
Interrogatorio Estelar
Fandom: Jujutsu Kaisen
Creado: 3/10/2026
Etiquetas
Entre Estrellas y Risas: El Calvario de la Vigilante
El cielo sobre Tokio tenía un color plomizo, una mezcla de contaminación y la energía maldita estancada que emanaba de las barreras de los Juegos del Sacrificio. Kirara Hoshi suspiró, ajustándose la gargantilla con pinchos. Estar fuera de la barrera era, en teoría, la parte aburrida del plan. Mientras Hakari y los demás se jugaban el cuello en combates frenéticos contra hechiceros de eras pasadas, ella debía ser los ojos y oídos en el exterior. Su trabajo consistía en monitorear los cambios en las reglas y las fluctuaciones de energía.
—Kin-chan, espero que no estés causando demasiados problemas allá adentro —murmuró Kirara para sí misma, mirando las enormes cortinas negras que dividían la ciudad.
No tuvo tiempo de terminar su pensamiento cuando un escalofrío recorrió su espalda. No era una maldición ordinaria; era la sensación de ser observada por algo, o alguien, con intenciones maliciosas. Antes de que pudiera activar su técnica ritual, Composición Estelar: Viaje de Amor, un destello metálico cruzó el aire.
Kirara saltó hacia atrás, pero sus movimientos se sintieron pesados, como si el espacio mismo se negara a obedecerla. Frente a ella, una mujer alta, de cabello rubio platino y ojos gélidos, sostenía una extraña cadena terminada en una punta de obsidiana.
—Vaya, vaya. Así que tú eres la que vigila el perímetro —dijo la mujer rubia con una sonrisa depredadora—. Me llamo Akame. Y mi amiga de allá es Hinatsuru.
Desde las sombras de un callejón cercano, una joven más baja, de cabello negro azabache y expresión apática, dio un paso al frente. Kirara intentó marcar a Akame con una de las estrellas de su técnica, pero no sucedió nada. El brillo cian de su flequillo pareció apagarse ante la presencia del arma maldita.
—¿Qué demonios...? —Kirara jadeó, sintiendo cómo su energía maldita se dispersaba antes de poder tomar forma.
—Es una herramienta especial, pequeña estrella —explicó Akame, acercándose con paso firme—. Neutraliza los rituales en un radio corto. Eres solo una chica bonita sin tus trucos, ¿verdad?
Kirara luchó con ferocidad. Lanzó patadas con sus botas de tacón y trató de usar su agilidad para ganar distancia, pero Hinatsuru se movió con una velocidad cegadora, interceptándola. Entre las dos, y con el efecto inhibidor del arma, Kirara no tardó en ser reducida.
Minutos después, la situación era desesperada. Kirara se encontraba en el suelo de un edificio abandonado, boca arriba. Sus muñecas y tobillos habían sido unidos por detrás en una posición de hogtie que no le permitía el menor margen de movimiento. La cadena maldita estaba enrollada en una columna cercana, manteniendo su ritual completamente sellado.
—Ahora, vamos a ser civilizadas —dijo Akame, arrodillándose junto a ella. Tomó la mandíbula de Kirara con fuerza, obligándola a mirarla a los ojos—. Sabemos que trabajas con los que entraron recientemente. Queremos saber la ubicación exacta del recipiente de Sukuna en el mapa. ¿Dónde está Itadori Yuuji?
Kirara frunció el ceño, sus ojos morados centellearon de rabia y sus pupilas en forma de estrella parecieron vibrar bajo sus párpados. Desvió la mirada con desdén, apretando los dientes.
—No les diré ni una palabra —escupió Kirara, aunque su voz tembló ligeramente por la posición incómoda.
Akame soltó una carcajada seca y miró a su compañera.
—Hinatsuru, parece que tenemos a una valiente. Haz lo tuyo.
La chica de cabello negro se acercó y colocó sus manos sobre los hombros de Kirara. Una energía cálida y extraña empezó a fluir desde sus palmas hacia el cuerpo de la cautiva.
—Mi técnica se llama Eco Sensorial —explicó Hinatsuru con voz monótona—. No causa dolor, Kirara. Simplemente amplifica cada terminación nerviosa de tu cuerpo. Un roce se siente como una caricia, y una caricia... bueno, ya verás.
Kirara sintió cómo su piel se volvía hipersensible. Incluso el roce de su top corto contra su vientre descubierto empezaba a sentirse abrumador. Akame observó el vientre plano y expuesto de Kirara, notando cómo los músculos abdominales de la hechicera se tensaban por la anticipación y el miedo.
—¿Listas para hablar? —preguntó Akame, extendiendo sus manos.
—¡Jamás! —exclamó Kirara, intentando forcejear contra sus ataduras.
Akame no esperó más. Hundió sus dedos repentinamente en los costados de Kirara, justo debajo de las costillas.
—¡AJAJAJAJA! ¡N-NO! ¡ESPERA! —El grito de Kirara se transformó instantáneamente en una carcajada explosiva y descontrolada.
La técnica de Hinatsuru estaba funcionando a la perfección. Los dedos de Akame se sentían como descargas eléctricas que recorrían todo su torso. Kirara arqueaba la espalda, sus piernas atadas se sacudían inútilmente mientras su risa llenaba la habitación vacía.
—¿Dónde están? ¿Qué planean hacer con las reglas del juego? —preguntó Akame, moviendo sus dedos en círculos rápidos y erráticos sobre las costillas de la joven.
—¡JAJAJAJA! ¡DETÉNGANSE! ¡P-POR FAVOR! ¡JAJAJAJA! —Kirara no podía articular una respuesta coherente. Las lágrimas empezaban a asomar en las esquinas de sus ojos morados.
