
El Mejor caos de nuestras vidas
Fandom: Victorious- Jori(Jade West x Tori Vega
Creado: 3/8/2026
Etiquetas
Votos, Tijeras y Pañales
El espejo del vestidor principal de la Mansión West devolvía una imagen que, años atrás, nadie en Hollywood Arts habría creído posible. Jade West, la chica que solía vestir exclusivamente de negro y portar una mirada capaz de congelar el helio, estaba frente a su reflejo ajustándose el cuello de un traje de seda color obsidiana hecho a medida. A sus veintiún años, Jade no solo era la directora de cine de terror más prometedora de la industria, sino que también era una mujer que había aprendido a dejar entrar la luz, aunque fuera un poco.
Pero en ese momento, la luz le estaba provocando un tic nervioso en el ojo izquierdo.
—¡Es una estupidez! —exclamó Jade, lanzando una de sus tijeras favoritas contra la pared, donde quedó clavada con una precisión quirúrgica—. ¡Solo quería darle un beso! ¿Por qué mi padre me arrastró fuera como si fuera una delincuente?
Víctor West, que acababa de entrar a la habitación, suspiró con esa paciencia que solo había desarrollado en los últimos cinco años.
—Jade, es de mala suerte ver a la novia antes de la ceremonia —dijo él, cruzándose de brazos—. Y no te arrastré, te escolté porque estabas a punto de arruinarle el maquillaje a Tori con tus... ímpetus.
—¡Es mi prometida! —gruñó Jade, cruzándose de brazos y haciendo un puchero que delataba lo mucho que Tori la había ablandado—. Y técnicamente ya la vi. Llevaba ese vestido blanco que la hace parecer un ángel empalagoso y yo solo quería...
—Ya sabemos qué querías, Jade —intervino Mónica, su madre, entrando con una sonrisa elegante—. Pero guarda esa energía para el altar. Estás preciosa, hija. Y recuerda que no estás sola en esto.
Jade bajó la mirada hacia su propio cuerpo. Su condición de intersexual nunca había sido un tabú entre ellos, especialmente no con Tori, quien desde el primer momento la había aceptado con una naturalidad que a Jade todavía le resultaba abrumadora. Ahora, ese amor estaba a punto de materializarse en algo más: una pequeña vida.
—Tori tiene nueve meses —susurró Jade, y por un segundo, la máscara de frialdad se rompió, dejando ver el pánico puro—. ¿Y si no soy una buena madre? ¿Y si la bebé sale y lo primero que ve es mi cara de susto y decide volver a entrar?
—Jade —Víctor le puso una mano en el hombro—, eres la persona más protectora que conozco. Esa niña va a tener a la madre más feroz y dedicada del mundo. Ahora, sal ahí y cásate con esa cantante de pop antes de que me arrepienta de haberles regalado esta mansión.
El jardín de la Mansión West estaba decorado con un gusto exquisito que mezclaba lo gótico y lo romántico: rosas rojas tan oscuras que parecían negras, velas flotantes y una orquesta que tocaba una versión melancólica de una canción de Tori.
Cuando las puertas se abrieron y Tori Vega apareció, el mundo de Jade se detuvo. Tori, a sus veinticuatro años, era la encarnación de la calidez. Su piel morena resplandecía bajo el sol de la tarde, y su vestido de novia se adaptaba con elegancia a su avanzado embarazo. Caminaba con cuidado, con esa sonrisa dulce que siempre lograba desarmar las defensas de Jade.
Al llegar al altar, Tori tomó las manos de Jade.
—Estás temblando —susurró Tori con una chispa de diversión en sus ojos marrones.
—Cállate, Vega —respondió Jade, aunque su voz no tenía nada de veneno—. Es el frío.
—Hace treinta grados, Jade.
—Es un frío interno.
La ceremonia fue un borrón de emociones. Andre Harris estaba en la primera fila, conteniendo las lágrimas; Cat Valente estaba sentada junto a Robbie, quien intentaba evitar que Rex hiciera comentarios inapropiados; Beck Oliver sonreía con orgullo fraternal, y Trina... bueno, Trina estaba ocupada asegurándose de que el fotógrafo captara su "mejor ángulo".
—Jade West —dijo el oficiante—, ¿aceptas a Tori Vega como tu esposa?
