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Kaa en high school dxd

Fandom: Kaa and DxD ecchi comedia sobrenatural hipnosis

Creado: 9/7/2026

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La Mirada del Depredador Silencioso

El aire en la ciudad de Kuoh siempre había tenido una densidad particular, una mezcla de energía espiritual y la calma cotidiana de una ciudad japonesa. Sin embargo, en los límites del bosque que colindaba con la Academia Kuoh, el tejido de la realidad pareció rasgarse por un instante. No hubo una explosión, ni un destello cegador de luz mágica; solo un siseo prolongado que se fundió con el viento y una distorsión visual que escupió a una criatura que no pertenecía a ese mundo, ni a esa dimensión.

Kaa, la enorme pitón de la selva de Seoni, desenroscó su cuerpo escamoso de un portal invisible que se cerró tras ella con la suavidad de un suspiro. Sus ojos, inicialmente amarillos y astutos, parpadearon mientras se adaptaba a la extraña arquitectura del edificio que se alzaba frente a ella. Era una construcción antigua, de estilo europeo, que contrastaba con los árboles modernos que la rodeaban.

—Sssssí... —siseó la serpiente para sí misma, deslizando su lengua bífida para saborear el ambiente—. Ssssensacional... Un nuevo jardín... y un nuevo aroma... un aroma dulce, lleno de poder y... debilidad.

Con una agilidad que desafiaba su tamaño, Kaa trepó por el tronco de un roble centenario cuyas ramas se extendían casi hasta tocar las ventanas del segundo piso del viejo edificio del Club de Investigación de lo Oculto. Sus escamas se frotaban contra la corteza con un sonido rítmico, casi hipnótico. Al alcanzar una posición elevada, Kaa asomó su cabeza triangular tras el cristal de una de las ventanas.

Dentro de la habitación, el ambiente era tenso y cargado de preocupación.

En un sofá de terciopelo, el joven Gasper Vladi yacía pálido, más de lo habitual para un vampiro. Sudores fríos empapaban su flequillo rubio y sus ojos cerrados se movían con inquietud bajo los párpados. Un aura de malestar emanaba de él, una enfermedad que parecía resistirse a cualquier tratamiento convencional o mágico.

—No lo entiendo... —susurró Asia Argento, cuyas manos brillaban con un suave resplandor verde esmeralda mientras las mantenía sobre el pecho del chico—. Mi magia de sanación debería haber bajado su temperatura hace horas. Es como si su cuerpo estuviera rechazando la energía.

Rias Gremory, la heredera del clan Gremory, caminaba de un lado a otro con los brazos cruzados, su largo cabello carmesí ondeando tras ella. Su uniforme escolar estaba impecable, pero su rostro reflejaba una frustración creciente.

—No es una enfermedad común, Asia —dijo Rias, deteniéndose para observar a su alfil—. Gasper es un medio vampiro con un Sacred Gear muy inestable. Si su energía interna se desequilibra, su cuerpo humano y su parte sobrenatural entran en conflicto. Akeno, ¿cómo está el agua?

Akeno Himejima, la vicepresidenta del club, escurría un paño blanco en un cuenco de cerámica. Su expresión, usualmente pícara y sádica, estaba teñida de una genuina preocupación maternal mientras colocaba la compresa fría sobre la frente de Gasper.

—Sigue ardiendo, Rias-sama —respondió Akeno con voz suave—. He intentado imbuir el agua con un poco de energía purificadora para estabilizarlo, pero la fiebre no cede. Pobre Gasper-kun... se ve tan vulnerable, ¿verdad?

—¡Uuuhhh... no quiero... salir de la caja! —balbuceó Gasper entre sueños, apretando las mantas con fuerza—. Tengo miedo... Rias-buchou... ayuda...

Rias suspiró y se acercó al sofá, sentándose en el borde y acariciando el cabello del chico.

—Tranquilo, Gasper. Estamos aquí. No dejaré que nada te pase.

Desde el otro lado del cristal, Kaa observaba la escena con una fascinación creciente. Sus ojos se entrecerraron mientras analizaba a las tres jóvenes. Eran hermosas, rebosantes de una vitalidad que nunca había visto en la selva. Y el chico... el chico era el eslabón débil. Un pequeño juguete que podía ser la llave para abrir las mentes de esas mujeres.

—Ssssi... qué tierno... —murmuró Kaa, su voz era un susurro vibrante que parecía vibrar en la madera de la ventana—. Tanta preocupación por un pequeño sssser... ssssería una pena que las cosassss se volvieran... complicadassss.

Kaa decidió que era el momento de presentarse. No con violencia, sino con la sutil persuasión que solo ella poseía. Utilizando su cola para presionar suavemente el pestillo de la ventana, que por fortuna estaba mal cerrado, la serpiente se deslizó hacia el interior de la habitación con la elegancia de una sombra.

El ligero siseo y el roce de las escamas contra el suelo de madera hicieron que Rias se pusiera en alerta de inmediato.

—¿Quién está ahí? —preguntó Rias, poniéndose de pie y extendiendo una mano de la que comenzó a brotar un aura roja de destrucción.

Akeno y Asia también se giraron. Asia ahogó un grito al ver a la enorme pitón deslizándose por la pared, moviéndose hacia las vigas del techo.

—¡Una serpiente! —exclamó Asia, retrocediendo un paso—. ¡Es enorme!

—No es una serpiente normal —dijo Akeno, entrecerrando los ojos mientras una chispa de electricidad amarilla bailaba entre sus dedos—. Siento una inteligencia extraña en ella. ¿Cómo has entrado aquí, criatura?

Kaa bajó lentamente su cabeza desde una viga, quedando a la altura de los ojos de las chicas, aunque manteniendo una distancia prudencial. Su cuello se movía en ondas suaves, casi rítmicas.

—Sssssaludosss, bellassss damassss —dijo Kaa, su voz era profunda y melódica, con una cadencia que invitaba a la relajación—. No tengan miedo... ssssolo ssssoy una viajera... una ssssimple observadora.

Rias no bajó la guardia. El poder de la destrucción seguía brillando en su palma.

—Hablas. Eso significa que eres un ser sobrenatural. ¿Quién te envía? ¿Eres un enviado de alguna facción enemiga?

Kaa soltó una risita sibilante, un sonido que parecía envolver la habitación.

—Nadie me envía... ssssolo sssseguí el rastro del dolor de esse pequeño... —Kaa señaló con el hocico hacia Gasper—. Puedo ver que sssufre... puedo ver que susss ssssanacionesss no ssssirven de nada...

—¿Qué sabes tú de su estado? —preguntó Akeno, dando un paso al frente, protegiendo a Asia—. Habla rápido o te convertiré en cenizas.

—Sssé que lo que el chico necccesssita... no esss magia... sssino un dessscanssso profundo... un sueño sssin pesadillasss... —dijo Kaa, comenzando a balancear su cabeza de izquierda a derecha—. Y yo puedo dárssselo... puedo hacer que sssu dolor sssse desvanezca... y que usssstedesss... misss queridassss... sssse sientan mucho mejor...

—No confío en ti —sentenció Rias, aunque sus ojos, inevitablemente, comenzaron a seguir el movimiento pendular de la cabeza de la serpiente—. Pero si tienes algo que pueda ayudar a Gasper...

—Mírenme... —susurró Kaa, y en ese instante, sus ojos amarillos comenzaron a cambiar.

Pequeños círculos concéntricos de colores vibrantes —verde, amarillo, rojo, azul— empezaron a girar dentro de sus pupilas. Era una espiral infinita que parecía absorber la luz de la habitación.

—No aparten la visssta... ssssolo un momento... —continuó Kaa—. Sssientan cómo sssus párpadosss ssssse vuelven pesadoss... cómo la preocupación por el chico sssse convierte en... obediencia...

