
#Atrapados
Fandom: My Hero Academia
Creado: 8/8/2026
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#Atrapados
El universo tenía un sentido del humor muy retorcido. O eso, o simplemente se había olvidado de que ella existía. El aburrimiento era un monstruo insidioso, una criatura de fango que se arrastraba lentamente, cubriéndolo todo con una capa de apatía gris y pegajosa. Y en ese preciso instante, Mina Ashido sentía que se ahogaba en él.
Estaba acostada en su cama, aunque «acostada» era un término generoso. Su espalda y hombros reposaban sobre el colchón de estampado de leopardo, pero el resto de su torso se arqueaba hacia atrás de una forma que desafiaba la comodidad y la anatomía, con su mata de pelo rosa aplastada contra la alfombra del suelo. Desde esa perspectiva invertida, la puerta de su habitación parecía un portal a un mundo lejano y mucho más interesante. Llevaba unos shorts de tela finos, de un rosa chicle que combinaba con su pelo, y una blusa amarilla sin mangas. Debido a su extraña postura, la tela se había deslizado hacia arriba, dejando al descubierto una franja de su vientre de piel rosada.
Un suspiro, largo y lastimero, escapó de sus labios. Era el décimo en los últimos cinco minutos. Lo sabía porque los había estado contando. Era su única actividad.
Todos estaban fuera. Kaminari y Sero habían ido a una tienda de videojuegos de segunda mano en el centro. Jiro y Momo estaban estudiando juntas en la biblioteca municipal, lo cual sonaba tan aburrido como su situación actual, pero al menos estaban juntas. Tsuyu había ido a visitar a su familia. Incluso Bakugo, el antisocial por excelencia, había sido arrastrado por sus padres a alguna cena familiar. El resto, simplemente, se había evaporado. Los dormitorios de la Alianza de la Clase 1-A, normalmente un hervidero de ruido, risas y alguna que otra explosión, estaban sumidos en un silencio casi sepulcral.
Mina giró la cabeza, sintiendo cómo sus antenas se doblaban torpemente contra el suelo. Cogió su teléfono, que yacía a su lado. La pantalla se iluminó, mostrándole lo mismo que hacía tres minutos: un feed de Instagram lleno de gente divirtiéndose. Fotos de paisajes urbanos, de batidos de colores, de gente sonriendo. Cada publicación era una pequeña puñalada en su corazón aburrido.
—Ugh, qué asco de vida —murmuró al techo, que desde su punto de vista era el suelo.
Justo en ese momento, dos golpes secos y firmes resonaron en su puerta.
Mina ni siquiera se molestó en cambiar de posición. Su voz salió un poco ahogada por la gravedad.
—¡Pasa! ¡Está abierto!
La puerta se abrió con un suave chirrido y una cabellera roja y puntiaguda se asomó. Eijiro Kirishima entró en la habitación, con su habitual sonrisa llena de dientes afilados, aunque esta vaciló un poco al procesar la escena que tenía delante.
—Uh… ¿Ashido? —empezó, parpadeando. Llevaba una camiseta negra sin mangas con la palabra «RED» estampada en el pecho y unos pantalones de chándal grises—. Oye, venía a ver si por casualidad tenías… —Se detuvo, su mirada recorriendo la extraña contorsión de su amiga—. ¿Estás bien? Pareces un chicle derretido.
—Estoy peor que derretida, Kiri —dijo ella con voz dramática—. Estoy en las profundidades del abismo del tedio. Soy la personificación del hastío. Si el aburrimiento fuera una persona, sería yo ahora mismo, pero probablemente estaría haciendo algo más interesante que esto.
Kirishima soltó una risita nerviosa y se rascó la nuca, decidiendo que su búsqueda de pilas para el mando a distancia podía esperar. Cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama.
—Vaya, suena grave. ¿Has probado a… no sé, ver una película? ¿O entrenar un poco?
