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Fandom: CHAINSAW MAN

Creado: 29/7/2026

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El Festín de la Nieve Dulce y el Caos Cremoso

Se suponía que debía ser sencillo. Peligroso, sí, pero sencillo dentro de los estándares de los Cazadores de Demonios de Seguridad Pública. La misión era clara: rastrear un fragmento del Demonio de la Pistola en un almacén de almacenamiento en frío y recuperarlo a toda costa. Lo que Kobeni Higashiyama no esperaba era que el demonio en cuestión no quisiera pelear, sino compartir su postre.

Hacía media hora que el grupo se había separado. Arai se quedó fuera para vigilar, mientras Kobeni se adentraba en las profundidades del frigorífico, aferrando su cuchillo con manos temblorosas. El aire era tan gélido que su aliento formaba nubes espesas. Tenía miedo, un miedo paralizante que sabía que solo alimentaría a cualquier demonio que acechara en las sombras. En su mente, intentaba calmarse pensando en un cuenco de soba caliente o en una barbacoa humeante, cualquier cosa que la alejara de ese frío sepulcral.

Al abrir una puerta entreabierta, Kobeni se encontró en una cámara llena de cajas de helado. De repente, un sonido húmedo y viscoso resonó detrás de ella. Squish.

Se quedó petrificada. Sintió una presencia alta, muy por encima de su cabeza. Pensó que este sería su fin, que moriría antes de tener una cita o de dejar de ser la esclava financiera de su familia. Pero entonces, una voz profunda y extrañamente jovial rompió el silencio.

—¡Oooh, esa es una buena expresión, jajaja! Me gusta, ¡pero creo que la mía es mejor! —dijo la criatura.

Kobeni se giró lentamente y se encontró con un ser que parecía un muñeco de nieve hecho de helado de pistacho, con una sonrisa tan amplia que resultaba absurda.

—Si quieres probar mi helado, puedes hacerlo, solo extiende la mano —ofreció el Demonio del Helado con generosidad genuina.

Mecánicamente, Kobeni obedeció. El demonio dejó caer una pequeña porción sobre su palma. Ella lo probó. Era exquisito, con una textura tan suave que sus ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez de alivio.

—¿Q-qué sabor es este? —preguntó ella, bajando el cuchillo.

—Vainilla francesa —respondió el demonio—. El Demonio del Helado puede hacer cualquier sabor. ¿Quieres más, nueva amiga?

Kobeni confesó que solo había probado el helado una vez en su infancia y que lo había dejado caer. El demonio, conmovido hasta las lágrimas, decidió que ella merecía una compensación masiva.

—¡Es hora de la cucharada en la boca! —exclamó él.

Antes de que pudiera protestar, un chorro incesante de helado fluyó directamente a la garganta de Kobeni. Su cuerpo comenzó a cambiar a una velocidad aterradora. Sus órganos no sufrían, pero su piel se estiraba bajo una presión inmensa. Los botones de su camisa saltaron como proyectiles. Su vientre se infló hasta el tamaño de una pelota de ejercicio y siguió creciendo. Sus muslos y su trasero se expandieron tanto que sus pantalones se convirtieron en jirones, dejando solo una especie de falda de tela rota.

Cuando el flujo se detuvo, Kobeni ya no era la chica menuda y asustadiza. Medía casi dos metros y su cuerpo era una montaña de curvas suaves y cremosas. Sorprendentemente, no sentía pánico, sino una extraña satisfacción y calidez.

—¡Eh! ¿Hay algún demonio que matar aquí? —La voz de Denji resonó en la entrada.

Denji entró y se quedó boquiabierto al ver a la nueva y gigantesca Kobeni.

—¡Vaya! Te has dado un buen festín, ¿eh? —dijo Denji, más confundido que asustado—. ¿Queda algo para mí?

Poco después, Power irrumpió en la sala, exigiendo su parte con su arrogancia habitual. El Demonio del Helado no discriminó y la sometió al mismo proceso. Power creció aún más que Kobeni, alcanzando una altura monumental y una anchura que apenas le permitía moverse, cayendo finalmente en un coma alimentario en el suelo, roncando ruidosamente.

Himeno llegó poco después, encontrando la escena cómica.

—Vaya, ¿una fiesta de helados y no me invitaron? —dijo riendo, antes de pedir un sabor "para adultos".

El demonio le dio helado con sabor a alcohol, y pronto Himeno estaba ebria, enorme y desinhibida. Su cuerpo se expandió hasta que su uniforme de Seguridad Pública desapareció, dejando a una gigante de tres metros que decidió que era el momento perfecto para confesar sus sentimientos a Aki Hayakawa, quien acababa de llegar al lugar.

Aki estaba horrorizado.

