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Amor?

Fandom: Army

Creado: 6/7/2026

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El refugio entre las sombras de la pasarela

El año 2020 se sentía como un invierno eterno que se negaba a ceder ante la primavera. Los estadios vacíos, el eco de los aplausos que solo existían en las pantallas y la incertidumbre del mundo habían calado hondo en los huesos de Taehyung. Él, que siempre había sido una criatura de luz, de tacto y de miradas profundas, parecía estarse desvaneciendo lentamente tras una máscara de melancolía.

En los camerinos de la sesión fotográfica para una importante revista de moda, el ambiente estaba cargado de electricidad estática y el olor dulce del fijador para el cabello. Taehyung estaba sentado frente al espejo, permitiendo que las maquilladoras trabajaran en su rostro, pero sus ojos estaban fijos en un punto inexistente. Estaba allí, pero su mente parecía estar a kilómetros de distancia.

Yoongi, sentado en un sofá cercano con una tableta en mano, no le quitaba la vista de encima. Aunque Yoongi solía proyectar una imagen de calma imperturbable y una seriedad que muchos confundían con frialdad, su corazón latía exclusivamente al ritmo de los estados de ánimo de su novio. Sabía que Taehyung estaba luchando. Conocía el peso de ese silencio.

—Taehyung-ah —llamó Yoongi con voz suave, rompiendo el murmullo del equipo técnico.

Taehyung parpadeó, regresando a la realidad, y buscó la mirada de Yoongi a través del espejo. No dijo nada, pero sus hombros se relajaron apenas un milímetro.

—Ya casi terminamos —continuó Yoongi, levantándose y acercándose a él—. En cuanto acabe la entrevista, iremos a casa y pediré ese estofado que te gusta.

Taehyung asintió levemente, pero cuando las maquilladoras se retiraron para dejarlos solos un momento, su fachada se desmoronó. Se giró en la silla y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Yoongi, hundiendo la cara en su abdomen. Yoongi, sin dudarlo, acarició los cabellos rizados y castaños de su pareja, permitiendo que Taehyung se anclara en él.

—No quiero salir ahí —susurró Taehyung contra la tela de la camisa de Yoongi—. Siento que todos me miran y no ven nada. Solo ven un vacío.

—Yo te veo, Tae —respondió Yoongi, su voz era un ancla en medio de la tormenta—. Y lo que veo es a la persona más valiente que conozco. Solo es un rato más. Estaré justo detrás de ti.

El momento de la verdad llegó cuando los llamaron para la pasarela improvisada y la posterior entrevista grupal. Era un evento de alta costura, y la presión por lucir perfectos era asfixiante. Taehyung, vestido con un traje de seda que acentuaba su figura elegante, caminaba con una rigidez que solo Yoongi podía detectar.

Mientras desfilaban ante las cámaras, Taehyung buscó instintivamente la posición de Yoongi. En cada pausa, en cada cambio de ángulo, el menor retrocedía sutilmente hasta que su espalda casi rozaba el pecho de Yoongi. Era su lugar seguro. Si el mundo era demasiado brillante y ruidoso, Yoongi era la sombra fresca donde podía respirar.

Durante la entrevista, sentados en taburetes altos bajo los focos abrasadores, Taehyung se mostró seco y reservado. Sus respuestas eran cortas, casi mecánicas. Sin embargo, su mano izquierda buscaba desesperadamente la rodilla de Yoongi por debajo de la mesa, o se aferraba a la manga de su chaqueta.

—Taehyung, el concepto de este álbum parece ser muy personal para ti —dijo la entrevistadora, inclinándose hacia adelante—. ¿Cómo has lidiado con la soledad de este año?

Taehyung se tensó. Sus dedos se cerraron con fuerza sobre la tela del pantalón de Yoongi. Por un momento, el silencio se prolongó demasiado, amenazando con volverse incómodo.

—Ha sido un proceso de introspección —intervino Yoongi, su voz tranquila y autoritaria desviando la atención hacia él—. Todos hemos tenido que enfrentarnos a nuestros propios fantasmas. Taehyung ha volcado mucho de eso en su música, y creo que esa honestidad es lo que lo hace tan especial.

Taehyung aprovechó ese respiro para inhalar profundamente. Se pegó un poco más al hombro de Yoongi, ocultando medio rostro tras él por un segundo, como un niño que se esconde detrás de su protector. Aquella actitud, que para los extraños podía parecer timidez o falta de interés, era para Yoongi el grito de auxilio más claro del mundo.