—He visto todo el catálogo de AllFlix. Dos veces. Y entrenar sola es deprimente. Mis músculos ya están aburridos de mí —se quejó, agitando una pierna en el aire como si quisiera demostrar algo—. No hay nadie. Nadie con quien hablar, nadie con quien gastar bromas, nadie con quien ir de compras… ¡Nada! ¡El mundo se ha olvidado de Mina Ashido!
Kirishima suspiró, pero su sonrisa no desapareció. Tenía esa cualidad tranquilizadora, como un ancla de normalidad en el mar de excentricidad de Mina.
—No es para tanto. Yo estoy aquí.
—Tú acabas de llegar. Hace cinco minutos, mi única compañía era una pelusa que hay debajo de mi cama. La he llamado Pompón. No es muy buena conversadora.
Él no pudo evitar soltar una carcajada, una risa genuina y sonora que hizo que la habitación pareciera un poco menos lúgubre.
—Vale, vale, entiendo. Estás aburridísima. No, más que eso. Estás súper aburridísima.
—¡Exacto! —exclamó ella, señalándole con un dedo desde su posición invertida—. ¡Lo entiendes! ¡Mi alma se está marchitando!
Kirishima se arrodilló a su lado, mirándola con una mezcla de diversión y genuina preocupación.
—Venga, arriba, alienígena dramática. Eso no es nada masculino, dejarse vencer por el aburrimiento. Un verdadero héroe encuentra la acción, o la crea.
Mina le miró con sus ojos de esclerótica negra, sus iris amarillos brillando con un atisbo de interés.
—¿Crear la acción? ¿Qué propones, hombre de roca?
—Bueno… —Se levantó y le tendió una mano—. Para empezar, vamos a ponerte del derecho. Y luego, podemos bajar a la sala común. Seguro que encontramos algo que hacer. Ver qué echan en la tele, asaltar la nevera… Algo se nos ocurrirá.
Mina lo meditó durante un segundo. La oferta no era espectacular, pero era infinitamente mejor que mantener una conversación unilateral con Pompón la pelusa. Con otro suspiro teatral, tomó la mano de Kirishima. Él tiró con suavidad y ella se incorporó, sentándose en la cama con el pelo completamente revuelto y una mueca que aún no se había desprendido de su rostro.
—Vale… —concedió—. Pero si en diez minutos no estamos haciendo algo mínimamente interesante, volveré a mi estado de chicle derretido. Y esta vez, me fusionaré con el suelo.
—Trato hecho —dijo él con una sonrisa victoriosa—. Ahora vamos, ¡la aventura nos espera! O al menos, el sofá.
Mina se levantó y lo siguió fuera de la habitación, arrastrando los pies como si llevara grilletes invisibles. Bajaron las escaleras en silencio, el único sonido era el eco de sus pasos en el vacío edificio. La sala común estaba tenuemente iluminada por la luz del atardecer que se filtraba por los enormes ventanales y el suave resplandor de la televisión.
Todo parecía normal. Demasiado normal. El sofá principal estaba orientado hacia la pantalla, donde los créditos de una película de All Might de la Edad de Plata se deslizaban lentamente.
—¿Ves? Alguien ha estado viendo pelis —dijo Kirishima, dirigiéndose hacia el sofá.
Pero Mina se detuvo en seco. Sus ojos de lince, entrenados en años de observar los dramas sociales de su clase, captaron algo que Kirishima había pasado por alto. Un movimiento casi imperceptible en la penumbra del sofá.
—¡Espera! —siseó, y antes de que él pudiera preguntar, le agarró del brazo con una fuerza sorprendente y lo arrastró hacia la entrada de la cocina, ocultándose tras la pared.
—¡Oye! ¿Qué pasa? —susurró Kirishima, confundido por la repentina maniobra clandestina.
Mina se llevó un dedo a los labios, indicándole que guardara silencio. Luego, asomó la cabeza con sumo cuidado, apenas un par de centímetros, para volver a mirar. Una sonrisa lenta y maliciosa empezó a dibujarse en su rostro, borrando por completo cualquier rastro de aburrimiento.
—Shhh. Mira —le instó en un murmullo apenas audible.
Kirishima, perplejo, imitó su acción. Asomó la cabeza con cautela y enfocó la vista en el sofá. Y entonces lo vio.
No era «alguien» quien había estado viendo películas. Eran dos personas. Izuku Midoriya y Ochaco Uraraka. Y la situación… era delicada. La película había terminado hacía rato, pero ellos no se habían movido. Uraraka se había quedado dormida, su cabeza de pelo castaño reposando pacíficamente sobre el hombro de Midoriya. Su rostro, relajado en sueños, tenía una expresión de pura confianza y comodidad.
Midoriya, por otro lado, estaba despierto. Completamente despierto y petrificado. Estaba sentado tan rígido que parecía una estatua, con los ojos abiertos como platos fijos en la pantalla negra de la televisión. Un rubor furioso, casi nuclear, le cubría desde las mejillas hasta las orejas, destacando violentamente contra su pelo verde. No se atrevía a moverse ni un milímetro, probablemente por miedo a despertar a la chica que dormía sobre él. Parecía estar conteniendo la respiración.
Kirishima se retiró lentamente, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Miró a Mina, que seguía espiando con una expresión de puro deleite.
—Oh —fue todo lo que pudo articular Kirishima en un susurro—. Deberíamos… deberíamos irnos. Darles su espacio. No es muy de hombres interrumpir… esto.
Pero estaba muy equivocado sobre las intenciones de Mina. Ella se giró hacia él, con los ojos brillando con una luz traviesa que Kirishima conocía demasiado bien. Era la luz que precedía al caos.
—¿Darles su espacio? ¡Kiri, por favor! ¡Esto es oro puro! —susurró ella con una emoción contenida—. ¡Míralos! ¡Son tan tiernos! ¡Y Deku parece que va a explotar! ¡Es demasiado interesante!
Antes de que Kirishima pudiera procesar sus palabras, Mina ya había sacado su teléfono. Con la agilidad de una ninja, desactivó el flash y el sonido del obturador. Se asomó de nuevo, encuadró la escena con una precisión de paparazzi profesional y… clic. El sonido fue inexistente, pero la acción resonó en la mente de Kirishima como un trueno.
—¡Ashido, no! —siseó él, intentando detenerla, pero ya era tarde.
Ella se retiró de nuevo a la seguridad de la cocina, mirando la foto en su pantalla con una sonrisa de depredadora. La imagen era perfecta. La luz del atardecer bañaba la escena en tonos cálidos, Uraraka parecía un ángel dormido y Midoriya era un tomate humano en plena crisis existencial.
—¿Qué… qué vas a hacer con eso? —preguntó Kirishima, aunque una terrible sospecha ya se estaba formando en su mente.
—Lo que cualquier buena amiga haría en esta situación —declaró Mina, sus dedos volando sobre la pantalla mientras abría la aplicación más peligrosa para la privacidad de sus compañeros: Instagram—. Inmortalizar el momento para la posteridad.
Kirishima la observó, horrorizado, mientras escribía un pie de foto. Vio cómo sus dedos tecleaban un hashtag. Y entonces, con un brillo triunfal en la mirada, pulsó el botón de «Publicar».
—Y… ¡listo! —canturreó.
Kirishima se pasó una mano por la cara, sintiendo un sudor frío.
—Ashido… acabas de subir una foto de ellos a Internet. Sin su permiso. ¡Eso atenta contra su privacidad! ¡No es nada masculino!
—¡Oh, relájate, Sr. Código de Caballería! —replicó ella, agitando la mano para restarle importancia—. Es solo una foto inofensiva. Además, ¡mira esto!
