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mha reaccionan hulk de Edward norton existiendo de verdad en la línea del tiempo de My Hero Academia
Fandom: mha y marvel
Creado: 5/7/2026
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CrossoverUA (Universo Alternativo)AcciónCiencia FicciónDramaPsicológicoEstudio de PersonajeTragediaDolor/ConsueloExperimentación Humana
La Ira del Gigante de Jade: El Despertar del Multiverso
El cielo sobre la Unidad de Simulación de Jamming (USJ) no debería haber cambiado. Debería haber permanecido como ese domo artificial, diseñado para entrenar a los futuros héroes en condiciones extremas. Sin embargo, en el preciso instante en que Shigaraki Tomura extendía su mano hacia Tsuyu Asui y el Nomu mantenía a raya a Eraserhead, el tejido mismo de la realidad emitió un gemido metálico que heló la sangre de héroes y villanos por igual.
La atmósfera se volvió densa, cargada de una electricidad estática que erizó los cabellos de Izuku Midoriya. De la nada, una grieta de luz prismática se abrió en el cenit del domo, expandiéndose hasta cubrir casi todo el techo artificial. De esa fisura no salió un villano, ni un refuerzo, sino una estructura colosal: una pantalla de proporciones titánicas, forjada en un material que parecía absorber la luz y reflejar las estrellas a la vez.
El impacto visual detuvo la batalla. Shigaraki retrocedió, rascándose el cuello con frenesí.
—¿Qué es esto? —siseó el villano de las manos—. ¿Un truco de All Might? ¿Un nuevo dispositivo de apoyo de la UA? Kurogiri, sácanos de aquí si esto es una trampa.
—No puedo, Tomura Shigaraki —respondió la niebla oscura con voz trémula—. El espacio a nuestro alrededor ha sido sellado. No es un quirk... es algo más allá de mi comprensión.
En el centro de la plaza, los estudiantes de la Clase 1-A se agruparon, mirando hacia arriba con temor y asombro. Bakugo apretó los puños, las chispas saltando de sus palmas, mientras Todoroki preparaba su lado de hielo.
—¡Miren! —gritó Uraraka, señalando la pantalla.
La superficie negra cobró vida. No mostró imágenes de inmediato, sino que una silueta se materializó en el centro del cristal. Era una figura envuelta en túnicas que parecían hechas de nebulosas, un ser que no poseía un rostro definido, sino una galaxia entera donde debería estar su cabeza.
—Saludos, habitantes de la Tierra 1-A —la voz del Anfitrión Multiversal no se escuchó con los oídos, sino directamente en sus mentes, resonando con una autoridad antigua—. No teman, pues no soy un peón en su pequeña guerra de ideales. Soy el Anfitrión, el cronista de lo que fue, lo que es y lo que nunca debió ser.
—¡Identifícate! —rugió Eraserhead, levantándose con dificultad a pesar de sus heridas—. ¡Si eres un villano, detente ahora!
La silueta soltó una risa que sonó como el choque de dos planetas.
—¿Villano? Mis conceptos de moralidad superan sus definiciones de "bien" y "mal". He traído esta pantalla ante ustedes porque su universo se ha vuelto... predecible. Demasiado centrado en quirks y legados. He decidido que es hora de que contemplen una verdad que existe en los pliegues de la existencia. Una fuerza de la naturaleza que no nace de una mutación genética, sino de la tragedia, la ciencia y la furia absoluta.
Shigaraki soltó una carcajada desquiciada.
—¿Furia? ¿Quieres enseñarnos a alguien enojado? Yo soy la furia. Mi maestro es la furia.
—Tú no eres más que un niño con un berrinche, Tomura Shigaraki —sentenció el Anfitrión, y el villano se quedó mudo, sintiendo una presión invisible en su garganta—. Hoy conocerán a Bruce Banner. Y a través de él, conocerán al que camina solo, al destructor de mundos, al Gigante de Jade.
Izuku Midoriya, a pesar del terror, sacó instintivamente su libreta, aunque sus manos temblaban.
—¿Bruce... Banner? —susurró el joven—. ¿Es un héroe de otro país?
—Es un hombre que lleva una maldición dentro de su alma —explicó el Anfitrión—. Un científico con la mente más brillante de su mundo, cuya vida fue fragmentada por un accidente de radiación gamma. Pero lo que verán no es solo una historia de origen. Verán la dualidad del hombre.
La pantalla comenzó a mostrar imágenes rápidas: laboratorios explotando, un hombre de ojos claros huyendo por las favelas de Brasil, y una sombra verde colosal rugiendo bajo la lluvia ácida.
—Prepárense —continuó el Anfitrión—. Voy a mostrarles algo sumamente entretenido. Algo que hará que sus conceptos de "poder" parezcan juegos de niños. Pero cuidado... el misterio no reside en cómo obtuvo su fuerza, sino en quién tiene realmente el control. ¿Es el hombre el que domina a la bestia, o es la bestia la que protege la fragilidad del hombre?
—¿Por qué hacernos ver esto ahora? —preguntó Momo Yaoyorozu, tratando de mantener la compostura—. Estamos en medio de un ataque. ¡Hay vidas en peligro!
—El tiempo se ha detenido para el resto del mundo, pequeña heroína —dijo el Anfitrión—. Para ustedes, pasarán horas. Para el mundo exterior, no habrá pasado ni un segundo. Consideren esto una lección. Una advertencia.
La pantalla se oscureció y luego mostró un título que brillaba en un verde radiactivo: **EL INCREÍBLE HULK**.
La escena comenzó en un laboratorio oscuro. Un hombre de aspecto cansado, con el rostro de alguien que no ha dormido en años pero que posee una inteligencia afilada en su mirada, se preparaba para un experimento. Era Bruce Banner. Su actitud era una mezcla extraña: tenía la intensidad nerviosa y la determinación de alguien que sabe que está jugando con fuego —una energía que recordaba a un hombre en constante huida—, pero al mismo tiempo, cuando hablaba, su voz poseía una suavidad melancólica, una resignación amable que buscaba evitar el conflicto a toda costa.
—Ese hombre... se ve tan normal —comentó Kirishima, confundido—. No parece un luchador.
—Mira sus ojos —intervino Todoroki—. No es normal. Está asustado de sí mismo.
En la pantalla, el experimento salió mal. Una explosión de luz verde inundó la habitación. Bruce Banner cayó al suelo, gritando, mientras sus venas se tornaban de un color esmeralda brillante.
La escena saltó. Ahora, Banner estaba en una zona boscosa, acorralado por militares. El general a cargo, un hombre de bigote severo llamado Ross, ordenaba fuego a discreción.
—¡No! —gritó Bruce en la pantalla—. ¡No me provoquen! ¡No les gustará verme cuando me enojo!
—¡Qué arrogante! —bufó Bakugo—. ¡Solo es un extra con gafas!
Pero entonces, algo cambió. El Bruce Banner de la pantalla, ese hombre que parecía tan frágil como Mark Ruffalo en sus momentos de introspección, de repente mostró la mirada intensa y salvaje de alguien que ya no podía contener la presión. Sus músculos empezaron a expandirse, desgarrando su ropa. Su piel se tornó verde y gruesa como el cuero.
La transformación no fue mágica ni elegante. Fue dolorosa, bruta y aterradora.
—¡SANTO CIELO! —exclamó All Might, quien acababa de llegar a la escena y se había quedado petrificado ante la pantalla, olvidando por un momento a los villanos.
Un rugido que parecía provenir de las entrañas de la Tierra sacudió la USJ. En la pantalla, donde antes estaba el científico, ahora se alzaba una masa de músculos verdes de casi tres metros de altura. Hulk.
—¡HULK APLASTA! —bramó el gigante en la proyección.
El Nomu, la criatura creada para matar a All Might, emitió un gruñido gutural, como si reconociera una amenaza superior. Shigaraki retrocedió, sus ojos muy abiertos tras la mano que cubría su rostro.
—Ese... ese monstruo... —tartamudeó Mineta, escondiéndose tras las piernas de Shoji—. ¡Es más aterrador que el Nomu!
La pantalla mostró a Hulk despedazando tanques con la facilidad con la que un niño rompe juguetes de papel. Su estilo de lucha era errático, una furia pura que recordaba a un animal herido, pero con una fuerza física que desafiaba todas las leyes de la física de los quirks.
—Observen bien —la voz del Anfitrión volvió a resonar—. Bruce Banner es un genio, un hombre que busca la paz. Pero Hulk... Hulk es su trauma, su rabia y su libertad. Lo que están viendo es la versión de un hombre que ha sido cazado como un animal y que ha decidido dejar de huir.
—Es increíble —susurró Midoriya, escribiendo a una velocidad sobrehumana—. Su fuerza no parece tener un límite superior. A medida que se enoja más, su poder aumenta. Es... es una retroalimentación infinita de energía.
—Pero miren su rostro —dijo Asui—. No parece feliz destruyendo cosas. Parece... triste.
En la pantalla, tras la batalla, Hulk se encontraba solo en una cueva, viendo la lluvia caer. La cámara se acercó a sus ojos. Por un momento, la furia desapareció y fue reemplazada por la mirada perdida de Bruce, una mirada llena de arrepentimiento y una soledad tan profunda que caló en los corazones de los estudiantes.
—El misterio que les prometí —dijo el Anfitrión, mientras la imagen de Hulk se desvanecía para mostrar de nuevo a Bruce Banner, caminando solo por una carretera polvorienta con una mochila al hombro— no es si el mundo podrá aceptar a Hulk. El misterio es si Bruce Banner podrá algún día perdonarse a sí mismo. Y más importante aún para ustedes... ¿qué pasaría si este poder llegara a su mundo?
—¿Está amenazándonos? —preguntó Iida, dando un paso al frente.
—Les estoy ofreciendo una perspectiva —respondió la silueta—. En su mundo, los héroes son celebridades. En el mundo de Banner, ser un héroe es una condena. Sigan mirando. La verdadera diversión está por comenzar, porque Hulk no es el único "monstruo" que este multiverso tiene para ofrecer. Pero él es el único que puede hacer que incluso el Símbolo de la Paz se sienta pequeño.
La pantalla se volvió blanca por un segundo, dejando a todos en un silencio sepulcral. Villanos y héroes, por una vez, compartían el mismo sentimiento: una insignificancia absoluta ante el gigante que acababan de presenciar.
Shigaraki apretó los dientes, su odio hirviendo.
—Ese gigante verde... si estuviera de mi lado... All Might no sería más que una mancha en el suelo.
—Te equivocas, Tomura —dijo All Might, con voz grave y solemne—. Ese hombre, Bruce Banner... él no es un arma. Es un alma sufriente. Y si algo he aprendido de lo que acabamos de ver, es que la verdadera fuerza no viene de los músculos, sino de la carga que uno es capaz de llevar sin romperse.
La pantalla volvió a encenderse, esta vez mostrando un nuevo escenario: un laboratorio de alta tecnología, donde Bruce Banner conversaba con un hombre en una armadura roja y dorada. La actitud de Bruce aquí era distinta; estaba más relajado, bromista pero con una sombra de cautela constante, como si supiera que el "otro sujeto" estaba escuchando desde el fondo de su mente.
—Esto se va a poner interesante —murmuró el Anfitrión desde las sombras del multiverso—. Veamos cómo reaccionan cuando el gigante se encuentre con sus supuestos "dioses".
El capítulo terminó con un primer plano de los ojos de Bruce Banner. Por un breve instante, el iris se tornó verde brillante, y una sonrisa irónica, casi salvaje, cruzó su rostro antes de que la pantalla se fundiera a negro, dejando a la Clase 1-A esperando, con el aliento contenido, el siguiente fragmento de aquella realidad imposible.
La atmósfera se volvió densa, cargada de una electricidad estática que erizó los cabellos de Izuku Midoriya. De la nada, una grieta de luz prismática se abrió en el cenit del domo, expandiéndose hasta cubrir casi todo el techo artificial. De esa fisura no salió un villano, ni un refuerzo, sino una estructura colosal: una pantalla de proporciones titánicas, forjada en un material que parecía absorber la luz y reflejar las estrellas a la vez.
El impacto visual detuvo la batalla. Shigaraki retrocedió, rascándose el cuello con frenesí.
—¿Qué es esto? —siseó el villano de las manos—. ¿Un truco de All Might? ¿Un nuevo dispositivo de apoyo de la UA? Kurogiri, sácanos de aquí si esto es una trampa.
—No puedo, Tomura Shigaraki —respondió la niebla oscura con voz trémula—. El espacio a nuestro alrededor ha sido sellado. No es un quirk... es algo más allá de mi comprensión.
En el centro de la plaza, los estudiantes de la Clase 1-A se agruparon, mirando hacia arriba con temor y asombro. Bakugo apretó los puños, las chispas saltando de sus palmas, mientras Todoroki preparaba su lado de hielo.
—¡Miren! —gritó Uraraka, señalando la pantalla.
La superficie negra cobró vida. No mostró imágenes de inmediato, sino que una silueta se materializó en el centro del cristal. Era una figura envuelta en túnicas que parecían hechas de nebulosas, un ser que no poseía un rostro definido, sino una galaxia entera donde debería estar su cabeza.
—Saludos, habitantes de la Tierra 1-A —la voz del Anfitrión Multiversal no se escuchó con los oídos, sino directamente en sus mentes, resonando con una autoridad antigua—. No teman, pues no soy un peón en su pequeña guerra de ideales. Soy el Anfitrión, el cronista de lo que fue, lo que es y lo que nunca debió ser.
