Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Attack on titán: La Anomalía

Fandom: Attack on titán

Creado: 6/8/2026

Etiquetas

Isekai / Fantasía PortalAcciónAventuraDistopíaPost-ApocalípticoArregloDivergenciaViolencia Gráfica
Índice

El Despertar de un Rey de Carbón

Atlas Morningstar no era alguien que se conformara con la mediocridad. Incluso cuando era un simple espectador en su vida anterior, siempre sintió que el escenario del mundo le quedaba pequeño. Lo último que recordaba era el brillo de la pantalla de su televisor, el final de la última temporada de Shingeki no Kyojin resonando en sus oídos, y la suavidad de su almohada. Luego, la oscuridad. Y ahora... ahora esto.

Se miró las manos. Eran pequeñas, las manos de un niño de unos diez años, pero la piel era tersa y su reflejo en un charco cercano le devolvió una imagen que incluso a él lo dejó sin aliento. Cabello dorado como el sol del mediodía, ojos de un oro líquido que parecían contener secretos divinos y una mandíbula que, a pesar de su corta edad, ya prometía una masculinidad tallada por los mismos dioses.

—Vaya —susurró Atlas, pasando una mano por su cabello—. Sabía que era guapo, pero esto es otro nivel. Si la belleza fuera un pecado, ya estaría en el séptimo círculo del infierno.

Se encontraba en un bosque denso, pero lo que llamó su atención no fue la flora, sino la estructura de piedra que se alzaba frente a él: la capilla de la familia Reiss. El aire estaba cargado de una tensión eléctrica, un presentimiento de tragedia que solo alguien que conocía el futuro podría identificar. Era el año 845. El Muro María acababa de caer. El caos reinaba fuera, pero aquí, bajo tierra, el destino del mundo estaba a punto de decidirse.

De repente, una interfaz translúcida y azulada parpadeó frente a sus ojos.

[Sistema Gamer Iniciado]

[Misión Principal: El Heredero del Trono] [Objetivo: Obtener el Titán Fundador.] [Descripción: Grisha Jaeger está dentro de la capilla subterránea. Si no actúas ahora, el Fundador se perderá en las manos de la familia Jaeger. Reclama lo que es tuyo por derecho divino.]

[Recompensa de Inicio: Suero de Titán Experimental (Duración del efecto: 1 minuto).] [Nota: Tienes 60 segundos desde la inyección para consumir al portador del Fundador. Si fallas, la muerte es inevitable.]

Atlas soltó una carcajada corta y desvergonzada, a pesar de la gravedad de la situación.

—¿Un minuto? —preguntó al aire, mientras un pequeño frasco con un líquido brillante aparecía en su mano—. El sistema tiene sentido del humor. Por suerte para el mundo, yo soy muy rápido cuando me lo propongo.

Caminó hacia la entrada secreta de la capilla. Sus pasos eran ligeros, impulsados por una fuerza de voluntad que desafiaba su nuevo cuerpo infantil. No sentía miedo. El miedo era para los extras, y Atlas Morningstar nació para ser el protagonista.

Al entrar en la caverna subterránea, el resplandor de los cristales luminosos bañó su figura. El espectáculo que se desarrollaba ante él era dantesco. Grisha Jaeger, transformado en el Titán Atacante, estaba despedazando a la familia Reiss. El rugido de los titanes resonaba en las paredes de cristal, un sonido gutural que haría temblar a cualquier hombre.

Atlas observó la escena con una sonrisa crítica.

—Un poco desordenado para mi gusto, Grisha —murmuró, mientras destapaba el suero—. Pero gracias por hacer el trabajo sucio de debilitar a Frieda.

Frieda Reiss, en su forma de Titán Fundador, estaba contra las cuerdas. La inexperiencia de la joven reina frente a la ferocidad desesperada del médico de Shiganshina era evidente. Grisha la tenía sujeta por el cuello, listo para dar el mordisco final.

—Es ahora o nunca —dijo Atlas.

Se clavó la aguja en el antebrazo.

El dolor fue inexistente, reemplazado por una explosión de calor que parecía convertir su sangre en magma. Un rayo de luz dorada, mucho más brillante que cualquier transformación vista antes, descendió desde el techo de la caverna.

El estallido de energía lanzó a Grisha hacia atrás. El humo se disipó para revelar a una criatura que desafiaba la lógica de ese mundo cruel.

Era un titán de quince metros, pero su apariencia no tenía nada de grotesca. Su piel era de un color negro carbón, tan oscuro que parecía absorber la luz de los cristales circundantes. Sobre su cabeza, una estructura ósea de un rojo sangre intenso formaba una corona perfecta, con puntas afiladas que brillaban con una autoridad ancestral. Sus ojos no eran blancos ni vacíos, sino dos faros de oro puro que irradiaban una inteligencia divina.

Atlas, dentro de la nuca, sintió el poder fluir. Su segunda habilidad, [Adaptación 2.x], comenzó a integrarse con su nueva forma. El sistema le susurró que su cuerpo estaba evolucionando en tiempo real para soportar la carga del poder.

—Sesenta segundos —pensó Atlas, su voz resonando en su mente con un eco metálico—. Suficiente para un rey.

Grisha Jaeger, recuperándose del impacto, rugió con furia. El Titán Atacante se lanzó hacia el intruso oscuro, con los puños cargados de desesperación. Atlas no se movió hasta el último segundo. Con una elegancia impropia de una bestia de quince metros, esquivó el golpe lateral y propinó un rodillazo en el abdomen de Grisha que lo levantó del suelo.

