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Justsu del deseo
Fandom: Naruto
Creado: 5/7/2026
Etiquetas
RomanceUA (Universo Alternativo)PWP (¿Trama? ¿Qué trama?)CelosOOC (Fuera de Personaje)Experimentación HumanaAmbientación Canon
Las Manos del Destino: El Secreto de Ino
El sol de la tarde se filtraba entre las hojas de los árboles de Konoha, creando un patrón de luces y sombras sobre el suelo del bosque. Ino Yamanaka, siempre inquieta y en busca de perfeccionar las artes de su clan, sostenía un viejo pergamino que había encontrado en la sección restringida de la biblioteca de su padre. No era un jutsu de transferencia de mente común; era una variante experimental que permitía influir en los impulsos subconscientes de otra persona sin necesidad de poseer su cuerpo por completo.
—Con esto podré hacer que cualquiera haga lo que yo quiera, y ni siquiera sabrán por qué lo hicieron —murmuró Ino con una sonrisa traviesa, ajustándose su coleta rubia.
A lo lejos, divisó a Hinata Hyuga. La heredera del clan Hyuga caminaba con su habitual timidez, con las manos entrelazadas frente a ella, probablemente buscando a Naruto. Ino sabía que Hinata estaba perdidamente enamorada del rubio hiperactivo, pero su timidez siempre le impedía dar el primer paso.
—Es la oportunidad perfecta para probar esto —pensó Ino, realizando una serie de sellos manuales rápidos—. ¡Jutsu de Impulso Latente!
Un destello casi invisible de chakra salió disparado de los dedos de Ino y golpeó la nuca de Hinata. La pelinegra se detuvo un segundo, parpadeó confundida y sacudió la cabeza, pero sus ojos adquirieron un brillo vidrioso por un instante antes de volver a la normalidad.
Cerca de allí, Naruto Uzumaki estaba sentado en un banco, rascándose la cabeza mientras intentaba descifrar un mapa de misiones.
—¡Hola, Naruto-kun! —dijo Hinata de repente. Su voz no temblaba como de costumbre.
Naruto levantó la vista, sorprendido por la confianza en el tono de su amiga.
—¡Ah, hola Hinata! ¿Qué pasa? —preguntó él con su sonrisa boba característica.
Bajo la influencia del jutsu de Ino, los inhibidores de Hinata habían desaparecido. Sin decir una palabra, se acercó a Naruto. El rubio se quedó petrificado cuando Hinata, con un movimiento fluido y audaz, comenzó a desabrocharse la parte superior de su chaqueta de combate.
—¿H-Hinata? ¿Qué estás haciendo? ¡Hace mucho calor aquí fuera, pero no creo que...! —Naruto se interrumpió, su rostro volviéndose rojo como un tomate cuando Hinata dejó caer la prenda, revelando la malla que cubría su figura y, bajo ella, la curva pronunciada de su pecho.
Ino, escondida tras un arbusto, observaba con los ojos muy abiertos. No esperaba que el jutsu fuera tan efectivo.
—¡Naruto-kun, me siento muy tensa! —dijo Hinata, tomando las manos de Naruto con firmeza—. Por favor, ayúdame a relajarme.
Antes de que Naruto pudiera protestar, Hinata guio las manos del chico directamente hacia su pecho. Naruto sintió la suavidad y el calor a través de la fina tela. Sus dedos, instintivamente, se cerraron sobre la plenitud de Hinata.
—¡Oh, vaya! —exclamó Naruto, completamente fuera de combate por la situación—. Son... son muy suaves, Hinata.
Hinata soltó un pequeño gemido de satisfacción mientras Naruto, llevado por la inercia y la sorpresa, comenzó a masajear con torpeza pero con una curiosidad creciente. Ino, desde su escondite, sintió un pinchazo de envidia. Observó cómo el pecho de Hinata se amoldaba a las manos de Naruto.
—Vaya... —susurró Ino para sí misma, mordiéndose el labio—. Hinata siempre ha tenido buen cuerpo, pero verlo así... Casi no hay diferencia con el mío, pero ver a Naruto tocarla de esa forma... me hace sentir algo extraño.
Ino sintió un calor subir por sus mejillas. Estaba celosa. No de Naruto, sino de la atención que Hinata estaba recibiendo. El experimento había sido un éxito rotundo, pero ahora ella quería ser la protagonista del siguiente capítulo.
Al día siguiente, el plan de Ino estaba trazado. Se había arreglado especialmente, dejando su ombligo al aire y asegurándose de que su ropa resaltara cada una de sus curvas. Encontró a Naruto cerca de los campos de entrenamiento, donde el chico estaba descansando después de una sesión de práctica con sus clones de sombra.