—¡Identifícate! —rugió Eraserhead, levantándose con dificultad a pesar de sus heridas—. ¡Si eres un villano, detente ahora!
La silueta soltó una risa que sonó como el choque de dos planetas.
—¿Villano? Mis conceptos de moralidad superan sus definiciones de "bien" y "mal". He traído esta pantalla ante ustedes porque su universo se ha vuelto... predecible. Demasiado centrado en quirks y legados. He decidido que es hora de que contemplen una verdad que existe en los pliegues de la existencia. Una fuerza de la naturaleza que no nace de una mutación genética, sino de la tragedia, la ciencia y la furia absoluta.
Shigaraki soltó una carcajada desquiciada.
—¿Furia? ¿Quieres enseñarnos a alguien enojado? Yo soy la furia. Mi maestro es la furia.
—Tú no eres más que un niño con un berrinche, Tomura Shigaraki —sentenció el Anfitrión, y el villano se quedó mudo, sintiendo una presión invisible en su garganta—. Hoy conocerán a Bruce Banner. Y a través de él, conocerán al que camina solo, al destructor de mundos, al Gigante de Jade.
Izuku Midoriya, a pesar del terror, sacó instintivamente su libreta, aunque sus manos temblaban.
—¿Bruce... Banner? —susurró el joven—. ¿Es un héroe de otro país?
—Es un hombre que lleva una maldición dentro de su alma —explicó el Anfitrión—. Un científico con la mente más brillante de su mundo, cuya vida fue fragmentada por un accidente de radiación gamma. Pero lo que verán no es solo una historia de origen. Verán la dualidad del hombre.
La pantalla comenzó a mostrar imágenes rápidas: laboratorios explotando, un hombre de ojos claros huyendo por las favelas de Brasil, y una sombra verde colosal rugiendo bajo la lluvia ácida.
—Prepárense —continuó el Anfitrión—. Voy a mostrarles algo sumamente entretenido. Algo que hará que sus conceptos de "poder" parezcan juegos de niños. Pero cuidado... el misterio no reside en cómo obtuvo su fuerza, sino en quién tiene realmente el control. ¿Es el hombre el que domina a la bestia, o es la bestia la que protege la fragilidad del hombre?
—¿Por qué hacernos ver esto ahora? —preguntó Momo Yaoyorozu, tratando de mantener la compostura—. Estamos en medio de un ataque. ¡Hay vidas en peligro!
—El tiempo se ha detenido para el resto del mundo, pequeña heroína —dijo el Anfitrión—. Para ustedes, pasarán horas. Para el mundo exterior, no habrá pasado ni un segundo. Consideren esto una lección. Una advertencia.
La pantalla se oscureció y luego mostró un título que brillaba en un verde radiactivo: **EL INCREÍBLE HULK**.
La escena comenzó en un laboratorio oscuro. Un hombre de aspecto cansado, con el rostro de alguien que no ha dormido en años pero que posee una inteligencia afilada en su mirada, se preparaba para un experimento. Era Bruce Banner. Su actitud era una mezcla extraña: tenía la intensidad nerviosa y la determinación de alguien que sabe que está jugando con fuego —una energía que recordaba a un hombre en constante huida—, pero al mismo tiempo, cuando hablaba, su voz poseía una suavidad melancólica, una resignación amable que buscaba evitar el conflicto a toda costa.
—Ese hombre... se ve tan normal —comentó Kirishima, confundido—. No parece un luchador.
—Mira sus ojos —intervino Todoroki—. No es normal. Está asustado de sí mismo.
En la pantalla, el experimento salió mal. Una explosión de luz verde inundó la habitación. Bruce Banner cayó al suelo, gritando, mientras sus venas se tornaban de un color esmeralda brillante.
La escena saltó. Ahora, Banner estaba en una zona boscosa, acorralado por militares. El general a cargo, un hombre de bigote severo llamado Ross, ordenaba fuego a discreción.
—¡No! —gritó Bruce en la pantalla—. ¡No me provoquen! ¡No les gustará verme cuando me enojo!
—¡Qué arrogante! —bufó Bakugo—. ¡Solo es un extra con gafas!
Pero entonces, algo cambió. El Bruce Banner de la pantalla, ese hombre que parecía tan frágil como Mark Ruffalo en sus momentos de introspección, de repente mostró la mirada intensa y salvaje de alguien que ya no podía contener la presión. Sus músculos empezaron a expandirse, desgarrando su ropa. Su piel se tornó verde y gruesa como el cuero.
La transformación no fue mágica ni elegante. Fue dolorosa, bruta y aterradora.
