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Vampiro (max 4 caps)

Fandom: Army

Creado: 17/8/2026

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OmegaversoFantasíaOscuroAngustiaDolor/ConsueloRomanceDramaDiscriminación
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Dulce veneno en las venas de un cordero

El pasillo de la facultad de artes estaba inusualmente silencioso para ser un martes por la tarde. La luz del sol, filtrándose a través de los ventanales altos, bañaba las paredes de un tono dorado que contrastaba con la frialdad que emanaba de la figura que caminaba delante.

Yoongi caminaba a pasos cortos, balanceando su mochila con dibujos de gatitos mientras intentaba seguir el ritmo de las largas zancadas de Jungkook. Sus dedos pequeños y regordetes jugueteaban con el dobladillo de su suéter rosa pastel, demasiado grande para su cuerpo menudo. Como omega recesivo, Yoongi apenas desprendía un aroma perceptible, un suave rastro de leche y vainilla que solía ser ignorado por la mayoría, pero que para los instintos de Jungkook, era una provocación constante.

—¡Kookie, espera! —exclamó Yoongi con una vocecita suave, casi infantil—. Mis piernitas están cansadas.

Jungkook ni siquiera se molestó en girar la cabeza. Su mandíbula estaba tensa, y sus ojos, usualmente oscuros, brillaban con un matiz rojizo que delataba su herencia de alfa vampiro. El hambre estaba despertando, una sed voraz que quemaba su garganta y hacía que sus colmillos presionaran contra sus encías.

—Cállate, Yoongi —soltó Jungkook con voz cortante, sin detenerse—. Y no me llames así en la universidad. Te he dicho mil veces que no somos amigos.

Yoongi hizo un pequeño puchero, sus ojos gatunos llenándose de una capa de humedad. A pesar del tono gélido de Jungkook, el omega no podía evitar amarlo con la pureza de un niño. Para él, Jungkook era su protector, su alfa, aunque la realidad fuera un compromiso forzado por sus familias para estabilizar el linaje de los Min y calmar la sed de los Jeon.

—Pero... pero somos novios —susurró Yoongi, acelerando el paso hasta alcanzar la manga de la chaqueta de cuero de Jungkook—. Mamá dijo que los novios se toman de la mano.

Jungkook se detuvo en seco, haciendo que Yoongi chocara contra su espalda sólida como el mármol. El alfa se giró lentamente, su mirada hiperdominante cayendo sobre el omega con tal intensidad que Yoongi sintió que sus rodillas flaqueaban. El aroma de Jungkook, una mezcla embriagadora de tormenta, madera quemada y algo metálico, inundó los sentidos del pequeño omega, sometiéndolo al instante.

—Estamos juntos por obligación, Yoongi. No lo olvides —dijo Jungkook, inclinándose hasta que su aliento frío rozó la oreja del mayor—. Y ahora mismo, lo único que quiero de ti es que dejes de hablar. Tengo hambre.

El miedo y la sumisión brillaron en los ojos de Yoongi. Sabía lo que eso significaba. Cuando Jungkook tenía "hambre", no se refería a comida normal. Su naturaleza de alfa vampiro exigía algo más vital, más íntimo.

Jungkook agarró a Yoongi por la muñeca con una fuerza que rozaba el dolor y lo arrastró hacia el ala antigua de la biblioteca, una zona que estaba en remodelación y a la que nadie iba a esas horas. El omega no se resistió; su naturaleza sumisa y su infantilismo lo hacían incapaz de pelear contra su alfa, incluso si ese alfa lo trataba con desprecio.

Entraron en un pequeño depósito de libros polvorientos. Jungkook cerró la puerta con llave y empujó a Yoongi contra una de las estanterías. El sonido de los libros vibrando fue lo único que rompió el silencio sepulcral.

—Kookie... aquí hace frío —murmuró Yoongi, temblando, mientras abrazaba su propio cuerpo—. ¿Podemos ir a casa? Quiero ver dibujos animados.

—Dije que te callaras —gruñó Jungkook. Sus ojos ahora eran completamente rojos, las pupilas dilatadas por la necesidad de sangre.

Jungkook atrapó a Yoongi entre la estantería y su cuerpo. La diferencia de tamaño era abrumadora. Yoongi parecía una muñeca de porcelana a punto de romperse frente a una bestia depredadora. El alfa llevó una mano al cuello de Yoongi, acariciando la piel pálida y suave con el pulgar. Podía sentir el pulso acelerado del omega, el latido de un corazón que latía solo por él.

—Eres tan débil —dijo Jungkook con desdén, aunque su mano no se apartó—. Un omega recesivo con la mente de un crío. No sé cómo se supone que vas a darme herederos algún día.

—Yoongi puede ser bueno —dijo el omega con voz quebrada, las lágrimas comenzando a rodar por sus mejillas—. Yoongi se porta bien para Kookie.

Jungkook soltó un suspiro pesado, una mezcla de irritación y una extraña fascinación que se negaba a admitir. Sin previo aviso, tiró del cuello del suéter de Yoongi, dejando al descubierto la curva de su hombro y el nacimiento del cuello.

—No te muevas —ordenó el alfa.

Yoongi cerró los ojos con fuerza, apretando los puños contra su pecho. Sabía lo que venía. Siempre era igual. Jungkook no era delicado; no buscaba el placer del omega, solo buscaba saciar su sed.

—Duele... —susurró Yoongi antes de que los colmillos de Jungkook se hundieran en su carne.

El omega soltó un gemido ahogado, un sonido de puro dolor que se perdió entre las estanterías llenas de polvo. Los colmillos de un alfa vampiro estaban diseñados para inmovilizar, pero en un omega tan sensible como Yoongi, el impacto era devastador. Sintió cómo la vida misma comenzaba a fluir fuera de él, succionada por la boca del hombre que amaba.

Jungkook bebió con avidez. La sangre de Yoongi sabía a pureza, a una dulzura floral que calmaba el fuego en sus venas como nada más en el mundo podía hacerlo. Sus manos, antes toscas, se cerraron sobre la cintura de Yoongi, atrayéndolo más hacia él. Por un momento, el odio que sentía por la debilidad del omega se desvaneció, reemplazado por una posesividad oscura y primitiva.

—Mmm... —Yoongi sollozó bajito, su cabeza cayendo hacia atrás sobre el hombro de Jungkook.

Sus pequeñas manos subieron con timidez, buscando el cabello azabache del alfa para acariciarlo, incluso en medio de su sufrimiento. Yoongi lloraba en silencio, las lágrimas empapando la camisa de Jungkook, pero no intentó apartarse. En su mente infantil, este era el modo en que Jungkook le decía que lo necesitaba. Si su sangre era lo que mantenía a Jungkook a su lado, entonces Yoongi se la daría hasta quedar vacío.

—Duele mucho, Kookie... —alcanzó a decir entre hipos, su voz volviéndose cada vez más débil.

Jungkook finalmente se separó, lamiendo el exceso de sangre de sus labios con una lentitud pecaminosa. Sus ojos recuperaron gradualmente su color oscuro, aunque el brillo de satisfacción permanecía. Miró a Yoongi, que ahora estaba pálido y apenas podía mantenerse en pie.

—Ya está —dijo Jungkook, su voz un poco menos áspera que antes, aunque seguía siendo distante—. Deja de llorar. Pareces un bebé.

—Es que... pica —dijo Yoongi, llevando una mano a la herida, pero Jungkook le golpeó suavemente los dedos para que se detuviera.

—No lo toques. Se curará solo —el alfa sacó un pañuelo de su bolsillo y, con una brusquedad que ocultaba un mínimo de cuidado, limpió el rostro empapado de lágrimas del omega—. Arréglate la ropa. Tenemos clase en diez minutos.

Yoongi asintió sumisamente, sus manos temblorosas intentando acomodar su suéter rosa. Se sentía mareado, el mundo dando vueltas a su alrededor, pero forzó una sonrisa pequeña y triste.

—¿Kookie está feliz ahora? ¿Ya no tiene hambre?

Jungkook lo miró fijamente. Por un breve segundo, el alfa sintió una punzada de algo parecido a la culpa al ver la devoción ciega en los ojos de Yoongi, pero la enterró rápidamente bajo capas de frialdad y orgullo.

—Estoy satisfecho —respondió Jungkook, dándose la vuelta para abrir la puerta—. Camina rápido. No quiero que nos vean salir juntos de aquí.

—¡Espera! —Yoongi corrió un poco, tropezando con sus propios pies hasta quedar al lado del alfa—. ¿Puedo tener un dulce? Kookie dijo que si me portaba bien, me daría un dulce.

Jungkook suspiró, metiendo la mano en su bolsillo y sacando una pequeña paleta de fresa que había comprado esa mañana, casi sin darse cuenta de por qué lo hacía. Se la tendió sin mirarlo.

—Toma. Y cállate de una vez.

Yoongi tomó la paleta como si fuera el tesoro más grande del mundo, sus ojos brillando con una alegría infantil que parecía borrar el dolor de hace unos momentos.

—¡Gracias, Kookie! ¡Te quiero mucho!

—Sí, lo que digas —murmuró Jungkook, saliendo al pasillo con paso firme.

Yoongi lo siguió a una distancia prudente, como siempre le pedían, lamiendo su paleta y tratando de ignorar el ardor en su cuello. Para el mundo, Jungkook era el alfa perfecto y dominante, y Yoongi solo un omega defectuoso que apenas podía cuidar de sí mismo. Pero en la oscuridad de los pasillos, Yoongi sabía que era el único que podía calmar a la bestia, aunque le costara la vida gota a gota.

Mientras caminaban hacia el salón, Jungkook sintió el aroma de vainilla de Yoongi mezclado con su propia esencia de alfa. Un sentimiento de propiedad lo invadió. Odiaba a Yoongi por ser tan frágil, lo odiaba por ser una carga, pero sobre todo, se odiaba a sí mismo por saber que, si alguien más intentara tocar una sola gota de esa sangre dulce, él sería capaz de reducir toda la universidad a cenizas.

—Kookie... —susurró Yoongi desde atrás, llamando su atención.

—¿Qué quieres ahora? —respondió el alfa, deteniéndose frente a la puerta del aula.

—¿Me darás un abrazo cuando lleguemos a casa? —preguntó el pequeño, ladeando la cabeza con inocencia.

Jungkook lo miró de arriba abajo, viendo la marca de sus colmillos que aún se transparentaba bajo la tela del suéter.

—Tal vez —dijo Jungkook, abriendo la puerta—. Si dejas de molestar durante la clase.

Yoongi asintió frenéticamente, una sonrisa radiante iluminando su rostro pálido. Para él, ese "tal vez" era una promesa de amor eterno. Y para Jungkook, era la mentira que necesitaba decirse a sí mismo para no admitir que el pequeño omega recesivo lo tenía más atrapado de lo que cualquier contrato matrimonial podría lograr jamás.

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