Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Pura

Fandom: The Orginals

Creado: 24/7/2026

Etiquetas

RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloFantasíaGótico SureñoEstudio de PersonajeCelosAmbientación Canon
Índice

El secreto tras el sauce llorón

Nueva Orleans era una ciudad que devoraba la luz, un lugar donde las sombras tenían garras y el aire siempre pesaba con el aroma a jazmín y sangre antigua. Sin embargo, para Elijah Mikaelson, existía un rincón que permanecía intocado por la corrupción de su linaje. Un santuario que olía a papel viejo, hierba fresca y a la inocencia más absoluta.

Kira Montgomery era ese santuario.

Elijah la observaba desde la distancia, oculto entre los árboles del parque, donde el sol de la tarde filtraba sus rayos a través de las ramas de un sauce llorón. Kira estaba allí, como siempre, sentada sobre una manta de algodón, absorta en un cuaderno de bocetos. Sus ojos heterocromáticos —uno de un azul gélido como el invierno y el otro de un marrón cálido como la tierra fértil— se movían con rapidez, capturando la esencia del mundo que la rodeaba.

A sus dieciocho años, Kira era una anomalía en un mundo de pecados. No conocía el sabor del alcohol, no sabía lo que era el rencor y su corazón no guardaba ni una sola cicatriz de malicia. Era pura, una joya de cristal que Elijah se había jurado proteger, incluso de sí mismo.

—Sé que estás ahí, Elijah —dijo ella sin levantar la vista, con una pequeña sonrisa curvando sus labios rosados—. Puedo oler tu perfume. Huele a lluvia y a algo muy antiguo.

Elijah emergió de las sombras con la elegancia que lo caracterizaba. Su traje impecable contrastaba con el entorno natural, pero su expresión se suavizó en el momento en que sus ojos se posaron en ella. Se acercó con pasos silenciosos y se sentó a su lado, cuidando de no arrugar su chaqueta.

—Tu percepción siempre me asombra, Kira —comentó él con voz profunda y aterciopelada.

—No es percepción, es que te conozco —respondió ella, cerrando su cuaderno y girándose hacia él. Sus ojos brillaron con esa luz única que solo ella poseía—. ¿Has tenido un día difícil en el Barrio Francés? Te ves... tenso.

Elijah suspiró, permitiéndose por un momento bajar la guardia. Solo con ella podía ser algo más que el "Noble Elocuente" o el monstruo que eliminaba obstáculos para su familia.

—Los asuntos de mi familia son siempre agotadores, pero estar aquí contigo es el remedio que necesito.

Kira se acercó y, con una naturalidad que a Elijah siempre le robaba el aliento, comenzó a pasar sus dedos por el cabello oscuro del vampiro. Elijah cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia su toque. El contacto era eléctrico, pero de una manera suave, una caricia que calmaba los siglos de violencia que llevaba a cuestas.

—Eres tan bueno conmigo —susurró ella, dejando un beso casto en su mejilla—. Siempre me cuidas.

—Eres lo único sagrado que queda en este mundo, Kira —respondió él, abriendo los ojos para mirarla con una intensidad protectora—. Haría cualquier cosa para que sigas siendo así. Para que nada ni nadie te corrompa.

Esa era su misión. Había mantenido a Kira en una burbuja de seda, lejos de las guerras de vampiros, de los aquelarres de brujas y, sobre todo, lejos de su hermano Niklaus. Elijah sabía que Klaus era un coleccionista de belleza, pero también un destructor de la misma. Si Klaus ponía sus ojos en Kira, no vería solo a una joven hermosa; vería un desafío, una oportunidad para corromper lo incorruptible. Y Elijah no permitiría que su hermano tocara ni un solo cabello de su cabeza.

Aquella noche, como muchas otras, Elijah entró en la habitación de Kira a través de la ventana abierta. Ella ya estaba en la cama, medio dormida, esperándolo. El aroma a vainilla de su habitación era su refugio personal.

—¿Jah-Jah? —murmuró ella con voz soñolienta, usando el apodo infantil que le había puesto hacía años, una deformación cariñosa de su nombre que solo ella tenía permitido usar.

—Aquí estoy —susurró él, quitándose la chaqueta y acostándose sobre las colchas a su lado.

Kira se acurrucó contra su pecho, buscando su calor frío. Elijah la rodeó con un brazo, sintiendo los latidos constantes y rítmicos de su corazón humano. Era un sonido que lo anclaba a la realidad. Ella comenzó a acariciar su cabello de nuevo, un gesto mecánico que lo sumía en una paz casi hipnótica.

—Prométeme que nunca te irás —dijo ella, su voz perdiéndose en el sueño.

—Te lo prometo por mi honor, Kira. Siempre estaré aquí para protegerte.

Sin embargo, el destino en Nueva Orleans rara vez respetaba las promesas de un Mikaelson.

Al día siguiente, Elijah regresó a la mansión familiar con una sensación de inquietud en el pecho. Al entrar en el gran salón, encontró a Klaus de pie junto al aparador, sirviéndose un bourbon. El híbrido tenía una sonrisa juguetona en el rostro, una que Elijah conocía demasiado bien. Era la sonrisa de alguien que acababa de encontrar un nuevo juguete.

—Elijah, hermano —dijo Klaus, girándose con el vaso en la mano—. Te he echado de menos hoy. Me preguntaba dónde pasas tantas horas últimamente.

—Tengo mis propios asuntos, Niklaus —respondió Elijah con frialdad, cruzando la estancia hacia su estudio—. Asuntos que no requieren tu supervisión.

Klaus soltó una risa ligera, caminando detrás de él.

—Oh, estoy seguro de que son asuntos muy nobles. Siempre tan reservado, tan protector con tus pequeños secretos.

Elijah se detuvo en seco, con la mano en el pomo de la puerta. Una chispa de advertencia brilló en sus ojos.

—No busques problemas donde no los hay.

—¿Problemas? —Klaus arqueó una ceja, acercándose más—. No, hermano. Solo curiosidad. Verás, hoy estaba dando un paseo por el parque, buscando inspiración para un nuevo lienzo, cuando vi algo fascinante bajo un sauce llorón. Una visión de pureza absoluta.

El corazón de Elijah, aunque muerto, pareció dar un vuelco violento. Mantuvo su expresión impasible, pero sus músculos se tensaron bajo el traje.

—No sé de qué estás hablando —mintió Elijah, su voz como el hielo.

—Creo que sí lo sabes —continuó Klaus, disfrutando del momento—. De hecho, me acerqué a saludar. Es una chica encantadora, Elijah. Tan... sociable. Me contó que tiene un protector, alguien que la visita por las noches y que es el hombre más caballeroso que ha conocido.

Elijah se giró lentamente, encarando a su hermano. La atmósfera en la habitación se volvió densa, cargada de una violencia contenida.

—Aléjate de ella, Niklaus. No es un juego. No es alguien a quien puedas usar para tus caprichos.

—¿Y por qué tanta hostilidad? —preguntó Klaus con fingida inocencia—. Solo tuvimos una breve charla. Me pareció fascinante que alguien como ella exista en esta ciudad. Es como un lienzo en blanco esperando que alguien pinte sobre él.

—Ella no es un lienzo —gruñó Elijah, dando un paso hacia Klaus, su voz descendiendo a un tono temible—. Es sagrada. Si te acercas a ella, si le diriges una sola palabra más, olvidaré que compartimos la misma sangre.

Klaus ensanchó su sonrisa, y en ese momento, Elijah vio el brillo de la victoria en los ojos de su hermano.

—Vaya, realmente te importa. Es extraño verte así, tan... posesivo. Debes de quererla mucho para haberla guardado bajo llave tanto tiempo.

—Ella no es de tu incumbencia.

—Oh, pero me dio un dato muy interesante —dijo Klaus, bajando la voz y acercándose al oído de Elijah—. Me dijo que no debía preocuparme, porque su "Jah-Jah" siempre la cuidaba.

El mundo pareció detenerse para Elijah. El uso de ese nombre, ese apodo sagrado que solo pertenecía a la intimidad de su relación con Kira, saliendo de los labios de Klaus, fue como un latigazo. La furia estalló en su interior, pero la controló con una disciplina férrea, aunque sus ojos se oscurecieron hasta volverse casi negros.

—¿Cómo la llamaste? —preguntó Elijah, su voz era un susurro peligroso.

—Jah-Jah —repitió Klaus, deleitándose con la palabra—. Un nombre muy dulce, ¿no crees? Me pregunto qué pensaría ella si supiera que su noble caballero ha arrancado más corazones de los que ella puede contar. Si supiera que el hombre que la abraza por las noches es el mismo que ha sembrado el terror durante mil años.

—No te atreverás —amenazó Elijah, agarrando a Klaus por las solapas de su chaqueta y estampándolo contra la pared con una fuerza sobrenatural.

—¿No me atreveré a qué? —desafió Klaus, sin dejar de sonreír—. ¿A mostrarle la verdad? Ella es pura, Elijah. Pero la pureza es frágil. Solo hace falta un pequeño empujón para que se rompa. Y tú y yo sabemos que yo soy experto en empujones.

