatura chilló de dolor, retrocediendo a trompicones.
—¡Maldita! ¡¿Qué eres?! —gritó Skarf, aterrorizado.
—Soy solo una visitante —respondió Rimuru, volviendo a su postura relajada. La espada desapareció en una chispa de luz—. Jayden, es todo tuyo. He debilitado su estructura central. Un golpe de tu símbolo de fuego debería bastar.
Jayden, aunque aturdido por la exhibición de poder absoluto de la desconocida, no perdió la oportunidad.
—¡Espada de Fuego! ¡Ataque Final! —El Red Ranger trazó un arco de llamas que cortó el aire y al Nighlok por la mitad. La criatura explotó en una bola de fuego, pero antes de que pudiera regenerarse en su forma gigante, Rimuru chasqueó los dedos y los restos desaparecieron en un vacío dimensional.
El silencio volvió a la Finca Shiba. Jayden deshizo su transformación, su respiración era algo agitada, no por el cansancio, sino por la adrenalina y la confusión. Se volvió hacia Rimuru, quien se estaba sacudiendo el polvo de su túnica como si nada hubiera pasado.
—Tú... no eres humana —dijo Jayden, acercándose a ella.
Rimuru lo miró directamente a los ojos. Jayden notó que, a pesar de su poder aterrador, su mirada era pacífica. No había malicia en ella, solo una calma profunda, como la superficie de un lago en un día sin viento.
—Ya te lo he dicho, soy un slime. Pero no te preocupes, soy un slime bondadoso —dijo ella con una sonrisa traviesa.
El Mentor Ji se acercó, guardando su abanico.
—Jayden, sus habilidades no siguen las leyes de los símbolos. Es algo... primordial.
—Lo que sea que sea —dijo Jayden, bajando la cabeza ligeramente en un gesto de respeto involuntario—, nos has ayudado. Pero necesito respuestas. Los Nighloks son una amenaza para este mundo, y si tú eres una anomalía, ellos vendrán a por ti.
Rimuru se encogió de hombros, caminando hacia el porche de la casa con una confianza natural que Jayden encontró extrañamente atrayente.
—He manejado señores de los demonios y dragones celestiales. Creo que puedo con unos cuantos monstruos de río. Pero —hizo una pausa y miró a Jayden con seriedad—, este mundo se siente... pesado. Tú te sientes pesado, Jayden Shiba. Llevas demasiadas cosas en los hombros.
Jayden se tensó. Nadie, excepto quizás el Mentor Ji, se atrevía a hablarle de su carga de forma tan directa.
—Es mi deber. Soy el líder del clan —respondió él, con su habitual tono seco.
—El deber no tiene por qué ser una cadena —replicó Rimuru, sentándose en el borde del porche y balanceando las piernas—. En mi mundo, yo también soy líder. Y aprendí que si no te permites un respiro, terminarás rompiéndote. Y si el líder se rompe, todos los que lo siguen caen con él.
Jayden se quedó sin palabras. Había algo en la voz de Rimuru, una autoridad que no nacía de la imposición, sino de la experiencia pura, que lo obligaba a escuchar. Por primera vez en años, sintió que alguien no lo veía como el "Red Ranger" o el "Amo Shiba", sino como alguien que entendía su posición.
—¿Por qué me dices esto? —preguntó Jayden, dando un paso hacia ella.
—Porque me caes bien —Rimuru le guiñó un ojo—. Y porque parece que voy a estar aquí un tiempo hasta que Raphael encuentre una forma de volver a casa. Así que, ¿qué tal si nos ayudamos? Yo os ayudo con vuestros monstruos, y vosotros me enseñáis cómo funciona este mundo. Y quizás, solo quizás, aprenda a hacer esos dibujitos de fuego tan chulos.
Jayden no pudo evitarlo; una pequeña sonrisa, casi imperceptible, apareció en la comisura de sus labios.
—Se llaman Símbolos de Poder. Y no es tan fácil como parece.
—Reto aceptado, Samurái —dijo Rimuru, extendiendo una mano.
Jayden miró la mano de la joven. Era pequeña, de piel perfecta, pero sentía la energía vibrando bajo ella. Cuando la estrechó, una extraña calidez recorrió su brazo. No era el fuego abrasador de su símbolo, sino una sensación de completitud, de equilibrio.
Desde las sombras del Sanzu River, una presencia oscura observaba a través de las aguas. El Maestro Xandred, sentado en su trono, apretó su jarra de sake hasta que la cerámica crujió.
—Esa mujer... —gruñó Xandred—. No es de este reino. Su alma brilla como un sol plateado. Si puedo corromperla, el río no solo inundará la ciudad... inundará toda la existencia.
A su lado, Octoroo agitaba sus tentáculos nerviosamente.
—¡Ooh-ah-ooh! ¡Es peligrosa, Maestro! ¡Se comió a Skarf como si fuera un aperitivo!
—Entonces no la mataremos —dijo Xandred con una risa ronca que hizo temblar el barco—. La atraeremos. El Red Ranger ha encontrado un aliado poderoso, pero también ha encontrado una debilidad.
De vuelta en la finca, los demás Rangers —Kevin, Mike, Mia y Emily— llegaban tras recibir el aviso del Mentor. Se detuvieron en seco al ver a una chica desconocida sentada junto a Jayden, compartiendo lo que parecía ser una taza de té que ella misma había hecho aparecer de la nada.
—¿Quién es la chica nueva? —preguntó Mike, rascándose la cabeza.
—Nuestra nueva... asesora estratégica —respondió Jayden, mirando a Rimuru.
Rimuru levantó la mano en un saludo casual.
—Hola. Soy Rimuru. Espero que nos llevemos bien. Por cierto, vuestro líder es muy serio, ¿siempre es así o es que necesita un abrazo?
Kevin se puso rojo, Mia soltó una risita y Jayden simplemente suspiró, aunque por dentro, por primera vez en mucho tiempo, el peso de su destino se sentía un poco más ligero.
El choque entre la magia del bosque de Jura y el código del samurái acababa de empezar, y el mundo de los Power Rangers nunca volvería a ser el mismo. Rimuru Tempest no solo traía consigo habilidades devastadoras, sino una perspectiva que Jayden Shiba necesitaba desesperadamente: la idea de que, incluso en la guerra, uno podía encontrar paz en el centro de la tormenta.
—Bien —dijo Jayden, recuperando su compostura—. Mentor, prepara una habitación. Rimuru se queda con nosotros.
—Esto va a ser divertido —murmuró Rimuru para sí misma, mientras Raphael comenzaba a catalogar cada gramo de energía de la finca.
El destino de dos mundos se había entrelazado en un patio de entrenamiento, y aunque el río Sanzu crecía, el brillo plateado de la slime prometía ser la luz que Jayden no sabía que estaba buscando.
Jayden Shiba, el decimoctavo líder del clan Shiba, fue el primero en llegar al patio central. Su mano derecha ya descansaba sobre la empuñadura de su Samuraizer, con los ojos escaneando cada rincón del dojo abierto. Esperaba ver a un Nighlok, una criatura deforme surgida del río Sanzu, pero lo que encontró fue algo que su lógica no lograba procesar.
En el centro del patio, sentada tranquilamente sobre la grava perfectamente rastrillada, había una joven. Tenía una melena larga de un color azul plateado que parecía brillar bajo el sol de la tarde y ojos dorados que destellaban con una inteligencia abrumadora. Vestía una túnica exótica, oscura y elegante, que no pertenecía a ninguna moda que Jayden conociera.
—Vaya —dijo la joven, ladeando la cabeza—. Sabía que el exceso de energía mágica en ese experimento de Veldora traería problemas, pero esto es llevar las vacaciones demasiado lejos.
Jayden no bajó la guardia. Dio un paso al frente, su postura era impecable, la de un guerrero que cargaba con el peso de generaciones.
