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Fandom: Speedcubing

Creado: 3/10/2026

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Reflejos entre Algoritmos y Píxeles

El aire acondicionado del nuevo hotel en Shenzhen zumbaba con un suave ronroneo, una melodía mecánica que contrastaba con el bullicio que Isaac aún sentía en sus oídos. Acababan de terminar una jornada extenuante de competición. Aunque esta vez no se habían enfrentado directamente en la final, ambos habían barrido a sus oponentes con una facilidad casi insultante. Isaac, con sus 168 centímetros de estatura y ese cabello negro azabache cortado en capas que siempre parecía querer ocultar sus ojos, se sentía extrañamente ligero.

Se miró al espejo del baño antes de salir a la habitación. Su piel pálida resaltaba bajo las luces blancas y sus ojos, negros y redondos como frutos de guapurú, brillaban con una chispa de travesura. Se acomodó el flequillo, dejando que apenas unos mechones rozaran sus pestañas, y salió al encuentro de su invitado.

Yiheng Wang estaba sentado en el borde de la cama, balanceando sus pies que apenas rozaban el suelo. A pesar de ser un año mayor, su complexión más pequeña —rondando los 158 centímetros— lo hacía ver menudo al lado del boliviano. Tenía un cubo Gan en las manos, resolviéndolo de forma subconsciente, sus dedos moviéndose a una velocidad que desafiaba la vista humana.

—Oye, niño chino —llamó Isaac con esa confianza que solo ellos dos compartían—, deja el cubo un momento. Mi maestra salió a cenar con su esposo y me dejó la tablet. Tienes que ver lo que la gente está publicando después de la foto de ayer.

Yiheng dejó el cubo sobre la mesa de noche y levantó la vista, una sonrisa ladeada apareciendo en su rostro.

—¿Otra vez con lo de "niño chino", Isaac? —respondió Yiheng en un inglés fluido, aunque ya chapurreaba algunas palabras en español que Isaac le había enseñado—. Sabes que soy más rápido que tú en promedio global, respeta a tus mayores.

—En tus sueños, Wang. El 3,27 de la semana pasada dice lo contrario —replicó Isaac, sentándose a su lado y encendiendo la pantalla.

La luz de la tablet iluminó ambos rostros. Isaac abrió una de las redes sociales más populares de la comunidad de speedcubing. No tardaron ni dos segundos en encontrar lo que buscaban. El hashtag con sus nombres combinados era tendencia.

—Mira este fan art —dijo Isaac, señalando una ilustración digital donde ambos aparecían con sus uniformes de competición, pero rodeados de flores y corazones—. Te dibujaron muy bajito, incluso más de lo que eres.

Yiheng soltó una carcajada y le dio un empujón amistoso en el hombro.

—¡Y a ti te pusieron pestañas de princesa! Aunque, para ser justos, tus ojos son así de grandes en la vida real.

Empezaron a navegar por las publicaciones. Había de todo: desde ediciones de video con música romántica de fondo hasta fotos de ellos dos en el podio, abrazados con sus banderas. Isaac puso un filtro de cara de perro en la cámara frontal y tomó una foto de ambos, publicándola en sus historias con el texto: "Aquí, intentando entender por qué nos dibujan como si estuviéramos en un anime".

—Mira los comentarios —susurró Yiheng, acercándose más a Isaac hasta que sus hombros se tocaron—. "Son tan lindos", "Miren cómo Yiheng le agarró la cintura ayer", "Isaac es el protector de su niño chino".

Isaac sintió un ligero calor subir por su cuello hasta sus mejillas.

—La gente tiene mucha imaginación —comentó, intentando sonar casual, aunque no se alejó ni un milímetro del contacto con el hombro de Yiheng.

Decidieron jugar a algo para pasar el rato. Isaac sacó un juego de cartas que siempre llevaba en su mochila: Flip 7. Las partidas fueron intensas, llenas de gritos ahogados cuando alguien arriesgaba demasiado y risas cuando la suerte fallaba. Isaac, con su mente analítica de prodigio, lograba predecir las jugadas, pero Yiheng tenía una intuición casi sobrenatural.

—¡Gané otra vez! —exclamó Isaac, lanzando sus cartas sobre la colcha—. Definitivamente, el aire de China me está dando poderes.

—Es solo suerte de principiante —refunfuñó Yiheng, aunque sus ojos brillaban de diversión—. Vamos, leamos un poco más de lo que escriben. Esos textos largos que llaman "fanfics". Quiero saber qué historias se inventan.

Isaac asintió y buscó en un foro de lectura. Encontró uno que estaba recibiendo mucha atención esa noche.

—Vale, yo leo un párrafo y tú el siguiente —propuso Isaac.

—Hecho. Empieza tú.

Isaac aclaró su garganta, adoptando una voz dramática.

—"Isaac miró a Yiheng a través de la sala de competición. El brillo de los cubos bajo las luces led no era nada comparado con la chispa en los ojos del chico boliviano. Sabía que esa tarde no solo se jugaban un récord mundial, sino algo más profundo..."

Yiheng soltó una carcajada tan fuerte que tuvo que taparse la boca con las manos.

—¡Qué dramático! —dijo el chino cuando recuperó el aliento—. Mi turno: "Yiheng sintió que su corazón latía a 12 TPS (giros por segundo), más rápido que sus dedos en un PLL. Cuando Isaac se acercó para pedirle un consejo sobre el algoritmo de ZBLL, Yiheng supo que sus manos estaban destinadas a sostener no solo cubos, sino también las manos del otro".

Ambos estallaron en risas, cayendo de espaldas sobre la cama. La cercanía en la habitación se sentía natural, como si el mes que Isaac llevaba en China hubiera borrado los miles de kilómetros que separaban Santa Cruz de Beijing.

Sin embargo, la atmósfera cambió ligeramente cuando Isaac hizo scroll hacia abajo y encontró otro relato, uno que estaba vinculado a la foto viral del día anterior.

—Mira este... —dijo Isaac, pero su voz perdió un poco de la burla anterior—. Habla de lo que pasó en la firma de autógrafos.

Yiheng se incorporó, su expresión volviéndose seria de repente. Recordaba perfectamente al chico de la edad de Isaac, aquel fan que le había tomado las manos con demasiada familiaridad y le había pedido una firma con una mirada de adoración.

Isaac comenzó a leer en voz alta, pero esta vez Yiheng no se rió.

—"El fan miró a Isaac con devoción, sosteniendo sus manos como si fueran el tesoro más grande de Bolivia. Isaac le sonrió con esa dulzura que lo caracteriza, y por un momento, Yiheng fue olvidado en las sombras. Muchos fans ahora se preguntan: ¿será este el verdadero rival de Yiheng por el corazón del prodigio boliviano? Los comentarios en Weibo están divididos, algunos prefieren al nuevo chico misterioso..."

Yiheng frunció el ceño. Recordó la punzada de irritación que había sentido en ese momento, una sensación caliente en el pecho que lo había llevado a rodear la cintura de Isaac con firmeza frente a la cámara, marcando territorio sin decir una palabra.

—No me gusta ese —interrumpió Yiheng, su voz sonando inusualmente cortante.

Isaac dejó la tablet a un lado y lo miró. El cabello de Isaac, algo despeinado por haber estado tumbado, le daba un aire vulnerable.

—¿Por qué? —preguntó Isaac en voz baja—. Solo es gente escribiendo tonterías.

—Ese chico no sabe nada de cubos —dijo Yiheng, cruzándose de brazos—. Y te agarró las manos como si... como si te conociera de siempre.

Isaac parpadeó, procesando las palabras. Un pequeño atisbo de comprensión cruzó sus ojos negros.

—¿Estás celoso, niño chino? —preguntó con una sonrisa juguetona, aunque su corazón también había empezado a latir un poco más rápido.

Yiheng no respondió de inmediato. Se quedó mirando sus propias manos, las manos que habían batido récords mundiales, pero que en ese momento se sentían pequeñas e inquietas.

—Solo digo que la foto que nos tomamos después fue mejor —murmuró Yiheng—. La que salimos los dos. Mi mano estaba... estaba donde tenía que estar.

Isaac sintió un vuelco en el estómago. Se acercó un poco más a Yiheng, rompiendo la poca distancia que quedaba entre ellos en la cama del hotel.

—A mí también me gustó más esa foto —admitió Isaac—. De hecho, no me importó que me agarraras así. Fue... diferente.

Yiheng levantó la vista y sus ojos se encontraron. En ese pequeño espacio, lejos de las cámaras, de los cronómetros y de las marcas de cubos, solo eran dos chicos que compartían una pasión y una conexión que ninguno de los dos terminaba de entender del todo, pero que ambos atesoraban.

—Mañana tienes que volver a practicar el OH (a una mano) —dijo Yiheng, tratando de desviar el tema, aunque no se movió de su lugar—. Estás perdiendo fluidez en las transiciones.

—Siempre pensando en la competición —suspiró Isaac, pero luego sonrió—. Está bien, maestro Wang. Pero solo si después vamos por esos dulces que me prometiste. Y esta vez, sin fans que interrumpan.

Yiheng asintió, una sonrisa suave y genuina iluminando su rostro.

—Sin fans. Solo nosotros.

Se quedaron un rato más en silencio, compartiendo la luz de la tablet mientras seguían viendo ediciones de video. Isaac apoyó la cabeza en el hombro de Yiheng, y este, por primera vez de forma consciente y sin cámaras delante, dejó que su mano descansara cerca de la de Isaac.

Fuera, las luces de Shenzhen brillaban con intensidad, pero dentro de esa habitación, el mundo se había reducido a dos prodigios, unos cuantos algoritmos y una amistad que, poco a poco, empezaba a parecerse a algo mucho más complejo y hermoso que cualquier récord mundial. Isaac cerró los ojos un momento, agradeciendo mentalmente el haber decidido quedarse ese mes extra en China. Bolivia estaba lejos, su padre y sus problemas también. Aquí, con Yiheng, todo parecía encajar tan perfectamente como las piezas de un cubo bien lubricado.

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