
Experimento
Fandom: Marvel
Creado: 6/10/2026
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Reacciones Químicas y Deseos Incendiarios
El laboratorio de Reed Richards solía ser un lugar de orden meticuloso, ciencia de vanguardia y un silencio casi reverencial. Sin embargo, esa tarde, el ambiente estaba cargado de una energía distinta. Con Reed, Sue y Ben fuera de la ciudad para una conferencia de emergencia en Washington, el Edificio Baxter había quedado bajo la "custodia" de Johnny Storm. Y, por supuesto, Peter Parker no había tardado en aparecer para ayudar a terminar un estabilizador de partículas en el que Reed llevaba trabajando semanas.
— Vamos, Spidey, solo un poco más a la izquierda —dijo Johnny, apoyado contra una de las mesas metálicas, observando cómo el héroe arácnido manipulaba los delicados viales con una precisión quirúrgica—. Si terminamos esto antes de que Reed vuelva, me deberá una cena en ese lugar de filetes que tanto me gusta.
Peter, oculto tras su máscara, dejó escapar una risita ligera.
— Reed nunca te debe nada, Johnny. En todo caso, nos dará una palmada en la espalda y nos recordará que dejamos una mancha de café en el manual de instrucciones.
Peter vestía su traje clásico, esa segunda piel roja y azul que resaltaba su constitución atlética y fibrosa. Johnny, por su parte, llevaba una camiseta ajustada que dejaba poco a la imaginación sobre su entrenamiento físico. El ambiente era relajado, lleno de la camaradería habitual entre ambos, hasta que el destino decidió intervenir.
Un pequeño destello azul brotó de la mezcla. Peter, cuyo sentido arácnido estaba extrañamente adormecido por la concentración, no reaccionó a tiempo cuando una gota de un líquido esmeralda efervescente saltó del matraz directo hacia su antebrazo, filtrándose a través de la tela del traje.
— ¡Mierda! —exclamó Peter, soltando el vial con cuidado pero retrocediendo bruscamente.
— ¡Spidey! ¿Qué pasó? —Johnny se enderezó de inmediato, el tono de broma desapareciendo de su voz.
Peter no respondió. Se llevó la mano al brazo, pero de repente sus rodillas flaquearon. El mundo empezó a dar vueltas. No era un dolor punzante, era un incendio. Sentía como si lava fundida corriera por sus venas, subiendo por su cuello y nublando su visión.
— Quema... Johnny, quema mucho —gimió Peter, su voz sonando distorsionada por el dolor y la falta de aire.
Johnny, entrando en pánico, lo sostuvo antes de que golpeara el suelo. Con una fuerza que rara vez mostraba, levantó a Peter y lo llevó hacia una de las camillas médicas del laboratorio.
— Tranquilo, Pete. Respira. Reed llegará en cualquier momento, ya vienen en el jet —dijo Johnny, su mano temblando ligeramente mientras escaneaba los signos vitales de su amigo con la computadora de la mesa.
Pasaron veinte minutos que parecieron siglos. Peter deliraba, moviendo la cabeza de un lado a otro, soltando palabras incoherentes sobre el sentido arácnido y el calor. Cuando las puertas del ascensor se abrieron con un estruendo, Reed y Sue entraron corriendo, seguidos por un Ben Grimm visiblemente preocupado.
— ¡Johnny! ¿Qué sucedió? —exclamó Sue, acercándose a la camilla mientras sus manos ya brillaban con energía protectora.
— Una gota del compuesto X-14 le cayó encima —explicó Johnny rápidamente, apartándose para dejar espacio a Reed—. Dice que siente que se quema por dentro.
Reed comenzó a analizar la sangre de Peter y los restos del químico.
— Sus niveles de dopamina y adrenalina están fuera de las tablas —murmuró Reed, ajustándose las gafas—. Es una reacción neuroquímica. El compuesto está sobrecalentando sus receptores sensoriales.
Peter soltó un jadeo ahogado. Johnny, instintivamente, se acercó y le subió la máscara con cuidado, solo hasta la punta de la nariz, para que pudiera respirar mejor. Debajo, la piel de Peter estaba sonrojada, cubierta de sudor, y sus labios estaban entreabiertos.
— Johnny... —susurró Peter, abriendo los ojos.