—Identifícate —ordenó Jayden con voz firme pero contenida—. Estás en propiedad privada. ¿Cómo has atravesado las protecciones del clan?
La chica se levantó con una fluidez inhumana. No parecía asustada; de hecho, miraba a Jayden con una mezcla de curiosidad y diversión.
—¿Protecciones? Ah, ¿te refieres a esas barreras de energía espiritual basadas en caligrafía? —Rimuru Tempest sonrió de forma juguetona—. Eran bonitas, pero un poco rígidas. Simplemente les pedí permiso para pasar. O bueno, mi habilidad lo hizo por mí.
*«Informe: El individuo frente a ti posee una firma de energía similar a la voluntad humana, pero canalizada a través de un sistema de "Poder de Símbolo". Peligro: Mínimo. Interés: Alto»*, resonó la voz de Raphael en la mente de Rimuru.
—¿Pedir permiso? —Jayden frunció el ceño. Antes de que pudiera preguntar más, el Mentor Ji apareció desde el interior de la casa, sosteniendo su bastón con fuerza.
—¡Jayden, detente! —exclamó el Mentor, sus ojos fijos en Rimuru—. No es una Nighlok. No siento el olor a sal del Sanzu en ella... pero tampoco siento el latido de un corazón humano normal.
Rimuru soltó una risita suave y se llevó una mano al pecho.
—Tienes buen olfato, abuelo. Soy Rimuru Tempest. Y técnicamente, ahora mismo soy un slime, aunque prefiero esta forma. Es más cómoda para hablar.
—¿Un... slime? —repitió Jayden, desconcertado.
En ese preciso instante, el suelo tembló. Un desgarro rojizo se abrió en el aire a pocos metros de distancia. El aire se volvió pesado y el hedor a azufre y agua estancada inundó el patio. Tres Moogers, los soldados de a pie del ejército de Xandred, saltaron al mundo humano, blandiendo sus arcos y espadas.
Jayden no dudó.
—¡Samuraizer! ¡Símbolo de Fuego! —dibujó el kanji en el aire con una velocidad cegadora. La luz roja lo envolvió y, en un parpadeo, el Red Ranger estaba allí, con su armadura y su Spin Sword desenvainada.
Rimuru observó la transformación con los ojos muy abiertos.
—¡Ohhh! ¡Eso ha sido genial! ¿Es una transformación mágica por contrato? Raphael, ¿viste eso?
*«Confirmado. El sujeto utiliza energía ambiental para manifestar una armadura de combate física. Copia de tecnología no disponible sin acceso al código de origen»*.
—¡Atrás, Rimuru! —gritó Jayden, lanzándose contra los Moogers.
El Red Ranger se movió con una precisión letal. Bloqueó un tajo, giró y derribó a uno de los soldados con una patada lateral. Sin embargo, los Moogers no venían solos. Un Nighlok de piel escamosa y ojos saltones, apodado Skarf, emergió del portal.
—¡Vaya, vaya! —siseó el Nighlok—. El Maestro Xandred dijo que algo extraño había caído aquí. ¡Huele a energía pura! ¡Me la comeré!
Skarf ignoró a Jayden y lanzó sus extensiones en forma de látigo directamente hacia Rimuru.
—¡Cuidado! —Jayden intentó interceptarlo, pero estaba rodeado por los Moogers restantes.
Rimuru ni siquiera se movió de su sitio. Simplemente levantó una mano pequeña y delicada.
—*Barrera Antimagia* —susurró.
Un hexágono translúcido de color azulado apareció frente a ella. Los látigos del Nighlok golpearon la superficie y rebotaron como si hubieran chocado contra una montaña de diamante. El impacto generó una onda expansiva que apagó las antorchas del patio.
Jayden se quedó congelado por un segundo, viendo cómo la chica que parecía indefensa ni siquiera parpadeaba ante el ataque.