Le mostró la pantalla de su teléfono. Debajo de la foto, que ya acumulaba una docena de «me gusta» en menos de diez segundos, había un único hashtag que brillaba con malicia: #Atrapados.
Bzz. Bzz. Bzz.
El teléfono de Mina empezó a vibrar sin parar. Las notificaciones de comentarios comenzaron a aparecer en la parte superior de la pantalla.
Denki Kaminari: ¡¡JAJAJAJA!! ¡¡LOS PILLASTEIS!! ¡Midoriya parece que acaba de ver un fantasma!
Hanta Sero: ¡¡DIOS MÍO, MINA, ERES MI ÍDOLA!! ¡Guárdame una copia, quiero enmarcarla! #IzuOchaEsReal
Kyoka Jiro: Ashido, eres el diablo. Pero tengo que admitir que es una buena foto.
Mina sonrió, una sonrisa tan ancha y orgullosa que parecía que acababa de derrotar a un villano de clase S.
—¿Ves? A todo el mundo le encanta. Es un servicio público. Estoy trayendo alegría a las masas.
—Estás humillando a nuestros amigos —contraatacó Kirishima, aunque el comentario de Sero le había sacado una media sonrisa que intentó reprimir.
—No los estoy humillando, los estoy… celebrando. Sí, eso. Celebrando su adorable torpeza —dijo ella, su mente trabajando a mil por hora. La emoción de la travesura había aniquilado por completo su aburrimiento. Se sentía viva, llena de energía, como si acabara de beberse diez cafés—. Y sabes qué… Esto me ha dado una idea. Una idea genial.
Se volvió hacia él, sus ojos amarillos fijos en los suyos, brillando con una intensidad casi maníaca.
—Esto, Kiri. Esto es lo que vamos a hacer. Esto va a ser nuestro nuevo juego. Para matar el aburrimiento. Para siempre.
Kirishima la miró con recelo. —¿Un juego? ¿Qué juego?
Mina levantó su teléfono como si fuera un trofeo.
—«#Atrapados». Ese es el nombre. Tú y yo. Seremos un equipo de cazadores de élite. Nuestra misión: recorrer los terrenos de la U.A. y «cazar» a nuestros compañeros en situaciones… comprometedoras. O simplemente divertidas. O tiernas, como esta. Sacaremos una foto, la publicaremos con el hashtag… y ganaremos puntos.
Kirishima parpadeó. —¿Puntos? ¿Qué puntos? ¿Quién da los puntos?
—¡Yo! ¡Yo daré los puntos! —improvisó ella, gesticulando con entusiasmo—. Cien puntos por una pareja casi oficial como esta. Cincuenta por un momento raro, como Bakugo siendo amable con alguien. Doscientos si pillamos a Aizawa-sensei durmiendo en un sitio que no sea su saco de dormir. ¡Las posibilidades son infinitas!
La propuesta flotó en el aire de la cocina. Kirishima se quedó en silencio, procesando la locura que su amiga acababa de desatar. Por un lado, su conciencia, su código de honor y masculinidad, le gritaba que era una idea terrible. Era una invasión de la privacidad, era meterse en líos, era… incorrecto.
Pero por otro lado…
La sonrisa de Mina era contagiosa. La idea de tener una «misión secreta» con ella, la emoción de la caza, la perspectiva de presenciar momentos hilarantes… una parte de él, la parte que amaba la acción y la camaradería, no pudo evitar sentir una punzada de emoción. Y, sobre todo, veía a Mina. Hacía media hora, era un charco de apatía. Ahora, sus ojos brillaban, su cuerpo vibraba de energía. Estaba feliz. Y él quería que su amiga fuera feliz.
—No sé, Ashido… —murmuró, todavía inseguro—. ¿Y si se enfadan? Midoriya es un buen tipo. Y Uraraka… no se merecen que nos burlemos de ellos.