La fuerza fue tal que las costillas del Titán Atacante crujieron como madera seca.

Atlas no perdió tiempo. Ignoró a Grisha por un momento y se abalanzó sobre el cuerpo maltrecho del Titán Fundador de Frieda, que yacía en el suelo intentando regenerarse.

—Lo siento, preciosa —pensó Atlas con un toque de su habitual coquetería—, pero ese poder te queda grande. Yo lo luciré mucho mejor.

De un solo movimiento fluido, el Titán de Carbón arrancó la nuca del Titán de Frieda. Con una precisión quirúrgica, Atlas consumió la médula espinal de la primogénita de los Reiss.

[¡Objetivo Alcanzado! Has obtenido el Titán Fundador.]

[Integración en curso... 10%... 40%...]

Un grito de rabia pura interrumpió el proceso. Grisha, viendo cómo sus planes y el futuro que Eren le había mostrado se desmoronaban, cargó de nuevo. El Titán Atacante era rápido, pero Atlas Morningstar era algo nuevo, algo que el sistema estaba moldeando para ser invencible.

—¿Todavía quieres pelear, doctor? —Atlas movió el cuello del titán, escuchando los crujidos—. Mi minuto se acaba, así que terminaré esto rápido.

Gracias a su habilidad de adaptación, los puños del Titán de Carbón se endurecieron instantáneamente, pero no con el cristal azul común, sino con una obsidiana rojiza que vibraba con calor.

Grisha lanzó un puñetazo directo al rostro de Atlas. Este lo atrapó con la palma de la mano, la fuerza del impacto ni siquiera lo hizo retroceder. Con un movimiento rápido, Atlas le arrancó el brazo derecho a Grisha y, antes de que el médico pudiera reaccionar, le propinó un cabezazo que hizo añicos el cráneo del Titán Atacante.

El titán de Grisha se desplomó, humeante y derrotado. Atlas podría haberlo matado allí mismo, pero sabía que la historia necesitaba a Grisha un poco más de tiempo... o quizás simplemente quería ver cómo el destino se retorcía bajo su influencia.

El temporizador del sistema llegó a cero.

El cuerpo del Titán de Carbón comenzó a desintegrarse en una nube de vapor dorado y negro. Atlas emergió de la nuca, cayendo de pie sobre los restos humeantes con la agilidad de un gato. Su ropa estaba intacta gracias a la magia del sistema, y su cabello dorado ni siquiera se había despeinado.

Se limpió una mancha de polvo inexistente en su hombro mientras observaba a Grisha salir de su propio titán, jadeando y horrorizado.

—¿Quién... quién eres tú? —preguntó Grisha, con la voz rota por el esfuerzo y el miedo.

Atlas caminó hacia él, sus ojos dorados brillando en la penumbra de la capilla. Se detuvo a pocos metros, mostrando esa sonrisa ladeada y arrogante que lo caracterizaba.

—¿Yo? —Atlas se señaló a sí mismo con un gesto dramático—. Considerame un fallo en tu sistema, Grisha. O mejor aún, considerame el nuevo dueño de este mundo. Tienes un hijo que espera en los muros, ¿verdad? Ve con él. Dile que el destino ha cambiado de manos.

Grisha temblaba, incapaz de comprender cómo un niño podía emanar tal aura de poder y narcisismo puro.

—Tú... no deberías existir —logró decir el médico.

—Oh, lo sé —respondió Atlas, dándose la vuelta para salir de la capilla—. Soy demasiado guapo para ser real, ¿no crees? Pero aquí estoy. Y créeme, esto es solo el principio. El espectáculo apenas comienza, y yo odio los finales tristes.

Atlas comenzó a subir las escaleras hacia la superficie. El sistema parpadeó de nuevo frente a él.

[Misión Completada con Éxito.]

[Nueva Habilidad Desbloqueada: Autoridad del Rey.]

[Estado: Evolucionando.]

Al salir al aire libre, el olor a humo y muerte del Muro María llegó a sus pulmones. A lo lejos, se escuchaban los gritos de la humanidad siendo devorada. Atlas Morningstar miró hacia el horizonte, donde el sol se ponía, bañando el mundo en un rojo que hacía juego con su corona de titán.

—Bueno —dijo, estirando los brazos con pereza—, supongo que es hora de ir a buscar a esos tres niños traumatizados. Eren, Mikasa y el otro... el rubio. Necesitarán a alguien que les enseñe cómo se ve un verdadero héroe.

Se echó a reír, una risa clara y melodiosa que contrastaba con el horror de la caída de la humanidad. No recordaba cómo había llegado allí, pero no le importaba. El mundo de Attack on Titan era un lugar cruel, oscuro y despiadado.

Exactamente el tipo de lugar que necesitaba a un rey desvergonzado para ponerlo todo patas arriba.

—Prepárate, mundo —susurró Atlas, sus ojos dorados reflejando el incendio de la civilización—. El Morningstar ha llegado, y esta vez, el cielo no será suficiente.

Con paso firme y una confianza que rayaba en la locura, el niño de diez años caminó hacia el caos, listo para reclamar su lugar en la historia, no como un salvador, sino como la fuerza de la naturaleza más hermosa y letal que jamás hubiera pisado la tierra de los muros.

Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic