
Fly-no-Jutsu
Fandom: Boruto: Naruto Next Generations
Creado: 27/7/2026
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Pequeñas alas, grandes risas
La tarde en la Aldea Oculta de la Hoja transcurría con una parsimonia casi desesperante para la pequeña Himawari Uzumaki. El sol de Konoha brillaba con fuerza, pero dentro de la residencia Uzumaki, el silencio era el único compañero de la niña. Su padre, Naruto, estaba sumergido en montañas de papeleo en la oficina del Hokage; su madre, Hinata, había salido a realizar unos recados importantes para el clan Hyuga; y Boruto, como de costumbre, estaba fuera con su equipo, probablemente comiendo hamburguesas o buscando alguna nueva aventura.
Himawari, con su cabello azul oscuro y su característico ahoge balanceándose sobre su cabeza, deambulaba por los pasillos de su casa. Sus sandalias fucsia golpeaban rítmicamente el suelo de madera. Tras agotar sus opciones de juego, terminó en la habitación de su madre. No solía hurgar entre las pertenencias de Hinata, pero un brillo metálico bajo la cama llamó su atención. Al agacharse, encontró una caja de madera antigua que contenía varios rollos de pergamino.
Uno de ellos, de un color amarillento por el paso del tiempo, tenía una etiqueta que rezaba: Fly-no-Jutsu.
—¿Fly-no-Jutsu? —susurró Himawari, ladeando la cabeza con curiosidad—. ¿Un jutsu para volar?
Al desenrollarlo, leyó las instrucciones. No era simplemente para volar; era una técnica de espionaje diseñada para misiones de infiltración extrema. El usuario podía encogerse hasta alcanzar el tamaño de una mosca, manteniendo su conciencia y ganando la capacidad de volar con alas translúcidas. Era una técnica difícil de dominar, pero Himawari, poseedora de un talento natural heredado de dos de los linajes más poderosos de la aldea, decidió intentarlo.
—Solo una vez... —se dijo a sí misma, realizando las posiciones de manos con precisión—. ¡Jutsu!
Una pequeña nube de humo blanco estalló en la habitación. Cuando el humo se disipó, Himawari ya no estaba sobre la alfombra. En su lugar, una diminuta figura de apenas tres milímetros de altura se elevaba en el aire. Sus ropas amarillas y azules se habían encogido con ella, y en su espalda, un par de alas vibraban a una velocidad increíble, produciendo un zumbido casi imperceptible.
La perspectiva era alucinante. Los muebles de la habitación parecían montañas, y la puerta abierta era un portal hacia un mundo gigantesco. Con una risita que sonó como el tintineo de una campana minúscula, Himawari salió volando por la ventana, decidida a sacudirse el aburrimiento.
Sobrevoló las calles de Konoha, esquivando a los aldeanos que, desde su nueva altura, parecían titanes bondadosos. Espió a algunos ninjas que entrenaban en los campos, pero pronto buscó algo más entretenido. Sus alas la llevaron hacia la zona comercial, y el dulce aroma de las flores la guio directamente hacia la Floristería Yamanaka.
Allí, sentadas en una mesa cerca del mostrador, se encontraban dos de las kunoichis más famosas de la aldea: Ino Yamanaka y Sakura Haruno.
Ino lucía tan impecable como siempre. Su larga melena rubia platino caía en una coleta alta y su conjunto morado dejaba al descubierto su vientre plano y su ombligo, una moda que mantenía desde su juventud y que resaltaba su envidiable figura a los treinta y tres años. A su lado, Sakura, con su cabello rosa claro recogido en una coleta baja y su frente despejada, vestía su clásica túnica rosada sin mangas. La apertura frontal de su ropa también dejaba ver parte de su abdomen y su ombligo, justo por encima de sus pantalones blancos.
—Te lo digo, Ino, el hospital ha estado una locura esta semana —decía Sakura, suspirando mientras tomaba un poco de té—. Entre las nuevas vacunas para los genin y los informes de presupuesto, apenas he tenido tiempo para cenar con Sasuke ahora que ha vuelto por unos días.
—Ay, Sakura, siempre tan dedicada —respondió Ino con una sonrisa pícara, apoyando su barbilla en su mano—. Pero deberías relajarte. Mira qué día tan hermoso hace. Deberíamos ir mañana a las termas, solo nosotras dos.
Himawari, suspendida en el aire cerca del techo, observaba la escena. Una idea traviesa cruzó su mente. Sus tías eran siempre muy serias cuando hablaban de temas de adultos, y verlas tan relajadas le dio ganas de jugarles una broma.
—Je, je... esto será divertido —pensó la pequeña Uzumaki.
Con un movimiento rápido y silencioso, Himawari descendió. Gracias a su tamaño, era prácticamente invisible para los ojos humanos, incluso para dos ninjas de élite si no estaban en alerta de combate. Se dirigió directamente hacia Ino. La piel de la rubia se veía suave como la seda. Himawari aterrizó suavemente justo en el borde del ombligo de Ino.
Al principio, Ino no sintió nada, pero cuando Himawari empezó a caminar con sus minúsculas sandalias por la sensible piel del vientre, la reacción fue inmediata.
—¡Ah! —Ino se sobresaltó de repente, enderezando la espalda y soltando una pequeña risita nerviosa.
—¿Qué pasa, Ino? —preguntó Sakura, arqueando una ceja verde.
—Nada, yo... —Ino se frotó el abdomen con una mano, pero Himawari fue más rápida y se desplazó hacia el otro lado del vientre, haciendo cosquillas con sus pequeñas manos—. ¡Ji, ji! ¡Espera! ¡Qué gracioso!
—¿Qué es gracioso? —Sakura la miró con curiosidad, dejando su taza de té en la mesa.
—No lo sé... siento como si... ¡ja, ja, ja! —Ino estalló en una risa cristalina mientras se encogía de hombros, tratando de atrapar lo que sea que la estuviera molestando—. Siento cosquillas, Sakura. De repente, mi vientre está muy sensible.
Himawari disfrutaba del caos. Al ver que Ino empezaba a sospechar y a tocarse la piel, la niña decidió cambiar de objetivo. Voló rápidamente, cruzando el espacio entre ambas mujeres, y se dirigió hacia Sakura.
La apertura en la camisa de Sakura era más estrecha, pero el acceso a su ombligo era directo. Himawari no perdió el tiempo y se introdujo directamente en el pequeño hueco del ombligo de la pelirosa.
—¡E-espera! —exclamó Sakura, sus ojos verdes se abrieron de par en par.
Himawari empezó a moverse frenéticamente dentro del ombligo de Sakura, usando sus manos y pies para masajear las paredes internas de la piel más sensible de la ninja médico.
—¡¡JA, JA, JA, JA!! —Sakura soltó una carcajada estrepitosa que resonó en toda la floristería. Se dobló hacia adelante, presionando sus manos contra su estómago en un intento inútil de detener la sensación—. ¡Ino! ¡Ino, detente! ¡Ja, ja, ja!
—¿Que yo me detenga? ¡Si yo no estoy haciendo nada! —exclamó Ino, levantándose de su asiento, asustada y divertida a la vez al ver a su amiga retorcerse de esa manera.
—¡Es mi ombligo! ¡Siento algo dentro! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Me hace muchas cosquillas! —gritaba Sakura entre risas incontrolables. Sus mejillas se pusieron rojas y pequeñas lágrimas de risa empezaron a asomar en sus ojos. Se retorcía en la silla, moviendo las caderas de un lado a otro, mientras Himawari, dentro, no paraba de jugar.
Ino se acercó rápidamente, preocupada por si se trataba de algún insecto real o una broma de algún niño de la aldea.
—¡Déjame ver, Sakura! —Ino se inclinó sobre ella, tratando de apartar las manos de su amiga para inspeccionar la zona.
Himawari vio la oportunidad perfecta. En el momento en que Ino se acercó lo suficiente, la pequeña salió disparada del ombligo de Sakura y, aprovechando el impulso, se lanzó directamente al ombligo de la rubia, que estaba totalmente expuesto por su posición inclinada.
