Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Crossover

Fandom: DC Marvel boys

Creado: 29/7/2026

Etiquetas

CrossoverAcciónAventuraIsekai / Fantasía PortalCiencia FicciónFantasíaHumorDramaUA (Universo Alternativo)Crack / Humor ParódicoViolencia GráficaMuerte de PersonajeHorror CorporalSátira
Índice

El Umbral de los Mundos Perdidos

El vacío no era negro por falta de luz, sino por falta de existencia. No había suelo, no había techo, solo una extensión infinita de nada que sostenía los pies de cientos de hombres por pura voluntad de una fuerza desconocida. Y luego estaban las puertas. Millones de ellas, flotando en el éter, cada una grabada con símbolos, runas o tecnologías que desafiaban la lógica de los presentes.

Bruce Wayne fue el primero en ponerse de pie, o al menos en adoptar una posición defensiva. Sus sentidos, entrenados en la oscuridad de Gotham, buscaban una amenaza que no podía localizar. A pocos metros, un hombre con una capa roja y un escudo en el pecho se levantaba con una gracia casi divina.

—¿Dónde estamos? —preguntó Clark Kent, su visión de rayos X chocando contra una pared invisible de estática—. No puedo ver nada más allá de este círculo.

—Únete al club, Boy Scout —gruñó una voz áspera. Logan, con las garras de adamantium ya fuera y centelleando bajo la luz inexistente, olfateó el aire—. Huele a ozono, a magia vieja y a demasiada testosterona.

Poco a poco, el espacio se llenó de murmullos y el sonido de armas siendo cargadas. Tony Stark ajustaba el repulsor de su guantelete, mientras Steve Rogers se colocaba el escudo en el brazo, observando con desconfianza a un hombre vestido de murciélago y a otro que portaba un anillo verde que brillaba con intensidad.

—Bien, esto es estadísticamente improbable —murmuró Tony, escaneando el área con su HUD—. Hay señales de energía que no reconozco. Y tú, el tipo de la armadura negra... ¿te has perdido de camino a una convención de góticos?

—Vigila tu tono, Stark —respondió Batman sin mirarlo—. Estamos en un punto de convergencia. Esas puertas... cada una lleva a una realidad distinta.

El caos comenzó a gestarse. Thor y Arthur Curry se miraban con una mezcla de respeto y desafío, midiendo el peso de sus respectivas armas legendarias. Peter Parker intentaba calmar a un Flash hiperactivo que corría en círculos tratando de encontrar una salida, solo para chocar contra una barrera invisible cada vez que se alejaba demasiado.

—¡Es como un buffet de universos! —exclamó Wade Wilson, rompiendo la tensión momentáneamente—. ¿Alguien tiene chimichangas? ¿O al menos un guionista que nos explique qué diablos hacemos aquí?

Fue entonces cuando un sonido rítmico, como el de una capa ondeando al viento, atrajo la atención de todos. Desde la penumbra de una de las puertas más brillantes, descendió un hombre. Llevaba una bandera estadounidense como capa y una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una expresión de superioridad absoluta que erizó la piel de los presentes más veteranos.

Homelander aterrizó suavemente, sus botas golpeando el "suelo" invisible con un eco metálico. Miró a su alrededor, ignorando a los dioses, a los mutantes y a los genios, deteniendo su mirada en el grupo central.

—Vaya, vaya —dijo Homelander, su voz cargada de un falso carisma que goteaba veneno—. ¿Qué es todo esto? ¿Algún tipo de casting para una nueva liga de perdedores?

Nadie respondió de inmediato. La presencia del intruso era irritante, una disonancia en un lugar ya de por sí extraño. Homelander caminó entre ellos, empujando ligeramente el hombro de Nightwing, quien le devolvió una mirada gélida.

—Tú —dijo Homelander, deteniéndose frente a Steve Rogers—. El traje es un poco anticuado, ¿no crees? Un poco... 1940. Yo puedo enseñarte cómo se ve un verdadero héroe moderno.

—No me interesa lo que vendes, hijo —respondió Steve con calma, aunque sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del borde de su escudo.

Homelander soltó una carcajada seca y se giró, buscando un nuevo objetivo para su aburrimiento. Sus ojos se fijaron en Clark Kent. El contraste era evidente: uno irradiaba una bondad genuina, el otro una malevolencia apenas contenida tras una máscara de relaciones públicas.

—Y tú... —Homelander se acercó a Superman, invadiendo su espacio personal con una confianza depredadora—. Debo decir que el azul te queda bien. Pero esa mirada de "salvador del mundo" me da náuseas.

Superman no retrocedió. Se mantuvo firme, con los brazos cruzados, observando al recién llegado con una mezcla de lástima y precaución.

—No sabemos cómo llegamos aquí, pero pelear no nos sacará de este lugar —dijo Clark con su voz profunda y serena.

Homelander soltó una risita y, en un movimiento rápido, extendió una mano para tocar el emblema en el pecho de Superman, acariciándolo de una forma que resultó profundamente insultante y lasciva.

