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Ben 10 omnitrix Ben 10 chaquetrix

Fandom: Ben 10 omnitrix Ben 10 chaquetrix

Creado: 14/8/2026

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UA (Universo Alternativo)CrossoverEstudio de PersonajeDolor/ConsueloCiencia FicciónAventuraDramaAngustia
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Ecos de un Relámpago en el Vacío

El silencio no era algo a lo que Ben Tennyson estuviera acostumbrado. Su vida solía ser una cacofonía de explosiones, alarmas de plomeros, el zumbido de transformaciones de ADN y las constantes discusiones con Gwen o Kevin. Sin embargo, allí, en ese espacio de blancura infinita donde el horizonte no existía, el silencio era absoluto.

Ben, ahora de dieciocho años, se ajustó la chaqueta verde con el número diez en el pecho. Sus ojos recorrieron el vacío hasta que se toparon con una figura que parecía su propio reflejo en un espejo distorsionado.

Al otro lado del vacío, otro Ben Tennyson lo observaba. Tenía su misma edad, su mismo rostro y vestía una chaqueta similar, aunque los detalles de su equipo parecían más refinados, menos orientados al combate directo y más a la coordinación. Pero la diferencia más notable no estaba en su ropa, sino en el dispositivo que llevaba en la muñeca.

—Supongo que esto no es una simulación de Azmuth —dijo el Ben del Omnitrix, rompiendo el hielo mientras se cruzaba de brazos—. Porque si lo es, se quedó sin presupuesto para el escenario.

El otro Ben soltó una risa nerviosa y se rascó la nuca, un gesto que ambos compartían universalmente.

—Ojalá fuera una simulación —respondió el Ben del Chaquetrix—. Estaba a punto de cenar con las chicas cuando parpadeé y terminé aquí. Por cierto, soy Ben.

—También yo. Aunque ese reloj tuyo... se ve diferente.

Ambos se acercaron con cautela. El Ben del Omnitrix señaló el dispositivo de su contraparte. El Chaquetrix brillaba con una luz rosácea y dorada, con un diseño que evocaba creación en lugar de transformación.

—Es el Chaquetrix —explicó el segundo Ben—. No me transforma. Invoca a las alienígenas. Son... bueno, son mis compañeras. Mis amigas. Mis protectoras.

El Ben del Omnitrix arqueó una ceja, procesando la información.

—¿Invocas? —preguntó con una pizca de envidia o quizás extrañeza—. Yo me convierto en ellas. Yo soy el que recibe los golpes, el que vuela, el que dispara fuego. Yo soy el arma.

—Yo soy el estratega —replicó el Ben del Chaquetrix—. Pero no te equivoques, daría la vida por cualquiera de ellas. Especialmente por... bueno, por la que más me ha marcado.

Un velo de melancolía cayó sobre ambos jóvenes al mismo tiempo. A pesar de las diferencias en sus universos, había un nombre, una esencia, que resonaba en el pecho de ambos.

—Feedback —dijeron al unísono.

El Ben del Omnitrix se sentó en el suelo inexistente, mirando hacia la nada. Sus dedos rozaron el dial del Omnitrix verde, el modelo definitivo que Azmuth le había entregado.

—Para mí, Feedback era más que una transformación —comenzó a relatar el Ben del Omnitrix—. Cuando tenía once años, me volví adicto a él. Me sentía invencible. La forma en que absorbía la energía, la forma en que el mundo parecía vibrar bajo mis pies... Era libertad pura.

—Te entiendo —murmuró el Ben del Chaquetrix, sentándose frente a él—. Para mí, ella fue la primera que realmente me entendió. No como un portador, sino como persona.

El Ben del Omnitrix cerró los ojos, recordando aquel fatídico día con Malware.

—Perderlo fue como si me arrancaran una parte del alma —continuó el guerrero de la chaqueta verde—. Malware no solo destruyó el ADN en el reloj; destruyó mi confianza. Pasé años sintiendo ese hueco en el pecho. Cada vez que seleccionaba a otro alienígena, sentía que estaba engañando a mi mejor versión. Durante mucho tiempo, Feedback fue mi mayor fracaso y mi mayor pérdida.

—¿Y lo recuperaste? —preguntó el Ben del Chaquetrix con curiosidad.

—Sí. Años después. Me di cuenta de que él siempre estuvo ahí, en mi propio código genético, en mi voluntad. Cuando finalmente volví a ser él para derrotar a Malware de una vez por todas... fue como volver a casa. Pero el dolor de esos años sin él... eso no se olvida.

El Ben del Chaquetrix asintió lentamente, mirando su propio reloj.

—Mi historia es un poco diferente, pero el sentimiento es el mismo —dijo el joven—. En mi mundo, Feedback no es una transformación. Ella es... ella es una chica increíble. Alta, con esos cables de energía que parecen trenzas y una personalidad que puede iluminar una ciudad entera. Desde que era niño, ella fue mi mejor amiga.

—¿Tu mejor amiga? —El Ben del Omnitrix sonrió de lado—. Suena complicado.

—Lo es y no lo es —respondió el portador del Chaquetrix—. Ella siempre fue la más protectora. Cuando Malware intentó atacar el Chaquetrix, ella no solo luchó; se interpuso entre él y yo. Al ser una invocación de energía pura, Malware intentó consumirla. Durante años, su forma física se desvaneció. El reloj no podía llamarla.

—Así que también la perdiste —concluyó el Ben del Omnitrix con un tono de camaradería dolorosa.

—La perdí. Pero no de la misma forma que tú. Yo tenía que ver el icono gris en mi reloj todos los días. Sabía que ella estaba atrapada ahí dentro, sufriendo o quizás dormida, y yo no podía hacer nada. No era solo perder un poder, era perder a la persona que me enseñó a no tener miedo. Me sentía solo, incluso rodeado de las otras chicas. Heatblast es genial, y XLR8 es divertida, pero Feedback... ella era mi ancla.

—Es curioso —dijo el Ben del Omnitrix—. Ambos dependíamos de la misma energía para sentirnos completos. Yo la necesitaba para ser fuerte; tú la necesitabas para ser tú.

—Exacto —asintió el Ben del Chaquetrix—. Recuerdo que, cuando finalmente logré estabilizar su señal y pudo materializarse de nuevo, lo primero que hizo no fue atacar al enemigo. Se giró, me tomó de las manos y me preguntó si yo estaba bien. Estaba medio desvanecida, echando chispas, pero solo le importaba mi bienestar.

El Ben del Omnitrix soltó una carcajada suave.

—Sí, eso suena exactamente a algo que Feedback haría. Tiene esa arrogancia eléctrica, pero un corazón enorme. A veces, cuando estoy transformado, siento que su conciencia me empuja a hacer cosas más heroicas de lo normal. Es como un subidón de adrenalina que te dice: "Podemos con esto, Ben".

—A veces me pregunto qué pensaría Azmuth de que estemos aquí comparando notas —comentó el Ben del Chaquetrix, mirando hacia arriba—. Probablemente diría que estamos perdiendo el tiempo y que deberíamos estar salvando algún sistema solar.

—O nos llamaría "tontos" con ese acento de Galvan amargado —añadió el Ben del Omnitrix, logrando que ambos rieran.

El silencio volvió a reinar, pero ya no era incómodo. Era el silencio de dos veteranos de guerra que habían encontrado a la única persona en el multiverso capaz de entender su carga.

—¿Sabes? —dijo el Ben del Omnitrix después de un rato—. A pesar de todo el caos, de los alienígenas malvados y de casi morir cada martes... no cambiaría nada. Ni siquiera el dolor de perder a Feedback. Porque eso me enseñó lo que realmente significa ser un héroe. No se trata del reloj, ni de los poderes.

—Se trata de las conexiones que formamos —completó el Ben del Chaquetrix—. Ella me enseñó que no soy un amo y ellas no son herramientas. Somos un equipo. Una familia.

De repente, el vacío blanco comenzó a vibrar. Grietas de luz verde y rosada empezaron a surcar el suelo inexistente. El tiempo de su encuentro se agotaba.

—Parece que el universo nos reclama —dijo el Ben del Omnitrix, poniéndose en pie y extendiendo una mano.

El Ben del Chaquetrix se levantó y estrechó su mano con firmeza.

—Fue un gusto, Tennyson. Cuida bien de ese Omnitrix. Y no dejes que Feedback se crea demasiado importante, aunque lo sea.

—Lo mismo digo —respondió el guerrero—. Y tú... dile a tu Feedback que un Ben de otro mundo le envía saludos. Ella entenderá.

—Lo hará.

Mientras sus formas comenzaban a desvanecerse, el Ben del Omnitrix activó su reloj por puro instinto. El resplandor verde envolvió su cuerpo, y por un segundo, su silueta se alargó, sus ojos se volvieron un solo receptor circular y los cables de energía brotaron de sus dedos.

Al otro lado, el Ben del Chaquetrix presionó su dispositivo. Una figura femenina, alta y vibrante de energía azul y negra, apareció a su lado, tomándolo del hombro con una sonrisa eléctrica antes de que la luz los consumiera.

El vacío volvió a ser blanco, silencioso y eterno. Pero en ese espacio, el eco de un relámpago permaneció, uniendo dos mundos que, aunque diferentes, compartían el mismo corazón heroico y la misma chispa de una amistad que trascendía las dimensiones.

Ben despertó en su habitación, en Bellwood. El sol entraba por la ventana. Se miró la muñeca. El Omnitrix estaba allí, frío y metálico.

—¿Ben? —llamó la voz de Rook desde afuera—. Tenemos un reporte de disturbios en el Pueblo Bajo. ¿Estás listo?

Ben sonrió, sintiendo una pequeña chispa estática recorrer su brazo, un recordatorio de que nunca estaba realmente solo.

—Más que listo, compañero —respondió, saltando de la cama—. Es hora de ser héroe.

En otra dimensión, otro Ben despertaba con una chica de cabellos eléctricos sentada en el borde de su cama, esperando para comenzar el día con una broma y un plan de entrenamiento.

Ambos Ben Tennyson, en sus respectivos mundos, miraron al cielo en ese momento, sabiendo que, en algún lugar del infinito, había alguien exactamente igual a ellos, luchando la misma batalla, amando a los mismos amigos y llevando el peso del universo con una sonrisa.

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