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Cecilia gilmore

Fandom: gilmore girls

Creado: 16/7/2026

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El Despertar en los Pasillos de Yale

El aire de New Haven comenzaba a teñirse con el aroma del otoño, esa mezcla de hojas secas y ambición académica que siempre caracterizaba el inicio del semestre en Yale. Cecilia Gilmore caminaba junto a su hermana melliza, Rory, cargando una pila de libros que parecía amenazar su equilibrio. A diferencia de Rory, que vestía de manera práctica y discreta, Cecilia llevaba una falda de tablas corta que acentuaba sus curvas naturales y un jersey de cachemira blanco que se ajustaba a su busto prominente. Su cabello pelirrojo caía en ondas brillantes hasta su cintura, y las pequeñas pecas en su nariz resaltaban sobre su piel de porcelana.

—Ceci, vas a tirar todo si sigues mirando el mapa y no el suelo —advirtió Rory con una sonrisa protectora.

—Es que este campus es un laberinto, Rory. Siento que si doy un giro equivocado terminaré en el siglo dieciocho —respondió Cecilia con una voz suave e inocente.

Mientras cruzaban el patio principal hacia la biblioteca Branford, un grupo de chicos vestidos con trajes impecables y una actitud de dueños del mundo se interpuso en su camino. En el centro del grupo estaba él: Logan Huntzberger. Era alto, rubio, con una sonrisa ladeada que irradiaba confianza y una mirada que parecía desnudarte en segundos.

Cuando los ojos de Logan se posaron en Cecilia, el tiempo pareció detenerse para él. Había visto a muchas mujeres hermosas, pero nunca a alguien que combinara esa fragilidad virginal con un cuerpo que desafiaba cualquier estándar de decencia.

—Vaya, vaya... Parece que Yale ha decidido bendecirnos este año con doble ración de Gilmore —dijo Logan, ignorando a Rory para enfocarse completamente en la pelirroja.

Cecilia se sonrojó violentamente, bajando la mirada mientras apretaba los libros contra su pecho.

—Soy Logan. Y tú debes ser la hermana de la que tanto he oído hablar, aunque las descripciones se quedaron cortas.

—Cecilia —susurró ella, sintiendo un extraño calor recorrerle la espalda ante la intensidad de la mirada del rubio.

—Un placer, Cecilia. Nos veremos pronto. Muy pronto.

Ese encuentro casual fue solo el preludio. El tercer encuentro ocurrió una semana después, en una de las salas de estudio privadas de la biblioteca, tarde por la noche. Cecilia estaba buscando un volumen de literatura clásica cuando Logan apareció de la nada, cerrando la puerta tras de sí con un clic sonoro.

—Te he estado siguiendo, princesa —dijo Logan, acortando la distancia. Su voz era profunda y autoritaria—. Me gusta cómo te vistes. Tan inocente, pero ese trasero... Dios, Cecilia, no tienes idea de lo que me haces sentir.

Logan la tomó por la cintura, obligándola a soltar sus apuntes. Cecilia temblaba, no de miedo, sino de una curiosidad abrumadora. Cuando las manos de Logan bajaron para apretar sus glúteos con firmeza, ella dejó escapar un pequeño gemido que encendió la habitación.

—Mírate, ya estás temblando y ni siquiera te he tocado de verdad —se burló Logan con ternura, rozando sus labios contra el cuello de ella—. Eres tan pequeña, tan perfecta. Quiero enseñarte cosas que tu hermana ni siquiera imagina que existen.

Semanas después, en la suite de Logan, la transición de la curiosidad a la entrega total se completó. Cecilia estaba sentada en el borde de la cama, vistiendo solo un conjunto de lencería de encaje que apenas cubría sus generosos atributos. Logan la observaba desde el marco de la puerta, saboreando la vista de su sumisión.

—Acércate, Cecilia. De rodillas —ordenó Logan.

Ella obedeció al instante. Su mente se quedaba en blanco cada vez que él usaba ese tono. No había pensamientos, solo la necesidad de complacerlo. Logan se desabrochó el pantalón, revelando su miembro imponente. Cecilia abrió los ojos con asombro, su inocencia chocando con la realidad de la virilidad de Logan.

—Es... es muy grande —susurró ella, humedeciendo sus labios inconscientemente.

—Y es todo tuyo. Quiero que pruebes el sabor de tu dueño.

Logan la guió con paciencia, enseñándole cómo usar su boca, cómo succionar y cómo tragar. Cecilia descubrió, para su propia sorpresa, que el sabor del semen le resultaba adictivo. Cuando Logan finalmente la llevó a la cama, la penetración fue lenta, rompiendo su virginidad con una mezcla de posesión y cuidado posterior.

—Mírate, princesa, estás empapada. Te mojas tanto por mí —comentó Logan mientras la embestía con fuerza, observando cómo sus pechos rebotaban rítmicamente—. Eres una pequeña pervertida bajo toda esa fachada de niña buena.

—Sí, Logan... por favor, más... —suplicaba ella, con la mirada perdida y el cuerpo vibrando por los orgasmos constantes que él le provocaba.

La dinámica cambió definitivamente una tarde en la que Finn y Colin, los inseparables amigos de Logan, entraron en la habitación sin llamar. Cecilia estaba en cuatro patas, con Logan detrás de ella, azotando suavemente sus glúteos rojos mientras ella gemía el nombre de su novio.

Lejos de detenerse, Logan sonrió al ver a sus amigos. Sabía que Cecilia estaba en ese trance de sumisión donde haría cualquier cosa que él le pidiera.

—Miren lo que tengo aquí, chicos —dijo Logan, sujetando el cabello pelirrojo de Cecilia para que ella mirara a los recién llegados—. ¿No es la criatura más hermosa que han visto? Cecilia, saluda a Finn y Colin. Sé una buena chica y demuéstrales cuánto te gusta servirnos.

Cecilia, con las mejillas encendidas y la mente nublada por el placer, no opuso resistencia. Bajo las instrucciones detalladas de Logan, comenzó a interactuar con los tres. Logan disfrutaba narrando cada momento, describiendo en voz alta cómo el cuerpo de Cecilia reaccionaba a cada estímulo.

—Mira cómo se abre para nosotros, Finn. Mira cómo gotea —comentaba Logan mientras Colin la penetraba vaginalmente y él se posicionaba detrás para tomarla analmente—. Le encanta que la usemos. ¿Verdad, pequeña? Di que eres nuestra.

—Soy... soy de ustedes... por favor, llénenme —gemía Cecilia, entregada totalmente al frenesí del sexo grupal.

A pesar de la intensidad de sus encuentros, que a menudo incluían juguetes, tapones anales que Logan controlaba por control remoto mientras ella asistía a las cenas familiares con los Gilmore, y sesiones maratónicas en limosinas durante los eventos de la Brigada de la Vida y la Muerte, Logan siempre se aseguraba de cuidarla después.

Después de cada sesión donde ella terminaba temblando, cubierta de semen y con la mente exhausta, Logan la envolvía en sus brazos, limpiándola con ternura y susurrándole palabras dulces al oído.

—Lo hiciste tan bien, mi princesa. Mañana te compraré ese vestido que querías —decía él, besando sus pecas mientras ella se acurrucaba contra su pecho, lista para volver a ser la inocente estudiante de Yale ante los ojos del mundo, guardando el secreto de su verdadera naturaleza sumisa para su dueño y sus amigos.

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