—Qué maravilla de material —ronroneó Homelander, acercando su rostro al de Clark—. Tienes unos ojos preciosos, ¿te lo han dicho? Casi parecen humanos. Me pregunto si gritarás igual que ellos cuando te abra el pecho para ver qué hay dentro.

El silencio que siguió fue absoluto. Tony Stark dejó de juguetear con sus sistemas. Batman llevó su mano al cinturón. Logan gruñó, enseñando los dientes. Pero no fue ninguno de ellos quien reaccionó primero.

Billy Butcher, que había estado observando desde las sombras de una puerta cercana con una expresión de puro odio, dio un paso al frente, pero se detuvo al ver que no era necesario.

Superman no se movió, pero su expresión cambió. La amabilidad desapareció, reemplazada por la severidad de un padre que ha perdido la paciencia.

—Quita tu mano —dijo Clark. Su voz no era un grito, era un decreto.

—¿O si no qué? —desafió Homelander, sus ojos comenzando a brillar con un rojo incandescente—. ¿Vas a llorar? ¿Vas a pedirme por favor que...?

No terminó la frase.

El movimiento de Superman fue tan rápido que ni siquiera los velocistas presentes pudieron captar cada detalle. No usó supervelocidad para volar, simplemente lanzó un puñetazo directo, corto y devastador.

El sonido del impacto fue como el de una montaña chocando contra otra. El puño de Clark conectó directamente con la mandíbula de Homelander, rompiendo la barrera del sonido en ese espacio confinado.

Homelander salió disparado hacia atrás, atravesando el aire como un proyectil. Su cuerpo golpeó una de las puertas flotantes con tal fuerza que la estructura vibró, y luego rebotó contra el suelo invisible, deslizándose varios metros hasta quedar inmóvil, con la cara hundida en la nada negra.

Un silencio sepulcral descendió sobre el grupo.

—Hacía tiempo que quería hacer eso —murmuró una voz desde el fondo. Era Spider-Man, quien rápidamente se tapó la boca al notar que todos lo miraban.

—Tenía un rostro muy golpeable —coincidió Tony Stark, rompiendo la tensión—. Gracias, Capa Roja. Nos has ahorrado a todos diez minutos de monólogo psicópata.

Superman exhaló un suspiro largo y se ajustó la capa, recuperando su compostura habitual. Se volvió hacia los demás, ignorando el cuerpo de Homelander que empezaba a removerse con gemidos de dolor y confusión.

—Bien —dijo Batman, dando un paso adelante como si nada hubiera pasado—. Ahora que las distracciones han terminado, tenemos un problema mayor. Esas puertas no son solo salidas. Son puntos de fuga. Si no encontramos la correcta, podríamos terminar en un universo que se colapsa.

—¿Y cómo sabemos cuál es la nuestra? —preguntó Thor, apoyando su martillo en el suelo—. Todas parecen iguales desde aquí.

—No lo son —intervino el Doctor Strange, apareciendo mediante un portal de chispas naranjas que iluminó el vacío—. Las puertas responden a la firma vibratoria de cada individuo. Pero alguien, o algo, ha mezclado las frecuencias.

Strange miró a su alrededor, evaluando a los héroes de ambos mundos. Vio a los Vengadores, a la Liga de la Justicia, a los X-Men y a los Guardianes de la Galaxia. Era una concentración de poder que nunca debería haber ocurrido.

—Estamos en el Nexo de Realidades —explicó Strange—. Y me temo que el hombre que el señor Kent acaba de noquear es la menor de nuestras preocupaciones. El vacío se está cerrando.

A lo lejos, el negro infinito comenzó a contraerse. Las puertas que estaban más alejadas empezaron a parpadear y desaparecer, como bombillas fundiéndose en una habitación inmensa.

—¡Flash, Quicksilver! —ordenó Steve Rogers, asumiendo el mando con una naturalidad que hizo que Batman asintiera levemente—. Necesitamos que recorran el perímetro. Vean si hay algún patrón en las puertas que se quedan.

—¡Entendido, Capi! —gritaron ambos al unísono, desapareciendo en dos estelas de luz, una roja y otra plateada.

Mientras tanto, Homelander logró ponerse de pie. Tenía el labio partido y una mirada de pura demencia. La sangre, roja y humana, goteaba sobre su traje estrellado. Miró a Clark con un odio que podría haber derretido acero.

—Tú... —siseó, preparándose para lanzarse al ataque.

Pero antes de que pudiera dar un paso, una red de energía verde lo inmovilizó. Hal Jordan, el Green Lantern, mantenía su anillo extendido, creando cadenas que pesaban toneladas.

—Quédate ahí, copia barata —dijo Hal con una sonrisa de suficiencia—. Los adultos están hablando.

—Déjenlo —dijo Batman, acercándose a Homelander—. Él no es un héroe. Es un síntoma de lo que pasa cuando el poder no tiene control. Pero ahora no tenemos tiempo para juzgarlo.

