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Fandom: kookmin , army

Creado: 10/8/2026

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La teoría del contacto

La luz tenue de la sala de estar apenas iluminaba el desorden de libros de texto y tazas de café vacías. Afuera, Seúl bullía con su ritmo frenético, pero dentro del departamento que compartían Jimin y Jungkook, el aire se sentía inusualmente denso, cargado de una tensión que ninguno de los dos sabía nombrar.

Jungkook estaba sentado en el sofá, con la espalda apoyada contra el respaldo y la mirada fija en sus manos tatuadas. Jimin, con su cabello rubio ligeramente despeinado y su figura pequeña envuelta en un suéter demasiado grande, lo observaba desde el sillón contiguo.

—Es ridículo, Jimin —soltó Jungkook de repente, rompiendo el silencio—. Tengo veinticuatro años. Se supone que debería saber qué hacer.

Jimin soltó una pequeña risa, una nota dulce que siempre lograba relajar a Jungkook, aunque esta vez no funcionó del todo.

—Kookie, no es una competencia. Además, has estado concentrado en el gimnasio, en tus dibujos y en la universidad. Es normal que no tengas tanta experiencia.

—Pero Chaeyoung... ella espera algo —continuó Jungkook, frunciendo el ceño—. La próxima vez que salgamos, sé que va a pasar. Y no quiero quedar como un idiota. No quiero que sea... torpe.

Jimin suspiró, sintiendo un pinchazo extraño en el pecho al escuchar el nombre de la chica rubia que últimamente rondaba a su mejor amigo. Jimin era abiertamente gay, y su amistad con Jungkook siempre había sido su ancla, su lugar seguro. Nunca había dejado que sus sentimientos cruzaran la línea, especialmente porque Jungkook era, según sus propias palabras, "más heterosexual que una regla".

—Ella es paciente, estoy seguro —dijo Jimin, tratando de sonar convincente.

Jungkook se giró hacia él, sus ojos oscuros brillando con una determinación que hizo que Jimin se removiera en su asiento.

—Enséñame.

El silencio que siguió fue absoluto. Jimin parpadeó, procesando las palabras.

—¿Qué?

—Enséñame, Jimin —repitió Jungkook, acercándose un poco más—. Eres mi mejor amigo. Confío en ti más que en nadie. Y... bueno, eres gay, así que no es como si fuera a ser raro para ti besar a un chico, ¿verdad? Y para mí, eres tú. No habría sentimientos de por medio. Solo... práctica.

Jimin sintió que el corazón le daba un vuelco violento. "Solo práctica". La frase golpeó contra sus costillas. Estaba saliendo con Mingyu, un chico amable y atento, y se suponía que las cosas iban bien. Pero la idea de los labios de Jungkook sobre los suyos era algo que había enterrado en lo más profundo de su mente años atrás.

—Jungkook, eso es... es una locura —susurró Jimin, aunque no se alejó.

—Por favor, Jimin. Solo una vez. Para saber qué hacer con las manos, cómo moverme... —Jungkook se veía genuinamente vulnerable, una faceta que rara vez mostraba detrás de su exterior frío y distante.

Jimin tragó saliva. Miró los labios de Jungkook, luego sus ojos, y finalmente asintió casi imperceptiblemente.

—Está bien. Solo... solo práctica.

Jungkook no esperó. Se deslizó por el sofá hasta quedar frente a Jimin. La cercanía era abrumadora. El aroma a suavizante de ropa y a la loción amaderada de Jungkook llenó los sentidos de Jimin.

—¿Cómo empiezo? —preguntó Jungkook en un susurro, su voz volviéndose más grave.

—Primero... —Jimin tuvo que aclarar su garganta—, no te apresures. Tienes que leer el momento. Toca su rostro, suavemente.

Jungkook levantó una mano, sus dedos tatuados rozando la mandíbula de Jimin. El contacto envió una descarga eléctrica por la columna del rubio. La mano de Jungkook era cálida y firme.

—¿Así? —preguntó Jungkook, su mirada descendiendo a los labios de Jimin.

—Sí —respondió Jimin, apenas un aliento—. Y luego... te acercas despacio.

Jungkook acortó la distancia. Cuando sus labios finalmente se tocaron, el mundo exterior dejó de existir. Fue un roce tímido al principio, una exploración cautelosa. Pero entonces, algo cambió. La timidez de Jungkook se evaporó, reemplazada por una urgencia que Jimin no esperaba.

El beso pasó de ser una "lección" a un incendio forestal. Jimin soltó un gemido ahogado cuando Jungkook inclinó la cabeza para profundizar el contacto, su lengua pidiendo permiso, encontrando la de Jimin en una danza que no tenía nada de teórica. Las manos de Jungkook bajaron a la cintura de Jimin, apretándolo contra él, mientras Jimin enredaba sus dedos en el cabello negro de la nuca de su amigo.

La intimidad en la sala se volvió asfixiante, cargada de una necesidad física que ambos habían ignorado por demasiado tiempo. Jungkook rompió el beso solo para buscar el cuello de Jimin, dejando besos húmedos y calientes que hacían que el rubio arqueara la espalda.

—Jungkook... —jadeó Jimin, su mente gritando que se detuviera mientras su cuerpo suplicaba por más.

De repente, Jungkook se detuvo en seco. Se separó, con la respiración entrecortada y los labios rojos y brillantes. Sus ojos estaban muy abiertos, llenos de una confusión cruda.

—Yo... lo siento —dijo Jungkook, levantándose bruscamente—. Yo no... gracias, Jimin. Tengo que irme a dormir.

Sin esperar respuesta, Jungkook desapareció en su habitación, dejando a Jimin temblando en el sofá, con el sabor de su mejor amigo aún quemándole la boca.


Los días siguientes fueron un ejercicio de tortura psicológica. El ambiente en el departamento se volvió gélido. Jungkook evitaba el contacto visual y pasaba más tiempo fuera que nunca.

El viernes por la noche, el grupo de amigos se reunió en un bar local. Jin y Namjoon estaban discutiendo sobre algo de la universidad, mientras Hoseok intentaba animar a Yoongi, quien parecía estar a punto de quedarse dormido sobre su cerveza. Taehyung, siempre observador, se sentó al lado de Jimin.

—Estás muy callado hoy, Minnie —dijo Taehyung, pasando un brazo por sus hombros—. ¿Peleaste con Mingyu?

Jimin forzó una sonrisa. Mingyu estaba al otro lado de la mesa, hablando con Hoseok. Era el novio perfecto, pero Jimin no podía dejar de comparar su tacto con la intensidad abrasadora de Jungkook.

—No, estamos bien. Solo estoy cansado.

—¿Y Jungkook? —Taehyung señaló con la cabeza hacia el final de la mesa, donde Jungkook estaba sentado con Chaeyoung.

La chica rubia reía, tocando el brazo de Jungkook con familiaridad. Jungkook sonreía, pero Jimin, que lo conocía mejor que nadie, notó que la sonrisa no llegaba a sus ojos.

—Parece que tu "lección" funcionó —murmuró Taehyung, quien sabía más de lo que admitía.

Jimin sintió una oleada de celos tan fuerte que tuvo que apretar los puños debajo de la mesa. Ver a Chaeyoung inclinarse hacia Jungkook, ver cómo él le devolvía la mirada... le revolvía el estómago.

De repente, Jungkook se puso de pie.

—Vamos afuera un momento —le dijo a Chaeyoung.

Jimin los vio salir. Cinco minutos después, no pudo aguantar más.

—Voy al baño —le dijo a Taehyung, quien solo asintió con una mirada de preocupación.

Jimin salió por la puerta trasera del bar, la que daba a un callejón estrecho. Allí, bajo la luz mortecina de una farola, vio a Jungkook y Chaeyoung. Estaban besándose.

Jimin sintió que el corazón se le partía en dos. Pero entonces, vio a Jungkook separarse. No fue un movimiento suave; fue casi un rechazo.

—¿Pasa algo, Jungkook? —preguntó Chaeyoung, confundida.

—Yo... no puedo —dijo Jungkook, su voz llegaba clara hasta donde Jimin estaba escondido—. Lo siento, Chaeyoung. No es... no es lo que esperaba.