Sus ojos color avellana, usualmente brillantes y llenos de una calidez bondadosa, estaban ahora nublados por una neblina de deseo y confusión. Se incorporó lentamente en la camilla, ignorando las protestas de Reed.
— Peter, debes recostarte —dijo Reed con firmeza.
Pero Peter no escuchaba a Reed. Sus ojos estaban fijos en Johnny. El calor que emanaba de la Antorcha Humana, ese calor natural que siempre lo rodeaba, era como un imán para sus sentidos alterados por el químico.
— Johnny —repitió Peter, su voz ahora más profunda, cargada de una urgencia que hizo que a Johnny se le erizara la piel.
Sin previo aviso, Peter estiró los brazos, rodeando el cuello de Johnny con una fuerza sorprendente. Antes de que el rubio pudiera procesar lo que ocurría, Peter cerró la distancia y estampó sus labios contra los de él.
Fue un beso hambriento, desesperado. Peter no solo juntó sus labios; metió su lengua con una audacia que dejó a Johnny paralizado. El sabor de Peter, una mezcla de adrenalina y algo dulce, inundó los sentidos de Johnny. El héroe arácnido se pegó a él, buscando el calor corporal de la Antorcha, sus manos enredándose en el cabello rubio de la nuca de Johnny.
Johnny se quedó con los brazos en el aire, las palmas abiertas, negándose a tocar a su mejor amigo por puro shock. Su cerebro gritaba que esto estaba mal, que Peter no estaba en sus cabales, pero su cuerpo... su cuerpo estaba empezando a responder a la fricción y al calor del beso.
— ¡Peter! ¡Suéltalo! —Reed intentó intervenir, extendiendo sus brazos elásticos para separarlos.
— ¡No, Reed, espera! —gritó Sue, mirando frenéticamente los monitores—. Mira los niveles. El químico está reaccionando al calor de Johnny. Si los separas bruscamente, el sistema nervioso de Peter podría colapsar por el choque térmico. ¡Necesita ese subidón de calor para metabolizar el compuesto!
— ¿Qué estás diciendo? —preguntó Ben desde la puerta, con los ojos como platos.
— Johnny, aguanta un poco más —ordenó Sue—. Deja que el proceso termine.
Johnny sentía que iba a explotar. Peter seguía besándolo, ahora con más intensidad, soltando pequeños gemidos contra su boca mientras se presionaba contra el pecho musculoso de Johnny. La lengua de Peter exploraba la suya con una voracidad que amenazaba con derretir la poca fuerza de voluntad que le quedaba al Storm.
— Spidey... detente... —intentó decir Johnny entre besos, pero su voz sonó débil.
Finalmente, el calor interno de Johnny, alimentado por la vergüenza y la excitación involuntaria, llegó a un punto crítico. Su cabeza se encendió en llamas de forma espontánea, un estallido de fuego controlado que iluminó el laboratorio. Sus mejillas estaban rojas como tomates, y el sudor recorría su frente.
Con un empujón firme pero cuidadoso, Johnny logró separar a Peter de su boca.
— ¡Ya basta! —exclamó Johnny, jadeando, su rostro ardiendo de pura mortificación.
Peter se quedó sentado en la camilla, parpadeando lentamente. El rechazo pareció golpearlo físicamente. Sus hombros cayeron y su mirada se ensombreció.
— Oh, no —susurró Sue, mirando la pantalla—. Sus niveles están cayendo, pero no de la forma correcta. El estado de ánimo está afectando la síntesis química. Si se deprime ahora, el químico se volverá tóxico.
Peter miró a Johnny, y por un momento, el chico de los "ojos de bambi" pareció recuperar una pizca de conciencia, pero estaba distorsionada. Su mirada bajó del rostro de Johnny, pasando por su pecho, hasta fijarse en la entrepierna del uniforme de los 4 Fantásticos, que debido a la reacción física de Johnny ante el beso, marcaba una protuberancia evidente.
— Si no quieres besarme... —susurró Peter, con una voz que no sonaba en absoluto a la del tímido estudiante de universidad que Johnny conocía—, tal vez quieras que haga otra cosa.
Johnny sintió que el alma se le escapaba del cuerpo cuando Peter se deslizó de la camilla y se arrodilló entre sus piernas antes de que nadie pudiera reaccionar.
