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Mi Loca
Fandom: Soul Eater
Creado: 5/7/2026
Etiquetas
RomanceRecortes de VidaFluffEstudio de PersonajeAmbientación CanonAlmas GemelasDrama
Sinfonía en Blanco y Negro
La biblioteca de la DWMA solía ser un lugar de silencio absoluto, roto únicamente por el pasar de las hojas de los libros o el suave eco de los pasos sobre el suelo de mármol. Sin embargo, para Soul Eater Evans, el silencio nunca era realmente silencioso. Siempre había una frecuencia, una nota sostenida que vibraba en el aire. Y esa nota, esa resonancia perfecta, siempre provenía de la chica sentada frente a él.
Maka Albarn tenía el ceño fruncido, una expresión de concentración tan intensa que parecía estar tratando de doblegar el libro de texto de historia con la sola fuerza de su voluntad. Sus ojos verdes escudriñaban las líneas con una velocidad asombrosa, y de vez en cuando, sus dedos enguantados tamborileaban rítmicamente sobre la mesa.
Soul, por su parte, mantenía su postura habitual: la espalda encorvada con una elegancia descuidada, los brazos cruzados y esa mirada roja, perezosa y apática que parecía no prestar atención a nada, cuando en realidad lo captaba todo. Observó cómo un mechón de cabello castaño se escapaba de una de sus coletas y caía sobre su frente. Maka, irritada, se lo sopló hacia arriba con un bufido, sin apartar la vista de la lectura.
—¿Sabes? —La voz de Soul rompió el silencio, arrastrada y profunda—. Si sigues mirando ese libro así, va a terminar por incendiarse. Y no creo que a Shinigami-sama le guste que quemes la sección de historia antigua.
Maka levantó la vista, sus ojos verdes chispeando con esa energía inagotable que Soul encontraba tan fascinante.
—Estoy estudiando para el examen de mañana, Soul. Algo que tú también deberías estar haciendo en lugar de simplemente... existir de forma cool —respondió ella, cerrando el libro con un golpe seco.
—Existir de forma cool requiere mucho esfuerzo, Maka. Es un trabajo de tiempo completo —replicó él con una media sonrisa que dejaba ver sus dientes afilados.
Ella suspiró, pero no había rastro de verdadera molestia en su rostro. Se recostó en la silla, observando a su compañero de armas. A veces, Maka se preguntaba qué pasaba por la cabeza de Soul. Sabía que, detrás de esa fachada de indiferencia y aburrimiento, residía una de las mentes más agudas que había conocido. Soul no necesitaba estudiar diez horas al día porque entendía el ritmo de las cosas; captaba los matices que a otros se les escapaban.
La puerta de la biblioteca se abrió de par en par, y la paz se evaporó instantáneamente. Black Star entró como si fuera el dueño del lugar, seguido por un Death the Kid que parecía estar sufriendo un ataque de ansiedad por la asimetría de las estanterías de libros a su paso.
—¡Aquí están! —exclamó Black Star, señalándolos con un dedo dramático—. ¡El gran Black Star ha venido a rescatarlos de este aburrido templo de papel!
—Baja la voz, Black Star —susurró Kid, aunque su tono era urgente—. Y por el amor a la estética, endereza esa bufanda. Tienes un lado tres centímetros más largo que el otro. Es una blasfemia visual.
Soul soltó un suspiro largo y cansado, cerrando los ojos por un momento.
—¿Qué quieren? —preguntó Soul sin moverse—. Estábamos en medio de algo importante.
—¿Importante? —Black Star se rió, apoyándose en la mesa de los chicos—. Estudiar no es importante para alguien que va a superar a Dios. Pero tengo una duda, Soul. Una duda que Kid y yo hemos estado discutiendo mientras veníamos hacia aquí.
Kid asintió, recuperando un poco la compostura, aunque todavía miraba de reojo la coleta ligeramente torcida de Maka.
—Es una cuestión de... compatibilidad —dijo Kid, cruzando los brazos—. Soul, tú eres alguien que valora la serenidad, el orden dentro del caos, la perspicacia. Eres un arma con un linaje musical prestigioso. Y Maka... bueno, Maka es Maka.
Maka arqueó una ceja, cruzándose de brazos también.
—¿Qué se supone que significa eso, Kid? —preguntó ella con un tono peligroso.
