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Amor y Egoístas

Fandom: Kaguya Sama: Love Is War/Blue Lock

Creado: 30/8/2026

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Metas y Metamorfosis: Un Encuentro en el Campo de Shuchi'in

La brisa de la tarde en la Academia Shuchi'in traía consigo el aroma del césped recién cortado y el eco lejano de los balones golpeando la red. Kaguya Shinomiya observaba la escena desde el balcón del consejo estudiantil con una expresión que mezclaba la incredulidad y una extraña satisfacción. Si alguien le hubiera dicho hace un año que su círculo social se convertiría en el epicentro de la nueva élite del fútbol japonés, probablemente habría ordenado una investigación psiquiátrica para esa persona.

Sin embargo, ahí estaban.

—Es fascinante, ¿no crees, Shinomiya? —La voz de Miyuki Shirogane la sacó de sus pensamientos. El presidente se colocó a su lado, ajustándose los lentes con un gesto cansado pero divertido—. Quién diría que el "Proyecto Blue Lock" terminaría invadiendo nuestras vidas de esta manera.

Kaguya asintió, dejando que su mirada vagara por el patio inferior, donde cuatro parejas muy distintas compartían un momento de descanso.

—Irónico es poco, presidente. Pero mientras ellas sean felices, supongo que puedo tolerar el caos mediático que esto conlleva.

Abajo, el caos tenía nombre y apellido: Chika Fujiwara y Meguru Bachira.

—¡Mira, Bachira-kun! ¡He inventado un nuevo paso de baile para celebrar tus goles! —exclamó Chika, dando vueltas sobre sí misma mientras agitaba sus manos de forma errática.

Bachira, con sus ojos amarillos brillando de pura emoción, no tardó ni un segundo en seguirle el ritmo. Sus movimientos eran fluidos, casi animales, mientras imitaba los pasos de Chika y le añadía un toque de regate futbolístico.

—¡Es increíble, Fujiwara-chan! ¡Siento que mi "monstruo" interior quiere ponerse a bailar también! —rio él, saltando para quedar frente a ella—. ¡Eres como un regate impredecible, nunca sé hacia dónde vas a ir!

—¡Exacto! ¡Ese es el poder del amor y la música! —respondió la pelirrosa, estallando en carcajadas mientras ambos terminaban en una pose dramática que atrajo las miradas de todos los presentes.

A unos metros de distancia, en un banco bajo la sombra de un cerezo, la atmósfera era radicalmente distinta. Maki Shijo suspiraba, pero esta vez no era un suspiro de agonía por ver a Kashiwagi con su novio. Era un suspiro de... ¿paz?

—Reo, te he dicho mil veces que no necesitas comprar toda la línea de cosméticos solo porque mencioné que me gustaba un labial —dijo Maki, cruzándose de brazos y desviando la mirada con ese orgullo característico de los Shinomiya.

Reo Mikage, el heredero de la multimillonaria corporación, sonrió con una elegancia que rivalizaba con la de la propia Kaguya. Se inclinó hacia ella, apoyando el mentón en su mano.

—Pero Maki-chan, si algo te gusta, lo lógico es que lo poseas por completo, ¿no? Además, después de todo lo que has pasado, te mereces a alguien que no te vea como una segunda opción, sino como el objetivo principal.

Maki se sonrojó violentamente, sus coletas temblando ligeramente.

—Eres... eres demasiado directo. Pero supongo que viniendo de alguien tan ambicioso como tú, es un cumplido.

—Es una promesa —corrigió Reo, sus ojos morados fijos en ella con una intensidad que solo alguien que ha perseguido un sueño mundial puede poseer—. En los negocios y en el fútbol, solo acepto lo mejor. Y tú eres lo mejor que he encontrado en esta academia.

Mientras tanto, en una zona más apartada del césped, se encontraba la pareja más inusual de todas. Nagi Seishiro estaba tumbado con la cabeza apoyada en el regazo de Tsubame Koyasu. El gigante de 1.90 metros parecía un gato perezoso disfrutando del sol.

