
Rick y morty crossover multiverso
Fandom: Rick y morty multiverso
Creado: 26/8/2026
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El Crucero del Caos y la Reliquia de la Entropía
—¡Morty! ¡Despierta, pequeño pedazo de lastre genético! ¡Nos vamos! —Rick irrumpió en la habitación de su nieto, pateando la puerta con una fuerza innecesaria y sosteniendo una petaca que goteaba un líquido verde fluorescente.
Morty se sobresaltó, cayendo directamente de la cama y enredándose en sus sábanas. El reloj marcaba las tres de la mañana, pero en la casa de los Smith, el tiempo era una sugerencia abstracta que Rick ignoraba sistemáticamente.
—¿Q-qué? ¿Rick? ¿Es otra vez lo de los parásitos mentales? —preguntó Morty, frotándose los ojos mientras intentaba recuperar el equilibrio—. Porque la última vez me hiciste dispararle al tío Steve y él ni siquiera existía, Rick. Fue muy traumático.
—Olvida al tío Steve, Morty. Eso es tan de la temporada pasada —dijo Rick, dejando escapar un eructo que pareció vibrar en las paredes—. Estoy aburrido, Morty. Aburrido a un nivel existencial. El multiverso se ha vuelto predecible. Los Ricks de la Ciudadela están demasiado ocupados contando sus votos y los alienígenas de la Federación son tan divertidos como una hoja de Excel. Necesito caos. Necesito... vacaciones.
Morty suspiró, resignado. Sabía que las "vacaciones" de Rick solían implicar genocidios accidentales o, en el mejor de los casos, quedar atrapado en una dimensión donde los muebles comen personas.
—¿Vacaciones? —preguntó Morty, poniéndose sus pantalones—. ¿No podemos simplemente ir a una playa? Una playa normal, con arena que no sea vidrio molido y un sol que no grite durante ocho horas.
—Oh, claro, Morty. Vamos a sentarnos en un montón de rocas erosionadas mientras esperamos que el cáncer de piel nos alcance —dijo Rick con sarcasmo, ajustando los diales de su pistola de portales—. No, vamos a ir al Nexo de la Entropía. Hay un objeto, una especie de... recuerdo turístico multiversal. La "Esfera de la Incoherencia". Dicen que si la activas en el lugar correcto, todas las leyes de la física se vuelven opcionales. Es como el Disney World de la anarquía, Morty.
Rick disparó el portal. El resplandor verde iluminó la habitación, proyectando sombras alargadas y distorsionadas. Sin esperar respuesta, agarró a Morty por el cuello de la camiseta y lo arrastró hacia el vórtice.
Al cruzar, el aire se sintió pesado, como si estuvieran respirando gelatina de uva. El cielo no era azul ni negro, sino un patrón cambiante de fractales que desafiaban la geometría euclidiana. Estaban en una plataforma flotante rodeada de estructuras que parecían derretirse y reconstruirse en tiempo real.
—¡Mira esto, Morty! —exclamó Rick, extendiendo los brazos—. Aquí la gravedad es solo una opinión minoritaria. ¡Mira ese tipo!
Señaló a una criatura que parecía un pulpo hecho de televisores viejos, el cual estaba intentando venderle helado a su propia sombra.
—Rick, esto da miedo —dijo Morty, temblando—. Siento que mis órganos están intentando cambiar de lugar. Mi bazo está... está vibrando, Rick.
—Es solo la deslocalización cuántica, Morty. No seas un bebé. Ahora, mantente cerca. Tenemos que encontrar el Templo de lo Absurdo. Ahí es donde guardan la Esfera.
Caminaron por un puente que se convertía en música cada vez que daban un paso. A su alrededor, versiones alternativas de otros seres multiversales vagaban sin rumbo. Rick, fiel a su estilo, no dejaba de insultar a los transeúntes.
—¡Eh, tú, el de las tres cabezas de glándula! —gritó Rick a un guardia—. Tu madre era una nebulosa de bajo presupuesto y tu padre un error de renderizado. ¡Quítate de en medio!
—Rick, por favor, no busques pelea —suplicó Morty—. Solo queremos el objeto y vernos de aquí, ¿verdad?
—Exacto, Morty. Pero el camino más corto entre dos puntos es una línea recta llena de insultos —respondió Rick, sacando un dispositivo que parecía un detector de metales hecho con piezas de tostadora.
Llegaron a una estructura que parecía un cubo de Rubik gigante compuesto por nubes sólidas. En el centro, sobre un pedestal que flotaba a dos metros del suelo, estaba la Esfera de la Incoherencia. Era pequeña, del tamaño de una pelota de béisbol, pero brillaba con colores que Morty no sabía que existían.
—Ahí está —dijo Rick, con un brillo maníaco en los ojos—. Con esto, podré convertir el desayuno de Jerry en una ópera de Wagner cada vez que me apetezca. O hacer que el Vaticano flote en el espacio solo por las risas.
—¿Vas a robar eso solo para molestar a mi papá? —preguntó Morty, incrédulo.
—Y para demostrar que puedo, Morty. El "por qué" es para la gente que no tiene una pistola de portales.
Rick saltó hacia el pedestal, pero en cuanto sus dedos rozaron la superficie de la esfera, una alarma que sonaba como el llanto de un millón de gatos comenzó a resonar en todo el nexo.
—¡Oh, genial, Rick! ¡La alarma de gatos! —gritó Morty, tapándose los oídos—. ¡Siempre hay una trampa!
—¡Cállate, Morty! ¡Tengo la esfera! —Rick aterrizó con agilidad, guardando el objeto en su bata—. Ahora, solo tenemos que salir de aquí antes de que los Guardianes de la Lógica nos encuentren.
—¿Guardianes de la Lógica? —preguntó Morty.
Frente a ellos, el espacio se rasgó y aparecieron tres figuras vestidas con trajes grises impecables, portando maletines y con rostros que eran simplemente ecuaciones matemáticas flotantes.
—Entidad identificada como Rick Sanchez, C-137 —dijo el primer Guardián con una voz monótona—. Ha violado el protocolo de estabilidad de la realidad. Devuelva la Esfera de la Incoherencia o procederemos a integrarlo en una hoja de cálculo permanente.
—¡Oblígame, raíz cuadrada de nada! —desafió Rick, sacando un arma láser que disparaba rayos de color neón.
La batalla fue un caos absoluto. Rick disparaba mientras los Guardianes lanzaban algoritmos que intentaban enderezar el espacio a su alrededor. Morty corría de un lado a otro, evitando que un rayo de "sentido común" lo golpeara.
—¡Rick, haz algo! —gritó Morty, esquivando un triángulo equilátero que volaba hacia su cabeza.
—¡Estoy en ello! —Rick sacó la Esfera y la agitó—. ¡A ver qué pasa si mezclo esto con un poco de jugo de portal!
Rick vertió una gota de su fluido de portal sobre la Esfera. De repente, el suelo se convirtió en una alfombra de lenguas gigantes que empezaron a lamer las botas de los Guardianes. El cielo se llenó de ballenas que tocaban el saxofón y los Guardianes de la Lógica empezaron a dividirse por cero, colapsando sobre sí mismos en una nube de lógica defectuosa.
—¡Funciona! —rio Rick—. ¡Es el mejor juguete del mundo!
—¡Rick, tenemos que irnos! ¡Todo el lugar se está deshaciendo! —dijo Morty, señalando cómo el horizonte empezaba a pixelarse y desaparecer.
—Está bien, está bien. Ya tuve mi dosis de adrenalina —dijo Rick, abriendo un portal apresuradamente—. ¡Vámonos, Morty! ¡Antes de que nos convirtamos en un error de 404!
Saltaron a través del portal justo cuando el Templo de lo Absurdo se transformaba en un gigante tazón de petunias.
Aparecieron de nuevo en el garaje de la casa Smith. El silencio de la noche era reconfortante, o al menos lo fue durante tres segundos hasta que Rick dejó la Esfera sobre su mesa de trabajo.
—Bueno, Morty —dijo Rick, limpiándose el sudor de la frente—, eso fue... refrescante. Unas vacaciones de verdad.
—Rick, casi morimos. Otra vez —dijo Morty, sentándose en un taburete, exhausto—. Y ni siquiera trajiste nada útil. Solo esa bola que hace cosas raras.
—¿Nada útil? —Rick activó la esfera brevemente.
De repente, Jerry entró al garaje, vestido con su pijama de siempre.
—¿Rick? ¿Morty? ¿Qué son esos ruidos a esta hora? —preguntó Jerry, bostezando.
Rick apuntó la esfera hacia Jerry y susurró una palabra ininteligible. Al instante, la cabeza de Jerry se convirtió en una piña gigante, aunque él parecía no darse cuenta.
—¿Por qué me miran así? —preguntó Jerry-piña—. Solo quería saber si quedaba leche.
Morty se quedó boquiabierto, mientras Rick soltaba una carcajada sonora y burlona.
—¿Ves, Morty? —dijo Rick, guardando la esfera en un cajón con llave—. Vale cada maldito segundo de peligro. Ahora vete a dormir. Mañana tenemos que ir a una dimensión donde los perros son los que pasean a los humanos para ver si podemos conseguir una de esas correas de lujo.
—Oh, cielos... —susurró Morty, caminando hacia la puerta mientras escuchaba a su padre quejarse de que le picaban las "hojas" de la cabeza.
Rick se quedó solo en el garaje, sirviéndose otro trago. Miró el cajón donde guardaba la esfera y sonrió. El aburrimiento se había ido, al menos por unas horas. En el multiverso, la paz era el enemigo, y Rick Sanchez siempre estaba en guerra.