Jade miró profundamente a los ojos de Tori. Vio su pasado, sus peleas en el pasillo de la escuela, el café derramado, los besos robados en el escenario y los cinco años de apoyo incondicional.
—Sí —dijo Jade con una firmeza que sorprendió a todos—. La acepto. Y si alguien tiene alguna objeción, que hable ahora o se atenga a las consecuencias de mis tijeras.
Un silencio sepulcral siguió a la amenaza, seguido de una risa suave de Tori.
—Y tú, Tori Vega...
—¡Sí! —exclamó Tori antes de que terminaran la pregunta—. Mil veces sí.
El beso que selló la unión fue largo y apasionado, rompiendo todos los protocolos, hasta que los aplausos y los gritos de sus amigos los obligaron a separarse.
La recepción fue una fiesta digna de la realeza de Hollywood Arts. Sikowitz estaba bebiendo leche de coco directamente de un fruto que nadie sabía de dónde había sacado, mientras David y Holly Vega bailaban con los padres de Jade.
—Lo logramos, Jade —dijo Tori, apoyando su cabeza en el hombro de su esposa mientras descansaban en la mesa principal—. Somos la señora y la señora West-Vega.
—Técnicamente, tú eres la que se cambió el apellido, Vega —bromeó Jade, acariciando con extrema ternura la enorme barriga de Tori—. ¿Cómo está la pequeña "Scissor"?
—Jade, no vamos a llamarla Scissor —rio Tori, pero de repente, su expresión cambió. Se tensó y apretó la mano de Jade con una fuerza inhumana—. Oh...
Jade se puso alerta instantáneamente.
—¿"Oh"? ¿Qué significa "oh"? Ese no es un sonido de felicidad, Tori.
—Jade... creo que... —Tori respiró hondo, cerrando los ojos con fuerza—. Creo que acabo de romper fuente.
El tiempo pareció detenerse. Jade miró hacia abajo y vio el pequeño charco a los pies de Tori. La pelinegra, que siempre se jactaba de mantener la calma en situaciones de crisis cinematográfica, entró en un estado de cortocircuito mental.
—¡Damas y caballeros! —gritó Jade, poniéndose de pie de un salto y volcando su copa de sidra—. ¡El rodaje se adelanta! ¡Repito, el rodaje se adelanta!
—¡Jade, no es un rodaje! —chilló Tori, soltando un gemido de dolor mientras una contracción la golpeaba—. ¡Es un parto! ¡Duele!
El caos estalló en la Mansión West.
—¡AGUA CALIENTE! —gritó Cat, corriendo en círculos—. ¡Necesitamos agua caliente y muchas esponjas! ¡Como en las películas de época!
—¡Cat, no estamos en 1800! —rugió Andre, tratando de ayudar a Tori a sentarse—. ¡Jade, llama a la ambulancia!
—¡El hospital está a veinte minutos y el tráfico de Los Ángeles es un infierno! —gritó Jade, rebuscando en su traje su teléfono, pero sus manos temblaban tanto que se le cayó al suelo—. ¡Tori, no puedes tenerla aquí! ¡Mi mansión es gótica, no un paritorio!
—¡A la bebé no le importa la estética de tu casa, Jade! —exclamó Tori, agarrando a Jade por la solapa del traje—. ¡Sácala de aquí ahora mismo!
—¡Chicos, calma! —Sikowitz apareció de la nada, con una serenidad inquietante—. He asistido el parto de tres cabras y un camello en mis años de juventud. Yo puedo hacerlo.
—¡NI TE ATREVAS A TOCARLA, SIKOWITZ! —gritaron Jade y los padres de Tori al unísono.
La mansión, que minutos antes era el escenario de un cuento de hadas, se convirtió en un centro de comando de emergencias. Víctor y David intentaban despejar el camino hacia el coche, mientras Mónica y Holly trataban de calmar a una Tori que ya estaba en plena labor de parto.
—¡Jade, respira! —le dijo Beck, sujetando a su amiga por los hombros—. Estás hiperventilando.
—¡Es que no se supone que fuera hoy! —Jade estaba pálida, más de lo habitual—. ¡Faltaban dos semanas! ¡No he terminado de esterilizar la cuna de ébano!
—¡Jade! —Tori soltó un grito que hizo que las copas de cristal vibraran—. ¡Si no me llevas al hospital ahora mismo, te juro que voy a usar tus tijeras para algo que no te va a gustar!
Esa fue la señal que Jade necesitaba. El miedo a la ira de Tori Vega siempre había sido más fuerte que cualquier otro pánico. Con una fuerza que no sabía que tenía, Jade ayudó a Tori a levantarse.
—Bien, todos fuera de mi camino —ordenó Jade con su voz de directora jefe—. Andre, trae el bolso del bebé. Cat, deja de gritar. Beck, conduce mi coche, yo iré atrás con ella. ¡Movámonos!
El trayecto al hospital fue el viaje más largo de sus vidas. Tori apretaba la mano de Jade con tanta fuerza que Jade estaba segura de que sus huesos se estaban reorganizando.
—Lo siento, lo siento por romperte la mano —jadeaba Tori entre contracciones.
—No me importa la mano, Tori. Puedes romperme las dos si quieres —dijo Jade, besando la frente sudorosa de su esposa—. Solo respira. Eres una Vega, eres dramática y fuerte, puedes con esto.
—Soy una West-Vega —corrigió Tori con una sonrisa débil.
Al llegar al hospital, el equipo médico ya las esperaba gracias a la llamada de Víctor. Se llevaron a Tori a toda prisa, y Jade, a pesar de sus nervios, no se separó de su lado ni un segundo.
Las horas siguientes fueron un torbellino de dolor, ánimos y palabras dulces susurradas al oído. Jade, la chica que solía esconder sus sentimientos tras una máscara de sarcasmo, lloró abiertamente mientras sostenía a Tori durante la fase final del parto.
—Ya casi está, Tori. Puedo verla —susurró Jade, con la voz quebrada—. Es... es hermosa.
Con un último esfuerzo y un grito que llenó la habitación, el llanto de un bebé rompió el silencio.
El médico colocó a la pequeña sobre el pecho de Tori. Era una niña preciosa, con la piel morena de Tori y, al abrir los ojos por un segundo, reveló el azul verdoso intenso de Jade.
—Hola, pequeña —susurró Tori, con lágrimas corriendo por sus mejillas—. Bienvenida al caos.
Jade se inclinó y besó a Tori en los labios, y luego besó la frente de su hija.
—Es perfecta —dijo Jade, sintiendo que su corazón, ese que siempre decía que era de piedra, se derretía por completo—. Se llamará Ebony... pero no se lo digas a tu abuelo todavía, o dirá que es demasiado gótico.
—Ebony West-Vega —aceptó Tori, agotada pero inmensamente feliz.
Unos minutos después, la puerta de la habitación se abrió ligeramente. Los rostros de sus amigos y familiares se asomaron con cautela.
—¿Es seguro entrar o Jade todavía tiene las tijeras a mano? —preguntó Robbie en voz baja.
—Pasen, idiotas —dijo Jade, aunque no había rastro de molestia en su tono—. Vengan a conocer a la nueva integrante del elenco.
Cat entró dando saltitos de alegría, seguida de Andre, Beck y el resto de la familia. La habitación se llenó de susurros de asombro y felicitaciones.
—Tiene tus ojos, Jade —dijo Mónica, acercándose para ver a su nieta—. Y la nariz de Tori.
—Va a ser una estrella —aseguró Trina, ya planeando la carrera de la bebé—. Yo seré su manager, por supuesto.
Jade miró a su alrededor. Estaba en una habitación de hospital, su traje de boda estaba arrugado y manchado, sus amigos eran tan ruidosos como siempre y su vida acababa de cambiar para siempre. Miró a Tori, que sostenía a su hija con una ternura que iluminaba toda la estancia.
—¿Sabes qué, Vega? —dijo Jade, sentándose en el borde de la cama y pasando un brazo alrededor de su esposa.
—¿Qué, Jade?
—Este ha sido, por mucho, el mejor final de película que he dirigido en mi vida.
Tori se rió suavemente, apoyando su cabeza en el hombro de Jade.
—Y esto es solo la secuela, amor. Lo mejor está por venir.
Fuera, el sol comenzaba a salir sobre Los Ángeles, marcando el inicio de una nueva vida para las dos chicas que alguna vez fueron enemigas, luego amigas, y ahora, una familia indomable. Jade West finalmente tenía todo lo que nunca supo que necesitaba, y no pensaba soltarlo jamás.