—Tsubame-senpai... esto es demasiado esfuerzo —murmuró Nagi, cerrando los ojos mientras ella le acariciaba el cabello blanco y alborotado.

—¡Vamos, Nagi-kun! Solo tienes que levantarte para ir a la cafetería —dijo Tsubame con su eterna dulzura—. Si lo haces, te prometo que te ayudaré con ese nuevo videojuego que descargaste.

Nagi abrió un ojo, mirando a la chica que era considerada una de las más bellas de Shuchi'in. Tsubame siempre estaba rodeada de gente, siempre cuidando a los demás. Para Nagi, ella era como una batería externa que no pedía nada a cambio, solo su compañía.

—Si es contigo... supongo que puedo caminar un poco —cedió Nagi, estirándose como un felino—. Eres demasiado amable, Tsubame-senpai. Es problemático, porque me haces querer esforzarme.

Tsubame rió, un sonido cristalino que pareció iluminar el rostro apático del genio del fútbol.

—Eso es lo que hace el cariño, Nagi-kun. Te hace querer ser la mejor versión de ti mismo.

Pero la atención de Kaguya se centró finalmente en la pareja que más la intrigaba. Cerca de la fuente, Ai Hayasaka caminaba junto a Isagi Yoichi. No había gestos exagerados ni declaraciones dramáticas. Había algo mucho más profundo: una sincronía silenciosa.

Hayasaka, que durante años había llevado máscaras para servir a los Shinomiya, finalmente vestía su propio estilo, una mezcla de rebeldía y elegancia urbana. A su lado, el "Héroe de Japón" caminaba con una postura relajada pero alerta.

—¿En qué piensas, Yoichi? —preguntó Ai, rompiendo el silencio. Sus ojos azules buscaban los del joven futbolista.

Isagi se detuvo, observando el entorno. Sus ojos, que en el campo podían volverse fríos y analíticos, ahora reflejaban una calma genuina.

—Estaba analizando la estructura de esta escuela —admitió Isagi con una sonrisa pequeña—. Es como un campo de juego muy complejo. Todos tienen roles, todos se mueven según un patrón... excepto tú, Ai.

Hayasaka arqueó una ceja, intrigada.

—¿Ah, sí? ¿Y qué pieza soy yo en tu tablero?

Isagi se acercó a ella, rompiendo el espacio personal con esa confianza directa que lo caracterizaba.

—Tú eres la variable que no puedo predecir. Y eso es lo que más me gusta. En Blue Lock, todo se trata de devorar al oponente y evolucionar. Pero contigo... no quiero devorarte. Quiero ver cómo cambias el mundo a tu alrededor. Eres la persona más capaz que he conocido, y no lo digo por tus habilidades como asistente.

Ai sintió un calor inusual en sus mejillas. Ella, que había engañado a medio mundo con sus personalidades, se sentía completamente expuesta ante la mirada lógica y honesta de Isagi.

—Es irónico —dijo ella en voz baja—. Se supone que tú eres el "egoísta" del fútbol. El hombre que solo vive por su gol.

—Lo soy —confirmó Isagi, dando un paso más—. Soy un egoísta. Y por eso mismo, porque soy un egoísta, te quiero a mi lado. No por deber, ni por contrato, sino porque mi instinto me dice que mi vida es mejor cuando tú estás en ella.

Hayasaka soltó una risa suave, una de las pocas que eran verdaderamente suyas.

—Eres un idiota muy directo, Yoichi. Pero supongo que después de pasarme la vida rodeada de mentiras y sutilezas, tu honestidad brutal es... refrescante.

—¿Refrescante como un gol en el minuto noventa? —bromeó él.

—Mucho mejor que eso —respondió ella, tomando su mano.

Desde el balcón, Kaguya suspiró.

—Realmente se ven bien juntos —admitió la heredera—. Hayasaka siempre tuvo que ser lo que otros necesitaban. Verla con alguien que valora su capacidad de análisis y su verdadera fuerza es un alivio.

—Isagi es un tipo interesante —comentó Shirogane—. A veces parece que puede ver el futuro. Y Hayasaka... bueno, ella ya vive en el futuro la mitad del tiempo.

De repente, un balón de fútbol salió disparado desde el centro del patio, volando directamente hacia la cabeza de Reo, quien estaba demasiado ocupado admirando a Maki.

—¡Cuidado, Reo-kun! —gritó Bachira, que había fallado un tiro acrobático.

Sin mirar atrás, Nagi extendió una pierna y amortiguó el balón con una suavidad imposible, dejándolo muerto a sus pies sin siquiera levantarse del regazo de Tsubame.

—Bachira, eres ruidoso —dijo Nagi con desgana.

—¡Oh, qué control, Nagi-chi! —exclamó Chika, aplaudiendo—. ¡Diez puntos para el equipo de los flojos!

Maki rodó los ojos, aunque una sonrisa se dibujaba en su rostro.

—¿Siempre es así de caótico cuando se juntan? —le preguntó a Reo.

—Esto es tranquilo comparado con los vestidores de Blue Lock, te lo aseguro —rio Reo, poniéndose de pie y ofreciéndole la mano—. ¿Quieres ir a verlos jugar un poco? Prometo no comprar el estadio, a menos que tú me lo pidas.

—¡Cállate y camina, idiota rico! —respondió Maki, aunque aceptó su mano con firmeza.

Abajo, Isagi y Hayasaka se unieron al grupo. El ambiente era vibrante, una mezcla extraña de la rigidez de Shuchi'in y la energía indomable de los jugadores que buscaban conquistar el mundo.

—¿Un partido rápido? —propuso Bachira, haciendo girar el balón en su dedo—. ¡Chicos contra chicas! Aunque creo que Hayasaka-san podría ganarnos a todos sola si se lo propone.

—No me tientes, Bachira-kun —respondió Ai con una chispa de malicia en los ojos—. He estado entrenando mis reflejos últimamente.

Isagi se colocó al lado de Ai, observando a sus compañeros de armas y a las chicas que habían cambiado su perspectiva del mundo fuera del área penal.

—Esto también es una forma de evolución, ¿no? —susurró Isagi para que solo ella lo oyera.

—Adaptarse o morir, ¿verdad? —replicó Ai, apretando su mano—. Pero creo que esta vez, todos estamos ganando.

Kaguya, desde lo alto, vio cómo el grupo empezaba a jugar de manera informal. Chika corría detrás de Bachira gritando reglas inventadas; Nagi se veía obligado a moverse por los ánimos de Tsubame; Reo intentaba impresionar a una Maki que fingía no estar asombrada; e Isagi y Hayasaka se movían en tándem, analizando cada pase como si fuera una partida de ajedrez de alto nivel.

—Presidente —dijo Kaguya, apoyando la cabeza en el hombro de Shirogane—. Creo que el amor es el único juego donde ser egoísta y entregarse al otro pueden significar la misma cosa.

—Tienes razón, Shinomiya. Y parece que estos "monstruos" del fútbol han encontrado su pareja ideal en nuestras "monstruos" de la academia.

El sol comenzó a ponerse, tiñendo el cielo de naranja y violeta. En el campo de Shuchi'in, ya no importaban los linajes, las empresas multimillonarias o los proyectos nacionales de fútbol. Solo importaba la risa de Chika, el sonrojo de Maki, la calidez de Tsubame y la mirada sincera de Ai.

Porque al final del día, ya fuera en un campo de batalla verde o en los pasillos de una escuela de élite, la victoria más grande no era el gol final, sino encontrar a alguien que pudiera seguirte el ritmo en el caótico partido de la vida.

Y en ese aspecto, todos ellos acababan de anotar el tanto definitivo.

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