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El Interrogatorio de Lust

Fandom: Fullmetal Alchemist

Creado: 27/7/2026

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El Estruendo del Metal y la Risa Prohibida

El olor a aceite de motor y metal frío siempre había sido el refugio de Winry Rockbell. En su taller de Rush Valley, el sonido rítmico de su llave inglesa golpeando una pieza de acero era la única música que necesitaba. La joven mecánica, con su melena rubia recogida en una coleta alta y su pañuelo verde sujetando con firmeza su flequillo, estaba absurda en el mantenimiento de una prótesis de pierna. Su mono beige, como de costumbre, estaba atado a la cintura, dejando al descubierto su top negro y su abdomen firme, una vestimenta práctica para el calor sofocante del taller.

De repente, el zumbido de las lámparas fluorescentes vaciló. Con un chasquido seco, la oscuridad inundó la habitación.

—¿Eh? ¿Otra vez los fusibles? —refunfuñó Winry, dejando la herramienta sobre la mesa—. Abuelo, te dije que necesitábamos revisar el cableado...

No terminó la frase. Antes de que pudiera dar un paso hacia la caja de luces, una sombra se materializó detrás de ella. Winry sintió una ráfaga de aire frío y, antes de poder reaccionar, unas manos pálidas y heladas atraparon sus muñecas con una fuerza inhumana. Con un movimiento rápido y fluido, sus brazos fueron alzados sobre su cabeza y clavados contra la pared de madera del taller.

Winry jadeó, abriendo sus grandes ojos azules en la penumbra. Frente a ella, a escasos centímetros, emergió una figura que parecía sacada de una pesadilla elegante. Era una mujer alta, de una belleza letal, con una melena negra y ondulada que caía como cascada sobre sus hombros. Sus ojos malva brillaban con una luz depredadora y, en su esternón, justo por encima del escote de su vestido negro, destacaba la marca roja de un Uroboros.

—¿Quién... quién eres tú? —logró articular Winry, forcejeando inútilmente. Sus pies, calzados con sandalias sencillas, apenas rozaban el suelo.

—Eso no tiene importancia, pequeña mecánica —dijo Lust con una voz suave, casi melodiosa, pero cargada de veneno—. Lo que importa es lo que tú sabes. Dime, ¿dónde está Edward Elric?

Winry apretó los dientes. El nombre de Ed actuó como un escudo en su mente.

—No sé de qué estás hablando. Los chicos se fueron hace semanas.

Lust soltó una risita baja, un sonido que erizó los vellos de la nuca de Winry. Las uñas de la mujer comenzaron a alargarse ligeramente, convirtiéndose en puntas afiladas que rozaron las muñecas de la joven.

—Mentir es un pecado, Winry Rockbell. Y yo tengo muy poca paciencia con los pecadores. El Alquimista de Acero es un estorbo para nuestros planes, y tú eres el vínculo más débil que tiene. Si no me dices hacia dónde se dirigen, tendré que ser... persuasiva.

—¡No te diré nada! —exclamó Winry, moviendo las piernas para intentar patearla.

Lust no se inmutó. Observó el torso expuesto de la chica, notando cómo su respiración agitada hacía subir y bajar su abdomen. Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios rojos. No necesitaba usar sus garras para desgarrar carne; había formas mucho más efectivas de quebrar la voluntad de alguien tan joven y vital.

—Oh, ya veo. Eres valiente —susurró Lust, acercando su rostro al cuello de Winry—. Pero todos tienen un punto de quiebre. Y el tuyo parece estar muy... a la mano.

Sin previo aviso, Lust soltó una de las muñecas de Winry, pero solo para inmovilizar ambos brazos con una sola de sus manos poderosas. Con su mano libre, extendió sus dedos largos y comenzó a rozar con la punta de sus uñas la axila derecha de Winry.

La reacción fue instantánea. Winry soltó un jadeo ahogado, encogiendo el hombro instintivamente.

—¿Qué... qué haces? ¡Para! —exclamó, mientras una extraña sensación de hormigueo comenzaba a subir por su costado.

—Solo busco la verdad —respondió Lust, comenzando a mover sus dedos en pequeños círculos rápidos sobre la piel sensible de la axila.

—¡Ah! ¡Ja... ja ja! —La risa de Winry estalló, aunque intentó reprimirla apretando los labios—. ¡No! ¡Para, eso no vale!

Lust sonrió, deleitada por el sonido. Cambió rápidamente a la axila izquierda, usando sus uñas para hacer trazos ligeros pero intensos que enviaban descargas eléctricas por todo el sistema nervioso de la mecánica.

—Parece que hemos encontrado algo —comentó la homúnculo con calma—. ¿Vas a hablar ahora, o prefieres seguir con este juego?

—¡Jamás! —gritó Winry entre carcajadas involuntarias—. ¡Ed... Ed te pateará el trasero! ¡Ja, ja, ja! ¡Detente, por favor!

Lust no se detuvo. Durante quince minutos, alternó entre ambas axilas con una precisión quirúrgica. Winry se retorcía, sus sandalias golpeaban la pared y su coleta se deshacía mientras su cabeza se movía de lado a lado. Las lágrimas de risa empezaron a asomar en las comisuras de sus ojos azul oscuro. El taller, antes silencioso, ahora estaba lleno del sonido de sus risas desesperadas y el roce del cuero de los guantes de Lust contra su piel.

—Dime dónde está —insistió Lust, deteniéndose un segundo, permitiendo que Winry tomara una bocanada de aire temblorosa.

—No... no lo sé... —jadeó Winry, con el rostro enrojecido y el flequillo pegado a la frente por el sudor.

—Lástima —dijo Lust, bajando la mirada hacia el abdomen de la joven.

La mano de la mujer descendió por las costillas de Winry, contando cada hueso con la punta de sus dedos, provocando pequeños espasmos en la chica. Luego, hundió sus dedos en los costados expuestos, justo por encima de la pretina de su mono beige.

—¡NO! ¡AHÍ NO! ¡JAJAJAJAJA! —Winry se dobló hacia adelante tanto como sus brazos sujetos se lo permitían. Su risa se volvió más aguda, más desesperada—. ¡POR FAVOR, PARA! ¡ME VOY A MORIR!

—Nadie muere por esto, querida. Pero desearás haber hablado —dijo Lust, intensificando el ataque. Sus dedos se movían como arañas sobre el vientre de Winry, presionando los músculos tensos y provocando que la mecánica soltara alaridos de risa que resonaban en las vigas del techo.

Otros veinte minutos pasaron. Winry estaba exhausta. Su respiración era errática y sus músculos se sentían como gelatina, pero su lealtad a los hermanos Elric permanecía intacta. Sus ojos estaban nublados por el cansancio, pero cuando levantó la vista y vio la expresión de Lust, sintió un nuevo escalofrío.

Lust la observó con una mezcla de fastidio y admiración. La resistencia de la humana era mayor de lo esperado.

—Eres persistente, te lo concedo —dijo Lust, acercando su dedo índice al centro exacto del abdomen de Winry—. Pero veamos cómo manejas esto.

El dedo de Lust apuntó directamente al ombligo de Winry. La joven mecánica se tensó al instante, sus ojos se abrieron de par en par y un temblor recorrió todo su cuerpo.

—No... —susurró Winry, con la voz quebrada—. Eso no... por lo que más quieras...

—¿Tienes miedo de esto? —preguntó Lust con una sonrisa maliciosa—. Entonces debe ser tu secreto mejor guardado.

Lust hundió su dedo directamente en el ombligo de Winry y comenzó a girarlo con una lentitud tortuosa.

—¡¡¡AAAAAAAHHHH!!! ¡¡JAJAJAJAJAJAJA!! —El grito de Winry fue ensordecedor. Sus defensas se desmoronaron por completo. No era solo risa; era una convulsión total de su cuerpo. Intentó liberarse con una fuerza nacida del pánico puro, pero Lust era un muro de piedra.

—¡Habla! —ordenó Lust, mientras su dedo seguía hurgando en el punto más sensible de la joven.

—¡NO PUEDO! ¡JAJAJAJA! ¡PARA, PARA, PARA! —Winry sollozaba y reía al mismo tiempo, su vientre se contraía violentamente bajo el ataque incesante—. ¡ED! ¡AL! ¡AYÚDENME!

—Nadie va a venir, pequeña —dijo Lust, disfrutando de la agonía lúdica de su víctima—. Tengo toda la noche. Y si esto no funciona, podemos pasar a las plantas de tus pies. Pero creo que tu ombligo tiene mucho más que decir, ¿verdad?

Lust comenzó a usar dos dedos ahora, haciendo cosquillas en los bordes del ombligo y luego presionando profundamente en el centro. Winry estaba fuera de sí; su risa era un sonido constante, casi musical, que llenaba el taller oscuro. Sus piernas flaqueaban y si no fuera por el agarre de Lust, se habría desplomado en el suelo.

—Dime la ubicación —repitió Lust, su voz resonando sobre las risas histéricas.

Winry, con las últimas fuerzas que le quedaban, negó con la cabeza, aunque sus ojos estaban cerrados con fuerza y su boca no dejaba de emitir carcajadas. El sacrificio por sus amigos era algo que no se cuestionaba, incluso si su cuerpo la traicionaba de la manera más humillante posible.

Lust suspiró, pero no retiró la mano. Al contrario, se acomodó mejor, preparándose para una larga sesión.

—Está bien, Winry Rockbell. Veamos cuánto tiempo puede reír un corazón humano antes de romperse.

La oscuridad del taller continuó siendo testigo de la lucha desigual. El metal de las herramientas brillaba débilmente con la luz de la luna que entraba por la ventana, mientras el sonido de la risa incontrolable de Winry seguía resonando, una y otra vez, contra el silencio de la noche en Rush Valley. Lust, impasible y hermosa, continuó su labor, decidida a extraer cada secreto, una cosquilla a la vez.

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