—¿De qué hablas? Estábamos bien.

—No es eso. Es que... no siento nada —soltó Jungkook, frustrado—. Pensé que después de... bueno, pensé que sería diferente. Pero no lo es.

Chaeyoung, ofendida, se arregló el cabello y entró de nuevo al bar sin decir una palabra. Jungkook se quedó allí, apoyando la frente contra la pared de ladrillos.

Jimin salió de las sombras.

—Jungkook.

El pelinegro se sobresaltó y se giró. Sus ojos estaban inyectados en sangre, llenos de una angustia que hizo que Jimin diera un paso hacia él.

—¿Qué haces aquí, Jimin? Deberías estar con Mingyu.

—Te vi —dijo Jimin simplemente—. ¿Por qué dijiste que no sentías nada? Ella es hermosa, es amable... es lo que siempre dijiste que buscabas.

Jungkook soltó una risa amarga y se acercó a Jimin, acorralándolo contra la pared opuesta.

—Ese es el problema, Jimin. Intenté besarla. Intenté sentir ese... ese incendio que sentí en la sala contigo. Pero no hubo nada. Solo fueron labios contra labios.

Jimin tragó saliva, su corazón latiendo con fuerza.

—Dijiste que éramos práctica, Jungkook. Dijiste que no habría sentimientos.

—¡Mentí! —exclamó Jungkook, golpeando la pared al lado de la cabeza de Jimin—. O tal vez no mentí en ese momento, no lo sé. Pero desde que te besé, no puedo pensar en nada más. No puedo mirar a Mingyu sin querer golpearlo. No puedo estar cerca de ti sin querer volver a sentirte.

—Jungkook, soy tu mejor amigo —susurró Jimin, las lágrimas picando en sus ojos—. Y soy un chico. Tú eres... tú eres hetero.

—Entonces explícame por qué besar a una mujer me hizo sentir vacío y por qué recordarte a ti me está volviendo loco —dijo Jungkook, su rostro a milímetros del de Jimin—. Explícame por qué me siento así si se supone que las reglas dicen que no debería.

Jimin cerró los ojos. La culpa por Mingyu, el miedo a perder su amistad y el deseo abrumador que sentía por Jungkook colisionaron en su interior.

—Las reglas se rompieron en el momento en que me pediste que te enseñara —dijo Jimin en voz baja.

Jungkook no esperó más. Lo besó de nuevo, pero esta vez no había duda, no había timidez. Era un beso de reclamo, de confesión silenciosa. Jimin respondió con la misma intensidad, olvidándose por un momento de sus amigos dentro del bar, de su novio y de las etiquetas que los habían mantenido separados.

—Jungkook... —murmuró Jimin entre besos—, esto va a arruinarlo todo.

—Ya está arruinado, Jimin —respondió Jungkook, enterrando el rostro en el cuello del rubio—. Y no me importa. No puedo volver a ser solo tu amigo. No después de saber cómo encajas conmigo.

Jimin se aferró a la chaqueta de cuero de Jungkook, sabiendo que el camino que tenían por delante sería caótico y doloroso. Mingyu saldría herido, sus amigos harían preguntas y ellos tendrían que navegar por un territorio que ninguno de los dos comprendía del todo.

Pero mientras Jungkook lo sostenía con esa fuerza posesiva y desesperada, Jimin supo que no había vuelta atrás. La lección había terminado, y la realidad, por complicada que fuera, acababa de empezar.

—Tenemos que hablar con los demás —dijo Jimin, tratando de recuperar el aliento.

—Mañana —insistió Jungkook, volviendo a buscar sus labios—. Esta noche, solo quédate conmigo.

En la oscuridad del callejón, mientras el ruido del bar se filtraba por las paredes, Jimin se permitió aceptar lo que siempre había deseado en secreto. Jungkook, su mejor amigo, el chico frío y tatuado que pensaba que no sabía besar, le había enseñado que las reglas del corazón no entienden de lógica, ni de lecciones, ni de planes. Solo entienden de la verdad que se comparte en el silencio de un beso.

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