—Como dice Yoongi-hyung —añadió Taehyung finalmente, con la voz un poco más firme—, estoy aprendiendo a aceptar que no siempre tengo que estar brillante. A veces, estar en la sombra también está bien.

Al terminar el evento, mientras caminaban hacia la camioneta que los llevaría de regreso al dormitorio, Taehyung no se separó ni un centímetro de Yoongi. En el asiento trasero, lejos de las cámaras y del escrutinio público, Taehyung se convirtió de nuevo en el chico empalagoso que solo Yoongi conocía. Se recostó sobre el regazo del mayor, entrelazando sus dedos largos con los de Yoongi.

—Gracias por hoy —murmuró Taehyung, cerrando los ojos mientras sentía las manos de Yoongi masajear su nuca.

—No tienes que darme las gracias, Taehyungie —respondió Yoongi, inclinándose para besar su frente—. Sabes que siempre voy a estar ahí para que te escondas si lo necesitas.

—A veces siento que soy demasiado pesado para ti —dijo Taehyung, abriendo un ojo para mirar a su novio—. Estoy todo el tiempo pegado a ti, como un chicle. Y tú eres tan... tan tú. Tan tranquilo.

Yoongi soltó una pequeña risa, una de esas que rara vez mostraba en público, que iluminaba su rostro de una manera que hacía que el corazón de Taehyung diera un vuelco.

—Me gusta que seas un chicle —confesó Yoongi con sinceridad—. En un mundo donde todo parece estar rompiéndose, que tú quieras estar pegado a mí es lo único que me mantiene cuerdo. No eres una carga, Tae. Eres mi prioridad.

Taehyung sonrió de verdad por primera vez en todo el día. Se incorporó un poco para rodear el cuello de Yoongi con sus brazos, atrayéndolo hacia él en un abrazo asfixiante pero necesario.

—Prométeme que si me hundo demasiado, me sacarás —pidió Taehyung contra su oído.

—No dejaré que te hundas —aseguró Yoongi, devolviendo el abrazo con una fuerza sorprendente—. Y si lo haces, me hundiré contigo para traerte de vuelta. Pero nunca estarás solo ahí abajo.

Llegaron al apartamento en silencio, un silencio que ya no era pesado, sino confortable. Mientras Yoongi preparaba algo ligero de cenar, Taehyung lo seguía por la cocina como una sombra, abrazándolo por la espalda mientras el mayor cortaba verduras o revisaba el fuego.

—Tae, me vas a hacer cortar un dedo si no me sueltas un segundo —bromeó Yoongi, aunque no hizo ningún movimiento para apartarlo.

—No puedo —respondió Taehyung, hundiendo la nariz en el cuello de Yoongi, aspirando el aroma a madera y café que siempre lo acompañaba—. Aquí es donde mejor se está. El mundo exterior es demasiado grande y vacío ahora mismo.

Yoongi dejó el cuchillo sobre la tabla y se giró entre los brazos de su novio. Lo miró a los ojos, notando el cansancio acumulado de meses de ansiedad y tristeza, pero también la chispa de amor que nunca se apagaba del todo.

—El mundo puede esperar, Taehyung-ah —dijo Yoongi con seriedad, tomando el rostro del menor entre sus manos—. Aquí adentro, no hay cámaras, no hay pasarelas y no hay expectativas. Solo somos nosotros. Puedes ser tan seco o tan empalagoso como quieras. Yo no me voy a ir a ninguna parte.

—Lo sé —susurró Taehyung, inclinándose para unir sus labios con los de Yoongi en un beso lento, cargado de promesas y de un apoyo incondicional.

Esa noche, mientras se acurrucaban en la cama, con Taehyung prácticamente encima de Yoongi y este último rodeándolo con sus brazos como si fuera el tesoro más preciado del mundo, el 2020 pareció un poco menos hostil.

—Hyung —murmuró Taehyung, ya medio dormido.

—¿Dime? —respondió Yoongi, acariciando rítmicamente su espalda.

—Mañana... ¿podemos quedarnos así todo el día?

Yoongi sonrió en la oscuridad, sintiendo el calor del cuerpo de Taehyung contra el suyo, agradecido de ser el refugio de alguien tan especial.

—Todo el día, Taehyungie. Todo el tiempo que necesites.

Porque para Yoongi, ser el pilar de Taehyung no era una tarea, era su forma de amar. Y para Taehyung, Yoongi no era solo su novio, era el único lugar en el mundo donde el invierno de 2020 no podía alcanzarlo. En la seriedad de Yoongi encontraba paz, y en su amor encontraba la fuerza para volver a brillar, aunque fuera poco a poco, un día a la vez.
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