—¡¡OH!! ¡¡JA, JA, JA, JA, JA!! —El grito de Ino fue mucho más fuerte que el de Sakura. La rubia cayó de espaldas sobre un sofá cercano, pataleando en el aire. Sus reacciones siempre habían sido más dramáticas y escandalosas que las de su amiga—. ¡¡NO!! ¡¡AHÍ NO!! ¡¡JA, JA, JA, JA!!
Sakura, recuperando el aliento pero aún con espasmos de risa, miraba a Ino con incredulidad.
—¿Ahora eres tú? —preguntó Sakura, limpiándose las lágrimas.
—¡Es... es horrible! ¡Ja, ja, ja! ¡Siento que me están haciendo cosquillas con mil plumas! —Ino se retorcía, agarrándose los costados, mientras Himawari exploraba cada rincón de su ombligo con una energía inagotable.
La escena era digna de una comedia. Dos de las mujeres más poderosas y respetadas de Konoha estaban completamente derrotadas por un enemigo invisible de tres milímetros. Ino se reía con tanta fuerza que su coleta empezaba a deshacerse, y su vientre subía y bajaba rítmicamente, lo que hacía que Himawari tuviera que esforzarse para no salir despedida por el movimiento.
Después de un par de minutos de pura histeria, Himawari decidió que ya había sido suficiente. No quería que el jutsu se agotara mientras estaba allí, o las consecuencias serían... complicadas de explicar.
Con una última maniobra rápida que le sacó un último chillido a Ino, Himawari salió volando hacia el techo y luego hacia la puerta principal, aprovechando que un cliente entraba en ese momento.
—¡Uf! —exclamó Ino, dejándose caer pesadamente en el sofá, jadeando y con la cara roja como un tomate—. Se... se detuvo.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Sakura, acomodándose la ropa y tratando de recuperar la compostura, aunque todavía tenía una sonrisa en los labios—. ¿Un insecto del clan Aburame que se escapó?
—Si vuelvo a ver a Shino, le voy a dar un golpe que no olvidará —dijo Ino, abanicándose con la mano—. Nunca en mi vida me habían hecho tantas cosquillas. Mi ombligo todavía se siente... extraño.
Ambas se miraron y, tras un segundo de silencio, volvieron a estallar en risas, esta vez por lo absurdo de la situación.
Mientras tanto, una pequeña mota amarilla volaba a toda velocidad hacia la residencia Uzumaki. Himawari entró por la ventana de la habitación de su madre justo a tiempo. Apenas sus pies tocaron el suelo, una nube de humo la envolvió y recuperó su tamaño original.
—¡Eso fue increíble! —exclamó Himawari, lanzándose a su cama y rodando por las sábanas—. ¡Las caras que pusieron Tía Sakura y Tía Ino! ¡Ja, ja, ja!
En ese momento, se escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose.
—¡Himawari, ya llegué! —la voz de Hinata resonó en la casa.
La niña bajó las escaleras saltando, con una sonrisa de oreja a oreja que no podía ocultar. Hinata la recibió en la entrada, dejando las bolsas de la compra sobre la mesa.
—Hola, cariño. Te veo muy animada —dijo Hinata con una sonrisa dulce, acariciando el cabello de su hija—. ¿Cómo fue tu día? ¿Te aburriste mucho sola?
Himawari recordó la imagen de Ino pataleando en el sofá y a Sakura retorciéndose de risa, y su sonrisa se ensanchó aún más.
—¡Para nada, mami! —respondió la pequeña, abrazando a su madre—. Fue un día muy divertido y lleno de risas. ¡Konoha es un lugar genial para explorar!
Hinata la miró con cierta curiosidad, notando el brillo travieso en sus ojos azules, pero decidió no indagar más. Después de todo, ver a su hija tan feliz era lo único que importaba.
—Me alegra mucho, Hima. Ahora, ayúdame con la cena, tu padre y Boruto no tardarán en llegar.
—¡Sí! —asintió la niña.
Mientras ayudaba a poner la mesa, Himawari guardó el secreto del Fly-no-Jutsu en su corazón. Sabía que el pergamino debía volver a su lugar, pero también sabía que, si algún día el aburrimiento volvía a atacar, siempre habría algún ombligo descuidado en la aldea esperando por una pequeña dosis de cosquillas.
