Fanfy
.studio
Imagen de fondo

Simbionte

Fandom: Marvel

Creado: 3/10/2026

Etiquetas

RomanceOscuroAcciónPsicológicoHumorEstudio de PersonajeNoir GóticoAmbientación Canon
≡ Índice

El Peso del Negro y el Brillo del Cuero

La noche en Nueva York siempre tenía un aroma particular: una mezcla de humo industrial, lluvia estancada y el olor a metal caliente de los aires acondicionados. Pero esta noche, sobre la cornisa del edificio Chrysler, el aire se sentía diferente. Pesado. Eléctrico.

Spider-Man no era el mismo. El azul brillante y el rojo vibrante habían sido devorados por una oscuridad líquida y absoluta. El simbionte se movía bajo su piel como un mar de brea, resaltando cada músculo, cada curva de su cuerpo atlético con una precisión casi obscena. El logo de la araña blanca en su pecho parecía expandirse con cada respiración agitada.

—¡Oh, por todos los chimichangas de este universo y los paralelos! —Una voz chillona y demasiado entusiasta rompió el silencio sepulcral—. ¡Spidey! ¡Cuchurrumín! ¿Qué es esto? ¿Hemos pasado por una fase gótica? ¿Es porque no te llamé el martes? ¡Te juro que estaba desmembrando a unos mafiosos rusos y perdí la noción del tiempo!

Deadpool aterrizó de pie en el borde del edificio, haciendo una pose innecesariamente dramática. Wade Wilson no llevaba su máscara puesta en ese momento. Su rostro, una escultura de rasgos afilados, piel perfecta y ojos claros, brillaba bajo la luz de la luna. Su cabello rubio estaba ligeramente despeinado por el viento, y su cuerpo, una mole de músculos definidos bajo el traje rojo y negro, irradiaba una confianza peligrosa.

—En serio, Petey... ese traje... —Wade silbó, recorriendo con la mirada la figura oscura del héroe—. Si antes tenías el mejor trasero de toda la comunidad de superhéroes, ahora es simplemente ilegal. Ese material se pega a tus nalgas como si las amara. Y créeme, yo sé de amor.

Spider-Man no respondió con un chiste. Ni siquiera soltó un suspiro de cansancio. Se limitó a girar la cabeza lentamente. Los grandes ojos blancos de la máscara negra se entrecerraron, dándole un aspecto depredador que hizo que incluso Deadpool diera un paso atrás, aunque con una sonrisa lasciva.

—Cállate, Wade —la voz de Spider-Man salió más profunda, con un matiz metálico y vibrante que erizó los vellos de la nuca del mercenario.

—¡Uy, qué rudo! Me encanta cuando te pones dominante —Deadpool se acercó, estirando una mano enguantada hacia la cadera de Spidey—. ¿Es látex? ¿Es cuero orgánico? ¿Puedo lamerlo para saber a qué sabe?

En un movimiento que desafió la física y la percepción humana, Spider-Man se movió. No fue un salto común; fue una exhibición de flexibilidad extrema, casi antinatural. Elevó su pierna en un arco perfecto, golpeando la mandíbula de Wade con una patada ascendente que lo mandó a volar varios metros hacia atrás.

Normalmente, Peter evitaba moverse así. Los periódicos, con J. Jonah Jameson a la cabeza, ya lo llamaban "amenaza" y "fenómeno", y él siempre había intentado mantener una postura más rígida, temiendo que su agilidad fuera tachada de "femenina" por los críticos más retrógrados. Pero con el simbionte, a Peter no le importaba nada. El traje negro potenciaba su instinto, su ferocidad y su falta de filtros.

—¡Eso dolió, nene! —exclamó Wade, escupiendo un diente que se regeneró al instante—. ¡Hazlo otra vez! ¡Pateame más fuerte!

Spider-Man no se hizo esperar. Se lanzó sobre él como una pantera. El impacto los llevó al suelo de la azotea. Peter se sentó a horcajadas sobre el pecho de Deadpool, sujetando sus muñecas contra el suelo con una fuerza que hizo crujir el concreto debajo de ellos.

—Eres un estorbo, Wilson —gruñó Spider-Man, acercando su máscara a la cara perfecta de Wade—. Siempre hablando, siempre tocando lo que no es tuyo.

—Es que eres irresistible, bombón —Wade rió, a pesar de que la presión en sus muñecas era suficiente para romperle los huesos—. Y ahora que estás tan... posesivo... me estás poniendo como una moto. ¿Vas a castigarme?

La mano de Spider-Man soltó una de las muñecas de Wade solo para apretarle el cuello, no lo suficiente para asfixiarlo, pero sí para dejar claro quién mandaba. El simbionte reaccionó a la ira de Peter, soltando pequeños zarcillos negros que se enredaron en los dedos del mercenario.