—Significa —intervino Black Star, sin notar el peligro— que siempre nos preguntamos: ¿Por qué con Maka? Digo, Tsubaki es una joya, es dulce, me sigue el ritmo. Pero Maka es... una mandona, siempre está gritando, te golpea con esos libros gigantes y, seamos sinceros, su cordura desaparece en cuanto ve una gota de sangre negra o un enemigo difícil. ¿Por qué ella, Soul?
El silencio que siguió a la pregunta fue denso. Maka se tensó visiblemente, sus nudillos volviéndose blancos mientras apretaba los bordes de la mesa. Esperaba que Soul soltara alguna broma pesada o que simplemente ignorara la pregunta con un comentario sarcástico.
Soul, sin embargo, no se rió. Ni siquiera cambió su expresión perezosa. Se tomó unos segundos, observando a Maka de reojo. Vio la rigidez en sus hombros, la chispa de inseguridad que intentaba ocultar tras su máscara de chica fuerte.
—Es una pregunta estúpida —dijo Soul finalmente. Su voz era tranquila, pero tenía un peso que hizo que Black Star dejara de sonreír.
—¿Ah, sí? ¿Por qué? —desafió el peliazul.
—Porque están buscando una razón lógica en algo que es puro ritmo —explicó Soul, enderezándose un poco—. Ustedes ven a Maka y ven a la estudiante de honor, a la chica que lee libros y se queja de las reglas. Pero yo veo lo que pasa cuando las cosas se ponen feas.
Soul se levantó lentamente, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Maka no es la chica más dulce, ni la más femenina. Y gracias al cielo por eso —continuó, caminando alrededor de la mesa hasta quedar junto a ella—. Lo que me gusta de ella es precisamente lo que ustedes llaman "falta de cordura". Cuando entramos en batalla, ella no duda. Se vuelve una loca, una fuerza de la naturaleza que no se detiene ante nada. Sus gritos de batalla, la forma en que su alma se expande hasta envolver la mía... es la música más honesta que he escuchado en mi vida.
Maka lo miraba con los ojos muy abiertos, su respiración contenida. Nunca lo había escuchado hablar así.
—No elegí a Maka porque fuera común —añadió Soul, mirando directamente a Kid—. La elegí porque está fuera de lo común. Porque cuando nos sincronizamos, no hay nada más en el mundo. Sus "Maka Chop" duelen como el infierno, sí, pero incluso eso es parte de su ritmo. Es una loca, una chica testaruda y obsesiva... pero es mi loca. Y no hay nadie más con quien preferiría resonar.
Black Star parpadeó, confundido por la profundidad de la respuesta. Kid, por otro lado, pareció reflexionar sobre las palabras, asintiendo levemente como si hubiera encontrado una simetría espiritual en la explicación.
—Vaya... eso fue extrañamente profundo para ti, Soul —comentó Black Star, rascándose la nuca—. Pero sigo pensando que mi grandeza es más interesante. ¡Vámonos, Kid! ¡Tsubaki nos espera para el entrenamiento!
Los dos se marcharon tan rápido como habían llegado, dejando tras de sí un silencio mucho más cargado que el anterior. Maka seguía sentada, mirando a Soul como si lo viera por primera vez.
—Soul... —susurró ella.
—No digas nada, Maka. Fue una pérdida de tiempo explicarles algo que no entenderían —dijo él, volviendo a su expresión de indiferencia, aunque un ligero rubor asomaba en sus mejillas.
—¿De verdad piensas que soy una loca? —preguntó ella, con una pequeña sonrisa comenzando a jugar en sus labios.
Soul se encogió de hombros, volviendo a sentarse a su lado.
—Eres la persona más cuerda que conozco, hasta que dejas de serlo. Y ese momento, cuando pierdes los estribos en una pelea y vas a por todas... es lo más cool que existe.
Maka soltó una risita suave y, de repente, se inclinó hacia adelante, apoyando su cabeza en el hombro de Soul. El joven arma se tensó por un segundo, pero luego se relajó, permitiendo que la calidez de su compañera lo invadiera.
—Gracias, Soul —dijo ella en voz baja—. Aunque sigo pensando que deberías estudiar.
—Arruinaste el momento, Maka —se quejó él, aunque no se movió—. Totalmente poco cool.
—¡Cállate! —Ella le dio un suave codazo—. O te daré un Maka Chop ahora mismo.
—¿Ves? A esto me refiero —murmuró Soul, cerrando los ojos y disfrutando del sonido del corazón de Maka latiendo cerca del suyo.
Pasaron los minutos en una calma renovada. Soul, con su aguda percepción, notó cómo el alma de Maka se había tranquilizado, volviéndose brillante y clara como el agua cristalina. Ella siempre se esforzaba tanto por ser perfecta, por ser la mejor estudiante, la mejor técnica, la hija que compensara los fallos de su padre. Pero con él, ella podía permitirse ser imperfecta. Podía ser ruidosa, violenta, obsesiva y, sí, un poco loca.
Él siempre se percataba de los detalles. Se daba cuenta de cuándo ella estaba cansada aunque sonriera, de cuándo una batalla la había afectado más de lo que admitía. Y su papel, su juicio, era ser el ancla. El piano que daba la base para que ella pudiera ser la melodía salvaje que quisiera ser.
—Oye, Soul —dijo Maka después de un rato, sin levantar la cabeza de su hombro.
—¿Mm?
—¿Por qué crees que nos sincronizamos tan bien? A veces siento que incluso antes de que yo piense en un movimiento, tú ya te has transformado o te has movido para cubrirme.
Soul abrió un ojo, mirando el techo de la biblioteca.
—Es el ritmo, Maka. Las almas no mienten. La mayoría de la gente intenta forzar la conexión, pero con nosotros... simplemente sucede. Es como si nuestras almas hubieran sido escritas en la misma partitura. Yo entiendo tus silencios y tú entiendes mis notas altas.
Maka se incorporó, mirándolo a los ojos. Sus ojos verdes estaban llenos de una ternura que rara vez mostraba en público.
—Eres muy inteligente, Soul Eater —dijo ella con sinceridad—. A veces me asusta lo mucho que puedes llegar a comprender a las personas.
—Solo a las personas que me importan —corrigió él, desviando la mirada hacia su libro cerrado—. A los demás... bueno, que sigan pensando que soy un vago. Es más fácil así.
Maka sonrió, una sonrisa radiante que iluminó su rostro. Se puso de pie y comenzó a recoger sus libros, metiéndolos con cuidado en su bolso.
—Bueno, el "vago" me va a acompañar a casa ahora —declaró ella con autoridad—. Blair dijo que haría pescado para cenar y no quiero llegar tarde.
Soul se levantó también, estirando sus extremidades con un bostezo sonoro.
—Pescado otra vez... eso no es muy cool. Pero supongo que es mejor que tu cocina, Maka.
—¡Oye! ¡Mi cocina es perfectamente comestible! —protestó ella, caminando hacia la salida de la biblioteca.
—Si por "comestible" te refieres a que sobrevivo después de comerla, entonces sí —bromeó Soul, siguiéndola a pocos pasos.
Mientras caminaban por los pasillos de la DWMA, bajo la luz anaranjada del atardecer que se filtraba por los grandes ventanales, Soul observó la silueta de Maka. Su gabardina ondeaba ligeramente con el viento, y sus botas marcaban un ritmo constante sobre el suelo. Era una imagen de determinación y fuerza.
Muchos se preguntaban "¿Por qué Maka?". Se lo preguntaban porque solo veían la superficie. No veían la forma en que ella se preocupaba por sus amigos sin pedir nada a cambio. No veían la inteligencia táctica que desplegaba en los momentos de mayor presión. Y sobre todo, no veían el alma hermosa y compleja que él tenía el privilegio de portar en sus manos cada vez que se convertía en guadaña.
Al salir del edificio, el aire fresco de la tarde los recibió. El sol se ocultaba tras el horizonte, pintando el cielo de tonos púrpuras y rojos, casi del mismo color que los ojos de Soul.
—Soul —dijo Maka, deteniéndose en la parte superior de la gran escalinata de la academia.
—¿Qué pasa ahora?
Ella se giró y, con una rapidez que solo un técnico de su calibre poseía, le plantó un beso rápido en la mejilla. Soul se quedó petrificado, parpadeando sorprendido mientras ella bajaba los escalones corriendo, riendo como una niña.
—¡El último en llegar a casa limpia los platos! —gritó ella sin mirar atrás.
Soul se llevó una mano a la mejilla, sintiendo el calor todavía allí. Una sonrisa genuina, amplia y llena de dientes puntiagudos, se extendió por su rostro.
—Definitivamente —susurró para sí mismo—, es una loca. Pero es mi loca.
Echó a correr tras ella, con su capa ondeando y su corazón latiendo al mismo ritmo que el de la chica de las coletas, en una sinfonía perfecta que solo ellos dos podían escuchar. En el mundo de Soul Eater Evans, no había nada más cool que eso.
Maka Albarn tenía el ceño fruncido, una expresión de concentración tan intensa que parecía estar tratando de doblegar el libro de texto de historia con la sola fuerza de su voluntad. Sus ojos verdes escudriñaban las líneas con una velocidad asombrosa, y de vez en cuando, sus dedos enguantados tamborileaban rítmicamente sobre la mesa.
Soul, por su parte, mantenía su postura habitual: la espalda encorvada con una elegancia descuidada, los brazos cruzados y esa mirada roja, perezosa y apática que parecía no prestar atención a nada, cuando en realidad lo captaba todo. Observó cómo un mechón de cabello castaño se escapaba de una de sus coletas y caía sobre su frente. Maka, irritada, se lo sopló hacia arriba con un bufido, sin apartar la vista de la lectura.
—¿Sabes? —La voz de Soul rompió el silencio, arrastrada y profunda—. Si sigues mirando ese libro así, va a terminar por incendiarse. Y no creo que a Shinigami-sama le guste que quemes la sección de historia antigua.
Maka levantó la vista, sus ojos verdes chispeando con esa energía inagotable que Soul encontraba tan fascinante.
—Estoy estudiando para el examen de mañana, Soul. Algo que tú también deberías estar haciendo en lugar de simplemente... existir de forma cool —respondió ella, cerrando el libro con un golpe seco.
—Existir de forma cool requiere mucho esfuerzo, Maka. Es un trabajo de tiempo completo —replicó él con una media sonrisa que dejaba ver sus dientes afilados.
Ella suspiró, pero no había rastro de verdadera molestia en su rostro. Se recostó en la silla, observando a su compañero de armas. A veces, Maka se preguntaba qué pasaba por la cabeza de Soul. Sabía que, detrás de esa fachada de indiferencia y aburrimiento, residía una de las mentes más agudas que había conocido. Soul no necesitaba estudiar diez horas al día porque entendía el ritmo de las cosas; captaba los matices que a otros se les escapaban.
La puerta de la biblioteca se abrió de par en par, y la paz se evaporó instantáneamente. Black Star entró como si fuera el dueño del lugar, seguido por un Death the Kid que parecía estar sufriendo un ataque de ansiedad por la asimetría de las estanterías de libros a su paso.
—¡Aquí están! —exclamó Black Star, señalándolos con un dedo dramático—. ¡El gran Black Star ha venido a rescatarlos de este aburrido templo de papel!
—Baja la voz, Black Star —susurró Kid, aunque su tono era urgente—. Y por el amor a la estética, endereza esa bufanda. Tienes un lado tres centímetros más largo que el otro. Es una blasfemia visual.
Soul soltó un suspiro largo y cansado, cerrando los ojos por un momento.
—¿Qué quieren? —preguntó Soul sin moverse—. Estábamos en medio de algo importante.
—¿Importante? —Black Star se rió, apoyándose en la mesa de los chicos—. Estudiar no es importante para alguien que va a superar a Dios. Pero tengo una duda, Soul. Una duda que Kid y yo hemos estado discutiendo mientras veníamos hacia aquí.
Kid asintió, recuperando un poco la compostura, aunque todavía miraba de reojo la coleta ligeramente torcida de Maka.
—Es una cuestión de... compatibilidad —dijo Kid, cruzando los brazos—. Soul, tú eres alguien que valora la serenidad, el orden dentro del caos, la perspicacia. Eres un arma con un linaje musical prestigioso. Y Maka... bueno, Maka es Maka.
Maka arqueó una ceja, cruzándose de brazos también.
—¿Qué se supone que significa eso, Kid? —preguntó ella con un tono peligroso.
—Significa —intervino Black Star, sin notar el peligro— que siempre nos preguntamos: ¿Por qué con Maka? Digo, Tsubaki es una joya, es dulce, me sigue el ritmo. Pero Maka es... una mandona, siempre está gritando, te golpea con esos libros gigantes y, seamos sinceros, su cordura desaparece en cuanto ve una gota de sangre negra o un enemigo difícil. ¿Por qué ella, Soul?