— ¡Peter, por todos los cielos, detente! —gritó Reed, cubriéndose los ojos con una mano mientras con la otra intentaba activar un sedante.
— ¡Johnny, muévete! —rugió Ben, aunque no se atrevía a acercarse.
Pero Johnny estaba como petrificado. Peter, con los dedos temblorosos pero decididos, comenzó a manipular el cierre del uniforme de Johnny. Sus ojos avellana estaban dilatados, fijos en su objetivo con una intensidad depredadora que daba miedo.
— Solo quiero... ayudarte a sacar todo ese calor, Johnny —murmuró Peter, su aliento caliente golpeando la tela del traje de Johnny.
— Pete, amigo, no estás bien, en serio, esto es el químico hablando —logró articular Johnny, aunque sus manos, en lugar de apartarlo, se posaron sobre los hombros de Peter, apretando la tela de su traje.
Peter no escuchó. Con un movimiento rápido, bajó la cremallera lo suficiente. Johnny sintió el aire frío del laboratorio en su piel, y luego, la calidez húmeda y asfixiante de la boca de Peter a través de la tela de su ropa interior, preparándose para ir más allá.
— ¡SUE, HAZ ALGO! —gritó Johnny, su voz quebrando en un tono agudo mientras su cabeza volvía a encenderse en llamas por el pánico y el placer incipiente.
Sue, actuando rápido, lanzó un campo de fuerza invisible entre ambos, separando físicamente a Peter de la entrepierna de su hermano. Peter golpeó el campo con frustración, gruñendo como un animal acorralado.
— Reed, ¡el sedante ahora! —ordenó Sue.
Reed extendió su brazo y aplicó una inyección rápida en el cuello de Peter. El arácnido luchó por un segundo, sus ojos buscando desesperadamente a Johnny una última vez, antes de que sus músculos se relajaran y cayera inconsciente en los brazos de Reed, quien lo atrapó justo a tiempo.
El silencio que siguió en el laboratorio fue sepulcral, solo roto por la respiración agitada de Johnny.
Johnny se subió la cremallera del uniforme con manos temblorosas, evitando mirar a su hermana o a Ben. Su rostro seguía encendido, y no por sus poderes.
— Yo... yo voy a mi habitación —dijo Johnny, su voz apenas un susurro.
— Johnny, espera, tenemos que monitorear si hubo algún efecto secundario en ti —dijo Reed, volviendo a su tono clínico, aunque había una evidente incomodidad en sus ojos.
— Estoy bien, Reed —cortó Johnny, dándose la vuelta—. Solo... asegúrense de que cuando despierte, no recuerde nada de esto. Por el bien de nuestra amistad. Y por el bien de mi cordura.
Johnny salió del laboratorio casi corriendo. Mientras caminaba por los pasillos del Edificio Baxter, todavía podía sentir el sabor de Peter en sus labios y la presión de sus manos en su nuca.
En la camilla, Peter Parker dormía profundamente, ajeno al caos que había provocado. En su forma civil, Peter era el epítome de la inocencia: un chico universitario de pelo castaño, ropa otoñal y modales impecables. Pero Johnny sabía ahora que, bajo esa fachada y bajo la máscara de Spider-Man, existía un fuego que ni siquiera la Antorcha Humana estaba segura de poder controlar.
— Menudo lío, estirado —dijo Ben, rompiendo el silencio mientras miraba a Peter—. El chico va a querer morirse cuando se entere.
— Si es que se entera —respondió Sue, cruzándose de brazos y mirando con preocupación hacia el pasillo por donde se había ido su hermano—. Porque me temo que Johnny no lo va a olvidar tan fácilmente.
Reed suspiró, ajustando los niveles del monitor de Peter.
— La química es una ciencia exacta, Ben. Pero los sentimientos humanos... esos son volátiles. Y hoy, Peter y Johnny acaban de crear una mezcla que podría hacer explotar este edificio sin necesidad de villanos.
Mientras tanto, en su habitación, Johnny Storm se dejó caer en su cama, cubriéndose el rostro con las manos. El calor no se iba. Y lo peor de todo era que, muy en el fondo, una parte de él deseaba que Sue no hubiera puesto ese campo de fuerza.