—No nos estamos burlando, Kiri, ¡estamos documentando! —insistió ella, acercándose y dándole un codazo amistoso—. Somos como… historiadores. Historiadores del drama adolescente. Además, ¿crees que ellos no harían lo mismo si nos pillaran a nosotros en una situación rara? ¡Por favor! ¡Es la ley de la selva!
Él seguía dudando, mordiéndose el labio inferior.
—Venga, Kiri… —suplicó ella, cambiando su tono a uno más suave, casi un ronroneo—. Será divertido. Una aventura solo para nosotros dos. El Equipo Rosa-Rojo. El Dúo Dinámico. ¡Los Cazadores de Momentos! Suena súper masculino, ¿no? ¡Ir a la caza, acechar a tu presa, capturar la evidencia! ¡Es como ser un detective o un espía! ¡Pura hombría!
Esa última frase fue el golpe de gracia. Mina sabía exactamente qué botones pulsar. La palabra «hombría», usada en ese contexto de aventura y camaradería, hizo cortocircuito en el cerebro de Kirishima. Vio la escena en su mente: él y Mina, moviéndose sigilosamente por los pasillos, comunicándose por señas, cumpliendo su «misión». Era ridículo, pero también… extrañamente atractivo.
Soltó un largo suspiro, una mezcla de resignación y anticipación. Una sonrisa lenta, mostrando todos sus dientes puntiagudos, finalmente se abrió paso en su rostro.
—Está bien, Ashido. Lo haré.
Los ojos de Mina se iluminaron como dos soles.
—¡¿DE VERDAD?! —gritó, antes de taparse la boca rápidamente, recordando a la pareja que dormitaba a pocos metros. Bajó la voz a un susurro eufórico—. ¿De verdad?
—Sí —confirmó él, sintiendo una oleada de adrenalina—. Pero con una condición.
—¡La que quieras!
—Nada que sea realmente cruel o dañino. Si alguien parece que está sufriendo de verdad, no hay foto. Y si nos piden que la borremos, lo hacemos. Un cazador masculino tiene que tener honor, ¿sabes?
Mina puso los ojos en blanco, pero asintió con una sonrisa.
—Trato hecho, Capitán Moralidad. Nada de crueldad, solo diversión de alta calidad. ¡Choca esos cinco, compañero!
Levantó la mano y Kirishima la chocó con la suya, el sonido resonando suavemente en la cocina. El pacto estaba sellado.
—Genial —dijo Mina, frotándose las manos con regocijo—. Nuestro primer trofeo ya está en la red. Ahora… ¿quién será el siguiente?
Se asomó de nuevo a la sala común. Midoriya no se había movido ni un ápice. Uraraka soltó un pequeño murmullo mientras dormía y se acurrucó un poco más contra él. El rubor de Midoriya, si era posible, se intensificó.
—Pobrecillo —murmuró Kirishima, sintiendo una mezcla de pena y diversión.
—Pobrecillo, pero nos ha dado cien puntos de inauguración —corrigió Mina, guiñándole un ojo—. Ahora, vamos a por el siguiente. Tengo el presentimiento de que si buscamos en la zona de entrenamiento Gamma, podríamos encontrar a cierto rubio explosivo haciendo algo… digno de ser documentado.
Se escabulleron de la cocina con el sigilo de dos depredadores que acaban de probar la sangre. El aburrimiento había sido derrotado, aniquilado por una nueva y emocionante misión. Mientras subían las escaleras hacia la salida, Kirishima no pudo evitar sonreír. Tal vez no era la forma más noble u honorable de pasar la tarde, pero la idea de compartir una aventura secreta con Mina, de ver sus rostros al descubrir sus fotos… era innegablemente emocionante.
Mina se detuvo en lo alto de la escalera y se giró hacia él.
—Prepárate, Kirishima. La temporada de caza ha comenzado.
Y con una risa traviesa que prometía un sinfín de problemas y diversión, echó a correr, con Kirishima pisándole los talones, ambos listos para su próximo objetivo. El juego de #Atrapados no había hecho más que empezar.
