
Ben 10 omnitrix Ben 10 chaquetrix Ben 10 omnitrix Ben 10 chaquetrix
Fandom: Ben 10 omnitrix Ben 10 chaquetrix Ben 10 omnitrix Ben 10 chaquetrix
Creado: 14/8/2026
Etiquetas
Reflejos de un Rayo Extinto
El vacío era absoluto. No había arriba ni abajo, ni horizonte ni suelo, solo una blancura infinita que quemaba las retinas y silenciaba cualquier sonido que no fuera el de los propios latidos del corazón. En ese espacio inexistente, dos figuras aparecieron casi al mismo tiempo, tambaleándose como si hubieran sido arrojadas por un portal invisible.
Ambos tenían quince años. Ambos vestían la icónica chaqueta verde con el número diez. Ambos llevaban en su muñeca izquierda el arma más poderosa del universo, aunque el diseño difería sutilmente.
El primer Ben, el del Omnitrix, se puso en pie con torpeza, sacudiendo la cabeza. Sus ojos verdes escudriñaron el vacío con una mezcla de sospecha y cansancio. El segundo Ben, el del Chaquetrix, se quedó de rodillas un momento más, apretando los puños contra el suelo inexistente, con los hombros caídos y una expresión de derrota que parecía haber envejecido su rostro años en apenas unos segundos.
—¿Dónde diablos estoy ahora? —masculló el Ben del Omnitrix, activando la interfaz holográfica de su reloj—. ¿Azmuth? ¿Rook? ¿Alguien me recibe?
—No te va a contestar nadie —dijo una voz idéntica a la suya, pero cargada de una amargura profunda.
El Ben del Omnitrix se giró rápidamente, adoptando una postura de combate. Al ver a su doble, se quedó paralizado.
—¿Otro clon? ¿Albedo? —preguntó, entrecerrando los ojos—. No, no pareces él. Tu reloj... es diferente.
El Ben del Chaquetrix levantó la vista. Sus ojos estaban enrojecidos, como si hubiera estado conteniendo las lágrimas durante mucho tiempo. Miró el dispositivo en su muñeca, aquel que en su mundo no lo transformaba a él, sino que invocaba a las alienígenas que lo acompañaban en sus batallas.
—Soy Ben —respondió secamente—. Y supongo que tú también. Aunque tú pareces... diferente. Como si estuvieras acostumbrado a llevar el peso tú solo.
El Ben del Omnitrix relajó los hombros, aunque no bajó la guardia por completo.
—Yo soy el héroe. Yo me transformo. Yo peleo —explicó, señalando su reloj—. ¿Y tú? He oído rumores sobre versiones que llaman a otros para pelear.
El Ben del Chaquetrix soltó una risa amarga que terminó en un suspiro tembloroso.
—Yo no llamo a "otros". Llamo a mis amigas. A mi familia. O al menos... lo hacía.
Hubo un silencio pesado en la blancura infinita. Ambos chicos se miraron, reconociendo en el otro el mismo cansancio, la misma carga de un destino que nunca pidieron, pero que aceptaron con orgullo. Sin embargo, había algo más en el Ben del Chaquetrix: un vacío que el otro Ben conocía demasiado bien.
—¿Qué pasó? —preguntó el Ben del Omnitrix, acercándose un par de pasos—. Estás... destrozado.
El Ben del Chaquetrix cerró los ojos, y por un momento, la blancura del vacío pareció proyectar sus recuerdos, como sombras en una pantalla de cine invisible.
—Fue Malware —susurró el Ben del Chaquetrix—. Estábamos en Galvan Prime. Todo se salió de control. Ella estaba allí... siempre estaba allí para protegerme. Era la más brillante, la más rápida. No era solo una transformación o una invocación. Era ella.
—Feedback —dijo el Ben del Omnitrix, y su voz tembló ligeramente.
—Sí —respondió el otro, con una lágrima escapando finalmente—. Mi mejor amiga. Mi compañera. Ella absorbió el ataque de Malware para darme tiempo a reaccionar. Pero fue demasiado. Malware no solo la hirió... la deshizo.
El Ben del Chaquetrix extendió sus manos frente a él, como si todavía pudiera sentir las cenizas escurriéndose entre sus dedos.
—La vi convertirse en polvo. Vi cómo su energía se apagaba. Sus ojos... lo último que vi fue su sonrisa diciéndome que todo estaría bien, mientras se deshacía en mis brazos. El Chaquetrix se volvió loco, intentó recuperarla, pero no quedó nada. Solo cenizas negras.
El Ben del Omnitrix sintió un nudo en la garganta. Se llevó la mano al pecho, justo donde solía sentir la conexión con su alienígena favorito.
—A mí me pasó lo mismo —confesó en voz baja—. Pero fue diferente. Yo era ella. Yo sentía su poder, su conexión con el espectro eléctrico. Malware me la arrancó del ADN. Sentí cómo me arrancaban una parte del alma. La vi ser destruida frente a mis ojos mientras yo volvía a ser humano, impotente, viendo cómo mis restos favoritos se hacían ceniza y desaparecían en el viento.
Ambos Ben se sentaron en el suelo blanco, espalda contra espalda, compartiendo el peso de una pérdida que nadie más en el multiverso podría entender de la misma manera.
—Era mi favorita —dijo el Ben del Omnitrix—. Siempre que las cosas se ponían feas, ella era la respuesta. No era solo poder, era... libertad.
—Para mí era más que eso —añadió el Ben del Chaquetrix—. Era la persona que me hacía sentir que no estaba solo en esto. A veces, cuando el mundo me pesaba demasiado, ella simplemente aparecía, se sentaba a mi lado y me decía que era un tonto, pero que era su tonto. Y ahora... el reloj está en silencio. No hay señal, no hay esencia. Solo el vacío.
—¿Por qué estamos aquí? —preguntó el Ben del Omnitrix, mirando al techo inexistente—. ¿Es esto algún tipo de purgatorio para los Ben que perdieron a su Feedback?
—Tal vez es solo un reflejo —respondió el otro—. Un lugar donde el dolor se vuelve tan real que crea su propio espacio. O tal vez... es una oportunidad para decir adiós.
El Ben del Omnitrix miró su reloj. El símbolo verde parpadeaba con una luz tenue, casi moribunda.
—Sabes, después de que Malware la destruyó, me sentí vacío durante años. Dejé de usar el Omnitrix de la misma forma. Me volví descuidado, perezoso... como si una parte de mi motivación se hubiera ido con ella.
—Yo también —admitió el Ben del Chaquetrix—. Mis otras amigas intentan consolarme, pero no es lo mismo. Hay un hueco en el equipo que nadie puede llenar. A veces me despierto por la noche pensando que la oigo reír, pero solo es el sonido del viento.
De repente, la blancura empezó a vibrar. Pequeñas chispas de electricidad azul comenzaron a danzar en el aire, rodeando a ambos muchachos. No era una electricidad agresiva, sino cálida, familiar.
—¿Sientes eso? —preguntó el Ben del Omnitrix, poniéndose en pie de un salto.
—Es ella... —susurró el Ben del Chaquetrix, con el corazón acelerado.
En medio de los dos, las chispas comenzaron a agruparse, formando una silueta esbelta, con antenas largas y un solo ojo que brillaba con una intensidad reconfortante. No era una Feedback física, sino una manifestación de sus recuerdos, de su amor y de su pérdida.
La figura se dividió en dos, tocando suavemente la frente de cada Ben.
—No se ha ido del todo —dijo el Ben del Omnitrix, sintiendo una calidez que no había sentido en años—. Mientras la recordemos, mientras sintamos ese chispazo de energía cuando peleamos por lo correcto... ella sigue ahí.
El Ben del Chaquetrix cerró los ojos, permitiendo que la energía lo envolviera. Por un breve momento, sintió una mano etérea apretar la suya.
—Tienes razón —dijo el Ben del Chaquetrix, con una sonrisa triste pero firme—. Ella no querría vernos así. No querría que nos rindiéramos.
—Ella era la energía pura —continuó el Ben del Omnitrix—. Y la energía no se destruye, solo se transforma.
La luz azul estalló en un brillo cegador, obligándolos a cubrirse los ojos. Cuando la intensidad disminuyó, el vacío blanco empezó a fracturarse, mostrando fragmentos de sus respectivos mundos. Bellwood, el espacio, el Rustbucket.
—Parece que es hora de volver —dijo el Ben del Omnitrix, mirando a su otro yo—. Oye, Ben.
El Ben del Chaquetrix lo miró, ya más entero, con una chispa de esperanza en los ojos.
—¿Sí?
—No dejes que las cenizas te cieguen. Ella era luz. Recuérdala como la luz.
El Ben del Chaquetrix asintió, ajustándose la chaqueta.
—Y tú no dejes que la pereza te gane. Eres un héroe con o sin ella. Pero sé que ella estaría orgullosa de verte pelear de nuevo.
Ambos chocaron los puños, y en ese contacto, un último arco de electricidad azul saltó entre los dos dispositivos, el Omnitrix y el Chaquetrix, sellando una promesa silenciosa entre dos versiones del mismo alma.
—¡Es hora de ser héroe! —exclamaron al unísono.
El vacío colapsó.
El Ben del Omnitrix despertó en su habitación, con el sol entrando por la ventana. Se miró la muñeca. El reloj estaba en verde, pero por un segundo, juró ver un destello azul en la pantalla. Se levantó con una energía que no sentía desde hacía meses, listo para enfrentar el día.
El Ben del Chaquetrix apareció en medio de una calle desierta en su propia dimensión. Miró el Chaquetrix. El icono de Feedback seguía gris, inactivo, pero ya no sentía ese frío gélido en el pecho. Se limpió una última lágrima y miró al cielo.
—Gracias, Feedback —susurró—. Por todo.
A lo lejos, el sonido de una explosión llamó su atención. Sus otras compañeras aparecieron a su lado, listas para la acción, mirándolo con preocupación. Ben les dedicó una sonrisa valiente, una que no habían visto en mucho tiempo.
—Estoy bien, chicas —dijo, activando el reloj—. Vamos a trabajar.
En dos universos diferentes, el legado de un rayo de energía que se hizo cenizas continuó viviendo, no como un trauma, sino como la chispa que encendió de nuevo el fuego de dos héroes que se habían perdido a sí mismos. La blancura del vacío se había ido, pero la conexión permanecía, recordándoles que, en algún lugar del infinito, nunca estarían solos.