El silencio que siguió a la pregunta fue denso. Maka se tensó visiblemente, sus nudillos volviéndose blancos mientras apretaba los bordes de la mesa. Esperaba que Soul soltara alguna broma pesada o que simplemente ignorara la pregunta con un comentario sarcástico.
Soul, sin embargo, no se rió. Ni siquiera cambió su expresión perezosa. Se tomó unos segundos, observando a Maka de reojo. Vio la rigidez en sus hombros, la chispa de inseguridad que intentaba ocultar tras su máscara de chica fuerte.
—Es una pregunta estúpida —dijo Soul finalmente. Su voz era tranquila, pero tenía un peso que hizo que Black Star dejara de sonreír.
—¿Ah, sí? ¿Por qué? —desafió el peliazul.
—Porque están buscando una razón lógica en algo que es puro ritmo —explicó Soul, enderezándose un poco—. Ustedes ven a Maka y ven a la estudiante de honor, a la chica que lee libros y se queja de las reglas. Pero yo veo lo que pasa cuando las cosas se ponen feas.
Soul se levantó lentamente, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Maka no es la chica más dulce, ni la más femenina. Y gracias al cielo por eso —continuó, caminando alrededor de la mesa hasta quedar junto a ella—. Lo que me gusta de ella es precisamente lo que ustedes llaman "falta de cordura". Cuando entramos en batalla, ella no duda. Se vuelve una loca, una fuerza de la naturaleza que no se detiene ante nada. Sus gritos de batalla, la forma en que su alma se expande hasta envolver la mía... es la música más honesta que he escuchado en mi vida.
Maka lo miraba con los ojos muy abiertos, su respiración contenida. Nunca lo había escuchado hablar así.
—No elegí a Maka porque fuera común —añadió Soul, mirando directamente a Kid—. La elegí porque está fuera de lo común. Porque cuando nos sincronizamos, no hay nada más en el mundo. Sus "Maka Chop" duelen como el infierno, sí, pero incluso eso es parte de su ritmo. Es una loca, una chica testaruda y obsesiva... pero es mi loca. Y no hay nadie más con quien preferiría resonar.
Black Star parpadeó, confundido por la profundidad de la respuesta. Kid, por otro lado, pareció reflexionar sobre las palabras, asintiendo levemente como si hubiera encontrado una simetría espiritual en la explicación.
—Vaya... eso fue extrañamente profundo para ti, Soul —comentó Black Star, rascándose la nuca—. Pero sigo pensando que mi grandeza es más interesante. ¡Vámonos, Kid! ¡Tsubaki nos espera para el entrenamiento!
Los dos se marcharon tan rápido como habían llegado, dejando tras de sí un silencio mucho más cargado que el anterior. Maka seguía sentada, mirando a Soul como si lo viera por primera vez.
—Soul... —susurró ella.
—No digas nada, Maka. Fue una pérdida de tiempo explicarles algo que no entenderían —dijo él, volviendo a su expresión de indiferencia, aunque un ligero rubor asomaba en sus mejillas.
—¿De verdad piensas que soy una loca? —preguntó ella, con una pequeña sonrisa comenzando a jugar en sus labios.
Soul se encogió de hombros, volviendo a sentarse a su lado.
—Eres la persona más cuerda que conozco, hasta que dejas de serlo. Y ese momento, cuando pierdes los estribos en una pelea y vas a por todas... es lo más cool que existe.
Maka soltó una risita suave y, de repente, se inclinó hacia adelante, apoyando su cabeza en el hombro de Soul. El joven arma se tensó por un segundo, pero luego se relajó, permitiendo que la calidez de su compañera lo invadiera.
—Gracias, Soul —dijo ella en voz baja—. Aunque sigo pensando que deberías estudiar.
—Arruinaste el momento, Maka —se quejó él, aunque no se movió—. Totalmente poco cool.
—¡Cállate! —Ella le dio un suave codazo—. O te daré un Maka Chop ahora mismo.
—¿Ves? A esto me refiero —murmuró Soul, cerrando los ojos y disfrutando del sonido del corazón de Maka latiendo cerca del suyo.