El Caballero Oscuro se giró hacia Tony Stark y Bruce Banner, quienes ya estaban examinando una de las puertas con un escáner improvisado que Tony había sacado de su armadura.

—Stark, Banner, díganme que tienen algo.

—Bueno, aparte de que las leyes de la física son opcionales aquí —respondió Tony—, hemos detectado una fluctuación. Las puertas no son aleatorias. Están agrupadas por... bueno, por "marcas" editoriales, si quieres llamarlo así. Hay una barrera invisible que separa a los tipos con problemas de presupuesto de los tipos que parecen modelos de ropa interior.

—Habla claro, Tony —gruñó Logan.

—Estamos divididos —explicó Banner, señalando dos grupos de puertas—. Un grupo pertenece a nuestra realidad, el otro a la de ellos. Pero el Nexo está colapsando porque las realidades se están tocando. Si no volvemos a nuestros respectivos lados pronto, los universos se fusionarán. Y créanme, no quieren ver qué pasa cuando se mezcla la magia de Strange con la ciencia de este lugar.

De repente, el vacío tembló. Una grieta de luz blanca rasgó el "cielo" y de ella empezaron a emerger sombras. No eran personas, sino ecos de villanos que todos conocían: una silueta que recordaba a Thanos, una risa maníaca que solo podía pertenecer al Joker, el zumbido de los drones de Ultrón.

—Parece que los anfitriones han llegado —dijo Arthur Curry, desenvainando su tridente—. Espero que tengan hambre, porque pienso darles de comer acero.

—¡Héroes! —la voz de Steve Rogers resonó en todo el vacío, unificando a los hombres de ambos mundos—. No nos conocemos, y no sé si volveremos a vernos. Pero hoy, protegemos este lugar. Mantengan las puertas abiertas hasta que todos hayan cruzado.

—¡Por Asgard! —rugió Thor, elevando el Mjolnir mientras los rayos empezaban a saltar de una puerta a otra.

—¡Por la Liga! —secundó Superman, elevándose en el aire, su capa roja ondeando como un estandarte de esperanza.

El primer grupo de sombras se lanzó al ataque. Eran miles, una marea de oscuridad que buscaba devorar la luz de los héroes. El vacío se llenó de explosiones, rayos de energía y el sonido del metal chocando.

Batman y el Capitán América luchaban espalda contra espalda, una danza de escudo y batarangs que era una perfección táctica. A su lado, Black Panther y Deathstroke (quien se había unido a la pelea por pura supervivencia) despachaban enemigos con una eficiencia brutal.

—No peleas nada mal para ser un tipo con orejas de gato —comento Slade Wilson, decapitando a una sombra con su espada.

—Tú tampoco para ser un mercenario con crisis de identidad —respondió T'Challa, sus garras de vibranium brillando con energía púrpura.

En medio del caos, Homelander vio su oportunidad. Las cadenas de Green Lantern se habían debilitado cuando Hal tuvo que defenderse de un ataque. El "héroe" de la bandera se liberó y, en lugar de ayudar, voló hacia la puerta más cercana que parecía llevar a su mundo.

—¡Al diablo con todos ustedes! —gritó, pero antes de cruzar, un lazo dorado se enredó en su tobillo.

No era Wonder Woman, quien no estaba en ese grupo, sino una construcción de lazo creada por el anillo de Kyle Rayner, quien le guiñó un ojo desde la distancia.

—Nadie se va hasta que el trabajo esté hecho, brillante —dijo Kyle.

El colapso se aceleró. El suelo empezó a fragmentarse.

—¡Ahora! —gritó Strange—. ¡Crucen las puertas! ¡Stark, Rogers, Parker, a la izquierda! ¡Wayne, Kent, Allen, a la derecha!

Los héroes empezaron a retirarse tácticamente, cubriéndose unos a otros. Peter Parker ayudó a un herido Oliver Queen a llegar a su puerta, mientras Wolverine lanzaba a Rocket Raccoon hacia el portal de los Guardianes antes de saltar él mismo.

Superman se quedó el último, junto a Steve Rogers. Ambos miraron el campo de batalla, donde las últimas sombras se disolvían ante la inminente destrucción del Nexo.

—Fue un honor, Capitán —dijo Clark, extendiendo una mano.

Steve la estrechó con firmeza, una sonrisa genuina apareciendo en su rostro cansado.

—Igualmente, Superman. Espero que tu mundo sea más tranquilo que el mío.

—Lo dudo —rio Clark—. Pero mientras haya gente dispuesta a luchar, estaremos bien.

Con un último vistazo al vacío que se cerraba, cada uno saltó hacia su destino. Las puertas se cerraron con un estallido de luz blanca, sellando las brechas entre los universos.

El vacío volvió a ser silencio. Pero en algún lugar del multiverso, un hombre con una capa estrellada se despertaba en un callejón, con la mandíbula todavía doliéndole y el recuerdo de un puñetazo que le había enseñado, por primera vez en su vida, lo que significaba la verdadera justicia.

Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic