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¡No somos novios!

Fandom: Disney

Creado: 4/7/2026

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Entre colmillos y cámaras

El set de *Zombies 4* era un caos de luces de neón, humo artificial y bailarines repasando coreografías en un rincón. Pero en el centro del tráiler de maquillaje, el ambiente era mucho más mundano. Malachi Barton estaba sentado con la espalda recta mientras una estilista retocaba el tono pálido de su piel, dándole ese aspecto etéreo y peligroso que definía a Víctor, su personaje. A su lado, Sophia Mora, ya transformada en Violet, luchaba por mantener la compostura mientras le ajustaban una de las lentillas de contacto de color ámbar.

—Te lo digo en serio, Soph —dijo Malachi, mirándola a través del espejo con una sonrisa de suficiencia—, si vuelves a pisarme en la secuencia del puente, voy a decirle a Jonathan que mi personaje debería ser hijo único.

Sophia soltó una risita, cerrando un ojo mientras la maquilladora terminaba su trabajo.

—En primer lugar, fuiste tú quien se adelantó medio tiempo en el compás. Y en segundo lugar —añadió, girándose hacia él con una mirada desafiante—, no podrías sobrevivir ni un día en este set sin que yo te recordara dónde dejaste el guion o el teléfono. Somos un paquete, Barton. Acéptalo.

Malachi suspiró de forma dramática, aunque sus ojos marrones brillaban con ese afecto que solo ella lograba evocar.

—Es una maldición. Desde *Stuck in the Middle* hasta aquí. No me sueltas.

—Tú eres el que me sigue a todas las franquicias —replicó ella, dándole un empujoncito juguetón en el hombro—. Yo solo estoy aquí intentando ser una profesional.

El ambiente entre ellos era eléctrico, pero de una forma que para ambos resultaba natural. Habían crecido juntos frente a las cámaras de Disney Channel, pasando de ser niños que jugaban a las escondidas entre las escenografías de la casa de los Díaz, a jóvenes actores que ahora lideraban una de las producciones más esperadas del año.

Sin embargo, fuera de esa burbuja de confianza, el mundo veía algo muy distinto.

—¡Chicos! —gritó un asistente de producción asomándose por la puerta—. Cinco minutos para la entrevista con *Entertainment Tonight*. Por favor, intenten no parecer que se van a pelear... o que se van a casar. Los productores están histéricos con los comentarios de TikTok de ayer.

Sophia puso los ojos en blanco y se levantó, ajustándose la chaqueta de cuero negro de su vestuario.

—¿Ves? Esto es lo que pasa por tu culpa —murmuró ella mientras salían del tráiler—. Ese video donde me estabas quitando la pelusa del pelo tiene diez millones de reproducciones. La gente está convencida de que estamos comprometidos o algo así.

Malachi soltó una carcajada limpia y sonora, esa que siempre lograba que Sophia sonriera a pesar de sí misma.

—Solo estaba siendo un buen amigo, Soph. No es mi culpa que internet no sepa lo que es la caballerosidad básica. Además, tú fuiste la que me miró como si fuera un cachorro perdido.

—¡No te miré así! —protestó ella, sintiendo que el calor subía a sus mejillas—. Estaba cansada. Eran las tres de la mañana.

—Claro, claro. Échale la culpa al horario.

La entrevista se llevó a cabo en una zona decorada con elementos de la "Ciudad de los Vampiros". La periodista, una mujer joven que claramente sabía qué preguntas generarían más clics, les sonrió con una intensidad que hizo que Malachi se pusiera en guardia de inmediato.

—Estamos aquí con Malachi Barton y Sophia Mora, los nuevos hermanos vampiros de *Zombies 4* —dijo la entrevistadora a la cámara—. Chicos, la química entre ustedes es palpable. Los fans están obsesionados. Díganme, ¿cómo es trabajar juntos después de tantos años? ¿Ha cambiado algo en su relación?

Malachi tomó la iniciativa, cruzando las piernas con esa actitud relajada y profesional que lo caracterizaba.

—Es increíble, de verdad. Sophia es como mi hermana. Nos conocemos tan bien que a veces ni siquiera necesitamos hablar para saber qué está pensando el otro. Eso facilita mucho las escenas de acción.

—Exacto —añadió Sophia, asintiendo con entusiasmo—. Hay una confianza que no tienes con cualquier compañero de reparto. Malachi sabe exactamente cómo hacerme reír cuando estoy estresada, y yo sé exactamente cuándo necesita un café para no quedarse dormido entre tomas. Es pura amistad.

La periodista arqueó una ceja, claramente no satisfecha con la respuesta estándar.

—"Pura amistad", eh. Porque los comentarios en sus fotos de Instagram dicen otra cosa. Hay una teoría muy popular que dice que ustedes están aplicando el "método" y que Víctor y Violet no son los únicos con una conexión profunda. ¿Qué tienen que decir a los fans que "shippean" a *Malophia*?

