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Odio al amor

Fandom: Bl thai

Creado: 15/8/2026

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RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloEstudio de PersonajeDiscriminaciónRealismo
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El eco de los privilegios rotos

El pasillo del tercer piso de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chulalongkorn no era un lugar para los débiles. Era el dominio absoluto de Phana y su círculo de amigos, un grupo de jóvenes cuyas cuentas bancarias eran tan extensas como su arrogancia. Phana, con su uniforme impecable y ese reloj suizo que brillaba bajo las luces fluorescentes, caminaba como si el suelo le perteneciera. Para él, el mundo se dividía en dos: los que importaban y los que eran simplemente ruido de fondo.

Kawi pertenecía a una tercera categoría, una que Phana despreciaba activamente: los invisibles que se atrevían a destacar por su intelecto.

Esa mañana, el calor húmedo de Bangkok se filtraba por las ventanas abiertas. Kawi caminaba con la vista fija en sus notas, apretando contra su pecho los libros desgastados que había comprado de segunda mano. Sus gafas, ligeramente torcidas, se deslizaban por el puente de su nariz debido al sudor. No tenía coche, no tenía ropa de marca y, lo más imperdonable para el grupo de Phana, no tenía miedo de ser quien era.

—Miren quién decidió aparecer —la voz de Phana, profunda y cargada de veneno, cortó el aire—. El becado favorito de los profesores.

Kawi se detuvo en seco. Su corazón empezó a latir con fuerza, un tamborileo sordo en sus oídos. Intentó rodear al grupo, pero dos de los amigos de Phana le cerraron el paso, riendo entre dientes.

—Solo quiero ir a la biblioteca, Phana —dijo Kawi con la voz más firme que pudo reunir.

Phana dio un paso al frente, acortando la distancia física hasta que Kawi pudo oler su perfume costoso, una mezcla de sándalo y cítricos que resultaba asfixiante. Con un movimiento rápido y cruel, Phana golpeó los libros que Kawi sostenía. Los papeles volaron y los tomos cayeron al suelo con un golpe seco.

—¿A la biblioteca? —Phana se burló, pisando deliberadamente una de las hojas de apuntes—. ¿Para qué? ¿Para estudiar cómo dejar de ser un asco?

—No te he hecho nada —susurró Kawi, agachándose para recoger sus pertenencias.

—Me molesta tu existencia —escupió Phana, inclinándose sobre él—. Me molesta que camines por aquí como si fueras igual a nosotros. Eres pobre, eres un cerebrito y, encima de todo, eres un desviado. Das náuseas, Kawi.

—¿Por qué te importa tanto lo que yo sea? —preguntó Kawi, levantando la mirada. Sus ojos estaban llenos de una chispa de desafío que Phana no esperaba—. A menos que te asuste darte cuenta de algo sobre ti mismo.

El silencio que siguió fue tenso. Los amigos de Phana dejaron de reír. Phana sintió una oleada de furia caliente subir por su cuello. Sin pensarlo, agarró a Kawi por el cuello de su camisa barata y lo estampó contra los casilleros metálicos. El estruendo resonó en todo el pasillo.

—Vuelve a decir algo así —siseó Phana, apretando el agarre hasta que Kawi tuvo que ponerse de puntillas para respirar— y te juro que haré que te expulsen de esta universidad antes de que termine el semestre. Mi padre financia el nuevo laboratorio, Kawi. Tú no eres nadie. Un error en el sistema.

—Entonces bórrame —respondió Kawi, aunque su labio temblaba—. Pero no dejaré de ser mejor estudiante que tú solo porque me golpees.

Phana levantó el puño, la rabia cegándolo. Estaba a punto de descargar su frustración contra ese rostro pálido y decidido cuando una voz de autoridad resonó desde el final del corredor.

—¡Señor Phana! ¡Suelte a su compañero inmediatamente!

Era el decano. Phana soltó a Kawi con un empujón brusco, haciendo que el chico cayera de rodillas sobre sus libros desparramados. Phana se sacudió las manos como si hubiera tocado algo sucio, dedicándole una última mirada de puro odio antes de alejarse con sus amigos, dejando a Kawi solo en el suelo frío.

