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Guerra y Tregua

Fandom: Chainsaw Man

Creado: 30/8/2026

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Bombas, Sangre y Realities de Dudosa Calidad

La residencia Hayakawa nunca había sido un remanso de paz, pero desde que Reze se había mudado —bajo la vigilancia constante de Aki y la bendición hormonal de Denji—, la dinámica se había vuelto un campo de minas. Y no solo por la naturaleza explosiva de la chica rusa, sino por la guerra fría, y a veces muy caliente, que Power había decidido declarar.

Power no soportaba compartir el protagonismo. Para la Demonio de la Sangre, cualquier otra mujer en el territorio era una intrusa que venía a robarle la atención de sus "sirvientes" y, peor aún, a robarle los mejores trozos de carne de la cena.

—¡Tú, mujer explosiva! —exclamó Power una mañana, señalando a Reze con un dedo acusador mientras esta intentaba disfrutar de un café—. ¡He decidido que tu presencia es una ofensa para mis ojos reales! ¡Vete a explotar a otro lado!

Reze, con su característica sonrisa tranquila y ese leve sonrojo que siempre adornaba sus mejillas, simplemente tomó un sorbo de su taza. Llevaba su delantal de munición sobre la ropa de casa, luciendo tan letal como doméstica.

—Buenos días para ti también, Power —respondió Reze con suavidad, ignorando el hecho de que Power le estaba haciendo muecas grotescas.

La convivencia había sido un desafío de ingenio. Power había intentado de todo para sabotear a la "intrusa". Primero fue el incidente de los zapatos. La Demonio de la Sangre había preparado una sopa de verduras rancia (que Aki le había obligado a comer y ella había "ahorrado") con la intención de verterla en las botas negras de Reze. Sin embargo, en el momento en que Power se inclinó con el tazón, las botas emitieron un siseo metálico y estallaron en una pequeña combustión controlada que le llenó la cara de hollín a la rubia.

—¡Tramposa! ¡Has usado tus trucos de demonio contra la gran Power! —gritó mientras corría al baño a lavarse.

Luego vino el asunto del desayuno. Power, en un arrebato de glotonería competitiva, le arrebató la última tostada de las manos a Reze y se la tragó entera, casi asfixiándose en el proceso, solo para presumir su victoria. Reze, sin inmutarse, sacó de una bolsa de papel un juego de crepas rusas con caviar y crema agria que olían a gloria bendita. Denji, que estaba sentado a la mesa con el pelo más alborotado de lo habitual, casi se desmaya del antojo.

—¿Quieres una, Denji? —preguntó Reze con dulzura.

—¡Sí, por favor! —exclamó el chico, dejando a Power rabiando con su tostada quemada y seca.

Pero el punto de inflexión ocurrió una tarde lluviosa. Reze estaba lavando los platos, estirándose para colocar la porcelana en la repisa más alta. Su camisa blanca se tensó y sus axilas quedaron expuestas. Power, viendo una oportunidad de oro para la humillación física, se deslizó como un gato y comenzó a hacerle cosquillas frenéticamente.

—¡Ja, ja! ¡Muere de risa, humana inferior! —chilló Power.

Reze soltó una carcajada genuina, perdiendo el equilibrio. Los platos resbalaron de sus manos, pero antes de que tocaran el suelo, la chica bomba hizo un movimiento acrobático, atrapó los platos con una mano y con la otra agarró las muñecas de Power. En un parpadeo, Reze le aplicó una llave de sumisión rusa, inmovilizándola en el suelo y procediendo a devolverle las cosquillas con una precisión quirúrgica en las costillas.

—¡No! ¡Piedad! ¡La gran Power no conoce la risa involuntaria! —gritaba la demonio, retorciéndose en el suelo mientras sus cuernos rojos vibraban de la risa.

Denji, que observaba la escena desde el pasillo, se rascó la cabeza. Estaba seguro de que en cualquier momento alguna de las dos destruiría el departamento. Pero cuando regresó a la sala una hora después, el silencio no era de muerte, sino de... ¿entretenimiento?

Sentadas en el sofá, casi hombro con hombro, Power y Reze estaban hipnotizadas por la televisión. En la pantalla, un hombre con una peluca mal puesta gritaba a una mujer mientras un presentador con exceso de maquillaje intentaba separarlos. Era un episodio de "Cazando Infieles".

—¡Míralo! ¡Ese humano es un mentiroso patético! —gritó Power, señalando la pantalla con una garra—. ¡Yo le sacaría la sangre por los ojos!

—Es verdad —coincidió Reze, riendo entre dientes mientras comía palomitas—. Pero mira la cara de la amante, se nota que sabía que la cámara estaba ahí desde el principio. Es una actuación terrible.

—¡Terrible pero fascinante! —añadió Power—. ¡Trae más de ese maíz inflado, explosiva! ¡La gran Power exige sustento para presenciar esta tragedia humana!

Denji se quedó helado en la puerta. Ver a la mujer que amaba y a su compañera de piso más caótica compartiendo un momento de paz sobre la base de juzgar la infidelidad ajena era algo que no vio venir. Sonrió para sus adentros. Quizás, después de todo, no tendría que elegir entre una y otra para mantener la paz en el hogar.

—Me voy a mi cuarto un rato —anunció Denji, pero ninguna de las dos le hizo caso. Estaban demasiado ocupadas gritándole a la televisión cuando el presentador sacó las pruebas del engaño.

Denji entró en su habitación y se dejó caer en la cama, suspirando de alivio. La vida con Reze era diferente a todo lo que había imaginado. Era cálida, era real, y a pesar de su pasado oscuro, ella parecía estar encontrando un lugar en ese caos llamado familia Hayakawa.

Unos minutos después, la puerta se abrió suavemente. Reze entró, cerrando tras de sí. Su rostro estaba ligeramente encendido, no por la vergüenza, sino por la risa que aún le quedaba en el cuerpo.

—Se ha quedado dormida en el sofá —dijo Reze, refiriéndose a Power—. Es una criatura muy extraña, Denji. Pero... creo que empezamos a entendernos.

—Me alegra oír eso —respondió Denji, sentándose en la cama—. Pensé que se matarían antes de la cena.

Reze se acercó a él, sentándose a su lado. La luz de la tarde entraba por la ventana, resaltando los tonos púrpuras de su cabello corto. Ella lo miró con una chispa de picardía en los ojos.

—Estuvimos hablando un rato antes de que empezara el programa —comentó ella, jugando con el alfiler de granada de su gargantilla—. Me contó algunas cosas sobre ti.

Denji tragó saliva. Las revelaciones de Power podían ir desde lo vergonzoso hasta lo directamente incriminatorio.

—¿Ah, sí? ¿Y qué te dijo esa loca?

—Me dijo que tienes gustos muy específicos —dijo Reze, acercándose más—. Me confesó un pequeño secreto tuyo, Denji. Me dijo que te vuelve loco el cabello largo en las chicas.

Denji sintió que la cara le ardía. Era cierto. Siempre había tenido una debilidad por el cabello largo y sedoso, algo que se sintiera suave entre los dedos.

—Bueno... yo... —balbuceó Denji, rascándose la nuca—. No es que sea un secreto, es solo que...

Reze soltó una risita encantadora. Se llevó las manos a la nuca y deshizo el accesorio que mantenía su cabello recogido y estilizado en ese corte bob tan característico. Para sorpresa de Denji, al soltarse las fijaciones y dejar que el cabello cayera de forma natural, este pareció ganar longitud y volumen, cayendo sobre sus hombros con una elegancia que lo dejó sin aliento.

Era un truco de su fisionomía o simplemente la forma en que lo llevaba recogido, pero en ese momento, con el cabello suelto y desordenado, Reze se veía diferente. Menos como una soldado, menos como una empleada de cafetería, y más como la chica de los sueños de Denji.

—¿Qué te parece? —preguntó ella, inclinando la cabeza y dejando que un mechón oscuro le cubriera parte del rostro.

Denji se quedó mudo. Si Reze ya le parecía la mujer más hermosa del mundo con su cabello habitual, verla así, con esa vulnerabilidad y esa belleza clásica, le aceleró el corazón hasta el punto de sentir que Pochita estaba dando saltos en su pecho.

—Estás... estás increíble —logró decir Denji, extendiendo una mano con duda.

Reze tomó su mano y la llevó a su cabello.

—Puedes tocarlo, si quieres.

Denji pasó los dedos por las hebras oscuras. Eran suaves como la seda y olían a flores y a algo ligeramente metálico, una mezcla que solo ella poseía. La observó a los ojos, esos ojos que habían visto tanto horror pero que ahora brillaban con un afecto genuino hacia él.

—Power tenía razón en una cosa —susurró Denji, acercándose a su rostro—. Me encanta. Pero me gustas más tú, no importa cómo lleves el pelo.

Reze se sonrojó profundamente, un rojo carmesí que rivalizaba con los cuernos de Power. Se inclinó y apoyó la cabeza en el hombro de Denji, disfrutando del silencio de la habitación.

—Gracias, Denji —dijo ella en voz baja—. En este lugar... con Aki, con esa demonio ruidosa y contigo... por primera vez siento que no tengo que explotar nada para ser feliz.

Denji la rodeó con sus brazos, sintiendo el peso ligero de su cuerpo contra el suyo. Afuera, en la sala, se escuchó un ronquido estruendoso de Power, seguido de un murmullo sobre "sangre y hamburguesas". Ambos rieron suavemente.

La vida era extraña. Denji era un chico que podía convertirse en una motosierra humana, Reze era una bomba soviética viviente, y vivían con un demonio de la sangre y un cazador de demonios obsesionado con el orden. Pero en ese momento, en esa pequeña habitación, todo era perfecto.

—Oye, Reze —dijo Denji después de un rato.

—¿Sí?

—¿Crees que mañana Power intente poner veneno en mi champú porque le contaste mi secreto?

Reze levantó la vista y le guiñó un ojo.

—Probablemente. Pero no te preocupes, yo vigilaré el baño. Después de todo, ahora somos "aliadas del reality show".

Denji sonrió, sabiendo que, a pesar de las explosiones, las bromas pesadas y los programas de televisión absurdos, no cambiaría esa extraña familia por nada en el mundo. La chica bomba se había quedado, y con ella, el hogar se sentía finalmente completo.

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