Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Escula hyuchiha

Fandom: Narutl

Creado: 5/7/2026

Etiquetas

RomanceUA (Universo Alternativo)Recortes de VidaPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Estudio de PersonajeLenguaje Explícito
Índice

Lazos de Seda y Secretos de Academia

La luz del atardecer se filtraba por las ventanas del pasillo del ala este de la preparatoria Konoha, tiñendo el suelo de un naranja vibrante. Hinata Hyuga caminaba con paso apresurado, abrazando sus libros contra el pecho. Su uniforme, impecable como siempre, se ajustaba a una figura que ya no era la de la niña que solía jugar en los jardines de los complejos Hyuga y Uchiha. A su lado, Sasuki Uchiha caminaba con una elegancia gélida, su cabello azabache cayendo como una cascada de seda sobre sus hombros.

Eran conocidas por todos como las "joyas de la academia". Hinata, con su timidez encantadora y ojos de luna; Sasuki, con su belleza aristocrática y una mirada que parecía despreciar al mundo entero. Pero entre ellas, la distancia que imponían a los demás desaparecía. Se conocían desde antes de tener memoria, y ese vínculo se había transformado en algo mucho más táctil y privado con el paso de los años.

Fue en segundo año de secundaria cuando la curiosidad de Sasuki tomó un matiz diferente. Un día, tras finalizar las clases de educación física, ambas se quedaron solas en el vestidor.

—Hinata, te has vuelto más lenta al cambiarte —comentó Sasuki, observando a su amiga desde el banco.

—Es solo que... este uniforme me queda un poco ajustado —respondió Hinata, sonrojándose levemente mientras intentaba abrocharse la falda.

Sasuki se levantó con movimientos felinos. Sin previo aviso, se colocó detrás de la pelinegra y, con una rapidez que dejó a Hinata sin aliento, levantó la tela de la falda azul.

—¡Sasuki! —exclamó Hinata, intentando bajarse la prenda con rapidez, aunque sus manos temblaban.

—Vaya, encaje blanco —murmuró Sasuki, evaluando con ojo crítico la lencería que adornaba las curvas de su amiga—. Es muy propio de ti. No tienes por qué cubrirte, somos casi hermanas, ¿no?

—Eso no significa que debas... que debas mirar así —susurró Hinata, aunque no se alejó.

—Solo compruebo que sigas cuidando los detalles —concluyó la Uchiha con una sonrisa de suficiencia antes de retirarse.

Las semanas pasaron, y lo que empezó como una travesura aislada se convirtió en un juego de poder y exploración. Sasuki, siendo la más audaz, disfrutaba de la vulnerabilidad de Hinata, pero también de la belleza que la Hyuga ocultaba bajo capas de modestia.

Un martes lluvioso, después de la biblioteca, el pasillo del segundo piso estaba desierto. Sasuki vio su oportunidad. Caminó en silencio detrás de Hinata y, en lugar de la falda, sus manos buscaron otro objetivo. Deslizó sus palmas por debajo de la chaqueta del uniforme, subiendo hasta encontrar la suavidad de los pechos de Hinata, apretándolos con firmeza por encima del sujetador.

—¡Ah! —Hinata soltó un pequeño jadeo, dejando caer un cuaderno—. Sasuki, alguien podría vernos...

—Nadie viene por aquí a esta hora —respondió Sasuki al oído de su amiga, disfrutando del calor que emanaba de la piel de Hinata—. Has crecido de nuevo. El sujetador te marca la piel, Hinata. Deberías comprar una talla más.

—Es difícil encontrar de mi tamaño —balbuceó Hinata, cerrando los ojos mientras sentía los dedos de Sasuki delinear su contorno—. Por favor, detente... o alguien escuchará.

—Que escuchen —dijo Sasuki, aunque finalmente retiró las manos, dejando a Hinata temblando y con el corazón acelerado.

Sin embargo, Hinata no era solo una víctima pasiva de estos juegos. Con el tiempo, la timidez dio paso a una aceptación silenciosa y, eventualmente, a una reciprocidad que sorprendió incluso a la propia Sasuki.

Un viernes, mientras Sasuki se miraba en el espejo del baño retocándose el cabello, Hinata entró y cerró la puerta con seguro. Sasuki la miró a través del reflejo, arqueando una ceja.

—¿Pasa algo, Hinata? —preguntó la Uchiha con su habitual tono desinteresado.

Hinata no respondió con palabras. Se acercó a Sasuki y, emulando la audacia de su amiga, pasó sus manos por la cintura de la Uchiha, bajando hasta los muslos y levantando la falda de Sasuki con un movimiento decidido. La ropa interior de seda negra de Sasuki quedó a la vista.

—A ti también te gusta el encaje, por lo que veo —dijo Hinata, su voz un poco más firme de lo habitual.