Asia fue la primera en sucumbir. Ella, con su corazón puro y su naturaleza amable, no tenía defensas contra una manipulación tan sutil y directa.

—Es... tan bonito... —murmuró Asia, sus manos dejando de brillar. Sus ojos se volvieron grandes y vacíos, reflejando fielmente las espirales de colores de Kaa—. Los colores... giran...

—¡Asia, no mires! —gritó Rias, pero fue demasiado tarde. Al intentar advertir a su amiga, Rias miró directamente a los ojos de la serpiente.

La voluntad de hierro de la heredera Gremory luchó durante unos segundos. El poder de la destrucción en su mano chisporroteó, tratando de manifestarse, pero la voz de Kaa era como miel vertida sobre sus pensamientos.

—Confía en mí... Rias Gremory... deja de luchar... el chico... Gasper... él necccesssita algo másss que cuidadoss... necccesssita que sssusss amadassss sssenpaiss le den un tipo de consssuelo... diferente...

—Yo... debo... salvar a Gasper... —balbuceó Rias, pero su postura se relajó. Sus brazos cayeron a los costados y su expresión se volvió vacía, una máscara de sumisión—. Sí... confiar... en ti...

Akeno, que siempre se enorgullecía de su control, intentó invocar un rayo, pero Kaa se movió con una velocidad cegadora, acercando su rostro al de la sacerdotisa del trueno.

—Y tú... la dulce Akeno... sssé que te gussssta el placer... y el dolor... —siseó Kaa directamente en su oído—. Imagina lo divertido que sssserá... ver al pequeño vampiro... abrumado por usssstedesss... ssssin que pueda essscapar...

Akeno soltó un gemido ahogado. Sus ojos se fijaron en las espirales y, tras un breve temblor, se rindió. Una sonrisa lánguida y carente de voluntad apareció en su rostro.

—Ara, ara... —susurró Akeno—. Qué colores tan... fascinantes... Tienes razón... Gasper-kun necesita... una medicina especial...

Kaa siseó con triunfo, descendiendo de las vigas y rodeando con su cuerpo el sofá donde Gasper seguía inconsciente. El chico, ajeno a lo que ocurría, respiraba con dificultad.

—Sssí... —dijo Kaa, ahora con total control sobre las tres mujeres—. Ahora... escuchen miss sssuaves palabrasss... El chico va a dessspertar... pero sssu mente essstará nublada... sssu enfermedad lo hará sssensssible... y usssstedesss... usssstedesss van a "cuidar" de él... de una manera que nunca olvidará...

Rias, Akeno y Asia se quedaron de pie, como estatuas de uniforme escolar, esperando las órdenes de su nuevo amo. Sus ojos seguían brillando con los colores de la hipnosis.

—Rias... —ordenó Kaa—. Acércate al chico... dile que ya no hay de qué preocuparssse... quítale la manta... que sssienta el frío... y luego... dale calor... mucho calor...

Rias se movió mecánicamente. Se acercó al sofá y, con movimientos lentos y deliberados, retiró la manta que cubría a Gasper. El joven vampiro tembló al sentir el contacto del aire frío.

—Gasper-kun... —dijo Rias, su voz era monótona pero cargada de una intención impuesta—. Ya no tienes que tener miedo. Buchou está aquí... y voy a asegurarme de que tu cuerpo... reaccione...

—Akeno... —siseó Kaa, disfrutando del espectáculo—. Ayúdala... sssabes que al chico le asssusta tu lado sssádico... ússsalo... pero para "animarlo"... haz que sssse sssienta acorralado por tusss cariciasss...

Akeno caminó hacia el otro lado del sofá, desabrochando el primer botón de su propia camisa del uniforme, como si el calor de la habitación hubiera aumentado de golpe. Sus ojos brillaban con una lascivia artificial.

—Pobre Gasper-kun... —dijo Akeno, inclinándose sobre él—. Estás tan rojito... tal vez si jugamos un poco... tu fiebre se convierta en algo... más interesante.