—Deberías aprender a quién le perteneces —siseó Spider-Man, su rostro a centímetros del de Wade—. No eres más que una molestia que he tolerado demasiado tiempo. Pero me gusta la idea de que seas útil.

—Soy muy útil —jadeó Wade, con los ojos brillando de anticipación—. Puedo ser tu saco de boxeo, tu conductor, tu juguete... lo que quieras.

Spider-Man lo sujetó con más fuerza, sus dedos hundiéndose en los hombros del mercenario. La oscuridad del traje parecía palpitar.

—Escúchame bien, Deadpool —dijo Peter con una voz que no admitía réplica—. Eres mío. De mi propiedad. A partir de ahora, eres mi mascota. ¿Entendido?

Wade Wilson, el hombre que no le temía a nada, el mercenario que se burlaba de la muerte, sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el miedo y todo que ver con la devoción absoluta.

—Sí, amo —susurró Wade con una sonrisa desquiciada—. Soy todo tuyo.


La luz del sol de la mañana siguiente era demasiado brillante para el gusto de Peter Parker.

Se encontraba caminando por un callejón cerca de la Universidad Empire State, frotándose las sienes. Tenía un dolor de cabeza punzante. Los recuerdos de la noche anterior eran borrosos, teñidos de una extraña agresividad y una sensación de poder que ahora, en su forma civil, le resultaba aterradora.

Peter vestía su habitual atuendo de otoño: un suéter de lana marrón oscuro sobre una camisa de cuadros y unos pantalones oscuros que disimulaban su complexión atlética. Con sus gafas y su cabello castaño algo alborotado, parecía el típico estudiante brillante pero vulnerable.

—¡Hey, Parker! —El grito de Flash Thompson resonó desde la entrada del campus—. ¡Bonito suéter! ¿Te lo tejió tu abuela o lo sacaste de la basura?

Peter bajó la cabeza, tratando de ignorar a Flash y a su grupo de amigos. No tenía energía para lidiar con el bullying hoy. Solo quería llegar a clase de bioquímica y olvidar la extraña sensación de la seda negra sobre su piel.

Sin embargo, algo lo detuvo en seco.

En la esquina, apoyado contra una pared y atrayendo las miradas de todos los estudiantes, estaba Wade Wilson. Pero no era el Deadpool de anoche. Bueno, técnicamente lo era, pero su apariencia civil era deslumbrante. Llevaba una chaqueta de cuero negra que resaltaba sus hombros anchos, unos jeans ajustados y su cabello rubio brillaba bajo el sol. Su rostro perfecto, de rasgos afilados y masculinos, hacía que varias chicas (y chicos) se detuvieran a mirarlo.

Pero lo que dejó a Peter petrificado no fue la belleza de Wade. Fue lo que llevaba en la mano. Y en el cuello.

Wade tenía una correa de cuero negro con tachuelas de metal alrededor de su cuello musculoso. El extremo de la correa colgaba sobre su pecho, y en su mano derecha sostenía otra correa, esta vez con un collar a juego, que extendió hacia Peter en cuanto lo vio.

—¡Buenos días, dueño mío! —exclamó Wade a todo pulmón, ignorando las expresiones de horror y confusión de los estudiantes que pasaban—. ¡He sido un chico muy malo esta mañana, he desayunado pizza fría sin permiso! ¡Necesito mi paseo!

Peter sintió que la sangre se le escapaba del rostro. Se acercó a Wade a toda prisa, agarrándolo del brazo y arrastrándolo hacia la sombra de un edificio cercano.

—¡Wade! ¿Qué demonios estás haciendo? —susurró Peter, mirando frenéticamente a su alrededor para asegurarse de que Flash no estuviera cerca—. ¡Quítate eso! ¡Y deja de gritar!

Wade puso ojos de cachorrito, unos ojos azules que contrastaban con su expresión de picardía.

—¿Quitarme qué? ¿El collar? ¡Pero si tú me lo pediste anoche! —Wade le tendió la correa que tenía en la mano—. Dijiste que era tu mascota. Que era de tu propiedad. Y como soy un mercenario muy profesional y un novio muy dedicado, fui a la tienda de mascotas... bueno, en realidad fue a una tienda de artículos "especiales" en Hell's Kitchen, y compré lo mejor para nosotros.

—Wade, escúchame —Peter se pasó una mano por el pelo, desesperado—. Lo de anoche... no era yo. O sea, era yo, pero estaba bajo la influencia de... de algo. Ese traje negro me hace decir cosas que no siento. Me vuelve agresivo, gruñón... y aparentemente, me vuelve un maníaco del control.

Wade inclinó la cabeza, su mandíbula marcada se tensó un poco mientras sonreía.

—Oh, Petey. No seas modesto. Fue el momento más honesto de nuestra relación. Me pateaste, me dominaste y me reclamaste frente a la luna. Fue lo más romántico que me ha pasado desde que vi la maratón de "The Golden Girls".

—¡No fue romántico! —exclamó Peter en un susurro desesperado—. ¡Fue un comportamiento errático! ¡No eres mi mascota, Wade! Eres un... un... bueno, eres tú. Pero no eres de mi propiedad.

Wade dio un paso hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Peter. A pesar de que Peter era alto y fuerte, Wade era más masivo, una montaña de músculo y carisma que olía a pólvora y a un perfume caro.

—A mí me pareció muy real —dijo Wade, bajando el tono de voz, volviéndolo peligrosamente suave—. Y a ti también te gustó. Podía sentir cómo el traje vibraba cuando me tenías contra el suelo.

Peter se sonrojó violentamente, el color subiendo desde su cuello hasta sus orejas.

—Eso fue el simbionte, no yo —insistió, aunque en el fondo de su mente, una pequeña parte de él recordaba la descarga de adrenalina y el extraño placer de tener al mercenario bajo su control.

—Dime una cosa, Bambi —dijo Wade, usando el apodo que solía usar cuando quería molestar a Peter por sus ojos grandes y expresivos—. Si realmente no lo sentías... ¿por qué no me has quitado el collar todavía?

Peter miró el collar de cuero en el cuello de Wade. Sus dedos picaron. El recuerdo de la noche anterior, de la fuerza bruta y la posesión, luchó con su naturaleza amable y retraída.

—Wade, por favor —suplicó Peter—. Estamos en la universidad. Mi reputación ya es bastante mala gracias a Flash. Si alguien me ve contigo así...

—Que miren —dijo Wade con una encogida de hombros—. Que vean que el pequeño y dulce Peter Parker tiene a un perro de presa de un metro noventa comiendo de su mano. ¿No te hace sentir poderoso?

Peter cerró los ojos un momento. El simbionte ya no estaba sobre él, pero la semilla de la oscuridad que había plantado anoche parecía haber dejado una raíz. Suspiró, sabiendo que no ganaría esta discusión, no mientras Wade estuviera en ese estado de euforia masoquista.

—No voy a llevarte con correa, Wade.

—¿Ni siquiera si te prometo portarme bien y no matar a nadie durante las próximas tres horas? —Wade agitó la correa frente a él como si fuera un juguete—. Vamos, solo un paseíto por el campus. Flash se orinaría en los pantalones si te ve llevándome así.

Peter imaginó la cara de Flash Thompson al ver a un hombre como Wade Wilson, que irradiaba peligro y masculinidad pura, sometido a los caprichos de "Parker el debilucho". La idea tuvo un atractivo momentáneo y oscuro que lo asustó.

—No —dijo Peter con firmeza, aunque su mano rozó accidentalmente la de Wade al apartar la correa—. Quítate eso ahora mismo. Iremos a desayunar y hablaremos de cómo deshacernos de ese traje negro antes de que me convierta en un dictador.

Wade suspiró, fingiendo decepción, pero sus ojos brillaban de alegría. Se quitó el collar con un movimiento fluido, pero no lo guardó. Se lo entregó a Peter.

—Guárdalo tú —dijo Wade con un guiño—. Por si acaso el "Spider-Man malo" decide salir a jugar esta noche. Estaré esperando en la azotea de siempre.

Peter tomó el trozo de cuero, sintiendo el calor que aún conservaba del cuerpo de Wade. Lo guardó rápidamente en su mochila, sintiéndose como si estuviera escondiendo un arma prohibida.

—Eres imposible, Wilson —dijo Peter, empezando a caminar hacia la cafetería.

—Y tú eres un dueño muy exigente, Parker —respondió Wade, siguiéndolo de cerca, casi pisándole los talones, con esa lealtad ciega y peligrosa que solo él podía ofrecer—. Pero me encantan los retos. Por cierto, ¿te he dicho que ese suéter hace que tus hombros se vean deliciosos? Casi me dan ganas de morderlos.

Peter aceleró el paso, ocultando una sonrisa involuntaria tras el cuello de su suéter. Sabía que el simbionte era peligroso, que la oscuridad era un riesgo, pero mientras tuviera a un idiota rubio y perfecto dispuesto a seguirlo hasta el fin del mundo (con o sin correa), sentía que, tal vez, podía manejarlo.

Aunque solo fuera por una noche más.

≡ Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic

Novedades de Fanfy

Un nuevo modelo para tus historias

Hemos actualizado el modelo de generación para que tus historias sean aún mejores. El nuevo modelo ya está activado.

Si prefieres la versión anterior, elige «Anterior» en el menú de tu perfil: haz clic en tu avatar en la esquina superior derecha.

Tus capítulos ya escritos se conservan. Tu elección se aplica a las próximas generaciones.