—¡SANTO CIELO! —exclamó All Might, quien acababa de llegar a la escena y se había quedado petrificado ante la pantalla, olvidando por un momento a los villanos.
Un rugido que parecía provenir de las entrañas de la Tierra sacudió la USJ. En la pantalla, donde antes estaba el científico, ahora se alzaba una masa de músculos verdes de casi tres metros de altura. Hulk.
—¡HULK APLASTA! —bramó el gigante en la proyección.
El Nomu, la criatura creada para matar a All Might, emitió un gruñido gutural, como si reconociera una amenaza superior. Shigaraki retrocedió, sus ojos muy abiertos tras la mano que cubría su rostro.
—Ese... ese monstruo... —tartamudeó Mineta, escondiéndose tras las piernas de Shoji—. ¡Es más aterrador que el Nomu!
La pantalla mostró a Hulk despedazando tanques con la facilidad con la que un niño rompe juguetes de papel. Su estilo de lucha era errático, una furia pura que recordaba a un animal herido, pero con una fuerza física que desafiaba todas las leyes de la física de los quirks.
—Observen bien —la voz del Anfitrión volvió a resonar—. Bruce Banner es un genio, un hombre que busca la paz. Pero Hulk... Hulk es su trauma, su rabia y su libertad. Lo que están viendo es la versión de un hombre que ha sido cazado como un animal y que ha decidido dejar de huir.
—Es increíble —susurró Midoriya, escribiendo a una velocidad sobrehumana—. Su fuerza no parece tener un límite superior. A medida que se enoja más, su poder aumenta. Es... es una retroalimentación infinita de energía.
—Pero miren su rostro —dijo Asui—. No parece feliz destruyendo cosas. Parece... triste.
En la pantalla, tras la batalla, Hulk se encontraba solo en una cueva, viendo la lluvia caer. La cámara se acercó a sus ojos. Por un momento, la furia desapareció y fue reemplazada por la mirada perdida de Bruce, una mirada llena de arrepentimiento y una soledad tan profunda que caló en los corazones de los estudiantes.
—El misterio que les prometí —dijo el Anfitrión, mientras la imagen de Hulk se desvanecía para mostrar de nuevo a Bruce Banner, caminando solo por una carretera polvorienta con una mochila al hombro— no es si el mundo podrá aceptar a Hulk. El misterio es si Bruce Banner podrá algún día perdonarse a sí mismo. Y más importante aún para ustedes... ¿qué pasaría si este poder llegara a su mundo?
—¿Está amenazándonos? —preguntó Iida, dando un paso al frente.
—Les estoy ofreciendo una perspectiva —respondió la silueta—. En su mundo, los héroes son celebridades. En el mundo de Banner, ser un héroe es una condena. Sigan mirando. La verdadera diversión está por comenzar, porque Hulk no es el único "monstruo" que este multiverso tiene para ofrecer. Pero él es el único que puede hacer que incluso el Símbolo de la Paz se sienta pequeño.
La pantalla se volvió blanca por un segundo, dejando a todos en un silencio sepulcral. Villanos y héroes, por una vez, compartían el mismo sentimiento: una insignificancia absoluta ante el gigante que acababan de presenciar.
Shigaraki apretó los dientes, su odio hirviendo.
—Ese gigante verde... si estuviera de mi lado... All Might no sería más que una mancha en el suelo.
—Te equivocas, Tomura —dijo All Might, con voz grave y solemne—. Ese hombre, Bruce Banner... él no es un arma. Es un alma sufriente. Y si algo he aprendido de lo que acabamos de ver, es que la verdadera fuerza no viene de los músculos, sino de la carga que uno es capaz de llevar sin romperse.
La pantalla volvió a encenderse, esta vez mostrando un nuevo escenario: un laboratorio de alta tecnología, donde Bruce Banner conversaba con un hombre en una armadura roja y dorada. La actitud de Bruce aquí era distinta; estaba más relajado, bromista pero con una sombra de cautela constante, como si supiera que el "otro sujeto" estaba escuchando desde el fondo de su mente.
—Esto se va a poner interesante —murmuró el Anfitrión desde las sombras del multiverso—. Veamos cómo reaccionan cuando el gigante se encuentre con sus supuestos "dioses".
El capítulo terminó con un primer plano de los ojos de Bruce Banner. Por un breve instante, el iris se tornó verde brillante, y una sonrisa irónica, casi salvaje, cruzó su rostro antes de que la pantalla se fundiera a negro, dejando a la Clase 1-A esperando, con el aliento contenido, el siguiente fragmento de aquella realidad imposible.