—¡Naruto! —llamó Ino con una voz melosa mientras caminaba hacia él contoneando las caderas.
—¡Hola, Ino! —respondió Naruto, todavía un poco aturdido por lo que había pasado con Hinata el día anterior—. ¿Tú también vienes a actuar raro hoy?
Ino se rió, una risa cristalina y coqueta.
—No sé de qué hablas, tontito. Pero me he dado cuenta de que ayer ayudaste a Hinata con su... tensión. Y la verdad es que yo también me siento muy agotada.
Ino no necesitó usar el jutsu en sí misma de forma literal, pero utilizó el mismo principio de sugestión para liberar sus propias inhibiciones y las de Naruto. Se acercó tanto que Naruto podía oler su perfume de flores.
—Ino, estás muy cerca... —dijo Naruto, retrocediendo un paso hasta chocar con un árbol.
—No seas tímido, Naruto. Sé que te gustó lo de ayer —dijo ella, tomando las manos del rubio—. Y yo soy mucho más divertida que Hinata.
Con un movimiento rápido, Ino tomó las manos de Naruto y las llevó debajo de su chaleco morado. Naruto sintió la piel firme y suave de Ino. A diferencia de Hinata, Ino era más audaz; ella misma movía las manos de Naruto, enseñándole cómo quería ser tocada.
—¡Vaya, Ino! Tú también eres... —Naruto tragó saliva, sintiendo el corazón latir con fuerza—. Eres muy suave también.
—¿Te gusta, Naruto? —preguntó Ino, inclinando la cabeza y dejando que un mechón rubio cayera sobre su rostro—. Masajéame bien. No te detengas.
Naruto, dejándose llevar por la situación, comenzó a apretar y masajear el busto de Ino. La kunoichi cerró los ojos, disfrutando de la sensación de las manos callosas pero cálidas del ninja. Había una competencia silenciosa en su mente con Hinata, y en ese momento, sentía que estaba ganando.
Pasaron los días y el ambiente en la Aldea de la Hoja parecía haber cambiado sutilmente para este trío. Naruto estaba más confundido que nunca, pero extrañamente relajado. Ino y Hinata, por su parte, habían dejado de lado su rivalidad silenciosa por un entendimiento mutuo nacido de la audacia y el deseo compartido.
Una tarde calurosa, Naruto se encontraba en su lugar favorito de los campos de entrenamiento. Se había quedado dormido sentado, recostado contra el tronco de un gran roble. Su respiración era acompasada y su rostro mostraba una paz inusual, lejos de las batallas y los entrenamientos agotadores.
Ino y Hinata aparecieron por el sendero. Se miraron la una a la otra. Ya no había necesidad de jutsus secretos ni de trucos. Ambas sabían lo que querían.
—Está profundamente dormido —susurró Hinata, con un ligero rubor pero con una determinación que no tenía semanas atrás.
—Es nuestra oportunidad —respondió Ino con una sonrisa cómplice—. Se lo merece por ser tan buen chico.
Con pasos ligeros, se acercaron al rubio. Ino se sentó a su derecha y Hinata a su izquierda. Naruto ni siquiera se movió; el cansancio de su último entrenamiento con Kakashi lo tenía en un sueño profundo.
Cada una tomó una de las manos de Naruto. Hinata tomó la izquierda y, con delicadeza, la deslizó por debajo de su chaqueta y su malla, acomodando la palma de Naruto directamente sobre su pecho desnudo. Ino hizo lo mismo con la mano derecha, llevándola bajo su top morado hasta que los dedos de Naruto se hundieron en su suave piel.
—Es tan cálido —murmuró Hinata, cerrando los ojos al sentir el contacto.
Ino, por su parte, comenzó a mover la mano de Naruto rítmicamente. Al estar dormido, los dedos del chico se movían por puro instinto, cerrándose y abriéndose suavemente, masajeando la carne firme de las dos kunoichis.
—Mira su cara —dijo Ino en voz baja.
Naruto, aún dormido, dibujó una leve y satisfecha sonrisa en sus labios. En sus sueños, probablemente estaba rodeado de cuencos de ramen o alcanzando la gloria como Hokage, pero su cuerpo respondía a la deliciosa realidad que lo rodeaba.
—Me gusta esto —confesó Hinata, inclinando su cabeza sobre el hombro de Naruto—. Me hace sentir... conectada a él.
—A mí también —asintió Ino, recostando su cabeza en el otro hombro del rubio—. Quién diría que el bobo de Naruto tendría las manos tan mágicas.
Las dos chicas se quedaron allí, disfrutando del silencio del campo de entrenamiento, del calor del sol y, sobre todo, del contacto de las manos de Naruto que, incluso en sueños, continuaban su labor de masajearlas con una ternura inconsciente. En ese momento, no importaban los clanes, las misiones ni las rivalidades. Solo estaban ellos tres, unidos por un secreto que las manos de Naruto guardaban con cada suave apretón.
—Con esto podré hacer que cualquiera haga lo que yo quiera, y ni siquiera sabrán por qué lo hicieron —murmuró Ino con una sonrisa traviesa, ajustándose su coleta rubia.
A lo lejos, divisó a Hinata Hyuga. La heredera del clan Hyuga caminaba con su habitual timidez, con las manos entrelazadas frente a ella, probablemente buscando a Naruto. Ino sabía que Hinata estaba perdidamente enamorada del rubio hiperactivo, pero su timidez siempre le impedía dar el primer paso.
—Es la oportunidad perfecta para probar esto —pensó Ino, realizando una serie de sellos manuales rápidos—. ¡Jutsu de Impulso Latente!
Un destello casi invisible de chakra salió disparado de los dedos de Ino y golpeó la nuca de Hinata. La pelinegra se detuvo un segundo, parpadeó confundida y sacudió la cabeza, pero sus ojos adquirieron un brillo vidrioso por un instante antes de volver a la normalidad.
Cerca de allí, Naruto Uzumaki estaba sentado en un banco, rascándose la cabeza mientras intentaba descifrar un mapa de misiones.
—¡Hola, Naruto-kun! —dijo Hinata de repente. Su voz no temblaba como de costumbre.
Naruto levantó la vista, sorprendido por la confianza en el tono de su amiga.
—¡Ah, hola Hinata! ¿Qué pasa? —preguntó él con su sonrisa boba característica.
Bajo la influencia del jutsu de Ino, los inhibidores de Hinata habían desaparecido. Sin decir una palabra, se acercó a Naruto. El rubio se quedó petrificado cuando Hinata, con un movimiento fluido y audaz, comenzó a desabrocharse la parte superior de su chaqueta de combate.
—¿H-Hinata? ¿Qué estás haciendo? ¡Hace mucho calor aquí fuera, pero no creo que...! —Naruto se interrumpió, su rostro volviéndose rojo como un tomate cuando Hinata dejó caer la prenda, revelando la malla que cubría su figura y, bajo ella, la curva pronunciada de su pecho.
Ino, escondida tras un arbusto, observaba con los ojos muy abiertos. No esperaba que el jutsu fuera tan efectivo.
—¡Naruto-kun, me siento muy tensa! —dijo Hinata, tomando las manos de Naruto con firmeza—. Por favor, ayúdame a relajarme.
Antes de que Naruto pudiera protestar, Hinata guio las manos del chico directamente hacia su pecho. Naruto sintió la suavidad y el calor a través de la fina tela. Sus dedos, instintivamente, se cerraron sobre la plenitud de Hinata.
—¡Oh, vaya! —exclamó Naruto, completamente fuera de combate por la situación—. Son... son muy suaves, Hinata.
Hinata soltó un pequeño gemido de satisfacción mientras Naruto, llevado por la inercia y la sorpresa, comenzó a masajear con torpeza pero con una curiosidad creciente. Ino, desde su escondite, sintió un pinchazo de envidia. Observó cómo el pecho de Hinata se amoldaba a las manos de Naruto.
—Vaya... —susurró Ino para sí misma, mordiéndose el labio—. Hinata siempre ha tenido buen cuerpo, pero verlo así... Casi no hay diferencia con el mío, pero ver a Naruto tocarla de esa forma... me hace sentir algo extraño.
Ino sintió un calor subir por sus mejillas. Estaba celosa. No de Naruto, sino de la atención que Hinata estaba recibiendo. El experimento había sido un éxito rotundo, pero ahora ella quería ser la protagonista del siguiente capítulo.
Al día siguiente, el plan de Ino estaba trazado. Se había arreglado especialmente, dejando su ombligo al aire y asegurándose de que su ropa resaltara cada una de sus curvas. Encontró a Naruto cerca de los campos de entrenamiento, donde el chico estaba descansando después de una sesión de práctica con sus clones de sombra.
—¡Naruto! —llamó Ino con una voz melosa mientras caminaba hacia él contoneando las caderas.
—¡Hola, Ino! —respondió Naruto, todavía un poco aturdido por lo que había pasado con Hinata el día anterior—. ¿Tú también vienes a actuar raro hoy?
Ino se rió, una risa cristalina y coqueta.
—No sé de qué hablas, tontito. Pero me he dado cuenta de que ayer ayudaste a Hinata con su... tensión. Y la verdad es que yo también me siento muy agotada.
Ino no necesitó usar el jutsu en sí misma de forma literal, pero utilizó el mismo principio de sugestión para liberar sus propias inhibiciones y las de Naruto. Se acercó tanto que Naruto podía oler su perfume de flores.
—Ino, estás muy cerca... —dijo Naruto, retrocediendo un paso hasta chocar con un árbol.
—No seas tímido, Naruto. Sé que te gustó lo de ayer —dijo ella, tomando las manos del rubio—. Y yo soy mucho más divertida que Hinata.
Con un movimiento rápido, Ino tomó las manos de Naruto y las llevó debajo de su chaleco morado. Naruto sintió la piel firme y suave de Ino. A diferencia de Hinata, Ino era más audaz; ella misma movía las manos de Naruto, enseñándole cómo quería ser tocada.
—¡Vaya, Ino! Tú también eres... —Naruto tragó saliva, sintiendo el corazón latir con fuerza—. Eres muy suave también.
—¿Te gusta, Naruto? —preguntó Ino, inclinando la cabeza y dejando que un mechón rubio cayera sobre su rostro—. Masajéame bien. No te detengas.
Naruto, dejándose llevar por la situación, comenzó a apretar y masajear el busto de Ino. La kunoichi cerró los ojos, disfrutando de la sensación de las manos callosas pero cálidas del ninja. Había una competencia silenciosa en su mente con Hinata, y en ese momento, sentía que estaba ganando.
Pasaron los días y el ambiente en la Aldea de la Hoja parecía haber cambiado sutilmente para este trío. Naruto estaba más confundido que nunca, pero extrañamente relajado. Ino y Hinata, por su parte, habían dejado de lado su rivalidad silenciosa por un entendimiento mutuo nacido de la audacia y el deseo compartido.
Una tarde calurosa, Naruto se encontraba en su lugar favorito de los campos de entrenamiento. Se había quedado dormido sentado, recostado contra el tronco de un gran roble. Su respiración era acompasada y su rostro mostraba una paz inusual, lejos de las batallas y los entrenamientos agotadores.
Ino y Hinata aparecieron por el sendero. Se miraron la una a la otra. Ya no había necesidad de jutsus secretos ni de trucos. Ambas sabían lo que querían.
—Está profundamente dormido —susurró Hinata, con un ligero rubor pero con una determinación que no tenía semanas atrás.
—Es nuestra oportunidad —respondió Ino con una sonrisa cómplice—. Se lo merece por ser tan buen chico.
Con pasos ligeros, se acercaron al rubio. Ino se sentó a su derecha y Hinata a su izquierda. Naruto ni siquiera se movió; el cansancio de su último entrenamiento con Kakashi lo tenía en un sueño profundo.
Cada una tomó una de las manos de Naruto. Hinata tomó la izquierda y, con delicadeza, la deslizó por debajo de su chaqueta y su malla, acomodando la palma de Naruto directamente sobre su pecho desnudo. Ino hizo lo mismo con la mano derecha, llevándola bajo su top morado hasta que los dedos de Naruto se hundieron en su suave piel.
—Es tan cálido —murmuró Hinata, cerrando los ojos al sentir el contacto.
Ino, por su parte, comenzó a mover la mano de Naruto rítmicamente. Al estar dormido, los dedos del chico se movían por puro instinto, cerrándose y abriéndose suavemente, masajeando la carne firme de las dos kunoichis.
—Mira su cara —dijo Ino en voz baja.
Naruto, aún dormido, dibujó una leve y satisfecha sonrisa en sus labios. En sus sueños, probablemente estaba rodeado de cuencos de ramen o alcanzando la gloria como Hokage, pero su cuerpo respondía a la deliciosa realidad que lo rodeaba.
—Me gusta esto —confesó Hinata, inclinando su cabeza sobre el hombro de Naruto—. Me hace sentir... conectada a él.
—A mí también —asintió Ino, recostando su cabeza en el otro hombro del rubio—. Quién diría que el bobo de Naruto tendría las manos tan mágicas.
Las dos chicas se quedaron allí, disfrutando del silencio del campo de entrenamiento, del calor del sol y, sobre todo, del contacto de las manos de Naruto que, incluso en sueños, continuaban su labor de masajearlas con una ternura inconsciente. En ese momento, no importaban los clanes, las misiones ni las rivalidades. Solo estaban ellos tres, unidos por un secreto que las manos de Naruto guardaban con cada suave apretón.