Elijah apretó los dientes, su rostro transformándose brevemente, las venas bajo sus ojos marcándose mientras sus colmillos buscaban salir.

—Si la tocas, si la asustas, si permites que una sola gota de su inocencia se pierda por tu culpa, te encerraré en una tumba y me aseguraré de que desees no haber nacido nunca. Ella es mía, Niklaus. No la compartiré, y no permitiré que la destruyas.

Klaus miró a su hermano con una mezcla de sorpresa y diversión. Rara vez veía a Elijah perder la compostura de esa manera. El "Noble" estaba mostrando sus garras, y todo por una simple humana de ojos extraños.

—Está bien, hermano —dijo Klaus, levantando las manos en señal de rendición, aunque su mirada seguía siendo astuta—. Por ahora, respetaré tu pequeño secreto. Pero ten cuidado. Sabes que en esta ciudad, nada permanece oculto para siempre. Y la pureza... la pureza atrae a los monstruos más que la sangre misma.

Elijah lo soltó bruscamente, ajustándose la chaqueta con manos temblorosas por la rabia. Sin decir una palabra más, salió de la mansión a una velocidad cegadora. Necesitaba verla. Necesitaba asegurarse de que ella seguía siendo la misma, de que el veneno de Klaus no había empezado a filtrarse en su alma.

Llegó a la casa de Kira en segundos. Entró por la ventana y la encontró allí, sentada en su escritorio, escribiendo en su diario bajo la luz de una pequeña lámpara. Al sentir su presencia, ella se giró y corrió hacia él, envolviéndolo en un abrazo.

—¡Elijah! Has vuelto pronto —dijo ella, apoyando la cabeza en su pecho.

Elijah la abrazó con una fuerza casi desesperada, hundiendo el rostro en su cabello.

—¿Estás bien? —preguntó él, escaneando su rostro en busca de cualquier rastro de miedo o confusión—. ¿Has visto a alguien hoy? ¿Alguien te ha molestado?

Kira lo miró con sus ojos heterocromáticos, llenos de una ternura que le dolía.

—Conocí a un hombre en el parque. Se llamaba Nik. Era un poco extraño, pero amable. Me preguntó por ti, aunque no sabía que eras tú. Me pareció que buscaba a alguien.

Elijah cerró los ojos, sintiendo un nudo en la garganta.

—Escúchame bien, Kira —dijo él, tomándola de los hombros y obligándola a mirarlo—. Ese hombre es peligroso. No debes hablar con él de nuevo. No debes acercarte a él, pase lo que pase. Prométemelo.

Kira parpadeó, confundida por la urgencia en su voz.

—Pero él parecía... solo. Como si necesitara un amigo.

—Kira, por favor —suplicó Elijah, algo que rara vez hacía—. Prométemelo. No vuelvas a hablar con nadie que no conozcas, especialmente con él. El mundo no es tan amable como tú crees. Hay personas que solo quieren apagar las luces que brillan demasiado.

Kira, al ver la angustia en los ojos del hombre que amaba, asintió suavemente.

—Te lo prometo, Jah-Jah. Si eso te hace sentir mejor, no lo volveré a hacer. No quiero que estés triste.

Elijah la atrajo hacia sí de nuevo, besando la coronilla de su cabeza. La había protegido por ahora, pero sabía que la guerra acababa de empezar. Klaus había descubierto su punto débil, y en la familia Mikaelson, el amor no era una debilidad que se perdonara fácilmente.

—Te protegeré —susurró Elijah contra su piel, una declaración de guerra dirigida a las sombras que acechaban fuera—. Aunque tenga que quemar este mundo para que tú sigas caminando bajo el sol.

Kira no entendía la magnitud de sus palabras, pero se sintió segura en sus brazos. Para ella, Elijah era su caballero, su protector, su Jah-Jah. Para el resto del mundo, era el monstruo que mantendría a raya a cualquier otro demonio con tal de preservar la pureza de la chica que le había devuelto, sin saberlo, una pizca de su propia humanidad.

Esa noche, mientras ella dormía profundamente, Elijah se quedó vigilando junto a su cama. Sus ojos no se apartaron de la puerta ni de la ventana. Sabía que Klaus estaba cerca, acechando, esperando el momento de debilidad. Pero Elijah no era un hombre de debilidades. Era un Mikaelson, y si algo era suyo, lo defendería hasta el fin de los tiempos.

Kira Montgomery era su secreto, su tesoro y su redención. Y Elijah no estaba dispuesto a dejar que nadie, ni siquiera su propio hermano, le arrebatara la única luz que iluminaba su eterna oscuridad.

Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic