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De hada a tigre

Fandom: fairy tail

Creado: 5/7/2026

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RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloFantasíaCelosDivergenciaAmbientación Canon
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El brillo de las estrellas gemelas

El gremio de Fairy Tail siempre se había caracterizado por su ruido ensordecedor, las peleas de taberna y ese sentimiento de familia que Lucy Heartfilia tanto había anhelado antes de unirse. Sin embargo, en las últimas semanas, ese ruido se sentía como un eco distante, un zumbido que solo servía para resaltar su soledad.

Lucy estaba sentada en la barra, removiendo su batido con una pajita, observando la marca rosa de su mano derecha. Esa marca, que antes era su mayor orgullo, ahora se sentía pesada.

—¡Natsu, mira! ¡He atrapado un pez enorme, justo como cuando éramos niños! —La voz de Lisanna resonó en todo el salón, cargada de una alegría vibrante.

—¡Increíble, Lisanna! —respondió Natsu con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Happy, prepárate, hoy cenamos pescado a la brasa!

—¡Aye, sir! —exclamó el pequeño gato azul, volando alrededor de la albina.

Lucy suspiró. Hace apenas un mes, ese lugar al lado de Natsu le pertenecía a ella. Eran el equipo más fuerte, los mejores amigos, y para Lucy, algo más que estaba empezando a florecer en su pecho. Pero desde que Lisanna regresó de Edolas, Natsu parecía haber olvidado cómo pronunciar el nombre de Lucy.

—¿Otra vez igual, Lucy? —Gray se sentó a su lado, cruzando los brazos sobre la madera de la barra. Estaba inusualmente vestido, al menos por el momento—. Ese idiota flamígero no tiene tacto.

—No es su culpa, Gray —mintió Lucy con una sonrisa triste—. Lisanna estuvo fuera mucho tiempo. Es normal que quieran recuperar el tiempo perdido.

—Una cosa es recuperar el tiempo y otra es dejarte plantada en tres misiones seguidas —intervino Erza, apareciendo tras ellos con su armadura brillando bajo las luces del gremio—. Lucy, eres parte de nuestro equipo. Natsu se está comportando como un niño irresponsable.

—Está bien, de verdad —dijo Lucy, levantándose y dejando unas monedas en la barra—. Creo que iré a caminar un poco. Necesito aire fresco.

Nadie la detuvo. Natsu ni siquiera levantó la vista de la mesa donde Lisanna le contaba historias de su infancia. Solo Happy la miró con ojos tristes, bajando las orejas, pero terminó quedándose junto a Natsu cuando este lo llamó para compartir un trozo de pescado.

Lucy caminó por las calles de Magnolia hasta que sus pies, casi por instinto, la llevaron a las afueras, cerca de un campo de flores donde solía entrenar. Se sentó en la hierba y dejó que las primeras lágrimas rodaran por sus mejillas. Se sentía reemplazable. Como si fuera una pieza de repuesto que Natsu había usado hasta que la original regresó al taller.

—No es propio de una maga de Fairy Tail llorar en la oscuridad —dijo una voz masculina, profunda y con un matiz juguetón.

Lucy se sobresaltó y se limpió rápidamente el rostro. Al girarse, vio una figura alta, de cabello rubio despeinado y una cicatriz sobre su ojo derecho. Vestía ropa elegante pero informal, y su presencia emanaba una confianza que solo un Maestro de Gremio podría tener.

—¿Sting? —preguntó ella, parpadeando con sorpresa—. ¿Qué hace el Maestro de Sabertooth en Magnolia?

—Asuntos de la alianza de gremios —respondió él, acercándose y sentándose a su lado sin pedir permiso—. Y también, quería alejarme un poco de Lector. Se ha puesto insoportable con su nueva dieta de bayas.

Lucy soltó una pequeña risa involuntaria. Sting la miró fijamente, sus ojos azules brillando bajo la luz de la luna.

—Te ves fatal, rubia —dijo él, aunque no había malicia en su tono.

—Gracias, qué amable —respondió ella con sarcasmo.

—Sabes a lo que me refiero. He visto a Fairy Tail hoy. Natsu parece haber encontrado un nuevo juguete y te ha dejado en la estantería. Es un idiota. Yo nunca dejaría a alguien como tú de lado.

Lucy se sonrojó violentamente. Sting siempre había sido arrogante y competitivo, pero desde los Grandes Juegos Mágicos, había cambiado. Se había vuelto más humano, más cálido.