Pasaron los minutos en una calma renovada. Soul, con su aguda percepción, notó cómo el alma de Maka se había tranquilizado, volviéndose brillante y clara como el agua cristalina. Ella siempre se esforzaba tanto por ser perfecta, por ser la mejor estudiante, la mejor técnica, la hija que compensara los fallos de su padre. Pero con él, ella podía permitirse ser imperfecta. Podía ser ruidosa, violenta, obsesiva y, sí, un poco loca.
Él siempre se percataba de los detalles. Se daba cuenta de cuándo ella estaba cansada aunque sonriera, de cuándo una batalla la había afectado más de lo que admitía. Y su papel, su juicio, era ser el ancla. El piano que daba la base para que ella pudiera ser la melodía salvaje que quisiera ser.
—Oye, Soul —dijo Maka después de un rato, sin levantar la cabeza de su hombro.
—¿Mm?
—¿Por qué crees que nos sincronizamos tan bien? A veces siento que incluso antes de que yo piense en un movimiento, tú ya te has transformado o te has movido para cubrirme.
Soul abrió un ojo, mirando el techo de la biblioteca.
—Es el ritmo, Maka. Las almas no mienten. La mayoría de la gente intenta forzar la conexión, pero con nosotros... simplemente sucede. Es como si nuestras almas hubieran sido escritas en la misma partitura. Yo entiendo tus silencios y tú entiendes mis notas altas.
Maka se incorporó, mirándolo a los ojos. Sus ojos verdes estaban llenos de una ternura que rara vez mostraba en público.
—Eres muy inteligente, Soul Eater —dijo ella con sinceridad—. A veces me asusta lo mucho que puedes llegar a comprender a las personas.
—Solo a las personas que me importan —corrigió él, desviando la mirada hacia su libro cerrado—. A los demás... bueno, que sigan pensando que soy un vago. Es más fácil así.
Maka sonrió, una sonrisa radiante que iluminó su rostro. Se puso de pie y comenzó a recoger sus libros, metiéndolos con cuidado en su bolso.
—Bueno, el "vago" me va a acompañar a casa ahora —declaró ella con autoridad—. Blair dijo que haría pescado para cenar y no quiero llegar tarde.
Soul se levantó también, estirando sus extremidades con un bostezo sonoro.
—Pescado otra vez... eso no es muy cool. Pero supongo que es mejor que tu cocina, Maka.
—¡Oye! ¡Mi cocina es perfectamente comestible! —protestó ella, caminando hacia la salida de la biblioteca.
—Si por "comestible" te refieres a que sobrevivo después de comerla, entonces sí —bromeó Soul, siguiéndola a pocos pasos.
Mientras caminaban por los pasillos de la DWMA, bajo la luz anaranjada del atardecer que se filtraba por los grandes ventanales, Soul observó la silueta de Maka. Su gabardina ondeaba ligeramente con el viento, y sus botas marcaban un ritmo constante sobre el suelo. Era una imagen de determinación y fuerza.
Muchos se preguntaban "¿Por qué Maka?". Se lo preguntaban porque solo veían la superficie. No veían la forma en que ella se preocupaba por sus amigos sin pedir nada a cambio. No veían la inteligencia táctica que desplegaba en los momentos de mayor presión. Y sobre todo, no veían el alma hermosa y compleja que él tenía el privilegio de portar en sus manos cada vez que se convertía en guadaña.
Al salir del edificio, el aire fresco de la tarde los recibió. El sol se ocultaba tras el horizonte, pintando el cielo de tonos púrpuras y rojos, casi del mismo color que los ojos de Soul.
—Soul —dijo Maka, deteniéndose en la parte superior de la gran escalinata de la academia.
—¿Qué pasa ahora?
Ella se giró y, con una rapidez que solo un técnico de su calibre poseía, le plantó un beso rápido en la mejilla. Soul se quedó petrificado, parpadeando sorprendido mientras ella bajaba los escalones corriendo, riendo como una niña.
—¡El último en llegar a casa limpia los platos! —gritó ella sin mirar atrás.
Soul se llevó una mano a la mejilla, sintiendo el calor todavía allí. Una sonrisa genuina, amplia y llena de dientes puntiagudos, se extendió por su rostro.
—Definitivamente —susurró para sí mismo—, es una loca. Pero es mi loca.
Echó a correr tras ella, con su capa ondeando y su corazón latiendo al mismo ritmo que el de la chica de las coletas, en una sinfonía perfecta que solo ellos dos podían escuchar. En el mundo de Soul Eater Evans, no había nada más cool que eso.