Sophia sintió un ligero nudo en el estómago. Odiaba ese nombre. O quizá, lo que odiaba era lo mucho que la hacía pensar.

—¡No somos novios! —exclamaron ambos al unísono, rompiendo a reír un segundo después por la sincronía perfecta.

—Lo ven —dijo Malachi, señalando a Sophia—, hasta para negar los rumores estamos coordinados. Pero en serio, somos mejores amigos. Nada más. El mundo necesita entender que un chico y una chica pueden ser inseparables sin que haya un anillo de por medio.

La entrevista continuó, pero para Sophia, el resto de las preguntas fueron un borrón. Se sentía extrañamente consciente de la cercanía de Malachi, de cómo su brazo rozaba el suyo ocasionalmente y de la forma en que él la miraba para darle paso en las respuestas. Era la misma dinámica de siempre, entonces, ¿por qué hoy se sentía diferente?

Al terminar, se dirigieron hacia el área de catering para almorzar antes de empezar a rodar la escena musical del día. El sol de Toronto empezaba a calentar el set exterior, y Malachi, notando que Sophia estaba inusualmente callada, le compró una botella de agua fría y se la entregó sin que ella lo pidiera.

—Estás pensando demasiado —le dijo él en voz baja mientras caminaban hacia unas sillas plegables.

—Es que es agotador, Mal —suspiró ella, sentándose y dejando caer la cabeza hacia atrás—. Siento que cada movimiento que hacemos es analizado por un microscopio. Si te sonrío, es amor. Si te ignoro, estamos peleados. No podemos simplemente... ser.

Malachi se sentó a su lado, observándola con una intensidad que no solía mostrar a menudo. Sus ojos marrones, libres del brillo de las cámaras, eran profundos y sinceros.

—¿Te importa tanto lo que digan? —preguntó él.

—Me importa que nuestra amistad se vea empañada por el ruido externo. No quiero que las cosas se vuelvan raras entre nosotros por culpa de lo que la gente espera que seamos.

Malachi guardó silencio por un momento, jugueteando con el anillo que formaba parte de su vestuario.

—Nada va a cambiar entre nosotros, Soph. A menos que nosotros queramos que cambie.

Ella lo miró rápidamente, buscando algún rastro de broma en su rostro, pero Malachi hablaba en serio. Había una vulnerabilidad en su voz que la dejó descolocada.

—¿A qué te refieres? —preguntó ella casi en un susurro.

—A que pasamos veinticuatro horas al día juntos. Nos contamos todo. Eres la primera persona a la que llamo cuando tengo una buena noticia y la primera a la que busco cuando todo sale mal. A veces... a veces me pregunto si la gente ve algo que nosotros nos negamos a ver porque tenemos miedo de romper lo que ya tenemos.

El corazón de Sophia dio un vuelco. Aquello no estaba en el guion. No era una broma pesada ni un desafío de TikTok. Era Malachi, su mejor amigo, abriendo una puerta que ambos habían mantenido cerrada bajo siete llaves durante años.

—Malachi... —comenzó ella, pero fue interrumpida por el megáfono del director.

—¡Barton! ¡Mora! ¡Al set para el ensayo de "Night Creatures"! ¡Ahora!

El momento se rompió como un cristal fino. Malachi se levantó de inmediato, recuperando su máscara de confianza y alegría. Le tendió la mano a Sophia para ayudarla a levantarse, un gesto que había hecho mil veces, pero que esta vez se sintió como una descarga eléctrica.

—Olvida lo que dije —murmuró él con una sonrisa algo forzada—. Tenemos un número musical que grabar. No queremos que Jonathan nos grite.

Sophia tomó su mano y se puso en pie, pero no lo soltó de inmediato. Lo miró a los ojos, tratando de descifrar el torbellino de emociones que ahora bullía en su interior.

—No lo voy a olvidar —respondió ella con firmeza.

El rodaje de la escena musical fue intenso. "Night Creatures" era un tema vibrante, lleno de energía y acrobacias. Como los hermanos Víctor y Violet, Malachi y Sophia tenían que mostrar una sincronía perfecta, moviéndose como sombras en la noche. Pero mientras bailaban bajo las luces púrpuras y azules, Sophia no podía dejar de pensar en las palabras de él.

Cada vez que Malachi la sostenía por la cintura para un giro, cada vez que sus miradas se cruzaban en medio de la coreografía, la línea entre la actuación y la realidad parecía desvanecerse. Los fans siempre decían que tenían química, pero por primera vez, Sophia se permitió sentirla de verdad. No era solo la adrenalina del baile; era la calidez de su mano, la seguridad que sentía cuando estaba cerca de él, la forma en que él parecía saber exactamente cuándo ella estaba a punto de perder el equilibrio para sostenerla.