—Es complicado —murmuró ella.

—No, no lo es —Sting se puso de pie y le tendió la mano—. Si ellos no aprecian a su mejor maga estelar, tal vez deberías pasar tiempo con alguien que sí lo haga. ¿Quieres ir a cenar? Conozco un lugar aquí en Magnolia que dicen que es excelente.

Lucy miró la mano de Sting. Era grande, cálida y firme. Por un momento, pensó en Natsu, en cómo se sentiría si la viera con el Dragón Blanco. Pero luego recordó cómo él la había ignorado esa misma mañana.

—Me encantaría —dijo ella, aceptando su mano.

Las semanas siguientes fueron un torbellino. Lo que empezó como una cena por despecho se convirtió en una rutina. Sting encontraba cualquier excusa para visitar Magnolia o para invitar a Lucy a Crocus. Le enviaba cartas, le regalaba libros antiguos de magia que encontraba en sus misiones y, sobre todo, la escuchaba.

En el gremio, la ausencia de Lucy en las mesas de siempre empezó a notarse.

—¿Dónde está Lucy? —preguntó Natsu un martes por la tarde, mirando la silla vacía donde ella solía escribir en su diario—. Hace días que no viene a misiones con nosotros.

—Ha estado saliendo mucho —dijo Happy, mirando a Natsu con reproche—. Sale con Sting, de Sabertooth.

Natsu arrugó el ceño, una chispa de fuego escapando de sus colmillos.

—¿Con ese tipo? ¿Por qué querría estar con él? Lisanna y yo íbamos a invitarla a ir al lago hoy.

—Natsu —dijo Erza con tono severo—, hace tres semanas que no le diriges la palabra a Lucy más que para saludarla de lejos. Ella ha encontrado a alguien que realmente valora su compañía.

—¡Yo la valoro! —exclamó Natsu, golpeando la mesa—. ¡Es mi compañera!

—Parece que te acordaste tarde —murmuró Gray, bebiendo de su jarra.

Natsu no pudo contenerse. Salió corriendo del gremio, olfateando el aire. El rastro de Lucy era dulce, como la vainilla, pero estaba mezclado con un olor metálico y brillante: el olor de Sting Eucliffe.

Los encontró cerca del parque central. Estaban sentados en un banco, riendo. Sting le estaba contando algo animadamente y, en un momento dado, se acercó para apartar un mechón de pelo del rostro de Lucy. Ella no se apartó; al contrario, se inclinó hacia su toque, con sus mejillas teñidas de un suave rosa.

—¡Oye, tú! —gritó Natsu, interrumpiendo el momento—. ¡Suéltala, rubio oxigenado!

Sting se levantó lentamente, manteniendo una expresión tranquila, casi desafiante. Lucy se puso de pie, sorprendida y algo molesta.

—¿Natsu? ¿Qué haces aquí? —preguntó ella.

—¡Vámonos, Lucy! Tenemos una misión. Lisanna nos está esperando —dijo Natsu, intentando agarrar la mano de Lucy.

Ella retiró la mano antes de que él pudiera tocarla. El gesto dolió más que cualquier golpe de magia que Natsu hubiera recibido jamás.

—No voy a ir, Natsu —dijo Lucy con voz firme—. Ya te lo dije la semana pasada, pero estabas demasiado ocupado ayudando a Lisanna a decorar su casa como para escucharme. He dejado el equipo de forma temporal.

—¿Qué? ¿Por este tipo? —Natsu señaló a Sting con desprecio—. ¡Él es de otro gremio! ¡Ni siquiera es de la familia!

—Él ha estado aquí para mí cuando mi "familia" se olvidó de que existía —respondió Lucy, y sus ojos brillaron con una mezcla de tristeza y resolución—. Sting me trata como si fuera su prioridad, no una opción secundaria.

Sting dio un paso adelante, colocándose al lado de Lucy, pasando un brazo protector sobre sus hombros.

—Ya la has oído, Salamander —dijo Sting con una sonrisa gélida—. Ella no es un objeto que puedas guardar en un cajón y sacar cuando te aburras de tus viejos recuerdos. Si quieres recuperarla, vas a tener que esforzarte mucho más que solo gritar. Pero te advierto... yo no pienso dejarla ir tan fácilmente.

Natsu gruñó, sus puños envueltos en llamas.

—¡Pelea conmigo! ¡Si te venzo, Lucy vuelve al equipo!

—¡Basta, Natsu! —gritó Lucy, poniéndose frente a Sting—. No soy un trofeo. Mi vida no se decide en una pelea. Vete con Lisanna, ella es la que querías tener a tu lado, ¿no? Pues ya la tienes. Déjame en paz.

Natsu se quedó congelado. La mirada de Lucy no tenía el brillo de admiración que solía dedicarle. Había distancia. Mucha distancia.

Durante los días siguientes, Natsu intentó de todo para "recuperar" a Lucy. Aparecía en su casa por la ventana, pero ella siempre estaba fuera o acompañada por Sting. Intentó sabotear sus citas, enviando a Happy con mensajes falsos, pero el gato, sintiendo que Lucy era más feliz ahora, terminó confesándole la verdad a la maga estelar.

—Natsu me pidió que te dijera que el gremio se estaba quemando para que vinieras corriendo —confesó Happy una tarde, sentado en el regazo de Lucy mientras ella merendaba con Sting en una terraza—. Pero es mentira. Solo quiere que dejes de ver a Sting.

Lucy suspiró y acarició las orejas del gato.

—Gracias por decirme la verdad, Happy.

Sting, que estaba sentado frente a ella, tomó su mano sobre la mesa.

—Es persistente, hay que reconocerlo —dijo el rubio—. Pero yo también lo soy. Y tengo una ventaja que él no tiene.

—¿Ah, sí? ¿Cuál? —preguntó Lucy con una sonrisa curiosa.

Sting se inclinó hacia adelante, reduciendo el espacio entre ellos hasta que sus narices casi se rozaban.

—Que yo sé exactamente lo que quiero. Y lo que quiero es que seas mi novia, Lucy Heartfilia. No mañana, no cuando me aburra de otros, sino ahora y todos los días.

Lucy sintió que su corazón daba un vuelco. Natsu nunca le había dicho algo así. Natsu siempre había sido ambiguo, infantil, dando por sentado que ella siempre estaría allí. Sting, en cambio, la estaba reclamando con una claridad cegadora.

—¿Lo dices en serio? —susurró ella.

—Nunca he hablado más en serio en mi vida —respondió Sting.

Se besaron allí mismo, bajo la luz del atardecer. Fue un beso que sabía a nuevas oportunidades, a respeto y a un fuego diferente, uno que no quemaba, sino que daba calor.

Natsu, que observaba desde el tejado de un edificio cercano, sintió que algo se rompía dentro de él. Lisanna apareció a su lado, poniendo una mano en su hombro.

—Natsu, creo que es hora de aceptar que ella ha seguido adelante —dijo la albina con suavidad—. Intentamos recuperar el pasado, pero el presente nos pasó por encima.

Natsu no respondió. Vio cómo Sting y Lucy caminaban de la mano, riendo, y cómo ella apoyaba la cabeza en el hombro del Dragón Blanco. Por primera vez en su vida, el Dragón de Fuego comprendió que algunas llamas, si no se cuidan, terminan por extinguirse para siempre.

Un mes después, la noticia era oficial en todo Fiore. Lucy Heartfilia seguía siendo una maga de Fairy Tail, pero su corazón pertenecía a Sabertooth.

Sting había ido al gremio de Magnolia para pedir formalmente a Makarov permiso para cortejar a su "hija", un gesto de caballerosidad que dejó a todos boquiabiertos. Natsu intentó una última vez crear discordia, mencionando lo "peligroso" que era Sting o cómo los dragones blancos eran inestables, pero Lucy simplemente lo miró con lástima.

—Natsu —le dijo ella un día en el gremio, mientras Sting la esperaba en la puerta—, siempre serás mi amigo. Fuiste quien me trajo a este gremio y siempre te querré por eso. Pero Sting es el hombre que me ve como una mujer, no solo como una compañera de peleas. Por favor, sé feliz con Lisanna y déjanos ser felices a nosotros.

Natsu bajó la cabeza, apretando los dientes.

—Entiendo —murmuró finalmente—. Solo... si te hace llorar, lo quemaré hasta las cenizas.

—No le daré esa oportunidad, Salamander —dijo Sting desde la entrada, con una sonrisa triunfal pero sincera.

Lucy caminó hacia Sting, quien la rodeó con sus brazos con una posesividad dulce. Ella se sintió segura, amada y, sobre todo, vista. A veces, el destino te aleja de lo que creías querer para ponerte justo frente a lo que realmente necesitas. Y para Lucy, ese destino tenía el cabello rubio y una sonrisa que brillaba más que cualquier estrella en el cielo.
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