
Realce amor
Fandom: Kengan ashura
Creado: 28/8/2026
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La Flor de Loto Manchada en el Abismo
El humo del cigarrillo de Nogi Hideki flotaba en el aire denso de la oficina, pero Yamashita Kazuo apenas podía respirar. Frente a ellos, una serie de fotografías granuladas y reportes de inteligencia filtrados por la red de la Corporación Kure pintaban una realidad que superaba las pesadillas más oscuras del torneo de aniquilación.
Ohma Tokita permanecía de pie, con los brazos cruzados y la mirada perdida en un punto fijo de la pared. Su cuerpo, aunque recuperado gracias a los milagros médicos de Hanafusa Hajime, todavía conservaba las cicatrices de su batalla contra Kuroki Gensai. Pero el dolor físico no era nada comparado con el nudo que se formaba en su estómago mientras escuchaba a Karla Kure y a su abuelo, Erioh, explicar la situación.
—No fue una desaparición voluntaria —dijo Karla, con una seriedad impropia de su edad—. Kiryu Setsuna no huyó. Fue interceptado por las unidades de "El Otro Niko".
—Tráfico de activos biológicos —intervino Hanafusa, ajustándose los guantes de látex con una sonrisa clínica que no llegaba a sus ojos—. Tiger Niko no solo busca herederos para el Estilo Niko, Ohma-kun. Ha estado vendiendo a sus "fracasos" y especímenes raros a una red de coleccionistas privados. Lo llaman "El Jardín de las Incubadoras".
Ohma apretó los puños hasta que sus nudillos crujieron.
—¿Setsuna está ahí? —preguntó con una voz que sonaba como grava siendo triturada.
—Está en una instalación subterránea en el distrito de Roppongi, bajo el control de un conglomerado de empleadores corruptos que Nogi está tratando de desmantelar —explicó Yamashita, temblando—. Pero Ohma, es una trampa. Muteba Gizenga ya hizo un reconocimiento y dice que el lugar está plagado de guardias armados y usuarios del Flujo de Espíritu.
—No me importa —respondió Ohma, dándose la vuelta hacia la puerta—. Voy a sacarlo.
—Irás con apoyo —sentenció Nogi—. No podemos permitir que el "Asura" caiga en manos de esa gente. Raian Kure ya está en posición. Dice que le debe una paliza a Kiryu, pero aceptó el contrato para limpiar el lugar.
La infiltración fue un caos de sangre y sombras. Raian avanzaba como un huracán de violencia, desmembrando guardias con una alegría psicótica que incluso a Ohma le resultaba inquietante. Muteba, por su parte, se movía como un fantasma, silenciando a los centinelas antes de que pudieran dar la alarma.
—¡Muévanse, idiotas! —gritó Raian, pateando una puerta de acero reforzado—. ¡Huele a desesperación y a mierda química aquí dentro!
Ohma ignoró los gritos de los guardias que caían a su paso. Su instinto, agudizado por años de supervivencia, lo guiaba hacia los niveles más bajos, donde el aire se volvía pesado y dulce, saturado de feromonas y narcóticos. Finalmente, llegaron a una cámara sellada al vacío.
Al entrar, el olor a desinfectante y fluidos corporales lo golpeó como un mazo. En el centro de la habitación, encadenado a una cama quirúrgica que parecía más un instrumento de tortura, estaba Kiryu Setsuna.
Pero no era el Kiryu que Ohma recordaba.
El hombre que una vez fue la personificación de una belleza letal y psicótica estaba ahora reducido a una sombra. Su piel estaba pálida, casi traslúcida, y sus ojos, antes llenos de una obsesión ardiente, estaban nublados por el efecto de drogas sedantes constantes. Lo más impactante, sin embargo, era su cuerpo.
Debido a los experimentos hormonales y el abuso al que había sido sometido como "incubadora" para los experimentos genéticos de Tiger Niko, Setsuna presentaba una hipertrofia antinatural en su pecho masculino, una consecuencia de los cócteles químicos diseñados para preparar su cuerpo para gestar. Y bajo las sábanas desgarradas, el vientre de Setsuna mostraba una protuberancia inconfundible.
—¿Qué... qué le han hecho? —susurró Ohma, acercándose lentamente.
—Es una técnica de hibridación —dijo una voz desde las sombras. Hanafusa había aparecido, habiendo seguido al grupo de asalto—. Han estado usando su cuerpo como un recipiente para embriones modificados con el ADN de los "Conectores". Es una violación biológica total.
Setsuna gimió, moviendo la cabeza débilmente. Cuando sus ojos enfocaron la figura de Ohma, el terror reemplazó a la vacuidad.
—No... Ohma... —su voz era un hilo quebrado—. No me veas... por favor... Dios... mátame.
Ohma se arrodilló a su lado, rompiendo las cadenas con la fuerza bruta de su Ironbreaker.
—Cállate, Setsuna —dijo Ohma, con una ternura que nadie, ni siquiera Yamashita, le había escuchado nunca—. No voy a matarte.
—Estoy sucio... me usaron... —Setsuna empezó a hiperventilar, sus manos temblorosas intentando cubrir su vientre, su pecho, cualquier parte de sí mismo que lo hiciera sentir como un monstruo—. Tiger Niko... él dijo que yo era solo tierra para su semilla... Ohma, por favor...
Ohma lo envolvió en sus brazos, ignorando la resistencia débil del otro hombre. El pecho de Setsuna, hinchado y sensible, presionaba contra el torso firme de Ohma. El Asura pudo sentir el calor antinatural que emanaba de él, la fragilidad de alguien que había sido quebrado en lo más profundo de su ser.