Las semanas siguientes fueron un infierno sistemático. Phana no se conformaba con los insultos verbales. Kawi encontraba su taquilla manchada con pintura, sus trabajos de investigación desaparecían de los servidores de la facultad y, en más de una ocasión, terminaba empapado en las duchas del gimnasio porque alguien "accidentalmente" cerraba la puerta y abría el agua fría.

Sin embargo, el destino tiene una forma extraña de equilibrar las balanzas.

Todo cambió la noche de la gala anual de la facultad. Phana, ebrio de su propia importancia y de demasiado champán, decidió conducir su deportivo nuevo a toda velocidad por las calles mojadas de Bangkok. El accidente no fue mortal, pero fue lo suficientemente grave como para destrozar el coche y dejar a Phana con una pierna rota y una conmoción cerebral que lo obligó a depender de otros por primera vez en su vida.

Lo peor para él no fue el dolor físico, sino la humillación. Sus "amigos" desaparecieron en cuanto se dieron cuenta de que Phana no podría salir de fiesta ni pagar las rondas durante meses. Su padre, furioso por el escándalo y el coche destrozado, decidió darle una lección de humildad: le cortó el acceso a sus tarjetas de crédito y le asignó un tutor académico para que no perdiera el año, ya que Phana se había quedado atrás en todas las materias.

El lunes por la tarde, Phana estaba sentado en la biblioteca, con la pierna escayolada descansando en una silla y una expresión de amargura grabada en el rostro. Cuando vio quién se acercaba a su mesa, sintió que la sangre se le congelaba.

—No puede ser —gruñó Phana, intentando levantarse, pero fallando miserablemente—. De ninguna manera.

Kawi dejó su mochila sobre la mesa y se sentó frente a él, abriendo un libro de cálculo avanzado con una calma exasperante.

—Tu padre me contrató —dijo Kawi sin mirarlo—. Aparentemente, soy el único con el promedio suficiente para salvar tu semestre y el único lo suficientemente necesitado de dinero como para aguantarte.

—Vete al diablo, Kawi —escupió Phana—. No necesito ayuda de alguien como tú.

—Entonces reprueba —respondió Kawi, levantando finalmente la vista. Sus ojos no tenían rastro de odio, solo una profunda fatiga—. Pero si quieres pasar, abre el libro en la página ciento cuarenta y dos. Y guarda tus insultos, Phana. Ya no tienes a tus guardaespaldas para protegerte si decido dejarte aquí tirado.

Phana apretó los dientes. Quería gritarle, quería humillarlo, pero se dio cuenta de que, por primera vez, no tenía poder. Estaba roto, solo y dependía totalmente del chico al que había intentado destruir.

Las sesiones de estudio eran tortuosas al principio. Phana se negaba a cooperar, lanzando comentarios sarcásticos sobre la ropa de Kawi o su olor a jabón barato. Pero Kawi era inamovible. No respondía a las provocaciones, simplemente seguía explicando derivadas e integrales como si Phana fuera un alumno más.

Una noche, mientras la biblioteca cerraba y solo quedaban ellos dos bajo la luz mortecina de una lámpara de escritorio, Phana observó a Kawi mientras este resolvía un problema complejo. Se fijó en la forma en que el cabello de Kawi caía sobre su frente y en la intensidad de su concentración. Por primera vez, Phana no vio a un "pobre" o a un "estudioso"; vio a alguien que tenía una fuerza interna que él mismo carecía.

—¿Por qué lo haces? —preguntó Phana de repente. Su voz ya no tenía el filo de antes.

Kawi dejó de escribir y lo miró, confundido.

—¿El qué? ¿Darte tutoría? Ya te lo dije, necesito el dinero para la matrícula.

—No hablo de eso —dijo Phana, bajando la mirada hacia sus propias manos—. Hablo de por qué no te has vengado. Me tuviste a tu merced semanas. Podrías haberme dejado en ridículo, podrías haberle dicho a mi padre que no estudio... pero no lo hiciste.

Kawi guardó silencio durante un largo rato. El sonido de la lluvia empezaba a golpear los cristales de la biblioteca.

—Porque ser como tú no me ayudaría a llegar a donde quiero estar —dijo Kawi finalmente—. Si me rebajara a tu nivel, entonces habrías ganado. Y yo no tengo tiempo para juegos de poder, Phana. Tengo una vida que construir.

Phana sintió una punzada de algo que no reconoció de inmediato: vergüenza. Un sentimiento extraño y pesado que se instaló en su pecho.

—Lo siento —susurró Phana.

Kawi parpadeó, sorprendido.

—¿Qué has dicho?

—He dicho que lo siento —repitió Phana, esta vez más fuerte, aunque le costaba pronunciar las palabras—. Fui un imbécil. Todo lo que dije sobre ti... era porque me molestaba que fueras tan libre. Yo tengo que ser el hijo perfecto, el estudiante popular, el heredero... y tú simplemente eres tú. Y te odiaba por eso.

Kawi lo observó, buscando rastro de burla en sus ojos, pero solo encontró una vulnerabilidad cruda.

—El odio es una carga muy pesada, Phana —dijo Kawi suavemente—. Me alegra que hayas decidido soltarla.

A partir de esa noche, algo cambió drásticamente. Phana empezó a estudiar de verdad. Ya no llegaba tarde a las sesiones y, lo más sorprendente, empezó a defender a Kawi. Cuando sus antiguos amigos intentaron burlarse de Kawi en la cafetería, Phana, aún con muletas, se levantó y los enfrentó con una frialdad que los dejó mudos.

—Si vuelven a molestar a Kawi —dijo Phana con voz gélida—, se las verán conmigo. Y saben perfectamente de lo que es capaz mi familia.

La dinámica entre ellos se transformó en algo que ninguno de los dos esperaba. La hostilidad se convirtió en curiosidad, y la curiosidad en una atracción magnética. Phana empezó a buscar excusas para pasar tiempo con Kawi fuera de las tutorías. Lo llevaba a cenar a lugares que Kawi nunca podría costear, pero esta vez no para presumir, sino porque quería compartir algo bueno con él.

Una tarde, mientras descansaban en un parque cerca del campus, Phana se atrevió a hacer lo que llevaba semanas deseando.

—Kawi —dijo, cerrando su libro de texto—. Tengo que decirte algo.

—Si es sobre el examen de mañana, ya te dije que dominas el tema —bromeó Kawi, aunque su corazón dio un vuelco al ver la seriedad en el rostro de Phana.

—No es sobre el examen —Phana se acercó un poco más, rompiendo esa barrera invisible que siempre habían mantenido—. Es sobre nosotros. Sé que empecé siendo tu peor pesadilla. Sé que te hice daño. Pero este tiempo contigo... me ha hecho darme cuenta de que todo lo que creía saber sobre el mundo estaba mal.

Kawi contuvo el aliento.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que no puedo dejar de pensar en ti —confesó Phana, su voz apenas un susurro—. Y no es solo gratitud. Es... es algo mucho más profundo. Me gustas, Kawi. Y me aterra, porque no sé cómo ser la persona que te merece.

Kawi sintió que el mundo se detenía. Miró a Phana, al chico que una vez lo había humillado y que ahora lo miraba con una súplica silenciosa en los ojos. Vio el cambio, vio el esfuerzo y, sobre todo, vio al hombre que Phana estaba empezando a ser.

—No tienes que ser perfecto, Phana —dijo Kawi, extendiendo una mano para tocar la mejilla del otro—. Solo tienes que ser real.

Phana cerró los ojos ante el contacto, inclinándose hacia la palma de Kawi. En ese momento, bajo la sombra de los árboles tailandeses y el calor de la tarde, el pasado empezó a desvanecerse, dejando espacio para un futuro que ninguno de los dos había imaginado posible.

—Enséñame —pidió Phana, abriendo los ojos y encontrándose con la mirada cálida de Kawi—. Enséñame a ser mejor.

—Lo haremos juntos —respondió Kawi.

Y mientras sus labios se encontraban en un primer beso suave y tentativo, Phana supo que la verdadera riqueza no estaba en su cuenta bancaria, sino en el perdón y el amor del chico al que una vez llamó "nadie". Kawi, por su parte, entendió que a veces las mentes más brillantes también tienen que aprender a leer los dictados del corazón.

El camino no sería fácil. La universidad hablaría, la familia de Phana pondría obstáculos y las cicatrices del pasado tardarían en sanar. Pero mientras caminaban de regreso al campus, con las manos entrelazadas y los libros olvidados en el banco del parque, supieron que ya no tenían miedo. La arrogancia se había rendido ante la humildad, y el odio se había disuelto en la promesa de un nuevo comienzo.

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