Cuando el director finalmente gritó "¡Corten!", el set estalló en aplausos. Había sido una toma perfecta.

—¡Eso fue increíble, chicos! —exclamó Jonathan Judge, acercándose a ellos con una gran sonrisa—. La conexión entre ustedes es lo que hace que esta película funcione. De verdad, parece que están conectados por un hilo invisible.

Malachi y Sophia se miraron, ambos jadeando por el esfuerzo físico, con el sudor brillando en sus frentes.

—Gracias, Jonathan —dijo Malachi, sin apartar la vista de Sophia.

Esa noche, después de que terminaran de quitarles el maquillaje y el vestuario, Malachi esperó a Sophia en la salida del estudio. El aire nocturno de Toronto era fresco, y el cielo estaba despejado.

—¿Te llevo al hotel? —ofreció él, apoyado en su coche alquilado.

—Claro.

El trayecto fue inusualmente silencioso. No era un silencio incómodo, sino uno cargado de palabras no dichas. Cuando llegaron al hotel y se detuvieron frente a la entrada, ninguno de los dos hizo ademán de bajar.

—Sobre lo que dijiste antes... —empezó Sophia, rompiendo el silencio—. En el set.

Malachi suspiró, frotándose la nuca con la mano.

—Lo siento, Soph. No debí decir eso. Sé que nuestra amistad es lo más importante y no quiero arruinarla. Es solo que... a veces es difícil ignorar lo que siento cuando estoy contigo. Especialmente cuando todo el mundo me está recordando constantemente lo perfectos que seríamos juntos.

Sophia sintió una mezcla de alivio y temor. Se giró en el asiento para quedar frente a él.

—¿Y qué sientes, Malachi? —preguntó con valentía.

Él la miró, y en ese momento, Sophia vio al chico que conocía desde los doce años, pero también al hombre en el que se había convertido. Un hombre amable, talentoso, leal y, sobre todo, alguien que la amaba incondicionalmente.

—Siento que no quiero ser solo tu mejor amigo —confesó él con voz ronca—. Siento que, aunque le digamos al mundo que no somos novios, mi corazón no ha recibido el mensaje.

Sophia extendió la mano y acarició su mejilla, sintiendo la suavidad de su piel.

—Tal vez el problema no es convencer al mundo —dijo ella con una pequeña sonrisa—. Tal vez el problema es que hemos pasado tanto tiempo protegiendo nuestra amistad que nos olvidamos de dejarla crecer.

Malachi cubrió la mano de ella con la suya, inclinándose un poco más cerca.

—¿Eso significa que no me vas a golpear por decirte esto?

—Significa que, por una vez, creo que los fans de TikTok tienen razón —rio ella, aunque sus ojos estaban llenos de una ternura genuina.

Malachi acortó la distancia que quedaba, deteniéndose a solo unos milímetros de sus labios, dándole el espacio para retroceder si quería. Pero Sophia no se movió. Al contrario, cerró los ojos y se inclinó hacia él.

El beso fue suave, lento, con el sabor de años de secretos compartidos y una complicidad que ahora encontraba un nuevo lenguaje. No fue como en las películas de Disney; no hubo fuegos artificiales mágicos ni música de orquesta, pero para ellos, fue mucho más real. Fue el regreso a casa.

Cuando se separaron, Malachi tenía una sonrisa que iluminaba todo su rostro, esa sonrisa cálida que siempre la hacía sentir segura.

—Entonces... —dijo él, recuperando su tono juguetón—, ¿qué vamos a decir en la entrevista de mañana cuando nos pregunten de nuevo?

Sophia se apoyó en su hombro, sintiéndose más ligera de lo que se había sentido en meses.

—Diremos lo mismo de siempre: "¡No somos novios!".

Malachi arqueó una ceja, confundido.

—¿En serio?

—Sí —respondió ella con una chispa de travesura en los ojos—. Pero esta vez, será nuestra pequeña mentira privada. Al menos hasta que terminemos la gira de prensa. No quiero darles el gusto de decir "se los dijimos" tan pronto.

Malachi soltó una carcajada y la atrajo hacia sí, dándole un beso en la frente.

—Me parece justo. Pero que sepas que soy un pésimo mentiroso cuando se trata de ti, Sophia Mora.

—Lo sé, Barton. Lo sé.

Mientras subía a su habitación esa noche, Sophia se miró en el espejo del ascensor. Seguía siendo la misma chica, pero algo en su mirada había cambiado. El mundo seguiría especulando, los rumores seguirían volando y las entrevistas seguirían siendo incómodas. Pero ahora, cuando Malachi la mirara a través de la lente de una cámara o en la penumbra de un set de grabación, ella sabría la verdad.

Y esa verdad era mucho mejor que cualquier guion que Disney pudiera escribir.
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