—¿Eso es todo? —preguntó Rimuru, con un tono decepcionado—. Mis amigos en casa golpean mucho más fuerte. Raphael, analiza la estructura molecular de este enemigo.
*«Análisis completo. Criatura compuesta de sedimentos espirituales negativos y agua del río Sanzu. Debilidad: Deshidratación y ataques de energía purificada»*.
—Entendido. Jayden, ¿verdad? —Rimuru lo miró por encima del hombro—. ¿Te importa si me encargo de este? Tengo curiosidad por ver cómo saben.
—¿Cómo... saben? —Jayden no tuvo tiempo de procesar la frase.
Rimuru extendió su mano y, en lugar de un arma, una masa de sustancia viscosa y azulada surgió de su palma, transformándose en una espada larga y negra como la noche. En un movimiento que Jayden apenas pudo seguir con la vista, Rimuru se desplazó. No corrió; simplemente apareció detrás del Nighlok.
—*Predador* —dijo ella en voz baja.
Una sombra oscura surgió de su espalda, tomando la forma de una enorme boca etérea que devoró el brazo derecho del Nighlok antes de que este pudiera reaccionar. La criatura chilló de dolor, retrocediendo a trompicones.
—¡Maldita! ¡¿Qué eres?! —gritó Skarf, aterrorizado.
—Soy solo una visitante —respondió Rimuru, volviendo a su postura relajada. La espada desapareció en una chispa de luz—. Jayden, es todo tuyo. He debilitado su estructura central. Un golpe de tu símbolo de fuego debería bastar.
Jayden, aunque aturdido por la exhibición de poder absoluto de la desconocida, no perdió la oportunidad.
—¡Espada de Fuego! ¡Ataque Final! —El Red Ranger trazó un arco de llamas que cortó el aire y al Nighlok por la mitad. La criatura explotó en una bola de fuego, pero antes de que pudiera regenerarse en su forma gigante, Rimuru chasqueó los dedos y los restos desaparecieron en un vacío dimensional.
El silencio volvió a la Finca Shiba. Jayden deshizo su transformación, su respiración era algo agitada, no por el cansancio, sino por la adrenalina y la confusión. Se volvió hacia Rimuru, quien se estaba sacudiendo el polvo de su túnica como si nada hubiera pasado.
—Tú... no eres humana —dijo Jayden, acercándose a ella.
Rimuru lo miró directamente a los ojos. Jayden notó que, a pesar de su poder aterrador, su mirada era pacífica. No había malicia en ella, solo una calma profunda, como la superficie de un lago en un día sin viento.
—Ya te lo he dicho, soy un slime. Pero no te preocupes, soy un slime bondadoso —dijo ella con una sonrisa traviesa.
El Mentor Ji se acercó, guardando su abanico.
—Jayden, sus habilidades no siguen las leyes de los símbolos. Es algo... primordial.
—Lo que sea que sea —dijo Jayden, bajando la cabeza ligeramente en un gesto de respeto involuntario—, nos has ayudado. Pero necesito respuestas. Los Nighloks son una amenaza para este mundo, y si tú eres una anomalía, ellos vendrán a por ti.
Rimuru se encogió de hombros, caminando hacia el porche de la casa con una confianza natural que Jayden encontró extrañamente atrayente.
—He manejado señores de los demonios y dragones celestiales. Creo que puedo con unos cuantos monstruos de río. Pero —hizo una pausa y miró a Jayden con seriedad—, este mundo se siente... pesado. Tú te sientes pesado, Jayden Shiba. Llevas demasiadas cosas en los hombros.
Jayden se tensó. Nadie, excepto quizás el Mentor Ji, se atrevía a hablarle de su carga de forma tan directa.
—Es mi deber. Soy el líder del clan —respondió él, con su habitual tono seco.
—El deber no tiene por qué ser una cadena —replicó Rimuru, sentándose en el borde del porche y balanceando las piernas—. En mi mundo, yo también soy líder. Y aprendí que si no te permites un respiro, terminarás rompiéndote. Y si el líder se rompe, todos los que lo siguen caen con él.
Jayden se quedó sin palabras. Había algo en la voz de Rimuru, una autoridad que no nacía de la imposición, sino de la experiencia pura, que lo obligaba a escuchar. Por primera vez en años, sintió que alguien no lo veía como el "Red Ranger" o el "Amo Shiba", sino como alguien que entendía su posición.
—¿Por qué me dices esto? —preguntó Jayden, dando un paso hacia ella.
—Porque me caes bien —Rimuru le guiñó un ojo—. Y porque parece que voy a estar aquí un tiempo hasta que Raphael encuentre una forma de volver a casa. Así que, ¿qué tal si nos ayudamos? Yo os ayudo con vuestros monstruos, y vosotros me enseñáis cómo funciona este mundo. Y quizás, solo quizás, aprenda a hacer esos dibujitos de fuego tan chulos.
Jayden no pudo evitarlo; una pequeña sonrisa, casi imperceptible, apareció en la comisura de sus labios.
—Se llaman Símbolos de Poder. Y no es tan fácil como parece.
—Reto aceptado, Samurái —dijo Rimuru, extendiendo una mano.
Jayden miró la mano de la joven. Era pequeña, de piel perfecta, pero sentía la energía vibrando bajo ella. Cuando la estrechó, una extraña calidez recorrió su brazo. No era el fuego abrasador de su símbolo, sino una sensación de completitud, de equilibrio.
Desde las sombras del Sanzu River, una presencia oscura observaba a través de las aguas. El Maestro Xandred, sentado en su trono, apretó su jarra de sake hasta que la cerámica crujió.
—Esa mujer... —gruñó Xandred—. No es de este reino. Su alma brilla como un sol plateado. Si puedo corromperla, el río no solo inundará la ciudad... inundará toda la existencia.
A su lado, Octoroo agitaba sus tentáculos nerviosamente.
—¡Ooh-ah-ooh! ¡Es peligrosa, Maestro! ¡Se comió a Skarf como si fuera un aperitivo!
—Entonces no la mataremos —dijo Xandred con una risa ronca que hizo temblar el barco—. La atraeremos. El Red Ranger ha encontrado un aliado poderoso, pero también ha encontrado una debilidad.
De vuelta en la finca, los demás Rangers —Kevin, Mike, Mia y Emily— llegaban tras recibir el aviso del Mentor. Se detuvieron en seco al ver a una chica desconocida sentada junto a Jayden, compartiendo lo que parecía ser una taza de té que ella misma había hecho aparecer de la nada.
—¿Quién es la chica nueva? —preguntó Mike, rascándose la cabeza.
—Nuestra nueva... asesora estratégica —respondió Jayden, mirando a Rimuru.
Rimuru levantó la mano en un saludo casual.
—Hola. Soy Rimuru. Espero que nos llevemos bien. Por cierto, vuestro líder es muy serio, ¿siempre es así o es que necesita un abrazo?
Kevin se puso rojo, Mia soltó una risita y Jayden simplemente suspiró, aunque por dentro, por primera vez en mucho tiempo, el peso de su destino se sentía un poco más ligero.
El choque entre la magia del bosque de Jura y el código del samurái acababa de empezar, y el mundo de los Power Rangers nunca volvería a ser el mismo. Rimuru Tempest no solo traía consigo habilidades devastadoras, sino una perspectiva que Jayden Shiba necesitaba desesperadamente: la idea de que, incluso en la guerra, uno podía encontrar paz en el centro de la tormenta.
—Bien —dijo Jayden, recuperando su compostura—. Mentor, prepara una habitación. Rimuru se queda con nosotros.
—Esto va a ser divertido —murmuró Rimuru para sí misma, mientras Raphael comenzaba a catalogar cada gramo de energía de la finca.
El destino de dos mundos se había entrelazado en un patio de entrenamiento, y aunque el río Sanzu crecía, el brillo plateado de la slime prometía ser la luz que Jayden no sabía que estaba buscando.
