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Hermanas y algo mas hyuga y uchiha

Fandom: Naruto

Creado: 5/7/2026

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RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloHistoria DomésticaDivergenciaDiscriminación
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Entre Sombras y Lavanda

El cielo de Konoha parecía llorar ceniza. El aire aún olía a hierro y a humo, un recordatorio constante de que, en una sola noche, el prestigioso clan Uchiha había sido borrado del mapa. Sasuki estaba sentada en un banco de piedra, con la mirada perdida y los ojos enrojecidos, rodeada por el silencio sepulcral de un distrito que antes vibraba de vida.

—Sasuki-chan...

La voz era apenas un susurro, pero cortó el aire como una caricia. Hinata Hyuga estaba allí, con sus ojos perla desbordantes de una tristeza que no le pertenecía a ella, sino a su amiga. Sin previo aviso, la heredera Hyuga se arrodilló frente a la última Uchiha y le tomó las manos frías.

—No te dejaré sola —declaró Hinata con una firmeza inusual en ella—. Ven conmigo. Vive en mi casa. Seremos... seremos hermanas. Yo cuidaré de ti, y tú de mí.

Sasuki no pudo responder con palabras; solo se aferró a las manos de Hinata como si fueran el único ancla en un mar de oscuridad.

Sin embargo, la generosidad de una niña no dictaba las leyes de un clan tan estricto como el Hyuga. Hiashi Hyuga, con su rostro de piedra, aceptó la petición solo bajo una condición humillante para cualquier orgullo Uchiha.

—Si deseas que la última de los traidores viva bajo nuestro techo, Hinata, no será como una igual —sentenció Hiashi—. Será tu sirvienta personal. Tu sombra. Limpiará tus pasos y cuidará tu espalda. Si acepta, el sello del pájaro enjaulado no tocará su frente, pero su vida pertenecerá a esta casa.

Días después, la transición comenzó. Sasuki, la niña prodigio que solía caminar con la barbilla en alto, aprendió a caminar tres pasos por detrás de Hinata.

—¿Está el té a su gusto, Hinata-sama? —preguntó Sasuki, bajando la cabeza mientras sostenía la bandeja. Sus dedos temblaban ligeramente, no por debilidad, sino por el esfuerzo de contener su propio ego.

—Sasuki, por favor, no me llames así cuando estemos solas —suplicó Hinata, con el corazón encogido.

—Debo hacerlo —susurró Sasuki, mirándola de reojo con una chispa de complicidad—. Si los ancianos escuchan, nos separarán. Pero recuerda lo que prometimos: somos hermanas de sangre elegida.

Pasaron las semanas, y lo que empezó como una actuación se convirtió en una rutina coreografiada a la perfección. En la Academia Ninja, la dinámica era el tema de conversación de todos.

—Es increíble —comentó Kiba un día mientras entrenaban—. Sasuki es, por mucho, la mejor de nuestra clase, pero en cuanto Hinata termina de entrenar, Sasuki corre a ofrecerle una toalla y agua como si fuera una criada. Es un desperdicio de talento.

—Ella es la sirvienta de la heredera Hyuga —respondió Shino con su tono monótono—. Es su papel.

Meses más tarde, durante un festival, Sasuki caminaba detrás de Hinata, vestida con un kimono sencillo pero elegante, cargando las compras de la Hyuga. Naruto se acercó, rascándose la nuca.

—¡Oye, Sasuki! ¿Por qué no vienes a comer ramen con nosotros? ¡Deja de cargar esas cosas!

Sasuki ni siquiera lo miró directamente.

—Mi deber es asistir a la señorita Hinata —respondió con una voz gélida que ocultaba una sonrisa interna—. Gracias, Naruto.

A medida que los años pasaban, la percepción de la aldea se consolidó. Sasuki Uchiha era una kunoichi de élite, una belleza letal de ojos negros, pero ante los ojos del mundo, no era más que la extensión de la voluntad de Hinata Hyuga. Sin embargo, tras las puertas cerradas de la habitación de Hinata, la máscara caía.

—Estoy agotada —suspiró Hinata, dejándose caer en el futón mientras Sasuki cerraba la puerta con llave.

—Déjame ayudarte —dijo Sasuki, acercándose para desatar el obi del kimono de Hinata con manos expertas y delicadas.

Ya no eran niñas. Los cuerpos habían cambiado, las curvas se habían acentuado y la cercanía física, antes fraternal, empezaba a cargarse de una electricidad estática que ninguna de las dos sabía cómo nombrar. Sus dedos rozaban la piel de la otra más de lo necesario, y las miradas se sostenían un segundo de más, buscando algo que las palabras no se atrevían a pronunciar.

El salto temporal trajo consigo la madurez. Tras una misión agotadora que las mantuvo fuera de la aldea por semanas, ambas regresaron a la mansión Hyuga, cubiertas de polvo y cansancio.

—Necesitamos un baño —dijo Hinata, con la voz un poco ronca.

El baño privado de la heredera era amplio, lleno de vapor y el aroma dulce de la lavanda. El agua caliente ondulaba bajo la luz tenue de las linternas. Sasuki, cumpliendo su "papel", ayudó a Hinata a desvestirse, pero esta vez, sus manos se detuvieron sobre los hombros de la Hyuga.

—Hinata... —susurró Sasuki, su voz vibrando en la nuca de la otra.

Hinata se dio la vuelta, quedando a escasos centímetros de Sasuki. El vapor empañaba sus ojos perla, dándoles un brillo místico. Ya no había rastro de la niña tímida; había una mujer que deseaba ser vista.

—Ya no puedo seguir fingiendo que solo eres mi hermana, Sasuki —dijo Hinata, dando un paso hacia adelante, acortando la distancia—. Te amo. No como una hermana, ni como una protectora. Te amo con cada fibra de mi ser.

Sasuki sintió que el aire abandonaba sus pulmones. El secreto que había guardado en lo más profundo de su pecho, ese deseo ardiente que la quemaba cada vez que veía a Hinata sonreír, finalmente encontró una salida.

—He esperado tanto tiempo para escucharte decir eso —respondió Sasuki, su voz quebrándose por la emoción—. Te amo, Hinata. Eres mi luz, mi única razón para no perderme en el odio.

Sasuki rodeó la cintura de Hinata con sus brazos, atrayéndola hacia sí. Fue un abrazo desesperado, el encuentro de dos almas que habían estado unidas por la tragedia y el deber, pero que ahora se reclamaban por deseo. El primer beso fue tímido, un roce de labios que sabía a alivio, pero pronto se transformó en algo más profundo y hambriento.

Hinata gimió suavemente contra los labios de Sasuki, sus manos subiendo por la espalda desnuda de la Uchiha, delineando los músculos firmes de una guerrera. Sasuki, por su parte, se permitió perder el control por primera vez en años. Sus manos descendieron, explorando la suavidad de las caderas de Hinata, maravillándose ante la calidez de su piel.

—Eres tan hermosa —susurró Sasuki, separándose solo lo suficiente para mirar a Hinata a los ojos—. Siempre he querido tocarte así.

—Entonces no te detengas —respondió Hinata con una valentía que solo el amor le otorgaba.

En el calor del baño, rodeadas por el vapor que las ocultaba del resto del mundo, las dos mujeres se entregaron a un descubrimiento mutuo. Cada caricia era una confesión, cada beso una promesa de que el futuro, sin importar cuán difícil fuera, lo enfrentarían juntas.

Años después, la dinámica pública no cambió mucho. Sasuki seguía caminando detrás de Hinata, seguía siendo la "sirvienta" perfecta a los ojos de los ancianos del clan y de los ninjas de su generación. Pero cuando las luces se apagaban y el mundo exterior desaparecía, Hinata y Sasuki compartían una vida llena de complicidad y un amor inquebrantable.

—¿Crees que algún día sospechen? —preguntó Hinata una noche, recostada en el pecho de Sasuki mientras observaban la luna desde el balcón.

Sasuki sonrió, besando la frente de su amada.

—Que piensen lo que quieran. Que sigan creyendo que soy tu sirvienta. Mientras tú sepas que soy tuya y tú eres mía, el resto del mundo puede seguir viviendo en su propia ignorancia.

Hinata se acurrucó más contra ella, sabiendo que, a pesar de las sombras del pasado, habían construido un refugio donde ambas eran libres, amadas y, sobre todo, eternas.
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