—Hinatsuru, sube la intensidad. Un veinte por ciento más —ordenó Akame con una sonrisa sádica.
La hechicera de cabello negro asintió y cerró los ojos, concentrándose. Kirara soltó un gemido que rápidamente se convirtió en un chillido de risa aún más agudo. Sentía que el aire se le escapaba. Las manos de Akame bajaron hacia sus caderas, encontrando los puntos más sensibles cerca de los huesos de la pelvis, donde los cinturones blancos de sus pantalones negros holgados apenas rozaban su piel.
—¡NO, AHÍ NO! ¡JAJAJAJA! ¡KIN-CHAN! ¡AYUDA! —gritó Kirara entre espasmos de risa, llamando inconscientemente a su compañero, aunque sabía que él no podía oírla.
Hinatsuru decidió unirse a la "interrogación". Se arrodilló al otro lado de Kirara y comenzó a usar sus dedos para trazar líneas erráticas por todo el vientre descubierto de la cautiva. La combinación de cuatro manos trabajando sobre su piel hipersensible fue demasiado. Kirara se retorcía como una llama al viento, su flequillo cian pegado a su frente por el sudor.
—Pareces estar disfrutando mucho, Kirara —se burló Akame, deteniéndose un segundo solo para observar cómo el pecho de la chica subía y bajaba agitadamente—. Pero aún no nos has dicho nada.
—N-no... ¡JAJAJA!... no diré... ¡JAJAJAJA! ¡NADA! —Kirara intentó recuperar el aliento, pero su defensa era débil.
Akame entrecerró los ojos y fijó su vista en el centro del vientre de Kirara. Su ombligo estaba perfectamente expuesto, una pequeña y vulnerable hendidura en medio de su piel suave.
—Si no quieres hablar por las buenas, tal vez este punto te haga cambiar de opinión —dijo Akame, acercando su dedo índice con lentitud deliberada.
—¡No! ¡Espera! ¡Podemos negociar! —exclamó Kirara, sus ojos abriéndose de par en par al ver la intención de la rubia.
Pero era una táctica de distracción desesperada y Akame lo sabía. Sin piedad, hundió su dedo directamente en el ombligo de Kirara y comenzó a girarlo con fuerza.
—¡IIIIIIIIHHHHHH! ¡JAJAJAJAJAJAJAJA! —El grito de Kirara fue tan fuerte que probablemente se escuchó en la calle.
Su cuerpo se tensó al máximo. La sensación era insoportable, una mezcla de cosquilleo profundo y una vulnerabilidad que nunca antes había experimentado. La técnica de Hinatsuru enviaba oleadas de sensibilidad extrema desde su ombligo hacia todo su sistema nervioso. Kirara sacudía la cabeza de lado a lado, sus piercings brillando bajo la luz tenue, mientras su risa se volvía histérica.
—¡DILO! ¡DÓNDE ESTÁ EL RECIPIENTE! —exigía Akame, sin retirar el dedo, mientras Hinatsuru volvía a atacar sus costados con renovado vigor.
—¡JAJAJAJAJA! ¡P-PAREN! ¡NO PUEDO... JAJAJAJA... NO PUEDO RESPIRAR! ¡AJAJAJAJAJA!
Kirara estaba atrapada en un bucle de risas y espasmos. Su mente, usualmente analítica y aguda, se había nublado por completo. Solo existía el contacto incesante de los dedos sobre su piel, la presión en su ombligo y la risa que le quemaba los pulmones. A pesar del tormento, una parte de ella se mantenía firme; no traicionaría a sus amigos, no importa cuánto durara esto.
Akame, viendo que Kirara no cedía a pesar del nivel de intensidad, sonrió con malicia.
—Tienes resistencia, te lo concedo. Pero Hinatsuru y yo tenemos todo el día. Los juegos apenas comienzan y no tenemos prisa por entrar.
Kirara cerró los ojos con fuerza, dejando que las lágrimas de risa rodaran por sus mejillas. Sabía que Hakari, Panda y los demás estaban librando sus propias batallas dentro de la barrera. Ellos no podían salir a rescatarla debido a las reglas actuales, y ella no podía usar su ritual para marcar una salida. Estaba sola en esto.
—¡JAJAJAJA! ¡KIN-CHAN... LO SIENTO! ¡AJAJAJAJAJA! —volvió a reír con fuerza cuando Akame empezó a hacer "arañitas" con los dedos por toda su cintura, mientras Hinatsuru soplaba suavemente sobre su vientre, lo que debido a la técnica se sentía como una ráfaga de cosquillas insoportables.
El tiempo pareció desdibujarse. Kirara no sabía cuánto tiempo llevaba riendo, minutos u horas. Sus músculos abdominales le dolían por el esfuerzo constante de la risa, pero las dos hechiceras no mostraban signos de fatiga. Akame continuaba rotando su dedo en el ombligo de Kirara, disfrutando de cada sacudida y cada chillido de la joven.
—¿Aún nada? —preguntó Hinatsuru, mirando el rostro enrojecido de Kirara.
—Nada —respondió Akame, soltando una pequeña risita ella misma—. Es testaruda. Pero me pregunto cuánto más podrá aguantar antes de que su mente simplemente se rinda a las cosquillas.
Kirara, en medio de su delirio de risas, solo podía esperar. Esperar a que se aburrieran, esperar a que el arma maldita se quedara sin energía, o simplemente esperar a que su cuerpo no pudiera más. Pero mientras sintiera los dedos de Akame y Hinatsuru explorando cada rincón sensible de su torso, lo único que podía hacer era reír sin control, una estrella brillante atrapada en una red de risas interminables bajo el cielo gris de Tokio.