Asia, por su parte, se quedó mirando sus propias manos.

—Asia... —dijo Kaa—. Tú ssseres la "pureza" que lo corrompa... ússsa tu magia no para sssanarlo... sssino para hacer que sssus sssensssisssionesss ssssean diez vecccesss másss fuertesss...

—Sí... amo... —respondió Asia con voz quebrada, sus manos volviendo a brillar, pero esta vez con un tono dorado mucho más intenso y febril.

Gasper abrió los ojos lentamente. Su visión estaba borrosa y su cabeza le daba vueltas. Lo primero que vio fue el techo del club, pero rápidamente su campo de visión fue ocupado por los rostros de Rias y Akeno, que se cernían sobre él con expresiones que nunca antes les había visto.

—¿B-Buchou? ¿Akeno-san? —preguntó Gasper con voz débil—. ¿Qué... qué está pasando? Me siento raro...

—No hables, Gasper-kun —dijo Rias, pasando una mano por el pecho del chico, sintiendo los latidos acelerados de su corazón—. Estamos aquí para... curarte.

—Pero... —Gasper intentó levantarse, pero sintió que sus fuerzas le fallaban. Fue entonces cuando vio a la enorme serpiente enroscada en la cabecera del sofá, con sus ojos brillantes observándolo todo.

—¡Aaaaahhh! ¡Una s-serpiente! —gritó Gasper, tratando de transformarse en niebla, pero la magia de Asia, que ahora envolvía su cuerpo, le impedía usar sus poderes.

—Tranquilo, pequeño sssser... —dijo Kaa, acercando su cara a la de Gasper—. Misss marionetasss te cuidarán bien... sssolo déjate llevar...

Gasper miró a Asia, buscando ayuda, pero la chica rubia solo le sonreía de una forma extrañamente dulce mientras sus manos emitían oleadas de calor que hacían que la piel del vampiro se erizara.

—Asia-san... ¿por qué me miras así? —preguntó Gasper, el pánico creciendo en su pecho.

—Es por tu bien, Gasper-kun —respondió Asia—. Queremos que te sientas... muy, muy bien.

Akeno soltó una risita y comenzó a juguetear con los botones de la camisa de Gasper, desabrochándolos uno a uno con una lentitud tortuosa.

—Rias-sama, mira cómo tiembla —dijo Akeno—. Es tan lindo cuando está asustado... y tan indefenso.

Rias se inclinó y susurró al oído de Gasper, un susurro que no era suyo, sino una extensión de la voluntad de Kaa.

—Hoy vas a aprender lo que significa ser un hombre en el clan Gremory, Gasper... aunque tengamos que obligarte a disfrutarlo.

Kaa se retiró un poco, subiendo de nuevo a las vigas para tener una vista panorámica de la habitación. El juego acababa de empezar. El edificio del Club de Investigación de lo Oculto, que solía ser un refugio, se había convertido en una trampa de seda y escamas.

—Sssí... —siseó Kaa, relamiéndose—. Esto sssserá mucho másss divertido que cacería en la sssselva... El poder de la hipnossisss... y la fragilidad de lasss emocionesss humanasss... una combinación... exquississita.

Abajo, en el sofá, los gritos de protesta de Gasper comenzaron a mezclarse con suspiros involuntarios mientras las tres chicas, bajo el control absoluto de la serpiente, daban inicio a una sesión de "cuidados" que desafiaba cualquier lógica y moralidad del club. Kaa observaba, sus ojos en espiral brillando en la penumbra, saboreando cada momento de la corrupción que acababa de desatar en aquel extraño y nuevo mundo.

El primer capítulo de la estancia de Kaa en Kuoh apenas comenzaba, y las sombras del bosque parecían reírse junto a ella mientras la noche caía sobre la academia, ocultando los secretos pecaminosos que ocurrían tras las ventanas del viejo edificio.
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