—Escúchame bien —dijo Ohma, obligando a Setsuna a mirarlo a los ojos—. Se acabó. Ya no eres su juguete.
—¿Incluso con esto? —Setsuna sollozó, señalando su vientre—. ¡Llevo un monstruo dentro! ¡Me han convertido en una mujer a la fuerza, en una incubadora!
—No me importa —respondió Ohma con firmeza—. Eres Kiryu Setsuna. El hombre que me persiguió por medio mundo. El hombre que sobrevivió al infierno. Si ese niño es parte del problema, Hanafusa lo arreglará, o si decides tenerlo, yo estaré ahí. Pero no vas a quedarte aquí.
En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Shion Soryuin entró corriendo, seguida por Tomoko, su asistente. Shion, quien siempre había tenido una conexión complicada con Kiryu como su empleadora, se detuvo en seco al ver el estado del luchador. Sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia.
—Esos malditos... —susurró Shion—. Ohma, tenemos que sacarlo ya. Los refuerzos de Tiger Niko están regresando.
—Muteba y Raian están despejando la salida —dijo Tomoko, tratando de mantener la compostura mientras preparaba una camilla portátil—. Pero Kiryu-san está muy inestable. Si lo movemos bruscamente, podría entrar en shock.
Ohma no esperó. Levantó a Setsuna en sus brazos, cargándolo al estilo nupcial. Setsuna era sorprendentemente pesado debido a los cambios hormonales y el embarazo, pero para Ohma, pesaba menos que una pluma.
—Yo lo llevo —dijo Ohma.
Mientras salían por los pasillos llenos de escombros, se encontraron con Raian, quien estaba cubierto de sangre de pies a cabeza. El Kure se detuvo, mirando a Setsuna con una mueca de asco que rápidamente se transformó en algo parecido al respeto sombrío.
—Vaya, Kiryu. Te ves como una mierda —gruñó Raian—. Pero al menos sigues vivo. Mueve el culo, Ohma. Los guardias del "Gusano" vienen en camino y no tengo ganas de pelear contra cien tipos mientras cuido a una embarazada.
El escape fue un desenfoque de violencia y adrenalina. Llegaron a la superficie, donde los vehículos de la Asociación Kengan los esperaban. Yamashita Kazuo, al ver a Ohma salir con Setsuna en brazos, dejó escapar un suspiro de alivio que terminó en un sollozo.
Semanas después, en una instalación médica privada propiedad de Nogi, la calma finalmente regresó.
Setsuna estaba sentado en una cama de hospital, mirando hacia el jardín. Su cuerpo estaba sanando, aunque los cambios físicos tardarían meses en revertirse, si es que lo hacían del todo. Hanafusa había logrado estabilizar el embarazo, explicando que los embriones eran viables pero que la decisión de continuar era exclusivamente de Setsuna.
La puerta se abrió y Ohma entró con una bolsa de comida.
—Yamashita-san te envió esto —dijo, dejando la bolsa en la mesa de noche—. Es carne. Dice que necesitas proteínas.
Setsuna no lo miró. Su cabello largo caía sobre sus hombros, ocultando su rostro.
—¿Por qué lo haces, Ohma? —preguntó en voz baja—. Después de todo lo que te hice pasar... después de intentar matarte para que fueras mi "dios"... ahora soy esto. Una cosa rota. Un experimento fallido.
Ohma se sentó en el borde de la cama. Sin decir una palabra, puso una mano sobre el vientre de Setsuna. Sintió un ligero movimiento, una vida que no había pedido estar ahí pero que existía a pesar del horror.
—Tokita Niko me enseñó que el Estilo Niko es para proteger —dijo Ohma—. Durante mucho tiempo, olvidé lo que eso significaba. Pensé que solo era para pelear, para ser el más fuerte. Pero verte así... me recordó que no puedo dejar que el legado de Niko sea solo destrucción.
Setsuna finalmente lo miró. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar.
—Tengo miedo, Ohma. No sé cómo ser... esto.
—No tienes que saberlo —respondió Ohma, acercándose hasta que sus frentes se tocaron—. Te prometí que saldríamos de esto. Y yo no rompo mis promesas. Si quieres tener a este niño, lo criaremos. Si no lo quieres, encontraremos una forma de que sanes. Pero no volverás a estar solo.
Setsuna se derrumbó, apoyando su cabeza en el hombro de Ohma, sollozando con una vulnerabilidad que nunca se había permitido. Ohma lo rodeó con sus brazos, protegiéndolo de un mundo que había intentado devorarlo.
—Te amo, mi Dios —susurró Setsuna, aunque esta vez la palabra "Dios" no sonaba a obsesión, sino a una esperanza desesperada.
—Solo soy Ohma —respondió él, cerrando los ojos—. Y eso es suficiente.
Fuera de la habitación, Yamashita y Shion observaban a través del cristal.
—¿Crees que estarán bien? —preguntó Yamashita, secándose las gafas.
—Son luchadores, Yamashita-san —respondió Shion con una sonrisa triste—. Han sobrevivido a la Arena Kengan. Sobrevivir a la vida real es mucho más difícil, pero si alguien puede hacerlo, son ellos dos.
En la penumbra de la habitación, el Asura y el Loto Caído encontraron un momento de paz, una tregua en medio de una guerra que nunca parecía terminar. La inocencia de Setsuna había sido robada, pero en el calor de los brazos de Ohma, algo nuevo, algo más fuerte que el trauma, estaba empezando a florecer.