—¿Qué demonios está pasando? —gritó Aki, rojo de vergüenza—. ¡Tres de ustedes están desnudas, son gigantescas y el demonio está ahí parado!

Himeno, ignorando sus protestas, lo atrapó entre sus brazos ahora inmensos y lo besó con una pasión alimentada por el alcohol y su nueva forma física. Mientras tanto, Denji aprovechó para hablar con el demonio.

—Oye, ¿tienes algún sabor que me ayude con la señorita Makima? —preguntó Denji—. Como el sabor del amor.

El demonio creó un polo de naranja especial. Denji corrió hacia el exterior, donde Makima esperaba junto al coche.

—Señorita Makima, pruebe esto. Es mi amor, hecho sabor —dijo Denji con honestidad brutal.

Makima tomó el helado. Al probarlo, su expresión impasible se resquebrajó. Lágrimas reales corrieron por sus mejillas. Sintió el calor de los sentimientos de Denji, algo que nunca había experimentado de forma tan pura.

—¿Esto es todo tuyo, Denji? —preguntó ella, con una voz suave que ocultaba una creciente obsesión.

—Sí, y de Pochita también —respondió él.

Makima lo atrajo hacia un beso profundo, admitiendo que ahora quería "más". Pero antes de que pudieran continuar, Denji mencionó que Kobeni también quería salir con él. Makima, en una muestra de posesividad territorial, aceptó, pero dejando claro a Kobeni que ella siempre sería la primera.

Sin embargo, el caos estaba lejos de terminar. El Demonio del Helado, en su infinita generosidad, notó que el fragmento del Demonio de la Pistola que Aki había perdido estaba en realidad en el suelo.

—¡Oh, un sprinkle brillante! —dijo el demonio, recogiéndolo y tragándoselo—. ¡Segunda ración!

El fragmento reaccionó con la esencia del demonio. De repente, el flujo de helado se volvió volcánico. El Demonio del Helado comenzó a disparar chorros de crema hacia las cuatro mujeres con una fuerza redoblada.

—¡Esperen! —intentó gritar Kobeni, pero fue inútil.

La transformación final fue apocalíptica. Makima, Himeno, Power y Kobeni crecieron hasta dimensiones que desafiaban la física. Sus cuerpos se expandieron tanto que el almacén se derrumbó bajo su peso. En cuestión de minutos, se convirtieron en montañas de carne suave y adiposa que cubrían manzanas enteras de la ciudad.

Makima alcanzó los ocho metros de altura, con una anchura que aplastaba edificios enteros. Kobeni y Power se convirtieron en colinas vivientes de curvas imposibles. Aki quedó atrapado en el inmenso escote de Himeno, luchando por respirar entre la suavidad monumental, mientras Denji reía, encantado con la idea de tener "más de lo que amar".

Pero el fenómeno no se detuvo allí. El Demonio del Helado, ahora del tamaño de un rascacielos, lanzó un géiser de helado hacia el cielo, esparciendo gotas por todo Tokio. Cada gota que tocaba a una mujer la transformaba instantáneamente.

En las calles, las transeúntes explotaban en formas gigantescas y redondeadas. Una mujer que cruzaba la calle se convirtió en una masa del tamaño de una casa, bloqueando el tráfico. En una escuela secundaria, Asa Mitaka sintió cómo su cuerpo se inflaba hasta destruir el aula, hundiéndose a través de los pisos debido a su nuevo y colosal peso.

Reze, en otra parte de la ciudad, se expandió hasta que su forma fue tan vasta que ni siquiera el Demonio Bomba podría haber contenido tal magnitud. Michiko Tendo vio cómo su coche estallaba desde dentro mientras su cuerpo crecía hasta llenar la carretera.

Incluso en la sede de Seguridad Pública, los fragmentos del Demonio de la Pistola almacenados allí fueron "aderezados" por el helado que caía del cielo. El edificio entero fue consumido por una marea de menta granizada y chocolate, transformando a todas las cazadoras presentes en globos humanos de proporciones titánicas.

El mundo, tal como lo conocían, había terminado. Pero no fue un final de fuego y balas. Fue un final dulce, frío y extremadamente suave. Mientras las mujeres-montaña cubrían el horizonte, el Demonio del Helado seguía riendo, feliz de haber compartido su regalo con todos.

Kobeni, ahora una de las entidades más grandes del planeta, miró hacia abajo, hacia el pequeño Denji que saludaba desde algún lugar entre sus pliegues. Por primera vez en su vida, no tenía miedo al futuro.

—El futuro es lo mejor —murmuró Aki desde su cómodo y eterno cautiverio entre los pechos de Himeno, aceptando finalmente que, si el mundo iba a acabar, no había mejor forma que esta.

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