Sasuki se quedó helada por un segundo, sorprendida por la iniciativa. Luego, una sonrisa de lado apareció en su rostro.

—Aprendes rápido —respondió Sasuki, girándose para quedar frente a frente—. ¿Te gusta lo que ves?

—Es muy tú —contestó Hinata, bajando la mirada pero sin soltar la tela—. Atrevida y elegante.

—No te detengas solo por eso —provocó Sasuki, dando un paso hacia adelante, acortando la distancia física entre ambas.

Los encuentros continuaron, volviéndose una parte integral de su dinámica diaria. No era extraño que, en medio de una charla sobre exámenes o proyectos, una de las dos decidiera romper la tensión con un contacto físico prohibido.

Un día, mientras descansaban en la azotea del edificio, Sasuki se recostó sobre el regazo de Hinata. La Hyuga acariciaba el cabello de la Uchiha con suavidad. De repente, Sasuki se incorporó y, con un movimiento fluido, desabrochó los dos primeros botones de la blusa de Hinata.

—¿Qué haces? —preguntó Hinata, aunque no hizo ademán de detenerla.

—Quiero ver si es cierto lo que sospechaba —dijo Sasuki, deslizando su mano por dentro de la blusa, esta vez buscando el contacto directo con la piel—. Sí, está muy caliente. Tu corazón late muy rápido, Hinata.

—Es por tu culpa —respondió Hinata, sintiendo los dedos fríos de Sasuki sobre su piel ardiente—. Siempre me tomas por sorpresa.

—Es la única forma de ver tu verdadera reacción —murmuró Sasuki, masajeando con suavidad mientras observaba el rostro de Hinata teñirse de rojo—. Eres tan hermosa cuando estás nerviosa.

Hinata, sintiendo una chispa de valentía, decidió que era su turno de nuevo. Unos días después, en el salón de música vacío, Sasuki estaba sentada frente al piano. Hinata se acercó por detrás y, antes de que Sasuki pudiera reaccionar, metió sus manos por debajo de la camisa de la Uchiha, recorriendo su espalda y subiendo hacia adelante para atrapar sus pechos.

—¡Hinata! —Sasuki soltó una nota discordante en el piano—. Eso ha sido... inesperado.

—Dijiste que te gustaba la sorpresa —susurró Hinata, apretando con suavidad, maravillada por la firmeza de Sasuki—. No eres la única que puede jugar a esto.

Sasuki soltó un suspiro largo, dejando caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Hinata.

—Tienes las manos muy suaves —admitió Sasuki en un susurro casi inaudible—. No me molesta... si eres tú quien lo hace.

A pesar de que ambas eran el centro de atención de muchos chicos en la preparatoria, ninguna mostraba interés real por nadie más. Los pretendientes llegaban con cartas y confesiones, pero siempre eran rechazados con la misma frialdad por Sasuki o con la misma timidez evasiva por parte de Hinata. Al final del día, solo se buscaban la una a la otra.

En la privacidad de sus habitaciones, cuando se quedaban a dormir en casa de la otra, la ropa solía sobrar. Se sentían cómodas en su desnudez, compartiendo secretos que nadie más conocería jamás.

—¿Crees que esto es normal? —preguntó Hinata una noche, mientras ambas estaban acostadas en la cama de Sasuki, vistiendo solo su ropa interior bajo las sábanas.

Sasuki se giró para mirarla, apoyando la cabeza en su mano.

—¿Qué es lo normal, Hinata? —preguntó a su vez—. Todo el mundo quiere algo de nosotras. Los chicos solo ven el trofeo que representamos. Pero aquí... yo te veo a ti. Y tú me ves a mí.

—Tienes razón —asintió Hinata, acercándose un poco más—. A veces me da miedo que alguien se dé cuenta de cómo nos miramos. O de lo que hacemos en los pasillos.

—Que miren —dijo Sasuki con arrogancia—. No entenderían lo que tenemos. Eres la única persona a la que permito tocarme así. Y sé que tú sientes lo mismo.

Hinata extendió la mano y delineó el borde del sujetador de Sasuki.

—No quiero que nadie más lo haga —confirmó Hinata con suavidad.

Sasuki sonrió, una de esas sonrisas raras que solo Hinata recibía. Se acercó y, en un gesto que mezclaba posesión y afecto, volvió a levantar la prenda de Hinata, esta vez sin prisas, deleitándose en la visión de su mejor amiga.

—Entonces seguiremos con nuestro juego —concluyó Sasuki—. Hasta que nos cansemos. O hasta que el resto del mundo desaparezca.

Hinata cerró los ojos, disfrutando de la caricia de Sasuki, sabiendo que, en ese pequeño universo creado por ambas, no existían las reglas de la academia, ni las expectativas de sus clanes, solo el contacto de la seda contra la piel y el latido compartido de dos corazones que se conocían demasiado bien.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic